Conecta con Minuto5

Sociopolítica

Cuando la democracia se tambalea

Publicada

el

Washington – Iba a ser un gran día en Washington, pero se convirtió en el último sobresalto de la agitada presidencia de Donald Trump. El Congreso de Estados Unidos debía reunirse para certificar la victoria de Joe Biden en los comicios de noviembre como nuevo inquilino de la Casa Blanca, un evento ceremonial que adquirió enorme importancia ante la negativa de Trump de admitir su derrota.

A la postre, pasará a la historia como el día en que una turba de sus adeptos copó el Capitolio, generando asombrosas escenas capturadas por un equipo de 17 reporteros, fotógrafos y videoperiodistas de la AFP.

(AFP / Olivier Douliery)

En torno a las 9 de la mañana del miércoles 6 de enero, los fotógrafos Saul Loeb y Olivier Douliery atravesaron los puestos de control para ingresar al complejo parlamentario. «El ingreso al Capitolio fue, en materia de seguridad, básicamente como el de un día cualquiera», dijo Saul, de 37 años, quien ha ganado una serie de premios por su cobertura política durante las últimas tres presidencias estadounidenses. «Eso fue un poco sorprendente, pues se sabía que iban a haber grandes protestas».

Los 100 integrantes del Senado y los 435 de la Cámara de Representantes sostendrían una sesión conjunta con el fin de certificar la victoria de Biden. Varios republicanos habían prometido desafiar la certificación y el propio Trump -que denuncia un fraude electoral sin presentar pruebas- ejercía presión para que su leal vicepresidente Mike Pence la invalidara de alguna manera.

(AFP / Mandel Ngan)

En el otro extremo de la explanada de Washington, Trump se preparaba para hablar, cerca de la Casa Blanca, ante miles de adeptos que viajaron desde todos los rincones del país para «defender» al presidente y «Stop the Steal» («detener el robo»), eslogan que repiten convencidos de que los comicios de noviembre fueron amañados para favorecer a Biden.

El fotógrafo Roberto Schmidt y la videoperiodista Agnes Bun se unieron a los fanáticos seguidores del mandatario.  «Había miles de personas. Parecían energizadas y la mayoría no llevaba barbijo. Cuando llegó Trump, estaban eufóricos», evoca Roberto, un veterano fotógrafo gemano-colombiano. «Habló y habló, y luego los invitó a marchar hacia el Capitolio».

En la multitud habían varias caras conocidas para la AFP, vistas en uno u otro de los mitines de Trump. 

(AFP / Roberto Schmidt)

Uno de ellos notorio, con el torso desnudo y la cara pintada luciendo un sombrero de piel tocado con cuernos de búfalo. La imagen de Jake Angeli -ese es su nombre- dio la vuelta al mundo. Y ya había sido fotografiado por la AFP en actos de Trump tanto en Arizona como en Georgia.

Angeli, bajo custodia tras ser acusado el sábado 9 en el marco del asalto al Congreso, se describe a sí mismo como un soldado digital de QAnon, grupo que impulsa la teoría conspirativa de que Trump libra una guerra secreta contra un culto liberal global de pedófilos adoradores de Satanás.

«Somos patriotas que estamos en la primera línea de Arizona para llevar nuestra energía positiva a DC», había asegurado Angeli en diciembre en la red social ultraconservadora Parler.

Otros se describieron como «nacionalistas blancos» o «libertarios». Mientras Trump ensayaba airadamente sus quejas electorales, azuzó aún más a la multitud, incluso cuando el vicepresidente rechazó públicamente su llamado a «hacer lo correcto» e intervenir para bloquear la certificación de la victoria de Biden.

«Vamos a caminar por la Avenida Pennsylvania … y vamos a tratar de dar a nuestros republicanos… el orgullo y la audacia que necesitan para recuperar nuestro país», prometió Trump. «Todos los que estamos aquí hoy no queremos que los envalentonados demócratas de izquierda radical nos roben nuestra victoria electoral», dijo. «Vamos a detener el robo».

Al mediodía, Roberto se había alejado un poco de la concentración para transmitir algunas imágenes a la redacción de AFP. «Luego escuché detonaciones, así que rápidamente volví al Congreso», recuerda. «Vi cómo la multitud había superado las barreras que rodeaban el edificio … No había suficientes agentes de policía».

(AFP / Roberto Schmidt)
(AFP / Roberto Schmidt)

«Busqué ubicarme a cierta altura para poder fotografiar lo que estaba pasando».

Agnes, que ha cubierto innumerables mitines de Trump en el pasado, dice que su mayor preocupación normalmente es contagiarse el coronavirus, pues muchos partidarios de Trump no usan mascarilla y creen que los medios exageran la gravedad de la pandemia.

«Pero me di cuenta de que este mitin iba a ser diferente. Incluso antes de que asaltaran el Capitolio, los seguidores de Trump estaban agitados», indica.

«Insultaban a gritos a los periodistas. Me ubiqué cerca de un grupo de reporteros para no quedarme sola si se ponían más agresivos. Lamentablemente ese fue el caso. Vi a un manifestante escupir cerca de los pies de un corresponsal que estaba transmitiendo; también lanzaron insultos racistas y anti-China contra aquellos reporteros de aspecto oriental. Como periodista francesa de origen asiático, empecé a sentirme cada vez más inquieta y me alegró que la mascarilla tapara buena parte de mi rostro».

(AFP / Alex Edelman)

«Cuando los manifestantes derribaron las barricadas de la policía y comenzaron a correr hacia las escaleras del Capitolio a primera hora de la tarde, apenas podía creer lo que estaba filmando. Seguí pensando que la policía los haría retroceder, pero sucedió lo contrario y, asombrada, capturé el momento en el que irrumpieron en el interior del edificio».

Junto con la videasta Diane Desobeau, Agnes vio a iracundos manifestantes rodear a un grupo de periodistas, muchos de los cuales se vieron forzados a irse y abandonar sus equipos, que pronto fueron destruidos por la turba. 

«Rara vez me he enfrentado a un odio tan puro contra los periodistas. Los acontecimientos (del miércoles) demostraron tristemente que nosotros, como periodistas, estamos siendo cada vez más amenazados y atacados en todo el mundo, incluso en un país democrático, mientras tratamos de documentar los hechos que se desarrollan a nuestro alrededor en circunstancias desafiantes», dijo Agnes.

Dentro del Capitolio, Saul Loeb estaba transmitiendo imágenes durante un receso cuando de pronto se comenzaron a emitir advertencias por los altoparlantes.

«Se anunció un problema de seguridad dentro del edificio, y que había refugio», señaló.

Los manifestantes comenzaron a ingresar por el frente y por el fondo del Capitolio. Roberto Schmidt los siguió y obtuvo estas imágenes.

(AFP / Roberto Schmidt)
(AFP / Roberto Schmidt)

«Escuché cierta conmoción, algunos gritos… había una docena de manifestantes justo afuera de la cámara (del Senado)», dijo Saúl.

(AFP / Saul Loeb)

«Es muy raro ver siquiera a un manifestante dentro del Capitolio, así que fue muy inusual que hubiera una docena justo allí, al otro lado de la puerta del Senado. En ese momento, pensé que la historia del día iba a ser esa».

(AFP / Saul Loeb)

 

Pero el número de manifestantes dentro del edificio se multiplicó rápidamente hasta los varios cientos, jóvenes y viejos, muchos de ellos vestidos con ‘Devolvamos la Grandeza a Estados Unidos» o con uniforme de combate.  

(AFP / Saul Loeb)
(AFP / Saul Loeb)

En ese momento, la policía comenzó a evacuar a los legisladores y personal parlamentario, en escenas capturadas por Getty, una agencia asociada a la AFP.

(GETTY IMAGES / AFP Drew Angerer)
(GETTY IMAGES / AFP / Drew Angerer)
(GETTY IMAGES / AFP / Win Mcnamee)

«Había muchos rumores sobre lo que estaba ocurriendo afuera», recuerda el fotógrafo Olivier Douliery. Antes de que el edificio fuera acordonado, «decidí buscar un lugar para fotografiar a la multitud afuera desde otro ángulo. Golpeé puertas. En determinado momento, subí por una escalera de caracol que terminaba en un corredor sin salida, y encontré una oficina que tenía una ubicación central ideal para fotografiar a la multitud. Ahí fue cuando me enteré de que los manifestantes estaban ingresando».

Trató de reunirse con Saul, solo para ver que un grupo de partidarios de Trump blandiendo banderas ya se encontraba en la escalera de caracol. «Decidí dar la vuelta y advertir al personal del Congreso que estaba en la oficina que los manifestantes se acercaban», dijo Olivier.

(AFP / Olivier Douliery)

Los funcionarios decidieron atrincherarse en sus oficinas. Usaron mesas y sillas para hacer barricadas, las que movieron silenciosamente para evitar atraer la atención. «Luego nos enteramos por un mensaje de texto que había habido un disparo. No sabíamos realmente lo que estaba pasando. Un televisor mostraba a CNN, pero lo manteníamos en silencio». La cadena de noticias pronto dejó de emitir imágenes desde adentro, pues se había vuelto demasiado peligroso. 

«Estaba atrapado. Al principio pensé que me iba a perder toda la acción, pero luego reflexioné un poco y me di cuenta de que estaba con este grupo y que iba a contar su historia».

(AFP / Olivier Douliery)
(AFP / Olivier Douliery)

Las fotos de Olivier, al igual que las de Saul, fueron rápidamente recogidas por organizaciones de noticias de todo el mundo. Mientras Saúl fotografiaba a los manifestantes, Olivier mostró lo que estaba sucediendo a puertas cerradas, donde se escondían los empleados. Fue el fotoperiodismo 101: filmar la acción y la reacción.

Aprovechando al máximo su conocimiento del Capitolio y sus muchos corredores y pasajes, Saul recorrió el edificio fotografiando a los manifestantes.

«En su mayoría nos ignoraban o nos dejaban fotografiarlos», dijo Saul. «Estaban de humor jovial, felices de estar allí. … No sé cuál era su plan, creo que tal vez no esperaban estar allí. Todo el mundo estaba tratando de averiguar qué iba a pasar a continuación «.
 

(AFP / Saul Loeb)

Saul se dirigió a las oficinas de la presidenta de la Cámara de Representantes y tercera en la línea de sucesión presidencial, Nancy Pelosi. “Normalmente, nadie puede ir a su oficina sin una cita, siempre hay un policía del Capitolio parado afuera. En este caso, cualquiera podía deambular por ahí y hacer lo que quisiera”, relató.

«Vi algunos manifestantes, gente con gorras de MAGA (sigla en inglés de ‘Devolver la Grandeza a Estados Unidos’), que se tomaba selfies, y enviaba videos a través de las redes sociales, meterse en su oficina,  mirar sus cosas, sus recuerdos, abriendo sus cajones, revisando todo».

El grupo, de unas 10 personas, actuó como si la habitación le perteneciera. Una mujer encendió un cigarrillo. «Fue entonces cuando me encontré con uno de los manifestantes sentado en el escritorio de un empleado con los pies en alto, mirando los papeles (de Pelosi). Esa es la imagen que mucha gente ya vio», dijo Saúl.
 

(AFP / Saul Loeb)

La foto simbolizó de alguna forma los hechos del miércoles y la afrenta a las instituciones democráticas estadounidenses. Un manifestante dejó una nota: No retrocederemos

(AFP / Saul Loeb)

Mientras tanto, Olivier enviaba imágenes desde el interior de las oficinas con barricadas. «De vez en cuando miraba por la ventana y veía manifestantes trepando por todo el lugar», recuerda. «En un momento oímos más detonaciones, probablemente gases lacrimógenos. Luego vino la confirmación del primer fallecido, un manifestante. El ambiente en las oficinas era extraño. Nadie hablaba. Todos estaban en su esquina con su teléfono. De repente, todo quedó en calma. Y luego, un poco después, escuchamos más gritos».

(AFP / Olivier Douliery)
(AFP / Olivier Douliery)

¡Policía! ¡Policía! ¡Abran!  «Todos dudaron. ¿Qué tal si los manifestantes se estaban haciendo pasar por policías? Pero se decidió abrir las puertas. Retiramos los sofás usados como barricadas y la policía con equipo de combate entró gritando ¡Manos arriba!»

«Seguí tomando fotos. Era algo surrealista. Pasaron por todas las oficinas en busca de manifestantes. Pidieron ver nuestras credenciales y luego nos enviaron fuera del edificio. Fuimos escoltados a través de una serie de túneles estrechos por agentes armados que ya habían asegurado esas rutas de evacuación «.

A medida que se desarrollaban los acontecimientos, el asalto al Capitolio fue calificado por varios legisladores como un intento de «golpe». Roberto Schmidt cree que eso es un poco exagerado.

(AFP / Roberto Schmidt)

«Claramente querían causar caos afuera, pero ninguno de ellos esperaba cruzar las vallas policiales», dice Roberto. «Cuando se toparon con la resistencia policial, siguieron de largo. Verlos deambular por el Congreso me hizo acordar de una experiencia en Haití años atrás cuando vi a una multitud invadir un hotel de lujo. ¡Todo lo que querían era tirarse a la piscina!»

(AFP / Saul Loeb)

Gradualmente, las autoridades retomaron el control del edificio, despejando varios pequeños espacios antes de avanzar. «La democracia de Estados Unidos es frágil. Nada de lo ocurrido es sorprendente. Los políticos han permitido durante años el crecimiento de este movimiento, dándole oxígeno», estima Schmidt. 

Una vez que el Congreso fue recuperado y asegurado, Saul Loeb y Olivier Douliery regresaron al recinto donde los legisladores conmocionados reanudaron la sesión a las 8 de la noche, decididos a terminar lo que habían iniciado.

(AFP / Getty Images / Drew Angerer)

Pence no cedió a la presión de Trump y el resultado del Colegio Electoral de 306 votos para Biden contra 232 para Trump fue debidamente certificado. Pasadas las 3:30 de la madrugada, Biden fue confirmado como el 46º presidente y Kamala Harris como la primera vicemandataria mujer y negra de Estados Unidos.

Funcionarios transportan las urnas con los votos de los representantes del Colegio Electoral para que sean certificados por el Congreso (AFP / Olivier Douliery)

Si los manifestantes influenciaron de alguna forma el procedimiento, fue de manera opuesta a lo que se proponían: pese a que demoraron la certificación por algunas horas, varios senadores abandonaron o moderaron su oposición, horrorizados por los acontecimientos de la jornada.

(AFP / Brendan Smialowski)

El equipo de AFP terminó su tarea entre las 4 y las 6 de la mañana, para regresar a sus hogares en medio del frío en una capital que aún no amanecía y bajo toque de queda tras los violentos sucesos.

Tras despuntar el día, el Capitolio estaba rodeado de barreras insalvables, similares a las colocadas meses atrás en torno a la Casa Blanca, cuando las protestas contra el racismo y el abuso policial sacudieron a la capital estadounidense.

Donald Trump y su esposa Melania dejan la Casa Blanca, que pasará a ocupar el nuevo presidente, Joe Biden (AFP / Mandel Ngan)

Let’s block ads! (Why?)

Publicación original:Ir a la fuente
Autor: Saul Loeb agnes.bun roberto.schmidt Olivier Douliery

Comentarios

comentarios

Seguir Leyendo
Publicidad
Loading...

Sociopolítica

Mujeres fotógrafas: Patricia de Melo Moreira

Publicada

el

París – “¿Quién teme a las fotógrafas?” El Museo de la Orangerie y el Museo de Orsay plantearon esta pregunta hace cinco años en una importante exposición que destacaba el papel fundamental, a menudo ignorado, de la mujer en la historia de la fotografía.

Desde los orígenes de la fotografía (nacida oficialmente en 1839) las mujeres se han apoderado de la cámara oscura, han invertido el espacio, viajado a tierras desconocidas, mirado el mundo, cubierto guerras, inventado nuevas técnicas, espectáculos de genio o vanguardia artística … Sin embargo, se desconocen los nombres de la gran mayoría de ellas. 

Las mujeres han permanecido a la sombra de la historia, discretas, borradas. El trabajo colectivo “Une histoire mondial des femmes photographes” (Historia mundial de las fotógrafas) publicado en noviembre por ediciones Textuel  busca colmar esas lagunas, al menos las más importantes.

En homenaje a todas estas mujeres, a Frances Benjamin Johnston, Alice Shalek, Elizabeth “Lee” Miller, Gerda Taro, Eva Arnold, Dorothea Lange, Françoise Huguier, Sabine Weiss, etc … a todas las que siguen y observan constantemente los aconteceres del mundo a través de una cámara, la AFP lanza una serie de entrevistas a sus fotógrafas. Empezamos por Patricia de Melo Moreira, afincada en Lisboa, que figura en la prestigiosa lista de los mejores fotógrafos de agencia de 2020 elaborada por el diario The Guardian.

Marielle Eudes, directora de Fotografía de la AFP. 

Un mesero con mascarilla mira por la ventana de un restaurante cerrado en el centro de Lisboa, el 9 de noviembre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cómo nace tu pasión por la fotografía?

Es una pasión que se remonta a la infancia. Tengo el recuerdo de mi padre hojeando nuestros Life Magazine cuidadosamente conservados. Recuerdo precisamente el momento en que me dijo cómo una fotografía podía resumir un momento decisivo de la historia.

También recuerdo las mil preguntas que le hice. Tenía ocho o nueve años… Desde entonces compartí esa pasión con él. Le regalé libros de fotos para el Día del Padre. Recuerdo conversaciones que sostuvimos sobre Robert Capa, sobre imágenes de guerra. Mi papá me presentó a los fotoperiodistas.

Exposición de Robert Capa (foto A Falling Soldier, España, 1936) en el auditorio de Roma, el 30 de abril de 2013 (AFP / Gabriel Bouys)

Cuando era adolescente, usaba mi dinero de bolsillo para suscribirme a National Geographic. Y todavía compartimos esa pasión, a pesar de que inicialmente mi padre desaprobó esta elección de carrera. Me decía: “¡Es un sueño, pero no te dará ninguna estabilidad en la vida”! Yo me puse terca y tuvimos más de una discusión. Finalmente cedió. Cuando tenía 18 años comencé a estudiar fotografía documental en la universidad. Ya sabía que quería tener un trabajo que me permitiera conocer a otros y descubrir mundos diferentes, desde adentro.

Lisboa, la ciudad de Patricia, el 15 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Tenía sed de fotografía, estaba completamente abierta a todos los géneros: fotografía de moda, fotografía creativa … Me especialicé en fotoperiodismo porque descubrí rápidamente que era donde mejor era. Trabajé en un centro comercial para pagar mis estudios, y el resto del tiempo mi vida giraba en torno a la fotografía: en el campo y en el laboratorio, ya que aún revelábamos los negativos. Trabajé para varios medios portugueses antes de unirme a la AFP en 2009.

Gente con mascarilla en los suburbios de Lisboa, el 30 de junio de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Con qué tres palabras resumirías tus fotografías?

Simple, emotivo, profundo. Simple, porque no utilizo técnicas demasiado sofisticadas. No engaño con la luz, por ejemplo. Juego con la luz natural del lugar, incluso cuando no es ideal. Emocional, porque siempre trato de capturar los sentimientos de las personas que fotografío. Trato de tomarme el tiempo para escuchar a las personas y comprender cómo se sienten. Aunque la emoción también puede corresponder a una atmósfera: calles solitarias durante la pandemia, por ejemplo. Intento jugar con la luz, por ejemplo, para transmitir el sentimiento que se cierne sobre la ciudad. Profundidad, porque espero crear conciencia, provocar la reflexión.

Lisboa, 15 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Pero sobre todo, me parece muy importante ser honesto. Intento no tener una idea preconcebida para mis coberturas. Sé que hay algo que puedo esperar y que en el momento todo puede ser muy diferente. Los hechos deben informarse tal cual son. Eso es el fotoperiodismo.

Hospital de Sao Joao de Porto, 22 de octubre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Por ejemplo, hemos estado muchas veces en hospitales que en teoría estaban saturados. Pensamos que íbamos a ver a cuidadores agotados. Sin embargo, eso no fue lo que observamos. Estaban totalmente en control, concentrados. La primera vez que estuve en un hospital, esperaba ver estrés, agotamiento… y fue todo lo contrario. Me sentí aliviada, protegida.

Afuera del Hospital Santa María de Lisboa, el 7 de enero de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Me gusta particularmente cubrir temas sociales y culturales. Intento investigar bien de antemano. Por ejemplo, cuando me pidieron que cubriera la Ley de Adopción para Parejas Homosexuales en el Parlamento portugués, preferí cubrir la historia conociendo a parejas que ya habían adoptado y que esperaban con impaciencia esta ley.

Matilde y en el coche, su hija Carolina y su compañera Olga, en Lisboa el 23 de febrero de 2014 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Fue emocionante. Pasé tiempo con cuatro o cinco parejas y sus hijos. Me gusta entrar en la vida de las personas, conocerlas, me siento privilegiada. Lo que más me interesa son las historias humanas. No solo la fragilidad del ser humano, sino también los momentos de alegría, de celebración.

Cantante de fado, Lisboa, el 27 de noviembre de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Al dar tiempo para que las personas se sientan ellas mismas, se puede demostrar que son únicas. Me gusta irme a casa y sentir que me he enriquecido a través del contacto con los demás, y espero que quienes miren mis fotografías tendrán la misma sensación: que les brindan información, pero también emociones.

Matrimonio colectivo en Lisboa, el 12 de junio de 2019 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Cuando trabajas para una agencia de prensa, en noticias de último momento, no siempre es fácil. Hay que ir rápido, ser preciso, tener las fotografías de los momentos clave; pero eso también me hizo más ágil.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Qué significa ser una fotógrafa?

Quiero que me traten en pie de igualdad; no quiero creer que somos diferentes. Pero sucede que a veces se nos percibe como más vulnerables, más frágiles. Algunos lamentablemente piensan que las fotógrafas no pueden hacer ciertas coberturas. Para algunos, el fotoperiodismo es un trabajo de hombres porque implica riesgos. Sigue siendo un estereotipo que tenemos que superar. Nunca fui víctima abiertamente de este estereotipo, pero me pasó, de manera más sutil, cuando cubría el fútbol. ¡Les causaba sorpresa que trabajara para la Agence France-Presse!

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

No era la única en los estadios, pues hay otras fotógrafas que cubren el fútbol en Portugal. Por ejemplo, el Benfica de Lisboa tiene una fotógrafa. Pero no hay muchas.

Aunque ser mujer tiene ciertas ventajas, especialmente a la hora de fotografiar a otras mujeres. Es más fácil acceder a momentos de  intimidad sin que se sientan amenazadas; de antemano se sienten más seguras y confiadas.

Mujeres se pareparan para el desfile de San Antonio, en Lisboa, el 12 de junio de 2012 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

Preferiría que no hubiera un Día de la Mujer porque eso significaría que se superaron las desigualdades. En cualquier caso, no es un día para regalar flores o hacer publicidad. Es un día para recordar que debemos actuar. Todos, no solo las mujeres. Y a todos los niveles, incluido el escolar. Necesitamos decirles a los niños que muchas mujeres en todo el mundo aún no tienen las mismas oportunidades, los mismos salarios, la misma seguridad física. Todavía hay tantas desigualdades, y siempre …

Una vendedora de estatullas religiosas posa con su mascarilla en el santuario de Fátima, en el centro de Portugal, el 13 de mayo de 2020 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cuál fue la cobertura que más te marcó?

Sin duda la tragedia de Pedrogao Grande, el terrible incendio forestal que dejó más de 60 muertos en junio de 2017. Los incendios forestales son recurrentes en Portugal en verano; pero los portugueses no estaban preparados para esta tragedia. Cubrir estos incendios fue particularmente agotador, tanto física como emocionalmente. Recuerdo el día que empezó,  yo estaba cubriendo el día del Orgullo Gay en Lisboa; había más de 40 ° C y hubo una tormenta seca que multiplicó por diez la fuerza del fuego.

Anabela Silva posa frente a su casa el 18 de junio de 2017, cerca de Figueiro dos Vinhos, Portugal (AFP / Patricia De Melo Moreira)
(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Cuando llegamos, las llamas ya habían arrasado varios lugares. Un humo espeso redujo la visibilidad. Trabajamos casi 48 horas seguidas. Cerca de 50 personas, incluidos niños, murieron en sus autos tratando de huir. Solo quedaron los autos carbonizados. Todo lo que quedó fueron sus cenizas. Siempre recordaré a los sobrevivientes que necesitaban compartir sus historias, sus esfuerzos para ayudar a los demás, su inútil lucha por salvar sus hogares y animales, su desconcierto cuando las llamas arrasaron con sus vidas enteras en cuestión de horas. Una mujer me mostró los recipientes de agua que había intentado llevar a los autos en llamas, llorando. Se sentía culpable. Esas imágenes se quedan conmigo, e incluso cuando camino por el bosque pienso en ellas. ¡No podría tener una casa en el bosque!

Incendio en Macao, en el centro de Portugal, el 21 de julio de 2019 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

¿Cuál fue el último tema que te apasionó? 

Fue un viaje a las Azores a principios de marzo. Fuimos a la isla de Corvo, la más pequeña del archipiélago, en medio del Atlántico, a más de 1.800 kilómetros de tierra firme. 

Corvo, en el archipiélago de las Azores, el 11 de marzo de 2021 (AFP / Patricia De Melo Moreira)

La isla tiene menos de 400 habitantes, 384 para ser exactos. Solo tuvieron un caso de covid, importado, en enero: una persona que había viajado al continente. Cubrimos la campaña de vacunación.

¡Pudimos vivir sin la mascarilla! La gente nos miraba de forma extraña y comprendimos que era porque estábamos enmascarados, así que nos las quitamos. Por supuesto, nos hicimos la prueba antes de viajar.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)
(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Era extraño volver a un restaurante, a un local pequeño, donde no manteníamos el distanciamiento entre nosotros. Me sentí rara. Al segundo día nos acostumbramos. Aprovechamos para llenar nuestros pulmones de aire puro antes de regresar a Lisboa. Disfrutar de la naturaleza, después de dos meses de encierro en la capital, fue maravilloso.

(AFP / Patricia De Melo Moreira)

Entretrevista: Michaëla Cancela-Kieffer en Paris.  Traduccion: Yanina Olivera Whyte en Montevideo

Let’s block ads! (Why?)

Publicación original:Ir a la fuente
Autor: Patricia De Melo Moreira

Comentarios

comentarios

Seguir Leyendo

Sociopolítica

El tsunami, la radiación y la línea de Dios

Publicada

el

Tokio – Uno de los sismos más potentes jamás registrados sacudió el 11 de marzo de 2011 la costa noreste de Japón provocando un devastador tsunami que causó el accidente nuclear de Fukushima.

La oficina de la AFP en Tokio se movilizó rápidamente y sus periodistas desde hace años y sus periodistas han viajado en numerosas ocasiones a la zona afectada de Tohoku. Una década después del desastre, que dejó unos 18.500 muertos y desaparecidos, regresaron al lugar para realizar una serie de artículos previos al aniversario.

El tsunami del 11 de marzo de 2011 invade la pequeña ciudad de Miyako (AFP / Jiji Press)

Cuatro de los periodistas involucrados en esta cobertura -Shingo Ito, Hiroshi Hiyama, el fotógrafo Kazuhiro Nogi y la videoperiodista Harumi Ozawa-  relatan aquí su experiencia.

“La línea de Dios”

Rikuzentakata, en la prefectura de Iwate, el 17 de marzo de 2011 (AFP / Kazuhiro Nogi)

Nogi se encontraba en un tren en Tokio cuando se produjo el sismo de 9,0 grados de magnitud a las 14:46, “una violenta sacudida como nunca antes había sentido”.

“Me bajé del tren para escapar, pero el sismo era tan fuerte, que no podía caminar derecho,” recuerda. Vio los rascacielos que se sacudían en medio de los temblores.

Ese mismo día se dirigió junto al equipo de la AFP al noreste del país, arribando al día siguiente a la zona de Minamisoma, en el departamento de Fukushima. 

“Un paisaje desolador, sumergido en el agua del océano, se desplegó ante nuestros ojos”, evoca. Hiyama estaba con él, aún vestido de impecable traje, corbata y zapatos de cuero puesto que no tuvo tiempo de cambiarse antes de partir.

Una mujer que perdió a su familia en el tsunami ora en Minamisoma, el 2 de mayo de 2011 (AFP / Yoshikazu Tsuno)

Cuando el equipo llegó al ayuntamiento de Minamisoma, todo parecía en orden, pero todo cambió a medida que conducían hacia la costa: “de pronto la ciudad terminó,” dijo Hiyama. “Era como si Dios hubiera trazado una línea y decidido destruir con el agua todo lo que estaba al este de ella.”

La línea invisible -que marca hasta dónde llegaron las imponentes olas del maremoto- impactó también a los otros integrantes del grupo. Ito recuerda la sensación de conducir desde la normalidad hacia un mundo distinto. “Todo cubierto de barro, las calles anegadas, los puentes derrumbados, los malecones derrumbados. Las olas salpicaban al aire… la forma de las comunidades ya no coincidía con lo que marcaba el mapa”, dijo.

“Tuve la impresión de que esa línea separaba al paraíso del infierno”.

Imagen tomada el 11 de marzo de 2011 en pleno tsunami, cerca de Minamisoma, en la prefectura de Fukushima (AFP / JIJI PRESS / Sadatsugu Tomizawa)

Ozawa había viajado a  la región un año antes de la catástrofe, cuando se había ordenado evacuar a la población ante el riesgo de un tsunami tras un terremoto en Chile.

En aquel momento se encontró con una mujer en el gimnasio de una escuela que se había transformado en refugio en Minamisanriku, quien había perdido a su hijo 50 años antes mientras huían de un maremoto. “Pensó que había atado bien a su hijo a su espalda, pero el niño debió resbalarse de su quimono pues cuando llegó a tierra seca ya no tenía nada en su espalda”, recuerda Ozawa.

Dos hermanos almuerzan en un estacionamiento de Minamisanriku, el 12 de abril de 2011 (AFP / Yasuyoshi Chiba)

Cuando regresó a Minamisanriku en abril de 2011, se encontró con que la ciudad había sido arrasada por el agua y recordó a aquella mujer. “Escuché que el agua alcanzó lo alto de la colina donde se encontraba la escuela. El gimnasio apenas resistió”.

Temor a la radiación

La central nuclear de Fukushima durante el tsunami del 11 de marzo de 2011 (AFP / Handout)

Hiyama y Nogi estaban al costado de una calle el 12 de marzo cuando un bombero se detuvo. “La planta nuclear ya no está”, anunció, haciendo con sus manos el gesto de una explosión.  El equipo se subió rápidamente al auto y se dirigió a un área de descanso a unos 20 km de la planta de Fukishima Daiichi. Un televisor seguía las instancias de la crisis en desarrollo.

“Es difícil imaginar una situación en la cual un presentador de televisión te dice que estás en medio de un accidente nuclear”, dijo Hiyama. “Revisé el mapa varias veces para asegurarme de que estabá más allá del radio de evacuación de 20 km. Pensé en mi esposa embarazada y en mi hijo de dos años”.

El peso del desastre nuclear no golpeó del todo a Ito si no hasta el día en el que visitó una granja en una zona prohibida, donde las vacas morían enfermas o de inanición. “Sentí por primera vez temor por algo invisible. Algo que no podemos ver ni oler,  un peligro que solo un medidor Geiger puede detectar”, señaló.

Funcionarios de Tokyo Electric Power Co (TEPCO) y periodistas observan en febrero de 2012 la central nuclear de Fukushima dañada por el tsunami del 11 de marzo de 2011 (AFP / Issei Kato)

 

Insportables pérdidas

En abril de 2011, Ozawa vio a un hombre sentado en una roca oteando el mar. Se acercó pero “parecía que no me había oído, que ni siquiera se había dado cuenta de que yo estaba allí”. Un familiar explicó que había perdido a su nuera y a tres nietos.

“Aún recuerdo la escena: el cielo azul y el océano y la sensación de temblor en mi corazón cuando intenté hablar con él, pero no pude”, dijo.  Arrimarse a personas que habían sufrido enormes pérdidas causaba conflicto y culpa en los periodistas.

Un hombre consuela a una mujer que llora frente a su casa dañada por el tsunami en Watari, el 14 de marzo de 2011 (AFP / Jiji Press)

Un día, Ito se encontró con una mujer que lloraba de rodillas ante el cuerpo de un familiar tirado en el suelo y cubierto con una manta. “Debería haber hablado con ella… Solo permanecí parado junto a ella por largo tiempo, sujetando mi grabadora en mi mano temblorosa”, evoca.  “Esa es la parte más difícil de nuestro trabajo”.

Traumático

Nogi luchó contra la culpa mientras cubría el desastre: “después de todo, me ganaba la vida tomando fotografías de aquellos que estaban sufriendo”.

“Pero también es cierto que la empatía y objetividad que aprendí durante este tiempo y la forma de encender y apagar el interruptor de mis emociones es algo que he podido aplicar en la cobertura de desastres naturales posteriores”, agregó.
 

Yukiko Kometa, de 74 años, frente a su casa destruida por el tsunami en Noda, el 27 de marzo de 2011 (AFP / Yasuyoshi Chiba)

Le impactó enterarse por un trabajador del hospital de lo difícil que era tratar a los pacientes que tenían arena en los pulmones por aspirar agua de las olas del tsunami. El hombre le dijo que aún no había podido contactarse con su familia para confirmar si estaban a salvo.

“Tenía que priorizar su trabajo… pero estaba lleno de preocupaciones”, dijo Nogi. “Yo pensé:  ‘¿Y yo?’ ‘¿Sería capaz de trabajar más que proteger a mi propia familia?’”

Dos hermanas observan un barco sobre un tejado en Otsuchi, el 16 de abril de 2011 (AFP / Yasuyoshi Chiba)

Ito pronto se acostumbró a las escenas anormales como ver barcos sobre tejados, “aunque la muerte era un asunto completamente distinto”. “Aún no soy capaz de olvidar el olor y las banderas rojas ondeando con la brisa oceánica que indicaban los lugares donde se habían recuperado cuerpos”

“Una noche, camino de regreso al hotel, íbamos todos callados en el coche, en parte porque estábamos exhaustos, en parte porque estábamos traumatizados, o al menos yo lo estaba”, relató. “Tenía ganas de gritar. En la noche, recordé una horrible escena, y desperté empapado en sudor en la cama del hotel.”

Tristeza colectiva

Nayuta Ganbe, que sobrevivió al tsunami, observa el océano en Higashimatsushima, el 8 de febrero de 2021 (AFP / Behrouz Mehri)

El equipo de periodistas de la AFP visita regularmente la región de Tohoku y Ozawa se emociona en cada viaje, incluyendo su última visita a Fukushima este año.

“Por primera vez en toda mi carrera, no pude retener las lágrimas”, contó. “Un hombre de 83 años nos dijo que había perdido a su esposa en las aguas del tsunami. No importa cuan fuerte la sujetara en sus brazos, su cuerpo se escurrió y la perdió”.

No pudo luego buscar su cuerpo debido a la radiación; sus restos se descompusieron antes de que fueran recuperados. Un policía trajo después una fotografía de su cuerpo, que no se parecía en absoluto a la imagen que guardaba de su esposa en la memoria. El hombre estaba tan horrorizado que pidió al policía que quemara la fortografía en ese instante, lo cual el agente hizo.

Ofunato, el 14 de marzo de 2011 y el 4 de marzo de 2021 (AFP / Toshifumi Kitamura)

“Había logrado contener las lágrimas durante muchas entrevistas anteriores”, dijo Ozawa. “Pero no esta vez. Afortunadamente todas las lágrimas cayeron dentro de mi mascarilla”.

Al regresar este año, Hiyama sintió el contraste entre la recuperación de la región y sus memorias. «La vida continúa… en algunas zonas parece que la vida transcurre en enormes obras de construcción”, dijo.

“Todas esas nuevas estructuras se erigen en terrenos donde  murieron o desaparecieron casi 20.000 personas. Es como si la tristeza colectiva y la miseria de las familias del lugar también estuvieran enterradas en lo profundo, debajo de la fachada de la nueva Tohoku”, agregó.

Un lugar de alegría

Los periodistas de AFP seguirán reportande desde Tohoku, e Ito espera poder hacer un seguimiento del reverendo Sato, a quien entrevista hace varios años, desde que se vio obligado a dejar atrás su iglesia situada en la zona afectada por la radiación. Después del desastre, Sato soñó con construir una nueva iglesia: lo hizo y muchos de sus fieles originales ahora acuden allí.

Pero Sato espera poder regresar a su iglesia original una vez que se levanten las órdenes de evacuación, quizás el año próximo.

Akira Sato en su antigua capilla en la zona prohibida de Tomioka, de la prefectura de Fukushima, el 27 de febrero de 2021 (AFP / Philip Fong)
El pastor Akira Sato en su nueva iglesia bautista en Iwaki, el 26 de febrero de 2021 (AFP / Philip Fong)

“Tenemos muchas historias tristes de Fukushima, pero la suya es alentadora”, señaló Ito . “Espero poder ver su próximo capítulo en el futuro”.

Hiyama afirma que Tohoku es mucho más que el desastre de 2011, incluyendo su belleza natural y afamados productos. “Allí el océano, si uno se posa en el lugar indicado, puede dejarte mudo de asombro”.

“La región también es prueba de la resiliencia de los seres humanos. Tohoku no es todo tristeza. También es un lugar de alegría”.

Let’s block ads! (Why?)

Publicación original:Ir a la fuente
Autor: sara.hussein

Comentarios

comentarios

Seguir Leyendo

Sociopolítica

La desesperada lucha por respirar

Publicada

el

Manaos – En el inicio de la segunda ola de contagios, los casos de covid-19 se extendieron como un reguero de pólvora en Manaos, mi ciudad natal, capital del estado brasileño de Amazonas.

Como tantas otras personas, de repente me encontré tratando de brindar atención médica a un familiar que se asfixiaba en casa: mi suegra, Dilza Maria Rodrigues, de 71 años.

Vista aérea del cementerio de Nossa Senhora Aparecida de Manaos, donde se entierran las víctimas de covid-19, el 22 de enero de 2021 (Marcio JAMES)

La trajimos a vivir con nosotros cuando mostró síntomas de covid-19. Pronto empeoró tanto que nuestro médico de familia nos dijo que teníamos que llevarla de inmediato a una unidad de cuidados intensivos.

Empezamos a ir de hospital en hospital, el mismo peregrinaje que yo había hecho tantas veces para documentar como fotoperiodista los estragos de la pandemia en Brasil.

Un hombre sujeta un tanque de oxígeno en Manaos, el 15 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)
Voluntarios de los servicios de emergencia médicos SOS rellenan tanques de oxígeno para repartir entre los necesitados en Manos, el 30 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

Necesitaba oxígeno desesperadamente. Compramos un pequeño cilindro que duraría unas horas y nos dispusimos a buscar un hospital que pudiera ofrecerle cama y oxígeno.

Sabía, por mis reportajes, que la pesadilla podía tener finales diferentes. La gente estaba desesperada por encontrar oxígeno; Manaos se derrumbaba y la muerte estaba por todas partes, tanto que los cementerios tenían filas de ataúdes en espera de ser enterrados.

Nunca olvidaré el día en que conocí a José Moreira, de 90 años, y su familia. Estaba filmando una historia sobre un grupo de voluntarios que ayudaban a familias a buscar cilindros de oxígeno y llevaron uno para José en el maletero de un auto.

José Moreira, de 90 años, junto a su nieta (AFP / Michael Dantas)

El hombre estaba muy pálido. Los tubos y válvulas se conectaron lo más rápido posible. Después de unos minutos de soporte de oxígeno, su piel recuperó el color. 

Pudo sentirse un soplo de esperanza en la casa, pero duró muy poco. Un grito llegó desde el dormitorio: su nieta, Débora García,  le realizaba resucitación cardiopulmonar. Demasiado tarde. Vi a José exhalar su último suspiro.

Un hombre llora afuera del Hospital 28 de Agosto de Manaos, el 14 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)
Una camioneta carga tubos deoxígeno en Manaos, el 15 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

Ahora, la historia estaba dentro de mi casa. Junto con mi esposa, Juliana Milagres, improvisamos una enfermería en una habitación, igual a las que había fotografiado por toda la ciudad, y nos preparamos para nuestro nuevo «trabajo» de intentar compensar el colapso del sistema de salud.

 

Dilza Maria Pereira Rodrigues, 71, convalece del covid-19 en la casa de su hija, 2 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

Siempre fui muy cercano a Dilza y a la familia de mi esposa. Tenemos recuerdos felices de nuestros encuentros y paseos familiares previos a la pandemia. Pero eso parece ahora muy lejano. 

Al menos yo tenía un solo paciente que cuidar. Pocos días atrás, fotografié a dos estudiantes, las hermanas Laura y Laís de Souza Chaves, que debieron hacerse cargo de ocho integrantes de su familia al mismo tiempo.

Los pacientes en su improvisado hospital incluían a su padre,  el enfermero Márcio Moraes, de 43 años, un profesional de primera línea que ahora peleaba por su vida.

Laís de Souza, de 25 años, debió cuidar junto a su hermana Laura a ocho familiares enfermos de covid en forma simultánea (AFP / Michael Dantas)

Las hermanas carecían de cilindros para proporcionar oxígeno a todos al mismo tiempo. Me dijeron que lo peor era decidir quién lo necesitaba más. Mientras uno respiraba, otro perdía fuerzas.

Cambiaban el suministro de oxígeno sin avisarles, para evitar empeorar la situación. «Me viene un ataque de pánico si escucho la palabra oxígeno. Todo mi cuerpo se estremece», dijo Laís, de 25 años.

Un sepulturero del cementerio Nossa Senhora Aparecida de Manaos, el 25 de febrero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

El 14 de enero fue uno de los peores días de la pandemia en Manaos: los hospitales se quedaron sin una gota de oxígeno. Muchas personas murieron. Repentinamente,  nos enterábamos de amigos y conocidos que ya no estaban.

Vista general de un área reservada para los muertos por covid del cementerio Nossa Senhora Aparecida de Manaos, el 5 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

En algunos lugares, la gente levantó grandes tiendas de campaña para improvisar atención médica. Visité dos: Tenda Uapi, que atendía pacientes indígenas, y Tenda da Salvação, improvisada con láminas de plástico, en el patio trasero de una iglesia evangélica.

Ahora, yo atravesaba la misma odisea de buscar hospital, oxígeno y profesionales de la salud que ayudaran a mi suegra.

La gente hace cola para rellenar los tanques de oxígeno (AFP / Marcio James)

Hice cola afuera de la compañía que rellena los cilindros de oxígeno en la ciudad. Allí me crucé con historias increíbles, como la del mecánico de vehículos Josimauro da Silva, de 57 años.

Josimauro estuvo internado con covid en enero. Pero después de pasar la noche en el corredor de un hospital con más de 100 enfermos esperando tratamiento, llamó a su hija y le pidió: «¡Sácame de aquí lo más rápido que puedas o moriré en este lugar!». Le dijo que no había camas, no había oxígeno, no había médicos ni enfermeras para atender a tantos pacientes al mismo tiempo.

Josimauro da Silva, de 57 años, convalece de covid-19 en su casa en Manaos (AFP / Michael Dantas)

Desde entonces, su hija Jessica da Silva, de 22 años, lo cuida en casa. Usó 20 cilindros de 50 litros en los primeros 21 días de tratamiento. Logró pagarlos gracias a donaciones de familiares y amigos.

Por mi lado, finalmente logramos hospitalizar a mi suegra por 15 días. Los médicos confirmaron el diagnóstico de covid-19. En ese período, Dilza perdió a su madre, Zila Maria Brandão, de 98 años, y a su hermana, Socorro dos Santos, de 78, debido a la pandemia.

Mi suegra fue dada de alta el 30 de enero. Pero tuvo que volver al hospital ocho días después. Sobrevivió al coronavirus, que no obstante le dejó secuelas. 

Dilza Maria Pereira Rodrigues, 71, se recupera en su casa tras permanecer 15 días hospitalizada por covid-19, 2 de enero de 2021 (AFP / Michael Dantas)

Los médicos dijeron que sus pulmones estaban más de 80% comprometidos. En su débil condición, contrajo una infección bacteriana. Nadie, ni siquiera ella, quería regresar al hospital, pero no hubo más remedio: permaneció otros 17 días internada lidiando contra las secuelas del covid. Luego regresó a casa para terminar su recuperación con nosotros. 

Yo regresé a las calles a tomar fotografías en cuanto estuvo mejor. Quiero contar esas historias, las de los voluntarios y familiares que luchan -igual que nosotros- por mantener a sus seres queridos con vida.

Mi esposa debió dejar de trabajar para cuidar a su madre y a su hijo de 14 años, Marcelo Milagres, quien también se contagió el virus.
Todo ha sido muy duro, pero tenemos confianza en que vendrán días mejores. Ganaremos la batalla. Pronto nuestra familia recuperará la salud.

Editado por Mauro Pimentel y Joshua Berger; traducido por Yanina Olivera Whyte

Let’s block ads! (Why?)

Publicación original:Ir a la fuente
Autor: Michael Dantas

Comentarios

comentarios

Seguir Leyendo
Publicidad
Publicidad
...

Facebook

Destacado