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Sociopolítica

Mujeres fotógrafas: Cristina Quicler

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Cristina Quiclercuenta a Andalucía en imágenes para la AFP desde 2002.  Recibió en 2020 el Premio Andalucía de Periodismo por una de las fotografías presentadas en este blog. Esta entrevista es parte de una serie de encuentros con mujeres fotoperiodistas  de la AFP.

¿De dónde viene tu pasión por la fotografía? 

Llevo muchos años de fotografía. Y la verdad es que estaba emocionada cuando comencé y lo sigo estando. Cada foto, cada momento, es mi vida.

Mi historia con la fotografía empieza en la infancia. Vivía en el norte de España, en Vigo, al borde del Atlántico, con mi madre y mi primer hermano. Mi padre era maestro en Sevilla y venía a vernos en vacaciones. En una de sus visitas me regaló una cámara Kodak Instamatic de plástico gris y negra y con ella jugué y experimenté.

Mis primeras fotos fueron en el zoológico de Vigo que fui a visitar con él. Allí quedó esa semilla que brotó años más tarde. Él era un apasionado de la fotografía, de la música, de la ciencia y de la mecánica, pasiones que transmitió a sus tres hijos. Y a mí me tocó la primera. 

Espectáculo durante el Salón Internacional del Caballo en Sevilla, el 21 de noviembre de 2006 (AFP / Cristina Quicler)

Mi padre estaba todo el día con la cámara Super 8 haciendo fotos, haciendo videos. Recuerdo ver videos en blanco y negro donde mi madre aparece con el ceño fruncido diciendo “¿Otra vez?”. Crecí viendo a mi padre fotografiándonos… no tenía un deseo especial de explorar mucho más allá. Los cumpleaños, las comidas, el parque… Puedo interpretar desde mi fantasía que al no vivir con nosotros, él se llenaba fotografiando recuerdos que luego guardaba para acreditar que su familia existía cuando regresaba a Sevilla, donde pasaba tiempo sin nosotros.

Durante esos primeros años en Galicia pasé mucho tiempo sola, con muchas horas para pensar. Cuando tenía 16 años nos mudamos finalmente a Andalucía. Yo venía de una ciudad pequeñita, pero contaba con autobuses, el barullo de las discotecas… De repente me encontré viviendo en un pueblo que se llama Tomares. Desde la ventana de mi habitación veía ¡vacas y olivos!

(AFP / Cristina Quicler)

Fue un cambio radical pero me benefició emocionalmente porque en Galicia había cultivado mucho la introspección y Andalucía me dio las herramientas para sacar mis pensamientos para fuera.

Estudié imagen y sonido, me gustaba el cine, elegir planos y crear escenas. Al final era crear, pintar, colorear. Tuve una experiencia en la televisión, pero sentí que no era lo mío. Estaba saliendo con Marcelo del Pozo, el fotógrafo de Reuters aquí: él me inspiró y fue mi primer referente en fotoperiodismo. 

Al verlo trabajar empecé a seguirlo en algunas coberturas y acabé consiguiendo un trabajo en un periódico local. Sin embargo algo no me acababa de conquistar. Yo quería trabajar para una agencia internacional; sabía que allí podría cubrir una gran variedad de temas, investigar y hacer reportajes. En las agencias de prensa los editores tienen delicadeza y mucho respeto hacia el fotógrafo. Las fotos lucen de otra manera. Empecé a trabajar para la Agencia France-Presse en 2002, cuando montó su equipo de fotógrafos en España. 

Corrida en la Maestranza de Sevilla, mayo de 2017 (AFP / Cristina Quicler)

¿Qué tres palabras definen tu trabajo?

¡Creatividad, expresión, empatía! Expresión, porque en mis fotografías proyecto mi yo, mis fantasías, mis miedos… La realidad es la realidad, pero creo que en una foto siempre se proyecta la persona que la realiza.  Creatividad, porque de alguna manera, cuando hago una foto, estoy creando algo que siento como mío, lo trato con cariño, lo corto con esmero, lo edito con amor… así lo siento con cada foto de cada tema en los 20 años de trabajo que llevo. Empatía, porque tiendo a empatizar con las personas, los lugares y las cosas que me encuentro. 

(AFP / Cristina Quicler)

Esta imagen me representa bien. El burladero es un objeto, pero simboliza la lucha por la supervivencia del animal en una plaza de toros. Está rajado por los cuernos del toro, tiene sangre… empatizo con ese burladero que muestra la lucha por sobrevivir. Ese día, cuando terminó la corrida, esperé, quería hacer esa foto. Desde mi sitio había visto cómo se desarrollaba la corrida y me pareció que este trozo de madera pintada representaba lo que había vivido en ese momento.

No se si podría cambiar de trabajo. ¿Cómo me expresaría entonces sin esta herramienta que encontré? A medida que voy haciendo fotos descubro después similitudes con artistas que no he estudiado. Cada vez me gusta más la pintura. Impresionismo, romanticismo… ¡Todos! En ellos veo muchas cosas con las que me siento identificada: ¡me derrito!

Patio de la escuela de Mairena, cerca de sevilla, donde aparece una reproducción del Guernica, de Picasso, el 10 de septiembre de 2020 (AFP / Cristina Quicler)

Con Goya, por ejemplo, en su época más loca. Cuando están en su época más loca o más en contacto consigo mismos, es allí cuando más me gustan los pintores. Se atreven a expresar sus demonios, sus sentimientos.

Procesión de la Virgen del Rocío, Huelva, en agosto de 2019. Cristina Quicler ganó el Premio Andalucía de Periodismo en 2020 por esta fotografía (AFP / Cristina Quicler)

Esta foto la tomé de noche. El halo blanco que se ve es el vaho de la respiración de los peregrinos, mezclado con el polvo y alguna luz a lo lejos de los tractores que les iluminan el camino. Cuando hice esta imagen sentí como si un ser vivo respirara y pasara a mi lado.

¿Qué representa Andalucía pata ti?

Siento mucha responsabilidad como fotógrafa de una agencia internacional. Represento a la AFP y a Andalucía en cada reportaje que hago sobre sus fiestas y tradiciones. 

(AFP / Cristina Quicler)

A esta foto le tengo mucho cariño, es como una de mis niñas preferidas, es un desfile de moda, representa la Andalucía del flamenco, de la feria, las rosas en el suelo. Me gusta por la composición que busqué: fusionar los volantes del traje de flamenca con los pétalos de rosas que habían puesto en la pasarela y dejar ver los zapatitos de la modelo, con las uñas pintadas de rojo. 

La luz de Andalucía me permitió trascender mis sombras internas. Tengo a Galicia en mi corazón, crecí con ella, son mis raíces maternas, me aportó la sensibilidad que necesitaba expresar: Galicia es mi madre. Andalucía, en cambio, es el oxígeno, es la luz que me ayuda a vivir, a luchar, a sacar adelante a mis hijas, es la tierra sobre la que trabajo y que me regala múltiples posibilidades. Es como mi diamante. Andalucía es mi padre. 

(AFP / Cristina Quicler)

Hay una fotografía en particular, que aparece en portada de este blog. Es en una feria, en Sevilla, que representa un momento de libertad y felicidad: dos enamorados besándose y la gente paseando, ajena a todo. Al seleccionar las fotos sentí mucha añoranza por esos tiempos, cuando no existía la pandemia. 

¿Cómo trabajas tus fotografías?

Me gusta jugar con luces y sombras, el blanco y el negro, la luz y la oscuridad. No preparo nada, me tiro a la piscina y empiezo a nadar y voy creando las imágenes, allá a donde la luz me llame. No hay luz sin sombra ni sombra sin luz.

(AFP / Cristina Quicler)
(AFP / Cristina Quicler)

También me gusta retratar lo absurdo, lo ambiguo. La siguiente imagen, por ejemplo, me pareció divertida: muestra a un penitente vestido para el Domingo de Ramos, y la gente, bien vestida, me está mirando.

(AFP / Cristina Quicler)

¿Qué significa ser una mujer fotógrafa hoy?

Es necesario rendir homenaje a aquellas primeras mujeres que lucharon por nosotras y al esfuerzo que tuvieron que hacer para ser respetadas y escuchadas. Gracias a ellas podemos hoy trabajar libremente y seguir luchando contra las injusticias, que persisten, por las futuras generaciones. En mi trabajo, en cambio, no siento diferencia. Eso sí, muchas veces voy a trabajar con tacones, porque me permite ganar altura en una rueda de prensa.

Taconeo de la danseuse Ana Morales, Biénnale de Flamenco de Séville le 13 septembre 13, 2015 (AFP / Cristina Quicler)

Esa es una ventaja, si fuera un hombre bajito, no podría llevar tacones. Físicamente estoy en desventaja, porque no soy deportista, pero igual lo estaría un hombre poco deportista. Los equipos pesan mucho, especialmente los objetivos grandes que llevas para deportes… Sí, he sufrido mucho físicamente. Tengo hernias por cargar ese peso como una bruta sin cuidarme. Ahora intento alertar a las más jóvenes.  

(AFP / Cristina Quicler)
(AFP / Cristina Quicler)

 

Como madre soltera, es complicado, sobre todo los fines de semana de fútbol. Terminas a las 12 o a una de la mañana, y entonces pienso: “¿Y yo que hago aquí?” Las niñas aquí o allá, tienes que ir pidiendo favores. Cada día es como una carrera de obstáculos. Es una vida pendiente de un hilo, no puedes saber ni lo que vas a ganar ni en lo que vas a trabajar. 

En el futuro, me gustaría poder viajar con mis niñas por el mundo, regalarles conocimiento de los seres humanos que habitan en este planeta y hacer algún reportaje que implique una gran ayuda humanitaria.

Compañía Nacional de Danza, ensayo de Don Quijote en La Maestranza de Sevilla, el 10 de enero de 2018 (AFP / Cristina Quicler)

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Autor: Cristina.Quicler

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Wuhan, la ley del olvido

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Wuhan (China) – Cuando los inspectores de la OMS llegaron a Wuhan para investigar cómo comenzó el brote de coronavirus, algunos de los habitantes de esa urbe del centro de China recordaban la muerte casi un año antes de Li Wenliang. Otros, al parecer, no sabían cómo llorar abiertamente a los muertos de la ciudad.

Expertos de OMS visitan laboratorio de Wuhan durante pesquisa sobre origen de la pandemia (AFP / Hector Retamal)

Li fue uno de los primeros médicos en denunciar el brote y advertir sobre la propagación del virus que mataría a miles en Wuhan y a millones en todo el mundo. Fue castigado por las autoridades por dar la alarma y finalmente él mismo sucumbió al virus.

Viajé a Wuhan para cubrir para la AFP la misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una puesta en escena cuidadosamente coreografiada por las autoridades chinas. Pero lo que más me llamó la atención en esta ciudad donde comenzó la pandemia fue lo poco que hablaba la gente del covid. 

Un año después de la muerte de Li, mis colegas vieron como los guardias de seguridad afuera del hospital donde él trabajaba rechazaban a un hombre con un ramo de flores.

Trabajadores pasaron días largos y agotadores transportando a las víctimas durante el brote en Wuhan
(AFP / Hector Retamal)

Wuhan estuvo bloqueada durante 76 días desde enero del año pasado. En algunos casos, familias enteras murieron, un integrante tras otro. Un conductor voluntario durante el encierro obligatorio me habló de colegas que transportaban cadáveres entre hospitales y crematorios y de largos y agotadores días en las calles que de otro modo habrían estado vacías.

Lo único que se interponía entre él y el virus era una higiene meticulosa y un régimen estrictamente observado de hierbas medicinales. Sin embargo, apenas un año después del confinamiento, este conductor fue una de las pocas personas que habló abiertamente de ello.

“Mucha de la gente que nos rodea tiene una fuerte aversión” a hablar de la pandemia, me dijo un residente de unos sesenta años. “Ellos dirán: ‘¡Tu vida es genial! ¿Qué necesidad de seguir hablando de la pandemia?’”

«Tienes una gran vida», dijo un local. «¿Qué necesidad de seguir hablando de la pandemia?» (AFP / Hector Retamal)

Wuhan me pareció una ciudad que se mueve bajo una tácita división entre quienes eligen olvidar y quienes eligen recordar.

Un abogado local me dijo que muchos se sienten obligados a evitar el tema, “que nunca deberían mencionar cosas tristes del pasado, centrándose en cambio en cosas como ricas comidas o fotos de hermosos paisajes”.

Cuando llegó la misión de la OMS, esta supresión privada de la memoria pareció extenderse a la esfera pública. Después de meses de delicadas negociaciones y presiones globales, Pekín finalmente acordó en mayo pasado una investigación externa para determinar cómo se contagió el virus a los humanos.

Pero la misión sufrió retrasos y complicaciones, ya que China bloqueó dos veces la entrada a algunos investigadores por pruebas de virus positivas y problemas de visa. Los expertos caminaron por una delgada línea política cuando comenzaron sus inspecciones recién en febrero, cautelosos para no molestar a sus anfitriones. En repetidas ocasiones minimizaron las perspectivas de la misión.

La misión de la OMS pasó dos semanas en cuarentena tras llegar a Wuhan (AFP / Hector Retamal)
Los expertos de la OMS transitaron por una delgada línea política durante su misión de un mes (AFP / Hector Retamal)

Estuve entre las pocas decenas de periodistas presentes en la conferencia de prensa final del equipo de la OMS del 9 de febrero en el complejo de Wuhan Hilton, acordonado por decenas de guardias vestidos de civil que patrullaban los terrenos a toda hora.

Cuando la conferencia finalmente comenzó tras una demora de una hora (el gobierno y los investigadores extranjeros habían convocado a horas diferentes), el jefe chino de la misión conjunta se adelantó a los visitantes y habló extensamente para presentar los hallazgos. Hizo hincapié en que no era probable una transmisión sustancial del virus en Wuhan antes de diciembre de 2019.

Fue una clara señal de quién estaba a cargo.

La misión de la OMS fue cuidadosamente coreografiada por las autoridades chinas (AFP / Hector Retamal)

Los expertos se mostraron cautelosos y diplomáticos en sus conclusiones. Admitieron que sus hallazgos no habían cambiado drásticamente el panorama general del brote. Dijeron que se les concedió acceso completo a los sitios y a las personas que buscaban.

Pero después, dos miembros del equipo revelaron que no tuvieron acceso a datos sin procesar sobre posibles casos tempranos en los hospitales de Wuhan y, en cambio, se basaron en la investigación realizada por científicos chinos.

La vida en Wuhan prácticamente volvió a la normalidad tras el duro confinamiento (AFP / Hector Retamal)
La gente acude aun mercado abierto en Wuhan en junio de 2020, tras levantarse el confinamiento luego de 76 días (AFP)

Un año después del confinamiento de Wuhan, la vida de la ciudad volvió en gran medida a la normalidad. Algunas personas se animaron a hablar de la pandemia, pero pidieron no ser identificadas.

La Sra. Zhong, una anciana cuyo hijo murió durante el brote, dijo que la mayoría de los chinos no sabía cómo eran realmente las condiciones en la ciudad durante el cierre.

“Solo conocen la propaganda de la victoria de China sobre el virus y cuántos se salvaron”, dijo.

Otra residente de Wuhan, una intelectual de mediana edad, estimó que el recuerdo de traumas sufridos por generaciones anteriores había engendrado una especie de olvido voluntario e institucionalizado. “La secuela psicológica de grandes catástrofes previas, como la Revolución Cultural o la Gran Hambruna, es: ‘Alcanza solo con mantenerse con vida. No hay que pensar demasiado’”.

Tras un duro siglo XX en China, «es suficiente con estar vivo», dijo un residente de Wuhan (AFP)

Es costumbre en Wuhan y su provincia de Hubei llevar ofrendas a los parientes fallecidos en fechas alrededor del Año Nuevo Lunar.

Cuando abandonaba la ciudad, pasé largas columnas de autos atascados en un cruce cerca de algunos cementerios. Podían verse a la vera de las calles improvisados puestos  llenos de crisantemos e incienso junto a otras ofrendas funerarias: modelos de cartón de mansiones de colores chillones y montones de papel metálico, todo para ser quemado con la esperanza de asegurar al difunto una vida más lujosa.

Luego supe que la búsqueda de «crisantemos de Wuhan» y el mercado de flores de la ciudad habían sido censuradas en Weibo, la plataforma de China similar a Twitter, después de que un aumento en la demanda de los símbolos de luto provocaran escasez en algunas partes de la ciudad.

Un trabajador desinfecta la Iglesia de la Salvación de Hankou, en Wuhan, en marzo de 2020 (AFP)

Los habitantes de Wuhan están unidos por el trauma del año pasado, ahora enterrado bajo el bullicio de la vida cotidiana. Muchos habrán tenido la pandemia en sus mentes en febrero, pero mientras estaban junto a las tumbas de sus seres queridos, me pregunto si también estaban pensando en Li Wenliang y en muchos otros como él.

Editores: Sean Gleeson en Hong Kong, Roland Lloyd-Parry en Paris. Traducción y edición en español: Yanina Olivera Whyte en Montevideo.

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Autor: Laurie.Chen

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Sociopolítica

El centinela del norte

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Lagos – Cuando tenía ocho años, la hija de Aminu Abubakar, corresponsal de AFP en Kano, la segunda ciudad más grande de Nigeria, le preguntó por qué trabajaba todo el tiempo. “Porque mi trabajo es contarle al mundo lo que está sucediendo aquí, le respondí”.

Para Aminu, quien acaba de cumplir los 50 años, “aquí” significa todo el norte de Nigeria: una región donde viven unos 100 millones de personas, arruinada tras 12 años de combates entre el ejército y los yihadistas de Boko Haram y con millones de desplazados. Rompe todos los récords de pobreza, sufrimiento y violencia.

Policía de patrulla en el poblado de Unguwar Busa, en el estado de Kaduna, tras una matanza que dejó 130 muertos en febrero de 2019 (AFP / Cristina Aldehuela)
Niño fulani en el estado de Kaduna (norte de Nigeria) en abril de 2019 (AFP / Luis Tato)

La oficina de AFP está en el sur, en la animada urbe económica y cultural de Lagos, donde la vida no es fácil ni relajante y a veces incluso es peligrosa, pero para sus habitantes “el norte” es una tierra ajena y lejana. Y para la AFP, Aminu Abubakar es su centinela.

“Duermo cuando estoy seguro de que todo está tranquilo”, me dijo un día. A pesar de toda la admiración y respeto que tenemos por nuestro corresponsal en Kano desde hace 21 años, temblamos cada vez que el nombre de Aminu aparece en el visor de nuestros teléfonos. Sabemos que generalmente son malas noticias y que nos espera una larga noche.

Recuerdo muy bien el 31 de diciembre de 2016. Fue mi primera nochevieja de guardia para la AFP en Nigeria. Cuando faltaban 10 minutos para la medianoche, me preparaba para sacar el champán y los primeros fuegos artificiales iluminaban los cielos de Lagos, Aminu me mandó una historia para editar.

Se trataba de un intento de atentado suicida con una niña de unos 10 años que murió al explotar algunos metros antes de llegar al objetivo, una multitud reunida en la calle para celebrar el Año Nuevo, en Maiduguri, cuna del grupo islamista Boko Haram. «Ella murió instantáneamente»,  dijo a la AFP Grema Usman, habitante del barrio, quien agregó que hubo varios heridos, uno de ellos «muy grave».

¿Cómo respondes ese tipo de correo? ¿Diciendo Feliz Año Nuevo?
La triste verdad es que, lamentablemente, estamos acostumbrados a cubrir noticias muy sombrías. Demasiado acostumbrados, de hecho. A menudo las escribimos en la mesa de la cocina mientras escuchamos música Afrobeat. Pero también es cierto que no informamos sobre todos los asesinatos cuando el número de víctimas es inferior a 10.  Si lo hiciéramos, no haríamos nada más que eso.

Este país de 200 millones de habitantes está plagado de conflictos, yihadismo, crimen organizado y piratería. Pero de ninguna manera esa es la historia completa. Nigeria también es un país enormemente diverso, dinámico y abierto, con las personas más orgullosas y curiosas que he conocido.

Festival de Gidi en Lagos, abril de 2019 (AFP / Emmanuel Arewa)

Su juventud es creativa e increíblemente talentosa; su clase media crece y es atractiva. Nigeria no se puede reducir a sus atrocidades, eso no sería justo.

Al mismo tiempo, odio decirle a Aminu: “No, no cubriremos ese ataque en Monguno o el sur de Kaduna que se cobró seis vidas”. Puedo sentir el incómodo silencio al otro lado del teléfono. Sé lo que está pensando. ¿Quién hablará de estas víctimas si la AFP no lo hace? Una vida significa tanto en Katsina como en Cotonou o en Lyon. 

Desde el punto de vista editorial, es un difícil acto de equilibrio, que se complica aún más por el hecho de que la nación más poblada de África se hunde cada vez más en la pobreza extrema, lo que trae consigo una violencia inimaginable.

Creíamos que habíamos cubierto todo tipo de atrocidades. Fábricas de bebés donde se encierra a mujeres para procrear, niños suicidas con bombas, masacres a gran escala.

Pero desde hace tres meses, el horror ha alcanzado nuevos niveles, ya que gran parte de nuestros informes diarios tratan sobre secuestros masivos de niños para pedir rescate. Las bandas criminales están tomando cautivos a cientos de jóvenes inocentes para obtener dinero.

El dormitorio vacío de la escuela Kankara, el 15 de diciembre de 2020 (AFP / Kola Sulaimon)

El primero, a principios de diciembre en Kankara, en el estado noroccidental de Katsina, donde hombres armados secuestraron a 344 niños, nos causó un verdadero shock.

Por supuesto, ya había ocurrido el caso de Chibok en 2014, cuando Boko Haram se llevó a 276 niñas de secundaria. Después de ese famoso caso, quizás no deberíamos habernos sorprendido tanto.

Sin embargo, cuando Aminu nos envió el primer video que mostraba el pedido de rescate filmado por los secuestradores, descubrimos que en lugar de ser estudiantes de secundaria como habíamos estado refiriendo, las víctimas eran en realidad niños pequeños. Debían tener entre ocho y 13 años y se veían agotados, con miedo en los ojos y los rostros cubiertos  de polvo y arañazos. ¿Cómo podíamos estar preparados para eso?

Padre de un niño secuestrado, el 16 de diciembre de 2020 (AFP / Kola Sulaimon)

Kola Sulaimon y John Okunyomih, fotógrafo y videoperiodista de la AFP basados en Abuja, tomaron un avión temprano para unirse a Aminu en Kano y luego viajaron a Kankara. El equipo se quedó casi una semana -el tiempo que se tardó en liberar a los niños- junto a padres preocupados o enojados y varias decenas de jóvenes que habían logrado escapar después del ataque.

Entrevistaron a un niño que había huido. Le mostró sus pies a John, nuestro videoperiodista. Sangraban porque los atacantes los habían obligado a caminar descalzos toda la noche. “Me emocioné, porque tengo dos niñas, tienen 13 y 10 años, y estaba pensando que podrían haber sido ellas”, dijo John, quien trabaja para la AFP desde hace más de tres años.

“Emocionalmente es difícil. Aparte de ser periodista, soy un ser humano, soy un padre. Y como padre hoy (en Nigeria), temo por mis hijos”.

(AFP / Kola Sulaimon)
Regreso de los niños secuestrados, el 18 de diciembre de 2020, en Kankara (AFP / Kola Sulaimon)

Yo no estaba en el terreno, pero recuerdo claramente esa entrevista. Dejó un nudo en mi garganta. A menudo nos envían entrevistas como esa, por correo electrónico o WhatsApp, para agregar a nuestras historias. Es posible que no experimentemos de primera mano la tristeza y los sentimientos de los padres, pero nos golpea la violencia de la historia.

La preocupación por el bienestar de nuestros compañeros en el terreno es constante, no solo por su seguridad física sino también por el impacto psicológico de este tipo de coberturas.

Salón de clase tras el plagio de 250 niñas en el estado de Zamfara, en Jangebe, a fines de febrero de 2021 (AFP / Kola Sulaimon)

Me afectaron particularmente las declaraciones de un padre angustiado tras el secuestro de 279 adolescentes en el estado de Zamfara a fines de febrero. Dijo que hubiera preferido que sus dos hijas estuvieran muertas a estar en manos de “delincuentes”. Dudamos sobre si incluir la cita en nuestra historia, preguntándonos si un lector en Francia, Alemania o Japón podría siquiera comprender semejante dolor sin juzgar a este padre.

Me pregunté cómo habrían reaccionado Aminu, John y Kola ante esa confesión. Como reporteros, por supuesto, todos nos hemos enfrentado a situaciones humanas difíciles en un momento u otro. Pero conocer a un padre que describe el sufrimiento de no saber dónde están sus hijas, que afirma que prefiere que estén muertas a que estén siendo sometidas vaya a saber uno a qué… No estoy segura de ser capaz siquiera de soportarlo.

(AFP / Kola Sulaimon)

Les pregunté cómo se las arreglaron y por qué habían dicho inmediatamente que querían regresar al terreno para cubrir el tercer secuestro masivo en menos de dos meses.

“El primero (a principios de diciembre) en Kankara fue extremadamente difícil, estaba abrumado por el dolor. Fue difícil recuperarme, estaba desanimado”, dijo Kola, un talentoso fotógrafo nigeriano de 32 años. “Pero estoy en una misión por todos los que están siendo secuestrados. Sus espíritus me levantan. Tengo en mente que podría ser mi hermano, mi hermana, mi amigo, eso me ayuda a seguir adelante, incluso si es peligroso.”

Familiares de los menores secuestrados en Kankara, el 15 de diciembre de 2020 (AFP / Kola Sulaimon)

Cuando el equipo de AFP llegó al poblado de Jangebe, se encontraron con iracundos residentes que habían bloqueado el paso a los periodistas. Un reportero incluso debió ser llevado al hospital tras ser apedreado. El ambiente estaba muy tenso.

“Acusaban a los periodistas y al gobierno local de restar importancia al secuestro”, dijo Aminu.

Explicaron a los aldeanos que trabajaban para una agencia de prensa internacional y que “sus testimonios presionarían al gobierno para actuar. Cuanto más hablasen, más actuaría el gobierno”.

Tras una larga discusión con los líderes de la comunidad, pudieron hablar con una madre. Fue muy difícil, porque ella lloraba mucho, recuerda Aminu. “No queríamos presionarla demasiado, aunque ella dijo que era un alivio poder hablar”.

Humaira Mustapha, cuyas dos hijas fueron secuestradas a fines de febrero de 2021 en el estado de Zamfara (AFP / Kola Sulaimon)

Esta foto que tomó Kola de una madre con los ojos cerrados y llenos de lágrimas, fue publicada en todo el mundo.

Los principales medios de comunicación mundiales cubrieron el secuestro, que fue condenado por ONGs y figuras internacionales, incluido el papa Francisco, lo que obligó al gobierno del estado de Zamfara a reconocer el ataque y actuar con rapidez.

Al igual que en Kankara, varios días después, las 279 estudiantes de secundaria fueron liberadas tras negociaciones con los secuestradores y presumiblemente el pago de un rescate. “Fue un momento especial”, dijo Aminu, quien prácticamente no había dormido durante cuatro noches debido a los rumores de una liberación inminente. Aunque cansado, dijo sentirse “feliz y realizado”. “Como periodistas, tenemos un impacto en la vida de las personas. Tenemos una misión y una responsabilidad muy importante”, dijo.

Las niñas secuestradas en Zamfara, liberadas, el 2 de marzo de 2021 (AFP / Aminu Abubakar)

Días después, se produjo un ataque en otra escuela secundaria. Y luego otro, esta vez en una escuela primaria. Eran tantos secuestros que empezamos a perder la pista. En la oficina nos preguntábamos cosas como: ¿fue Kaduna a mediados de marzo el quinto o sexto secuestro de escolares en los últimos meses? ¿Incluimos el incidente de mediados de diciembre cuando 80 niños fueron secuestrados por una noche? ¿Deberíamos empezar a escribir “uno de muchos”? ¿Lo alertamos como noticia de última hora si se llevan a menos de 50 niños?

Dos semanas atrás, en el estado de Kaduna, 39 alumnos y sus maestros fueron secuestrados, así como otros tres profesores. AFP lo informó, por supuesto, pero no enviamos una alerta –noticias destacadas en rojo que remitimos a nuestros clientes y que a menudo aparecen en la parte inferior de las pantallas de la televisión- y ningún reportero acudió al lugar.

Una vez más, una delgada línea editorial. Si cubrimos todos los secuestros, ¿no existe el riesgo de alentar que se produzcan otros? ¿De servir a su estrategia de comunicación del horror? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los delincuentes para conmocionar a la opinión pública mundial y exigir más dinero?

Imagen de un video publicado por Boko Haram en 2016, que muestra a colegialas secuestradas en abril de Chibok en 2014 (AFP / Ho)

El 22 de marzo, familiares de los 39 plagiados en Kaduna protestaron por la falta de acción de las autoridades. Bloquearon carreteras y portaron carteles con la esperanza de llamar la atención sobre su sufrimiento.

“Te rogamos, Dios, que tengas piedad de nosotros y ayudes a salvar a nuestros hijos, que toques el corazón de sus secuestradores”, imploró una madre, vestida de negro, con ambas manos levantadas al cielo. 

Aminu Abubakar permanece en guardia. Mientras yo escribo, él está ocupado confirmando dos masacres, una de 15 personas y otra de ocho, en el centro y norte del país. “Necesitamos hablar sobre lo que está pasando porque los medios de comunicación tienen el poder de hacer que la gente rinda cuentas por la situación”, dijo Aminu, hijo de un transportista.

Pero para este padre de una familia numerosa, no es una masacre o un secuestro lo que más lo ha marcado su larga carrera. Es la historia de un hombre de 24 años que construyó un helicóptero en los terrenos de su universidad con piezas viejas de automóviles y motocicletas.

“Gracias al artículo, algunas personas lo conocieron y le ofrecieron una beca para estudiar ingeniería en el Reino Unido”, dijo Aminu con orgullo. “¡Verás, no solo informo de malas noticias!”

Mubarak Abdoullahi y su helicóptero, Kano, 22 de agosto de 2017 (AFP / Pius Utomi Ekpei)

Por Sophie Bouillon. Edición: Michaëla Cancela-Kieffer. Traducción: Yanina Olivera Whyte .

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Autor: Sophie.Bouillon

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Mujeres fotógrafas: Patricia de Melo Moreira

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París – “¿Quién teme a las fotógrafas?” El Museo de la Orangerie y el Museo de Orsay plantearon esta pregunta hace cinco años en una importante exposición que destacaba el papel fundamental, a menudo ignorado, de la mujer en la historia de la fotografía.

Desde los orígenes de la fotografía (nacida oficialmente en 1839) las mujeres se han apoderado de la cámara oscura, han invertido el espacio, viajado a tierras desconocidas, mirado el mundo, cubierto guerras, inventado nuevas técnicas, espectáculos de genio o vanguardia artística … Sin embargo, se desconocen los nombres de la gran mayoría de ellas. 

Las mujeres han permanecido a la sombra de la historia, discretas, borradas. El trabajo colectivo “Une histoire mondial des femmes photographes” (Historia mundial de las fotógrafas) publicado en noviembre por ediciones Textuel  busca colmar esas lagunas, al menos las más importantes.

En homenaje a todas estas mujeres, a Frances Benjamin Johnston, Alice Shalek, Elizabeth “Lee” Miller, Gerda Taro, Eva Arnold, Dorothea Lange, Françoise Huguier, Sabine Weiss, etc … a todas las que siguen y observan constantemente los aconteceres del mundo a través de una cámara, la AFP lanza una serie de entrevistas a sus fotógrafas. Empezamos por Patricia de Melo Moreira, afincada en Lisboa, que figura en la prestigiosa lista de los mejores fotógrafos de agencia de 2020 elaborada por el diario The Guardian.

Marielle Eudes, directora de Fotografía de la AFP. 

Un mesero con mascarilla mira por la ventana de un restaurante cerrado en el centro de Lisboa, el 9 de noviembre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cómo nace tu pasión por la fotografía?

Es una pasión que se remonta a la infancia. Tengo el recuerdo de mi padre hojeando nuestros Life Magazine cuidadosamente conservados. Recuerdo precisamente el momento en que me dijo cómo una fotografía podía resumir un momento decisivo de la historia.

También recuerdo las mil preguntas que le hice. Tenía ocho o nueve años… Desde entonces compartí esa pasión con él. Le regalé libros de fotos para el Día del Padre. Recuerdo conversaciones que sostuvimos sobre Robert Capa, sobre imágenes de guerra. Mi papá me presentó a los fotoperiodistas.

Exposición de Robert Capa (foto A Falling Soldier, España, 1936) en el auditorio de Roma, el 30 de abril de 2013 (AFP / Gabriel Bouys)

Cuando era adolescente, usaba mi dinero de bolsillo para suscribirme a National Geographic. Y todavía compartimos esa pasión, a pesar de que inicialmente mi padre desaprobó esta elección de carrera. Me decía: “¡Es un sueño, pero no te dará ninguna estabilidad en la vida”! Yo me puse terca y tuvimos más de una discusión. Finalmente cedió. Cuando tenía 18 años comencé a estudiar fotografía documental en la universidad. Ya sabía que quería tener un trabajo que me permitiera conocer a otros y descubrir mundos diferentes, desde adentro.

Lisboa, la ciudad de Patricia, el 15 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Tenía sed de fotografía, estaba completamente abierta a todos los géneros: fotografía de moda, fotografía creativa … Me especialicé en fotoperiodismo porque descubrí rápidamente que era donde mejor era. Trabajé en un centro comercial para pagar mis estudios, y el resto del tiempo mi vida giraba en torno a la fotografía: en el campo y en el laboratorio, ya que aún revelábamos los negativos. Trabajé para varios medios portugueses antes de unirme a la AFP en 2009.

Gente con mascarilla en los suburbios de Lisboa, el 30 de junio de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Con qué tres palabras resumirías tus fotografías?

Simple, emotivo, profundo. Simple, porque no utilizo técnicas demasiado sofisticadas. No engaño con la luz, por ejemplo. Juego con la luz natural del lugar, incluso cuando no es ideal. Emocional, porque siempre trato de capturar los sentimientos de las personas que fotografío. Trato de tomarme el tiempo para escuchar a las personas y comprender cómo se sienten. Aunque la emoción también puede corresponder a una atmósfera: calles solitarias durante la pandemia, por ejemplo. Intento jugar con la luz, por ejemplo, para transmitir el sentimiento que se cierne sobre la ciudad. Profundidad, porque espero crear conciencia, provocar la reflexión.

Lisboa, 15 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Pero sobre todo, me parece muy importante ser honesto. Intento no tener una idea preconcebida para mis coberturas. Sé que hay algo que puedo esperar y que en el momento todo puede ser muy diferente. Los hechos deben informarse tal cual son. Eso es el fotoperiodismo.

Hospital de Sao Joao de Porto, 22 de octubre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Por ejemplo, hemos estado muchas veces en hospitales que en teoría estaban saturados. Pensamos que íbamos a ver a cuidadores agotados. Sin embargo, eso no fue lo que observamos. Estaban totalmente en control, concentrados. La primera vez que estuve en un hospital, esperaba ver estrés, agotamiento… y fue todo lo contrario. Me sentí aliviada, protegida.

Afuera del Hospital Santa María de Lisboa, el 7 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Me gusta particularmente cubrir temas sociales y culturales. Intento investigar bien de antemano. Por ejemplo, cuando me pidieron que cubriera la Ley de Adopción para Parejas Homosexuales en el Parlamento portugués, preferí cubrir la historia conociendo a parejas que ya habían adoptado y que esperaban con impaciencia esta ley.

Matilde y en el coche, su hija Carolina y su compañera Olga, en Lisboa el 23 de febrero de 2014 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Fue emocionante. Pasé tiempo con cuatro o cinco parejas y sus hijos. Me gusta entrar en la vida de las personas, conocerlas, me siento privilegiada. Lo que más me interesa son las historias humanas. No solo la fragilidad del ser humano, sino también los momentos de alegría, de celebración.

Cantante de fado, Lisboa, el 27 de noviembre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Al dar tiempo para que las personas se sientan ellas mismas, se puede demostrar que son únicas. Me gusta irme a casa y sentir que me he enriquecido a través del contacto con los demás, y espero que quienes miren mis fotografías tendrán la misma sensación: que les brindan información, pero también emociones.

Matrimonio colectivo en Lisboa, el 12 de junio de 2019 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Cuando trabajas para una agencia de prensa, en noticias de último momento, no siempre es fácil. Hay que ir rápido, ser preciso, tener las fotografías de los momentos clave; pero eso también me hizo más ágil.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Qué significa ser una fotógrafa?

Quiero que me traten en pie de igualdad; no quiero creer que somos diferentes. Pero sucede que a veces se nos percibe como más vulnerables, más frágiles. Algunos lamentablemente piensan que las fotógrafas no pueden hacer ciertas coberturas. Para algunos, el fotoperiodismo es un trabajo de hombres porque implica riesgos. Sigue siendo un estereotipo que tenemos que superar. Nunca fui víctima abiertamente de este estereotipo, pero me pasó, de manera más sutil, cuando cubría el fútbol. ¡Les causaba sorpresa que trabajara para la Agence France-Presse!

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

No era la única en los estadios, pues hay otras fotógrafas que cubren el fútbol en Portugal. Por ejemplo, el Benfica de Lisboa tiene una fotógrafa. Pero no hay muchas.

Aunque ser mujer tiene ciertas ventajas, especialmente a la hora de fotografiar a otras mujeres. Es más fácil acceder a momentos de  intimidad sin que se sientan amenazadas; de antemano se sienten más seguras y confiadas.

Mujeres se pareparan para el desfile de San Antonio, en Lisboa, el 12 de junio de 2012 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Preferiría que no hubiera un Día de la Mujer porque eso significaría que se superaron las desigualdades. En cualquier caso, no es un día para regalar flores o hacer publicidad. Es un día para recordar que debemos actuar. Todos, no solo las mujeres. Y a todos los niveles, incluido el escolar. Necesitamos decirles a los niños que muchas mujeres en todo el mundo aún no tienen las mismas oportunidades, los mismos salarios, la misma seguridad física. Todavía hay tantas desigualdades, y siempre …

Una vendedora de estatullas religiosas posa con su mascarilla en el santuario de Fátima, en el centro de Portugal, el 13 de mayo de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cuál fue la cobertura que más te marcó?

Sin duda la tragedia de Pedrogao Grande, el terrible incendio forestal que dejó más de 60 muertos en junio de 2017. Los incendios forestales son recurrentes en Portugal en verano; pero los portugueses no estaban preparados para esta tragedia. Cubrir estos incendios fue particularmente agotador, tanto física como emocionalmente. Recuerdo el día que empezó,  yo estaba cubriendo el día del Orgullo Gay en Lisboa; había más de 40 ° C y hubo una tormenta seca que multiplicó por diez la fuerza del fuego.

Anabela Silva posa frente a su casa el 18 de junio de 2017, cerca de Figueiro dos Vinhos, Portugal (AFP / Patricia De Melo Moreira)
(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Cuando llegamos, las llamas ya habían arrasado varios lugares. Un humo espeso redujo la visibilidad. Trabajamos casi 48 horas seguidas. Cerca de 50 personas, incluidos niños, murieron en sus autos tratando de huir. Solo quedaron los autos carbonizados. Todo lo que quedó fueron sus cenizas. Siempre recordaré a los sobrevivientes que necesitaban compartir sus historias, sus esfuerzos para ayudar a los demás, su inútil lucha por salvar sus hogares y animales, su desconcierto cuando las llamas arrasaron con sus vidas enteras en cuestión de horas. Una mujer me mostró los recipientes de agua que había intentado llevar a los autos en llamas, llorando. Se sentía culpable. Esas imágenes se quedan conmigo, e incluso cuando camino por el bosque pienso en ellas. ¡No podría tener una casa en el bosque!

Incendio en Macao, en el centro de Portugal, el 21 de julio de 2019 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cuál fue el último tema que te apasionó? 

Fue un viaje a las Azores a principios de marzo. Fuimos a la isla de Corvo, la más pequeña del archipiélago, en medio del Atlántico, a más de 1.800 kilómetros de tierra firme. 

Corvo, en el archipiélago de las Azores, el 11 de marzo de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

La isla tiene menos de 400 habitantes, 384 para ser exactos. Solo tuvieron un caso de covid, importado, en enero: una persona que había viajado al continente. Cubrimos la campaña de vacunación.

¡Pudimos vivir sin la mascarilla! La gente nos miraba de forma extraña y comprendimos que era porque estábamos enmascarados, así que nos las quitamos. Por supuesto, nos hicimos la prueba antes de viajar.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)
(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Era extraño volver a un restaurante, a un local pequeño, donde no manteníamos el distanciamiento entre nosotros. Me sentí rara. Al segundo día nos acostumbramos. Aprovechamos para llenar nuestros pulmones de aire puro antes de regresar a Lisboa. Disfrutar de la naturaleza, después de dos meses de encierro en la capital, fue maravilloso.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Entretrevista: Michaëla Cancela-Kieffer en Paris.  Traduccion: Yanina Olivera Whyte en Montevideo

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Autor: Patricia De Melo Moreira

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