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Por qué los occidentales somos “raros”, y cómo eso podría explicar nuestra prosperidad

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Marc Canal

Joseph Henrich es lo que los ingleses llaman un “polymath”, una persona con un conocimiento profundo sobre muchos temas. En su nuevo libro, The WEIRDest People in the World: How the West Became Psychologically Peculiar and Particularly Prosperous (La Gente más Rara del Mundo: Cómo Occidente Devino Psicológicamente Peculiar y Particularmente Próspero), combina antropología, psicología, biología y cultura evolutiva, religión, historia y economía para ofrecernos una nueva teoría del todo que tiene números de situarse rápidamente en el pedestal de las grandes teorías.

La Gran Divergencia, esto es, la inusual prosperidad de Europa Occidental y luego Estados Unidos (a los que me referiré como “occidente”) particularmente a partir de la Revolución Industrial, ha sido y sigue siendo objeto de intenso debate. Hay multiplicidad de teorías al respecto, incluyendo, entre otras, el descubrimiento de América (aquí), la calidad de las instituciones (aquí), el contexto intelectual de la Ilustración y el desarrollo de una “cultura del crecimiento” que se retroalimentó con la revolución científica (aquí), el nacimiento de unas “virtudes burguesas” que pudieron florecer gracias a crecientes cotas de libertad (aquí), o las variaciones de precios de los factores y la disponibilidad de energía barata (aquí). Fran Beltrán nos ofrecía una excelente explicación de dos de ellas aquí.

Esas teorías distan de ser incompatibles entre sí, y los acontecimientos históricos raramente son monocausales. Lo interesante del libro de Henrich no es que nos ofrezca una teoría más, es que nos ofrece una explicación que podría subyacer a la mayoría de las anteriores.

Dada la naturaleza de tal empresa, es importante remarcar que Henrich no predica orgullo occidental, sino más bien humildad. Uno de sus puntos principales es que la mayoría de estudios y experimentos se hacen con sujetos occidentales, y que sus conclusiones están muy sesgadas. Es decir, en occidente asumimos que todos los seres humanos son como nosotros. Eso nos lleva a pensar, por ejemplo, que podemos imponer nuestras instituciones y costumbres en cualquier país y que conducirán a los mismos resultados, una piedra con la que hemos tropezado repetidamente en la historia.

Estructuraré esta reseña a través de las que creo que son las tres preguntas principales a las que el libro responde y que más o menos se corresponden con el orden de los capítulos. Las preguntas son: 1) ¿somos los occidentales raros (“WEIRD”)?; 2) ¿cuál es el origen de la rareza occidental?; y 3) ¿qué consecuencias tiene eso sobre la prosperidad?

¿Somos los occidentales raros (“WEIRD”)?

El término WEIRD no es nuevo de este libro. Lo inventó el propio Henrich junto con sus colaboradores hace ya años, y es un juego de palabras. Por un lado, weird significa “raro” en inglés. Por otro, se corresponde con las siglas Western Educated Industrialized Rich Democratic (Occidental Educado Industrializado Rico Democrático). La primera proposición del autor es que la psicología varía a través de las distintas culturas, y que la psicología occidental tiene unos rasgos muy específicos. Entre otras cosas, los WEIRD somos individualistas, analíticos, estamos obsesionados con nosotros mismos y con el éxito personal, tenemos poca deferencia hacia nuestros mayores y la tradición, confiamos en extraños, respetamos autoridades externas e imparciales (por ejemplo, el gobierno), y nos mueve la culpa (“guilt”) – medida contra estándares individuales y autoimpuestos. Los non-WEIRD, en cambio, dan más importancia al grupo, familia o clan, se centran menos en la autorrealización, respetan más a los mayores y la tradición, tienen menores niveles de confianza en los extraños, y son movidos por la vergüenza (“shame”) – medida contra estándares impuestos por la sociedad o comunidad.

Lo extraordinario del libro es que esa no es una simple opinión de Henrich, sino que el autor dedica alrededor de 100 páginas a demostrarlo a través de datos y experimentos naturales y de laboratorio llevados a cabo por él mismo y sus colaboradores o por otros científicos sociales. Cada uno de los datos o experimentos individuales podría no ser suficientemente persuasivo, pero el volumen de evidencia que presenta es realmente abrumador y convincente.

Uno de los experimentos que engloba varios de los rasgos descritos es el dilema del pasajero. Usted va dentro de un coche con su amigo, y su amigo es quien conduce. Atropella a un transeúnte, y usted sabe que su amigo conducía al menos a 35 millas por hora, cuando la máxima velocidad permitida es 20mph. Es el único testigo, y el abogado de su amigo le dice que si testifica que su amigo conducía a 20mph le puede salvar de consecuencias legales severas. ¿Qué piensa?

a. Su amigo tiene derecho a esperar que testifique, como buen amigo, y usted diría que iba a 20mph

b. Su amigo no tiene derecho a esperar que testifique, y usted no diría que iba a 20mph

En Canadá, Suiza o EEUU, más del 90% de las personas eligen b. En Nepal, Venezuela o Corea del Sur, menos del 50% lo hacen. En la Figura 1.4 del libro aparece un mapa con el porcentaje de personas que eligen la respuesta b en 43 países.

En los lugares donde es más probable que elijan la respuesta a, también es más probable que las personas den a sus amigos información reservada de una compañía, mientan sobre un examen médico a un amigo para rebajar la prima de su seguro o exageren la calidad culinaria del restaurante de un amigo en una crítica publicada.

Como digo, ese es solo uno entre decenas de ejemplos que no solo son muy informativos, sino que además son muy entretenidos de leer. Todos esos experimentos están meticulosamente descritos en el libro y suelen incluir todas las técnicas y controles estadísticos necesarios. Henrich se esfuerza en ser riguroso, e incluso a menudo apunta las limitaciones de los estudios a los que se refiere. Por ejemplo, constantemente discute la posibilidad de estar ante un caso de “causalidad inversa”, algo poco común en libros divulgativos.

¿Cuál es el origen de la rareza occidental?

Para responder a esa pregunta, según Henrich, tenemos que remontarnos al primer milenio después de Cristo, concretamente entre los años 300 y 1000 d.C. Es en esa época cuando se establecen los cimientos de nuestra divergencia psicológica, y el responsable de ello es la Iglesia Católica.

Durante esos siglos, la Iglesia Católica desarrolla e implementa lo que el autor denomina Programa de Matrimonio y Familia (Marriage and Family Program, MFP). Este programa consiste, sobre todo, en favorecer la monogamia y prohibir las bodas entre primos y familiares – en el siglo XI uno no se podía casar con su primo sexto. Los motivos por los que la Iglesia toma esa dirección quedan relegados a una nota al pie, puesto que eso no es lo que le interesa al autor. Lo relevante es que sucedió, y fue eso lo que rompió las redes familiares o clanes, liberó a los individuos de ciertas responsabilidades y beneficios familiares, y los incentivó a ser más móviles geográficamente, priorizar su éxito individual, comerciar con “extraños”, participar en organizaciones fuera de la familia (universidades, gremios y corporaciones), y desarrollar instituciones imparciales (por ejemplo, contratos) que sustituyeran las redes informales familiares, entre otras cosas. Desde la perspectiva de la cultura evolutiva, nuestra psicología coevolucionó con esos cambios a través de un proceso de competencia entre variaciones psicológicas y culturales, y de aquellos polvos históricos nuestros lodos psicológicos. En otras palabras, evolucionamos de la forma en que lo hicimos porque, en ese contexto histórico, funcionaba.

Esta parte del argumento es sin duda más problemática, y ello no es culpa de Henrich sino de la magnitud de la tarea. Hay una amplia literatura sobre la alargada sombra económica y política de la historia, pero también es conocida la complejidad de establecer relaciones causales en períodos de cientos de años, así como de demostrar la persistencia de efectos institucionales sobre comportamientos y mentalidades.

En cualquier caso, el autor, fiel a su compromiso empirista, nos vuelve a ofrecer una cantidad asombrosa de datos, gráficos y estudios para establecer esas dos relaciones causales: entre la intensidad de las relaciones familiares (“kinship intensity”) y los cambios psicológicos, y entre la exposición de los pueblos a la Iglesia Católica y la debilitación de las relaciones familiares.

Seguro que hay formas de cuestionar y refutar muchos de los argumentos de Henrich, pero el rigor del autor en las proposiciones y evaluación de las mismas requiere por lo menos el mismo nivel de rigor en las respuestas, y no simples intuiciones.

¿Qué consecuencias tiene eso sobre la prosperidad?

Todo lo anterior ya daría para un libro interesantísimo, pero Henrich va un paso más allá. En la parte final del libro nos cuenta cómo la variación psicológica iniciada accidentalmente hace más de mil años por la Iglesia Católica acabó siendo un factor determinante en la prosperidad económica sin precedentes de occidente en la parte final del segundo milenio. La base del argumento es que fue esa variación psicológica en las sociedades europeas preindustriales la que favoreció el desarrollo de instituciones, leyes, normas, principios y rasgos culturales conducentes a tal prosperidad. Aquí es importante remarcar que Henrich no describe una relación causal unidireccional. El autor reconoce que ese conjunto de instituciones también contribuyó a reforzar la psicología WEIRD, en una suerte de espiral positivo.

Cualquier teoría sobre crecimiento económico de largo plazo tiene que explicar, en última instancia, la innovación y el cambio tecnológico resultante de la misma. Como apuntaba al principio de esta reseña, hay múltiples tesis a este respecto, pero la mayoría de ellas aceptan que un contexto de normas estables y generales, la existencia de instituciones imparciales, los contratos, la competencia empresarial (y de ideas), una mentalidad abierta a la innovación y al comercio, o la promoción de incentivos al progreso, entre otros, son ingredientes fundamentales. Por razones de espacio, me es imposible describir en detalle la riqueza de las relaciones que establece Henrich, pero es sencillo ver cómo, por ejemplo, la necesidad de progresar fuera de la familia o clan favorece la aparición de mercados impersonales, con la consecuente necesidad de contratos que regulen esas relaciones con “extraños”; o cómo la revolución científica o el simple concepto de “progreso” de los siglos XVI y XVII, que rompen con el cuerpo de conocimiento aristotélico y la adoración de los clásicos, es más probable que surjan en una sociedad individualista que no siente devoción por la tradición y que se permite cuestionar a sus mayores.

Con todo, me dejo muchos aspectos del libro, todos ellos interesantes. Como ejemplos, Henrich discute cómo la monogamia suprime altos niveles de testosterona y con ello la agresividad, o por qué el Protestantismo es la más rara (“WEIRD”) de las religiones, una especie de Catolicismo con anabolizantes en lo que a rasgos psicológicos se refiere. En suma, una tesis sólida, y un libro para aprender algo nuevo en cada página.

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¿Y ahora qué? Consejos para un joven profesor de economía

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En diciembre participé en una sesión, organizada por la Asociación Española de Economía (AEE) con el título de esta entrada en el mercado de trabajo europeo para economistas (este año virtual), del que hemos hablado mucho por aquí. La AEE a su vez es una de las coorganizadoras de este evento, con la European Economic Association (EEA) y la Royal Economic Society (RES). Los otros panelistas eran Rachel Griffith y Alessandro Ruggieri. La grabación completa la tienen aquí.

Como ya hace bastante tiempo que no soy un joven economista y la profesión ha cambiado mucho en mi tiempo, lo que hice fue poner juntos algunos datos sobre la evolución de la profesión, antes de dar ningún consejo. Los datos en bastantes casos ya tienen tiempo, pero las tendencias son fuertes y evidentes y si acaso se han hecho más pronunciadas en los últimos años.

1. La investigación se hace más empírica y complicada

Hamermesh (2013) muestra que en los últimos 50 años la proporción de artículos teóricos ha bajado espectacularmente. En cambio, la investigación empírica, con datos recogidos por el propio investigador, o experimentales ya representan la mitad de nuestra producción. Si además juntamos la investigación con datos que han recogido otros, estamos hablando de casi tres cuartas partes de toda nuestra producción (por esto debe desconfiar de un “economista crítico” que le diga que la economía es todo teoría matematizada y no verificada, claramente no ha mirado una revista de economía desde los años 70 del siglo pasado).

Lo más importante de esta tendencia es que un economista joven probablemente tendrá que construir sus propios datos, analizarlos y probablemente tener un marco teórico para pensar sobre ellos. Esta es la explicación más probable para otra tendencia paralela a la primera, que observan Card y DellaVigna (2013). Los artículos son más largos (de menos de 20 páginas a casi 50 en media) y tienen más coautores (de 1,2 a 2,6 en media).

Esto es una tendencia de la que mucha gente es consciente. Por esto algunas revistas han introducido un límite muy estricto de palabras o incluso se han creado revistas nuevas que solo publican artículos cortos (AER: Insights. Esperemos que cunda el ejemplo.

Por si fuera poco, cuesta más publicar estos artículos en las revistas más prestigiosas. La fracción de artículos aceptados es ahora menos de la mitad que hace cuatro décadas.

Todo esto supone un progreso claro, la economía se hace más científica. Pero el otro lado de la moneda es que estabilizarse en la profesión es más complicado. Por ejemplo, hay una tendencia creciente a tener posiciones postdoctorales, y predoctorales para acumular el capital humano necesario para esta actividad crecientemente compleja. En esto también nos acercamos más a las ciencias naturales. Estas posiciones pueden ser una forma interesante de avanzar en la carrera si se hacen en lugares donde el investigador tiene cierta libertad y trabaja en un proyecto interesante (tanto es así que algunos jóvenes doctores retrasan un año su incorporación a “tenure track” para tener esta posibilidad), pero no dejan de alargar el tiempo “precario.” Y a veces son “precariado” del malo, posiciones que requieren una cantidad muy elevada de docencia, o trabajo poco interesante en proyectos de bajo interés académico.

2. En muchos lugares es más complicado estabilizarse

En muchos departamentos, per no todos, los requisitos para estabilizarse se han hecho más duros en estas décadas. Es corriente que obtener la “tenure” requiera una (o más) publicaciones en las llamadas top5 (les recomiendo la entrada de Roberto Serrano sobre esta otra enfermedad, la top5itis, para la que aún no hay vacuna). Heckman y Moktan (2020) muestran que la probabilidad de tener “tenure” en los 35 mejores departamentos es muy dependiente de tener (varias) publicaciones en esas revistas.

Esto es verdad independientemente del impacto de estos artículos medidos por el número de citas, lo que sugiere al menos un cierto fetichismo.

Pero individualmente es irrelevante si estamos de acuerdo con esta tendencia, el hecho es que es importante para el futuro de la carrera de un joven investigador.

¿Y cómo funcionan estas revistas? Card y DellaVigna (2020) nos dan una pequeñas buena noticia. Parece que los evaluadores quizá son algo más benévolos con los autores jóvenes, ya que el impacto medido en número de citas de un autor más senior es mayor que el de un autor más joven. Esto sí, los evaluadores que son más decisivos para la decisión del editor son los más senior, aunque sus decisiones parece que no tienen mayor poder predictivo sobre si los artículos tendrán más impacto. La noticia terrible por otro lado es que los evaluadores exigen más a los artículos escritos por mujeres, casi un 25% más de citas. Por desgracia este sesgo lo tienen los evaluadores masculinos y femeninos, como nos muestran Card, DellaVigna, Funk e Iriberri (2020).

3. Consejos

Hasta aquí los datos, pero no querría acabar sin un par de consejos, más o menos derivados de esta evidencia.

El primero es que quizá la pura descripción de lo que está pasando suene negativa. Y claramente no quiero esconder la dificultad del proceso. Pero tampoco sería justo si no contara que ser investigador y profesor de universidad es una de las actividades más interesantes que conozco. He trabajado y vivido muy cerca de gente con otras profesiones, y no puedo imaginar ninguna en la que hubiera sido tan feliz. El consejo es que para disfrutar de ella es necesario, entre otras cosas, concentrarse en el proceso de descubrimiento y en la transmisión de conocimiento a los estudiantes y el resto de la sociedad. Hay que intentar abstraerse de las evaluaciones, tanto de la investigación como de la docencia. Ya sé, eso es más fácil decirlo que de hacerlo, pero hay que buscar la manera de mantener la atención en el hecho de que lo que hacemos es objetivamente muy difícil, y cualquier éxito es digno de alabanza y festejo. Y de los fracasos debemos concentrarnos solo en la información objetiva que pueda ayudar a mejorar. Recuerden que los evaluadores no aciertan mucho sobre lo que va a tener más impacto, así que hay que mantener el espíritu crítico sobre sus apreciaciones.

El otro consejo procede de la observación de que la disciplina ha cambiado mucho en estas décadas. Si yo hubiera seguido trabajando en los temas de mi tesis probablemente me habría estancado y ya no estaría en la universidad. Es muy útil mantener la mente abierta a nuevas ideas y nueva gente. Es importante construir coaliciones, dejar que te ayuden (mis primeros coautores/mentores después del doctorado, Hugo Hopenhayn o Massimo Motta son grandes académicos que se tomaron un interés inexplicable en mí cuando era joven) y prestar atención a los jóvenes doctorandos (en mi caso, algunos de mis mayores éxitos nacieron de escuchar a gente más joven y mucho más brillante, como Giovanni Ponti, Nicola Pavoni, Facundo Albornoz, o el añoradísimo Toni Calvó). La ciencia a veces se representa como una empresa de genios solitarios, pero en su mayoría es trabajo colaborativo y en esto esta parte del atractivo, construir algo increíble con gente interesante. Más “castell” que trabajos de Hércules.

Antonio Cabrales

Antonio Cabrales

Doctor en Economía por la Universidad de California, San Diego (1993). Actualmente es Profesor del departamento de economía de la University College London e Investigador Afiliado del CEPR. Sus áreas de investigación se centran en la Economía de las organizaciones, el diseño de instituciones, economía del comportamiento y economía experimental.

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Las tribulaciones de un profe en un buen departamento

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Agradezco los comentarios de Carmen Beviá y Juan D. Moreno-Ternero a una versión preliminar de este trabajo.

En la entrada anterior repasamos las tareas comunes de los profesores en un buen departamento universitario de Economía. En ésta me propongo novelar las tareas privadas que, como los tres mosqueteros, son cuatro, a saber:

– Docencia, investigación, servicio… y participación en el debate público…
Pero ya verás que en realidad son más.

La docencia y más allá…

El comienzo de curso es… impactante. En cada hora de clase puedes recorrer fácilmente 5 km mientras tu mente salta del tema a explicar a desentrañar que hay tras las caras de los alumnos. Así que lo más normal es que las primeras semanas estés físicamente derrengado. Se supone que durante el verano has ido introduciendo mejoras en la asignatura que vas a explicar. Este es el caso bueno. Porque puede que tengas que dar un curso nuevo. En la Universidad Carlos III (C3) y en bastantes más universidades) una vez que a cualquiera se le ha asignado una asignatura, la puede disfrutar 3 años, pero a partir de ahí si algún doctor la pide, te tienes que buscar y preparar otra asignatura… También puedes ser desahuciado si tu performance no ha sido del agrado de los estudiantes (hacemos encuestas a éstos en todos los cursos todos los años) y la inquisición del director del departamento encuentra que no te has preparado el curso profesionalmente (las encuestas sirven para alertar de la existencia de un posible problema y poco más). Toda esta presión se multiplica si tu curso es de doctorado porque tienes enfrente de ti a un grupo de jóvenes cuyas carreras profesionales dependen de su PhD y que no se van a conformar con cualquier cosa…

No me cansaré de remarcar que no hay contradicción ni trade-off alguno entre la docencia y la investigación. Todo lo contrario. La mejor innovación docente que conozco viene de la mano de los mejores investigadores: Proyectos como el CORE o los experimentos en el aula, etc. De hecho, se dice que, en la universidad, porque se investiga, se enseña.

Como puedes entender, la organización de la docencia es un lío de no te menees que suele recaer sobre el secretario del departamento con la inestimable ayuda del personal administrativo. Por dar algunos números, en la C3 somos unos 45 profesores de plantilla y unos 10-15 en proceso de consolidación (Tenure Track, vamos) cada uno luchando por sus intereses. Y luego están visitantes y asociados…

A la docencia tradicional se une la dirección de los Trabajos Fin de Grado que, como les digo a mis dirigidos, es la asignatura más importante de toda la carrera, comparable al examen práctico de conducir. Esto te da la oportunidad de conocer a tus tutorados a los que procuro aconsejarles sobre el más allá, o sea su vida profesional. Un símil ornitológico. Cuando nace, un pajarito es alimentado por sus papás (esto es el colegio). Llegado a cierta edad, el pajarito es forzado, primero a saltar del nido y aprender a volar, y después a acompañar a sus papas en la caza de su pitanza (esto es la universidad). Cuando estas enseñanzas han fructificado, el pajarito es invitado a buscarse la vida (esto es la vida profesional).

“Aritmética mental en la escuela pública de Rachimsky” (1895) de Nikolai Petrovich Bogdanov-Belsky.

Investigación

La investigación es la lucha contra la ignorancia. Contra el creer que los sacrificios humanos son buenos para las cosechas, o que la oferta y la demanda lo explican todo. O que sólo lo público o lo privado es valioso… Es el santo Grial en cuya búsqueda, sacrificamos más tiempo del que disponemos… En parte por cálculo porque si recuerdas, en las buenas universidades la investigación es la clave de tu éxito profesional. Pero hay otra parte… que es vicio…

En mi gremio, la investigación se plasma esencialmente en artículos, aunque no huyamos de los libros. Para muchos españoles, la investigación se mide al peso, no es de extrañar, porque en mis mocedades tal sistema se venía usando para la promoción de profesores. Pero ahora ya no es así….

Todo empieza con una idea que se te puede ocurrir leyendo un artículo (otra de tus obligaciones: estar bien informado de lo que se hace AHORA en tu campo), hablando con un colega, o paseando, vamos. Esa idea se empieza a plasmar en unos apuntillos y cuando madura (o más bien cuando tus otras obligaciones la dejan madurar), escribes algo (generalmente en inglés) solo o en compañía de otros. Aquello tiene que tener resultados nuevos porque o estás en el cutting edge o no estás en ningún sitio. Y entonces das un workshop en tu departamento y a lo mejor te dan ideas de como continuar. Con este input y ya a toda máquina, escribes un documento de trabajo que tratas de ventilar lo máximo posible, publicitándolo en seminarios y congresos y aquí perdona, pero viene otra píldora.

Seminarios y congresos

Los seminarios son nuestras clases. Las que nos permiten saber que están haciendo nuestros colegas. En donde aprendemos enfoques o temas nuevos. Y en donde tratamos de hacer buenas preguntas. En la C3 tenemos tres seminarios a la semana: economía aplicada y econometría, micro y macro. Además de los seminarios del mercado de trabajo de los que hablé en la entrada anterior. Todo esto hay que organizarlo, buscar candidatos, intendencia, gente para compartir la comida o la cena con el ponente, etc., trabajo que suele recaer en los recién incorporados con la muy competente ayuda del personal administrativo del departamento.

Ah, ya te acuerdas porqué estamos en esto. Tú también debes dar seminarios…. y asistir a congresos. Y de nuevo viene la otra parte porque los congresos no se organizan solos… Y alguna vez hasta eres el organizador principal…. Todos los veranos hay un maratón de congresos a los que si quieres que la gente se acuerde de ti debes ir y presentar algo novedoso (si no, la gente puede comentar cosas como que “hace tiempo que no le veo presentar”, “que pena era tan majo/a”… ya sabes). Y has de asistir a las presentaciones de los papers que son más afines a tu campo de investigación, aunque sólo sea para recordarle al parlante que tú tienes un paper maravilloso sobre eso… Volvemos

Porque se investiga, se enseña. Richard Feynman enseñando.

Publicación = Vía Crucis

Ya tienes tu papelito bien escrito con todo en orden y limpito. Y ahora toca la subida al monte Gólgota con tu paper-cruz a cuestas. Primero lo mandas a la mejor revista donde crees que se puede publicar. Generalmente te lo rechazan. Por lo que lo mandas a otra revista que es, casi tan buena como la anterior. Y así hasta que alguna muestra algún interés y te da un “revise-and-resubmit” que no te creas, es simplemente que te dejan retocar tu manuscrito para contestar a las pegas que te han puesto unos evaluadores anónimos. ¿Y quienes son estos señores? Pues nosotros mismos. No es difícil que de vez en cuando te encuentres en tu correo una carta de un editor de una revista pidiéndote que, por favor, por lo más sagrado, le hagas una evaluación de este trabajo que tanto tiene que ver con tu investigación, etc. O sea que te pelotean no veas, porque este trabajo suele tener un pago de 0 euros, 0 dólares, etc… es la ventaja del cero, que es cero en todas las monedas… Bueno acortando la historia, no es difícil que te pases años luchando con los editores y bajando de categoría hasta que logras que alguna revista te publique tu cosita.

¿Y cómo sabemos que revistas son buenas? Pues mira esto es como si un extraterrestre te pregunta qué equipos de fútbol son buenos. Mírate los rankings, el de la FIFA, el de la UEFA, mírate quien encabeza la liga, quien ganó la Champions, etc. cualquier cosa que te indique la calidad de los interfectos. En la academia, existen varios indicios de calidad serios del cual yo tomaría tres.

– El índice de impacto.
– El “vector propio” (eigenfactor) y
– Las citas Google.[1]

A éstas últimas puedes acceder tecleando el nombre del investigador y luego “citations”. Te saldrá el nombre seguido de ‪Google Scholar. Pincha y ahí lo tienes. Respecto al eigenfactor, hay una versión on line que no es la última pero es muy útil. Una vez allí teclea el nombre de la revista, si no aparece uhmmm.. malo. Si aparece, fíjate en el percentil (cuanto más alto, mejor). El índice de impacto suele estar en la cabecera de las revistas. Así en la revista de nuestra asociación nacional de economía aparece un impacto de 0.833 que es bastante decente. En economía, las super-revistas tienen impactos mayores o iguales a 4. Las revistas top de cada campo suelen tener índices mayores de uno y medio. Y las buenas andan no muy lejos del uno. Esto no implica que todo lo que no esté en las super-revistas no es de calidad (ver las reflexiones de Roberto Serrano sobre esto). Hay publicaciones en el segundo o el tercer nivel que tienen más citas que la mayoría de las publicaciones del primer nivel.

Servicio

En la entrada anterior te hablé copiosamente de las cargas administrativas que debemos soportar. Pero, aposta, dejé una en el tintero. La de director de departamento. Cuyos trabajos tienen dos partes. En la interna debes resolver los conflictos internos que, si el departamento tiene unas leyes escritas y accesibles a todos, no son un gran problema. La externa es… otra cosa. En mis tres años de director del departamento de economía de la C3 a veces me sentía como un general romano luchando en el limes contra las hordas bárbaras. Estas hordas a veces quieren quitarte asignaturas con las razones más nimias, a veces intentan pasar leyes en el claustro universitario que son un disparate y a veces, por el puro placer de tocarte los pies te ponen en la picota. En mi universidad estos malandrines no son muchos. Pero son enemigos terribles, no te creas, porque como hicieron notar Scharfstein y Stein (“The Dark Side of Internal Capital Markets: Divisional Rent-Seeking and Inefficient Investment”. The Journal of Finance 55, 6, 2537-2564, 2000) tienen mucho tiempo libre que usan para sus actividades. Tú andas con tus papers, tus evaluaciones (que no son sólo para las revistas, son para las becas del ministerio y mil asuntos más), tus estudiantes de doctorado, los mil trabajos que dan el no ser endogámico y preocuparte por la excelencia y ahí delante tuyo, tratando de comerse el pastel de algún presupuesto, tienes a individuos cuya única preocupación es intrigar, jorobar y chupar. Así una vez vi a un rector rodeado físicamente por unos 10 individuos todos pertenecientes al mismo departamento que trataban de conseguir una cátedra especial sin docencia para que el beneficiario “pudiera concentrarse en escribir un libro”. Por aquel entonces, yo ya había escrito dos libros y unos cuantos artículos sin necesidad de retirarme de la docencia así que me alejé lo más rápido que pude del aquelarre ya que las subidas de tensión no traen nada bueno.

Coda final

Todo este rollete tripartito es sólo para que comprendas que la universidad no es un genérico. Existen muchos rankings hechos por ahí fuera y hay departamentos que entran en ellos y otros que no.

Y no todos los economistas son iguales. Cuando alguien se presente como un grande de la academia vete a su página web, a ver dónde publica, mira sus citas, ¿está en un departamento de los que salen en los rankings? (porque somos como los futbolistas. Los realmente buenos están en los mejores clubs del mundo). Aplica aquí la misma finura que aplicas cuando escoges el vino para una cena con amigos o un hotel para el finde. Y por cierto esta serie es mi contribución al cuarto elemento citado al principio: Participación en el debate público.


[1] Estas últimas no son el mejor indicador de citas, pero está disponible en la red. Como una primera aproximación es razonable. Si es posible consultar las de la Web of Science, mejor.

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Publicado originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Luis Corchón Díaz

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La Riqueza en España: de la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis del COVID

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De Miguel Artola (Universidad Carlos III de Madrid),  Luis Bauluz (University of Bonn) y Clara Martínez-Toledano (Imperial College London)

En la última década, el estudio de la riqueza ha avanzado a pasos agigantados. Nuestro conocimiento sobre este ámbito ha cambiado de forma radical a partir del estudio de Piketty y Zucman en el que estiman la evolución de la riqueza privada en cuatro países (EEUU, Gran Bretaña, Francia y Alemania) durante el siglo XX. Gracias a esta perspectiva histórica, ahora sabemos que la riqueza no es una magnitud constante con respecto a la renta nacional. Al contrario, el patrimonio empezó a principios de siglo en niveles relativamente altos, para después sufrir una fuerte caída durante las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Desde principios de los 80 y hasta la actualidad, la riqueza ha crecido mucho más rápido que la renta en todos los países de la OCDE, pero también en muchas economías en desarrollo.

Como una contribución a esta creciente literatura, en este artículo presentamos la primera estimación sistemática sobre la riqueza de España. Nuestro trabajo abarca desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Los resultados son de los más sistemáticos y detallados que existen para un país, por cuanto reconstruimos con frecuencia anual las principales partidas del balance (vivienda, tierra, depósitos, acciones, etc.) de los hogares y de las administraciones públicas. Con esta nueva base de datos, podemos confirmar que la riqueza nacional tuvo importantes oscilaciones durante el siglo XX. Sin embargo, en el caso de nuestro país, estos movimientos palidecen ante el reciente boom inmobiliario que llevó en el año 2007 la relación entre riqueza/renta a ser de un 800% (Figura 1). Esta ratio es la más alta jamás registrada para una economía.

El crecimiento de la riqueza ha estado condicionado por dos factores: la tasa de ahorro y el incremento en el precio de los activos. El primer factor viene a incidir en que una tasa de ahorro superior al crecimiento de la renta nacional tenderá a elevar la ratio riqueza-renta. Dicho de otra manera, si se ahorra (e invierte) más rápido de lo que se produce, el patrimonio aumentará proporcionalmente más. A su vez conviene no olvidar que el precio de los activos fluctúa (los precios de la vivienda suben, las acciones en bolsa caen, etc.), por lo que si el precio real de los activos (i.e. descontando la inflación) aumenta, la riqueza también lo hará. En el caso español, la fuerte subida del precio de la vivienda (aproximadamente un 2% anual por encima de la inflación desde los 80) explica el grueso del crecimiento de la ratio riqueza/renta. Sin embargo, no deja de ser sorprendente que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria durante los años 2008-2014 (cuando el precio de la vivienda cayó casi en un tercio desde sus niveles máximos) solo redujo la ratio entre riqueza privada/renta a una horquilla en torno a 620-640%, colocando a España en niveles similares a los de otras economías desarrolladas. Este hecho pone de manifiesto las características propias de nuestra época: unos precios inmobiliarios relativamente elevados, altas tasas de ahorro del sector privado y una economía que crece a tasas cada vez inferiores. Dados estos condicionantes, resulta muy probable que la riqueza se mantenga en niveles elevados con respecto a la renta.

Para ilustrar este hecho, nos hemos aventurado a hacer una estimación de la evolución de la riqueza en los próximos tres años y así también recoger los efectos de la crisis actual. Afortunadamente, llevar a cabo este ejercicio resulta razonable gracias al creciente esfuerzo de los organismos oficiales por publicar datos sobre inversión y precios de los principales activos de la economía. Las últimas cuentas financieras del Banco de España recogen el balance de los hogares hasta el final del segundo trimestre de 2020. El INE también publica cifras más detalladas sobre la inversión en los principales activos no financieros.[1] Estas dos series de datos, combinadas con las proyecciones macroeconómicas del Banco de España y el plan presupuestario del gobierno, nos permiten estimar la acumulación de riqueza (el ahorro) de hogares y empresas durante el periodo 2020-2022. Asimismo, recurrimos a estimaciones de varios organismos sobre la evolución futura del precio de varios activos (p.e. vivienda, acciones). De manera similar al Banco de España, planteamos tres escenarios: uno central, uno más optimista (“suave”) y otro más pesimista (“severo”).[2]

El periodo 2020 a 2022 viene marcado por una serie de características bien conocidas por aquellos que hayan seguido la evolución de los indicadores macroeconómicos. La economía española va a sufrir este año una contracción sin precedentes (alrededor de un -11,1% del PIB), y tardará al menos tres años en recuperar los niveles previos a la pandemia. Además, la tasa de ahorro del sector privado (hogares y empresas) se ha disparado en la medida en que determinadas formas de consumo se mantienen en niveles muy tenues ante las restricciones sanitarias, pero también debido a la incertidumbre general. Estos dos factores deberían incentivar un nuevo incremento en la ratio de riqueza/renta.

El precio de los activos también juega un papel fundamental. Las acciones de las empresas españolas cotizadas en Bolsa han caído con fuerza (-15% en el caso del Ibex) y posiblemente algo parecido ocurra con el patrimonio de innumerables pequeñas y medianas empresas. Asimismo, las proyecciones que se disponen sobre el mercado inmobiliario indican una caída de los precios durante este año que posiblemente se prolongue durante el curso siguiente (ver, por ejemplo, el último informe inmobiliario de Bankinter). El efecto neto de estos dos procesos queda reflejado en la Tabla 1, que recoge las proyecciones hasta 2022. En los tres escenarios, los elevados niveles de ahorro privado empujarán la riqueza por encima de la renta nacional. En términos cíclicos, nuestras proyecciones indican que la riqueza va a aumentar durante este año hasta un nivel de 670% de la renta nacional, pero después se reducirá en la medida en que la economía se recupere (Figura 2).

Más allá de lo acertado de este pronóstico, nuestro objetivo es mantener en activo una base de datos (Spain Wealth Database) sobre la riqueza de España. En esta web recogeremos los datos ya publicados y las actualizaciones a partir de las fuentes anteriormente mencionadas. Todo este esfuerzo busca poner de manifiesto que, en las sociedades desarrolladas como la española, la ratio de riqueza/renta va a permanecer en niveles altos en el futuro más inmediato, como consecuencia del entorno macroeconómico (tasas de crecimiento cada vez menores, un ahorro relativamente alto) y del elevado precio de los activos inmobiliarios. Este elevado (y aparentemente persistente) ratio de riqueza/renta consideramos que obliga a desarrollar un cambio de paradigma, que reconozca la mayor importancia del patrimonio al abordar políticas socio-económicas (fiscalidad, incentivos a la inversión, financiación del sistema de pensiones, fomento de la movilidad intergeneracional, etc.). Esperamos, por tanto, que la base de datos sobre la riqueza que hemos creado sirva para enriquecer el debate público y académico en los próximos años.

____________

[1] Los activos no financieros (viviendas, inmuebles comerciales, infraestructuras, etc.) se estiman generalmente por vía acumulando los flujos de inversión, netos de depreciación. Estos cálculos son ligeramente distintos en función de la vida útil estimada para cada activo y del perfil de depreciación. Por este motivo, nuestras estimaciones sobre el stock de activos no producidos son ligeramente distintas de las del INE, como explicamos en detalle en esta nota metodológica

[2] Para el conjunto de la economía, el Banco de España estima la evolución del PIB, la inflación, la inversión, y la capacidad / necesidad de financiación. También estima la capacidad / necesidad de financiación del sector público. Estas proyecciones incluyen la utilización por parte de nuestro país de los recursos del programa Next Generation EU (NGEU). Asimismo, el Plan Presupuestario del Ministerio de Hacienda incluye proyecciones de inversión pública y de recepción de fondos europeos. A partir de estas estimaciones, obtenemos, como residuo, el ahorro de hogares y empresas. En un segundo paso, descomponemos el ahorro de hogares, por tipo de activo, en base al patrón de inversión observado en el periodo 2014-2019 en la contabilidad del INE (activos no financieros) y en las Cuentas Financieras del Banco de España (activos financieros). Finalmente, combinamos el ahorro con proyecciones sobre el precio de los activos, para estimar la acumulación de la riqueza hasta 2022. Para realizar esta proyección, usamos las ecuaciones de acumulación de riqueza, por tipo de activo, explicadas en nuestro artículo en el Economic Journal.

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Publicado originalmente en: Ir a la fuente
Autor: admin

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