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Cultura

Evolución culinaria e instrumentación; técnicas y tecnología. 6. Uniformización e involución

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/ por Francisco Abad Alegría /

Todo sea por una cocina más sana, barata, accesible y menos devoradora de tiempo libre de las personas que se reúnen (¿reúnen?) en torno a la mesa. La fantasía al poder, la mentira al trono. Desde que por requerimientos bélicos surgiera en el Reino Unido la conserva de carne denominada corned beef, que acabó incorporada a platos ahora considerados como genuinamente británicos, a la irrupción del primer gran precocinado español, la Fabada Litoral, el papel de la industria alimentaria en la comida cotidiana se ha desarrollado de forma exponencial, ya vertiginosa como un rizo de montaña rusa en las últimas décadas. Pero lo que hay detrás de este movimiento no es un afán liberador, ni facilitador para las personas, sino un binomio mayor ganancia-uniformización de gustos y además dirigido por pocos grandes grupos económicos de los que algunos se citarán al final de este capítulo. El desarrollo tecnológico no ha contribuido a crear, excepción hecha de la preservación de alimentos por congelación (Figura 1), sino a empobrecer y además por vía de la imposición; el artesano que antaño torneaba una olleta cerámica, la esmaltaba y la cocía en horno de ceramista, es ahora un mero esclavo obediente de lo que sale por un tubo y se envasa en cilindros plásticos, rotulándolo con vivos colores y sin saber qué es realmente. De colaborador en el desarrollo tecnológico humano (en el campo culinario, cultural por tanto), ha pasado a sometido a criterios industriales.

Vieja publicidad norteamericana de congelados de utilización doméstica (1949)

A mayor abundamiento, la preparación para el consumo directo de tales fórmulas culinarias es en general ajena a la herencia cultural de los ciudadanos y además, si se disfraza como tal, una auténtica falsificación o adaptación de recetas arraigadas que conforman  un modo de entender la comida. Y para completar el panorama, se requiere utillaje absolutamente ajeno, en la mayoría de los casos, al utilizado normalmente. Es decir, que la dependencia industrial cierra el copo sobre la importante cultura culinaria, prescindiendo cada vez más de las demandas de la población e imponiendo criterios, preparados y utillaje. Y todo ello merced a un perverso empleo de tecnologías cada vez más inaccesibles al ciudadano, pero muy ligadas a un proceso regresivo respecto a lo que la evolución técnica y tecnológica ha supuesto históricamente para la comida humana.

Al hablar de los precocinados en un anterior trabajo,[1] ya se dijo que hay precocinados para todo, de todo, congelados, irradiados, refrigerados y envasados en atmósfera protectora. Todos estos preparados, que suponen un consumo desmesurado en los hogares, están presentes también en los restaurantes. Un relativamente reciente informe de MERCASA[2] sobre la alimentación en España, desbrozando campo por campo lo que ocurre en los hogares, en los restaurantes, en las industrias alimentarias y en las comunidades españolas, que se elabora desde finales de los años ochenta, nos muestra con claridad el proceso. Si asumimos la cantidad de precocinados que se expenden, generalmente en grandes superficies, para los hogares, y lo que ocurre con los destinados a restaurantes, cruzando los datos con las cantidades vendidas, nos daremos cuenta de que ya a finales del siglo XX cerca del 70 % de lo que se ofrece al cliente de un restaurante de nivel medio, es un genuino precocinado, elaborado industrialmente. El cocinero en una pequeña cocina y con brigada reducida al mínimo, descongela, calienta y sirve productos que en ocasiones ya vienen incluso emplatados sobre una bandejita deslizante que se vacía ordenadamente sobre el plato del comensal. Pues bien, siendo esto un hecho innegable, que cualquier persona que tenga algo de confianza con personal de hostelería puede corroborar, lo más importante es que el mismo proceso se está dando en los hogares y gran parte de los preparados destinados también a la hostelería,[3] como las lasañas y canelones.

De este modo, la cocina tradicional queda literalmente aplastada por la industria, que la va a deformar más o menos en función de sus propias facilidades para la preparación. El diseño de los productos publicitados u ofrecidos a la hostelería, que al cabo marca (en la triste actualidad ya tendremos que hablar de pasado inmediato, pero aún actuante), las preparaciones se ajustan a formas y utillaje industrial idóneos para la empresa preparadora, a despecho de los criterios (si es que los tiene) del pueblo soberano. Podremos encontrar algunos asados de cordero que están buenos, pero que siempre saben a lo mismo (y de vez en cuando hay que hacerlo un poco mejor o equivocarse un poco, para que la familia note la diferencia) y algunas preparaciones más complejas que son realmente nauseabundas. Recabando diversas fuentes, sin afán de exhaustividad, nos encontramos con una auténtica invasión en la oferta del súper y, por supuesto, aunque oculta, de la hostelería, de cárnicos asados o preparados de otros modos (por ejemplo, Grupo Pastores de Aragón), de diversos entrantes, a veces aparentemente complejos, carnes aliñadas, pescados y mariscos (por ejemplo Borrás, Congenor o Frisoria, de Cataluña y Vizcaya), o algunos diseños complejos de elaboración y diseño, preferentes en hostelería aunque también accesibles al hogar (por ejemplo de Diesa, en Granada).

Merece la pena detenerse en la formulación detallada en el envoltorio de algo aparentemente tan sencillo como una salsa de queso, que tradicionalmente elaboramos los mortales de la gleba con dos o tres quesos blandos, un poco de mantequilla, una nube de nata líquida y un casi nada de vino de Jerez, que ofrece la empresa Old El Paso Mexican Foods hacia el año 2018: agua, pimiento rojo troceado, queso cheddar (8%), aceite vegetal, almidón modificado, azúcar, suero lácteo en polvo, trazas de oleorresina de pimiento dulce, leche en polvo, otros quesos en polvo no especificados (1,54%), sal, ácido láctico, ácido cítrico, pectina, extracto de levadura, ajo triturado, aromas no especificados, maltodextrina, fosfato trisódico, ortofosfato trisódico, curcumina, dextrosa, trazas de oleorresina picante, glutamato sódico y harina de mostaza. Hagamos una apuesta: ¿cuántas personas preparan su vulgar y vieja salsa de queso para casa y cuántas la compran ya hecha, igual a la descrita o similares? Efectivamente. Pero todo es acostumbrarse (someterse) y al final acabamos viviendo en el mundo feliz, programado no sólo por la televisión, sino también por el gusto y la aculturación gastronómica radical. 

Un aspecto que me parece especialmente destacable en este campo es el de los famosos aditivos. Ninguna polémica, sólo hechos. Normalmente se empleaban de forma habitual en la cocina un par de espesantes, como la gelatina o cola de pescado y los alginatos de las natillas y flanes y también la sal, en contadas ocasiones, como potenciador del sabor (no como sazonador, que eso es otra cosa) en algunos platos dulces. Pues bien, de entre 25 y 30 aditivos antaño extraños a la cocina convencional, que se han desarrollado e introducido especialmente por los requerimientos de texturización, humedad, consistencia, aroma y maleabilidad del producto preparado industrialmente, cerca de un 30% ya se han incorporado a las preparaciones culinarias convencionales, familiares (sin contar la odiosa tartrazina, colorante artificial insensatamente empleado en la mayoría de platos de arroz guisado nacionales).  Al final, lo que cuenta es que se ha producido de forma imparable la uniformización de sabores, colores y texturas (la mayoría de los aditivos domésticos son gelificantes y espesantes, por lo de la textura de marras). 

De forma progresiva, a partir de de un preparado de la firma británica Taco Bell, los denominados snacks, es decir, tentempiés para tomar entre horas, se introdujo el Dorito Locos Taco, que es una concha de material tostado similar al taco, pero con forma de pequeño recipiente relleno de queso y productos triturados de charcutería, constituyendo de hecho una especie de bocadillo que puede sustituir a una pequeña comida,[4] que ocasionalmente se complementa con un snack dulce, que sería el postre. Lo llamativo del fenómeno, iniciado de modo casi simultáneo en el Reino Unido y Estados Unidos, es que se ha extendido de forma vertiginosa por el mundo occidental y el resto del mundo occidentalizado en manos de muy pocas compañías industriales, produciéndose un fenómeno creciente, por el momento no masivo, y al tiempo distópico, merced a multitud de inserciones motivadoras sutiles, incluidas en la filmografía televisiva de consumo o a veces explícitas de forma publicitaria convencional, lo que conduce a una simplificación, uniformización y al tiempo industrialización de la alimentación que se consideraría ultracivilizada, es decir, destruyendo el concepto que siglos de civilización han construido como comida. Y además de eso, manejada por una cúpula empresarial difícil de rastrear hasta su vértice y, especialmente, sus conexiones con múltiples entidades de poder aparentemente extrañas al sector alimentario. Las consecuencias que se derivan quedan a criterio de la cogitación del lector.

Se aleja cada vez más el protagonismo del hecho cultural de la comida de la iniciativa de la persona, que se ve progresivamente sometida, por medio de los progresos tecnológicos que antaño impulsaron su creatividad, a doblegarse ante pocos protagonistas industriales, exponentes de oligopolios de decisión económica y consecuentemente cultural, incluso en el hecho cuasi sagrado de la comida.

No vale la pena extenderse en este asunto, pero la irrupción de dispositivos diseñados no solo para simplificar la vida por medio de la tecnificación, algo en principio loable, lo que han conseguido es un doble efecto. En primer lugar restar protagonismo al agente culinario, que deja cada vez más en manos de utillaje complejo que no es capaz de dominar completamente ni de reparar (algo tan simple como el afilado de un cuchillo o el curado de un wok o una sartén no se pueden hacer en un robot de cocina), lo que arrastra al protagonista al campo de seguidor de instrucciones, en general simples y tajantes; vamos, a obedecer a la máquina. En segundo lugar, en confluencia con lo dicho, va seleccionando, con la excusa de la eficacia, el ahorro de tiempo (que luego se dilapida entonteciéndose ante la televisión, que genera enormes lagunas irrellenables entre neuronas previamente interconectadas) y la denominada cocina sana (dogmas cambiantes cada poco tiempo a impulsos de las tendencias impuestas; basta recordar el fraude de las grasas saturadas avalado por prestigiosos investigadores y universidades, ocultamente pagados por la industria azucarera, que hemos vivido recientemente) los logros de la cultura sitiológica y sustituyéndola por una uniformizadora cocina expósita, sin apellidos ni padres conocidos, a menudo bautizada con neolenguajes que pretenden remedar un pasado que activamente destruyen.

La gran diferencia entre una mandolina de corte o un cocedor lento, por ejemplo, que hacen con menos tiempo y esfuerzo lo mismo que útiles convencionales, y el robot de cocina, que se encarga del proceso culinario completo,[5] es que el papel de quien cocina queda sustituido por el de mero pinche obediente. No solo existen los robots de cocina convencionales que se programan a punta de dedo (ragout de ternera, bizcocho de zanahoria, por ejemplo) sino que ya hay otros más avanzados tecnológicamente, que son capaces de recibir instrucciones de cocinado por WiFi pero además partiendo de recetarios que están disponibles en la Internet,[6] de modo que quien cocinaba ya ni siquiera es pinche: es silencioso y obediente porteador de productos que compra, obedeciendo al criterio de un remoto e ignoto prescriptor. En la práctica, la hipertecnológica máquina ha sustituido al humano, pero ¿cómo sabemos que la receta prescrita no es una selección hecha con criterio automatizado, adaptado a gustos del momento o incluso fluctuaciones de mercado, como por ejemplo al optimizar los costos del pienso de explotaciones intensivas de aves o cerdos? (Figuras 2 y 3).

Freidora por aire caliente (2019)
Gran robot de cocina Mycook de Taurus

Y ya el colmo de la sustitución del humano por la máquina es la eliminación de elementos culinarios que en su esencia son sustanciales para la elaboración de una fórmula culinaria. El ejemplo más sencillo, no el único, es el freidor sin aceite, hace algún tiempo ya disponible en varias marcas.[7] En realidad, la freidora de aire caliente nunca ha sido una freidora, porque prescinde totalmente del aceite, incluso en un nivel mínimo de impregnación superficial. Se trata de un pequeño horno de convección (no de microondas) dentro del que circula aire a elevada temperatura (cerca de 300ºC), produciendo una reacción de Maillard superficial, que remeda, para los más conformistas, la auténtica fritura, con leve agitación del producto, cocinando además por contigüidad el interior, que debe estar adecuadamente troceado para adaptarse a las exigencias de la máquina. Sólo se me ocurre un ejemplo, mucho menos higiénico sin duda, que es el proceso de descomposición por el calor ambiente y los gérmenes que sufría la carroña que alimentó parcialmente a nuestros antepasados hace algún millón de años. Pero eso no es fritura, ni es cocina, ni es cultura ni es nada de nada: solo alimento barnizado de procederes tecnológicos pasados de rosca.

Una mirada superficial al panorama ofrecido podría hacer pensar que la industria alimentaria se adueña progresivamente con objeto de acaparar el mercado, incrementando sus ganancias mediante tecnologías de producción y también de preparación de la comida, pero cuando se valoran las implicaciones económicas asociadas a auténticos imperios con inmensas ramificaciones económicas, estratégicas multinacionales y su asociación con macroestructuras de poder que llevan directamente también a diseños geopolíticos (si se rastrean las trayectorias cognoscibles de algunas de ellas, las huellas de lo conspiranoico se desvanecen en buena medida, aun asumiendo que la información de verdad, la relevante, no es accesible a la mayor parte de la población…) parece ingenuo creer que nos encontramos ante un mero asunto de poder empresarial (Figura 4).

Del fogón al electrón: cocina global hipertecnológica Convotherm (¡busquen la sartén!).

Aportaré solo dos ejemplos de que no me ha afectado el virus de la conspiranoia, cierto que un poquito añejos; pero es que no me da la vida para meterme en más inquisiciones y la elocuencia es la de las cifras, no la de las palabras. En 2009, las nueve multinacionales más importantes formadas por conglomerados de diversas empresas (con variados nombres propios) de alimentación, que llegaban desde la misma raíz de la producción primaria a la elaboración y comercialización final, en todo el mundo, eran las siguientes:[8] Arthur Daniel Midlands, Cargill, Coca-Cola, Kraft Foods, Nestlé, Pepsico, Procter&Gamble, Tyson Foods y Unilever.

Aporta algún indicio (cognoscible) de dirigismo de los procesos de concentración de poder sobre la cultura sitiológica y el gusto en general la referencia, seguro que ya muy desbordada actualmente en la desbocada carrera de la subvención selectiva de la sociedad, que a través de sus dirigentes sustrae medios a las personas para canalizarlos en proyectos absolutamente ajenos al interés común. Por ejemplo, la investigación (ya sabemos que las tendencias culinarias oficiales han pasado del reino del fogón al campo del arte y la investigación, empujadas por mercenarios expertos en comunicación) culinaria europea con cargo a fondos públicos del denominado Proyecto INICON en el año 2008,[9] supusieron 550.863 euros en total. La cifra no es para desmelenarse, pero lo más interesante es conocer la lista de beneficiados: Cosmos Aromática, Escuela de cocina Gregoire-Ferrandi, Crocodile, Fat Duck, Iberager y El Bulli. Respecto a este último, que hace tiempo sustituyó el aceite de oliva por tinta de rotativa de prensa, hay que decir que cerró dos años después de la subvención. Todos los beneficiarios tenían papel preponderante en la denominada cocina molecular (más que un abuso semántico, una infamia lingüística, porque todo proceso físico-químico, cocina incluida, es molecular) y cabe preguntarse de qué forma revirtió positivamente la inyección de de 26.097 euros a El Bulli de Adriá y Soler o de 24.266 al Fat Duck de Heston Blumenthal a los contribuyentes. La respuesta es obvia.

Tanta confluencia de tecnología agroalimentaria, informativa y acomodación de utillaje adaptado a todo ello en los últimos cuatro decenios (es una forma aproximativa de hablar), y sobre todo de apariencia multicéntrica, resulta difícil de conciliar con un mínimo criterio de evolutividad espontánea, no forzada. Si se siguen las mínimas huellas de los agentes implicados se acaba en muy pocos vértices del proceso, en una concentración de progresiva estenosis del ámbito de la riqueza cultural trabajosamente lograda y de las opciones de la libertad individual en el segundo elemento de la cultura[10] (Figura 5).

Técnica, tecnología y evolución cultural sitiológica

Se atribuye a Tolstói una cruda expresión de la esencia del poder. Decía el ruso (por cierto, rico hacendado que vivía del trabajo ajeno, aunque austeramente) que el poder es una pasión dominante, irracional, que jamás se conforma y utiliza todos los medios para crecer, generalmente contrarios al bien común y el progreso de los humanos, uno a uno, no como rebaño. Cuando la concentración de conductas, pensamientos e individualidades culturales sea un hormiguero llano y uniforme ¿habrá algo que satisfaga al poder? Mientras se acerca ese momento, y lo hace ya ostensiblemente, la trabajosa humanización, expresada humildemente también en los logros sitiológicos, ¿dejará la cultura de comida humana alguna icnita fosilizada en las humildes rocas que separan las astures playas de Lastres y Colunga?                                                                                                                                                                                                                                                                                        


[1] Abad Alegría: o. cit. 2009, pp. 176-182

[2] MERCASA. Alimentacion en España 2010. MERCASA, Madrid. 2011.

[3] L.M., L.P.: «El producto de Mercadona que más arrasa entre los clientes: se venden 55.000 unidades al día», La Nueva España, 6 de agosto de 2020 [en línea], <https://amp.lne.es/sociedad/2020/08/06/producto-mercadona-arrasa-venden-55000/2667948.html#referrer=https%3A%2F%2Fwwwgoogle.com&amp_tf=De%20%251%24s>. [Consulta: 6/8/2020].

[4] B. Lufkin: «The bizarre rise of fast food fused with snack foods», BBC Worklife, 17 de octubre de 2019 [en línea], <https://www.bbc.com/worklife/article/20191016-the-appeal-of-extreme-food-snack-fusion>. [Consulta: 19/10/2019].

[5] M. Sanz Romero: «Xiaomi saca una olla inteligente para preparar todo tipo de platos», Computerhoy, 23 de julio de 2020 [en línea], <https://computerhoy.com.com/noticias/tecnologia/xiaomi-olla-inteligente-you-ban-portatil-683107>. [Consulta: 24/7/2020].

[6] A. A. Romero: «Analizamos Mycook Touch, la Smart cooking del momento», Profesional Review, 7 de agosto de 2020 [en línea], <http://profesionalreview.com/2020/08/07/analizamos-mycook-touch/>. [Consulta: 8/8/2020].

[7] «Lidl vuelve a poner a la venta un éxito: la freidora sin aceite barata», Economía Digital, 29 de julio de 2020 [en línea], <http://www.economiadigitles/consumo/lidl-thermomix-robot-cocina-vuelve-a-poner-a-la-venta-un-exito-la freidora-sin-aceite-barata_20085510_102.html>. [Consulta: 29/7/2020]; T. Celine: «Air frying vs traditional frying: wich smart-cooking pan is the best?», Tech Times, 20 de julio de 2020 [en línea], <https://www.techtimes.com/articles/251233/20200720/our-top-rated-best-fryers-for-every-budget-is-on-sale-at-amazon-right-now.htm>. [Consulta: 21/7/2020].

[8] L. de Sebastian: Un planeta de gordos y flacos: la industria alimentaria al desnudo, Barcelona: Ariel. 2009, p. 160 y ss.

[9] J. Zipprick: ¡No quiero volver al restaurante!, Madrid: Akal, 2009, pp. 44-45.

[10] Pueden encontrarse algunas reflexiones algo más amplias en I. González Turmo: Cocinar era una práctica, Gijón: Trea, 2019 y F. Abad Alegría: «Cocina tradicional aragonesa; su demolición», Temas de Antropología Aragonesa, 25 (2019), pp. 75-130.


Francisco Abad Alegría (Pamplona, 1950; pero residente en Zaragoza) es especialista en neurología, neurofisiología y psiquiatría. Se doctoró en medicina por la Universidad de Navarra en 1976 y fue jefe de servicio de Neurofisiología del Hospital Clínico de Zaragoza desde 1977 hasta 2015 y profesor asociado de psicología y medicina del sueño en la Facultad de Medicina de Zaragoza desde 1977 a 2013, así como profesor colaborador del Instituto de Teología de Zaragoza entre los años 1996 y 2015. Paralelamente a su especialidad científica, con dos centenares de artículos y una decena de monografías, ha publicado, además de numerosos artículos periodísticos, los siguientes libros sobre gastronomía: Cocinar en Navarra(con R. Ruiz, 1986), Cocinando a lo silvestre (1988), Nuestras verduras (con R. Ruiz, 1990), Microondas y cocina tradicional (1994), Tradiciones en el fogón(1999), Cus-cus, recetas e historias del alcuzcuz magrebí-andalusí (2000), Migas: un clásico popular de remoto origen árabe (2005), Embutidos y curados del Valle del Ebro (2005), Pimientos, guindillas y pimentón: una sinfonía en rojo (2008), Líneas maestras de la gastronomía y culinaria españolas del siglo XX (2009), Nuevas líneas maestras de la gastronomía y culinaria españolas del siglo XX (2011), La cocina cristiana de España de la A a la Z (2014), Cocina tradicional para jóvenes (2017) y En busca de lo auténtico: raíces de nuestra cocina tradicional (2017).

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Cultura

Pureza Canelo, antológica

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/ una reseña de Álvaro Valverde /

Ya he dicho más de una vez que la de Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946) es una poesía genuina y singular como pocas y que su trayectoria ha sido una de las más coherentes y arriesgadas del panorama lírico español de entresiglos. Su completa entrega a la poesía, su misterioso fervor hacia ella, destaca en un mundo caracterizado por la prisa, el interés y la vanidad. Pasión édita, por parafrasear (a la contra) uno de sus títulos. 

Desde que ganara en 1970 el premio Adonais con Lugar común, ha publicado, entre otros, Celda verde, El barco de agua, Habitable (Primera poética), Tendido verso (Segunda poética), Pasión inédita,  No escribir, Dulce nadie, A todo lo no amado, Oeste Retirada. (Si alguien quiere profundizar en su vida y obra, puede acceder al Archivo y Biblioteca de Pureza Canelo, donado por ella en 2007 a la Diputación de Cáceres).

2020, un año sin duda maldito por culpa de la pandemia de la COVID-19, fue sin embargo pródigo para la extremeña afincada desde su adolescencia en Madrid. En libros, cabe matizar. Dos han visto la luz. Y los dos en su tierra. «Todo lo poco mío irá siempre para los míos. Oeste es mi patria, rememorando a Rilke», ha escrito. Ambos son antológicos. En su doble sentido. 

Uno, Poemas y otros nidos, se ha publicado en la Editora Regional de Extremadura. El otro, Palabra Naturaleza, en la colección Voces sin Tiempo de la Fundación Ortega Muñoz. 

Poemas y otros nidos es un libro, sobre todo, bonito. La espléndida a la par que sobria edición va ilustrada con dibujos y pinturas de la propia autora, de su hermano, el pintor Luis Canelo, y de José María Muñoz Reig. Además, hay fotografías de la poeta: dos retratos tirados por Luis Méndez

El libro se abre con un preliminar de la moralejana, «¿Pero quién se había inventado todo aquello?». Raro en su bibliografía, parca en noticias autobiográficas ajenas a la propia escritura poética. Antes, una fotografía coloreada de su casa familiar, que fue derruida hace unos años, aunque podamos verla todavía gracias a las fotografías recogidas en el blog Wunderkammer (Cámara de maravillas). En la última imagen de esa serie se la ve a ella escribiendo en «el cuarto de la inspiración», aquel «territorio comanche» donde, con su inseparable hermano y sus amigos, cultivaba la poesía, la música y la pintura. Años sesenta. Jóvenes cultos, estudiantes en internados de Madrid (como los Canelo), Salamanca o Cáceres que volvían cada verano para pasar sus «largas vacaciones» en «aquellos lares del norte de la provincia de Cáceres», «junto a la Raya y a tiro de Sierra de Gata». En esa habitación, dice, «hacíamos nido» (téngase en cuenta el título del volumen). «Vivir. Vivirnos. Soñar». 

«Este libro recoge algunas de mis pinturas de aquel tiempo y una selección de poemas escritos posteriormente que rememoran el latido de aquella adolescencia apasionada. Y todo esto visto desde el hoy. No hay trampa en esta reunión, es lo circular de lo sensible en río de escritura y existencia que, junto a unos cuadritos inocentes, ordeno aquí como nueva obra de entrega creadora». Algo, por cierto, que sirve para esta obra y para cualquiera que emprenda Canelo, tan rigurosa y exigente en todos sus empeños. 

En aquel cuarto, Luis pintaba y Pureza escribía. «Hablábamos poco». Al fondo, la música. Serrat y Paco Ibáñez, casi siempre. 

La muestra comienza con «Vámonos a encontrar aquellos árboles nuestros», largo poema escrito entre el verano y el otoño del setenta, publicado un año más tarde en Lugar común y dedicado a su querido, cómplice hermano. «Y te digo:/ hay que volver, Luis, a lo de antes». «Hay que volver, volver». Allí, «los paseos por Moraleja», «nuestro río del verano». «Tu pincel vive del verano, y mi verso también». (En muchas ocasiones, Canelo ha confesado que casi toda su poesía está escrita durante sus tórridos estíos extremeños). «Yo no llevo pena por no haber conocido/ lo contrario a lo que vivimos», leemos en ese poema esencial. 

Vienen después «Poemas y otros nidos». En la página par, el cuadro o la ilustración correspondiente (por ejemplo, cubiertas de sus libros coloreadas por Muñoz Reig o con dibujos añadidos por ella); en la impar, los poemas. El orden de estos es cronológico y, ya se dijo, seleccionados en función de los recuerdos. Versos centrados en la infancia, el lugar, el verano o el paisaje, pero también en la escritura. La metapoesía, por decirlo más pomposamente. «La creación», término que ella prefiere. El ojo que, a través de la mirada, con asombro, se transforma en palabras con sentido. Eso sí: «No lo olvidéis/ a contra moda escribo». «A contra moda vivo». Y: «No muevas el secreto de la poesía». «Ni en sueños salta/ el secreto de la poesía. Jamás». 

No, no faltan las alusiones a «Mi oeste». «En el oeste/ de mi estirpe».

En el poema final homenajea a su maestro Juan Ramón. Luego, una precisa bibliografía y una amplia nota biográfica abrochan este florilegio que, más que eso, parece un nuevo libro. Ideal para iniciarse en la poesía de Canelo.

Pureza Canelo en su casa familiar de Moraleja, fotografiada por Luis Méndez

Palabra Naturaleza, y perdón por la confidencia, surge de una solicitud realizada por Jordi Doce y por mí para que seleccionara poemas de su obra relacionados precisamente con la naturaleza, principio que subyace en la colección que dirigimos para la Fundación Ortega Muñoz. Como acabo de señalar, eso no dio en una antología al uso, sino en un libro que ella incluye como tal en su bibliografía. 

La cubierta reproduce un cuadro casi metafísico de Godofredo Ortega Muñoz. A veces una determinada ilustración puede convertirse en el primer poema de un libro. Esta anticipa un territorio concreto. Al oeste. Porque ese es el paisaje natural y el espiritual, si cabe tal distingo, de Canelo. Una suerte de poética. Moraleja. Extremadura. «En el lugar que más nací». 

En el prólogo, «Aproximación impura» (que no deja de ser un poema más), con una cita suya al frente: «La naturaleza desvela alguna verdad de la poesía pero explica ahora qué es la poesía», escribe: «Y no se sabe si ha sido la Naturaleza quien me ha llevado a la Palabra o esta a la otra. Las dos reinan». Más adelante añade: «Desde mi adolescencia quise a la tierra y a la escritura. Así fue el círculo de existir». Se pregunta: «¿Qué será Palabra Naturaleza?». Y se responde: «Aquí reunidas en aproximación de un núcleo biográfico a otro de la emoción llamada inteligencia. Acercamiento poliédrico a espacios naturales desde estados poéticos en un diálogo, si se diera, incorporando variación de temas y formas en sus inflexiones, debilidades, semejanzas». Y otra pregunta: «¿Qué será Palabra Naturaleza?». Y otra respuesta: «Vaivén en el relieve de lugares y vocablos que acechan. La duda: esta selección unívoca de Palabra Naturaleza anda en la jugada del laberinto al treinta». «La poesía es asunto del cosmos», afirma. Y: «Palabra y Naturaleza reinan por sí mismas. La Naturaleza está ahí y la Palabra hay que buscarla para ella». Después: «Naturaleza y su poder de presencia, Palabra y su constante provocación. Estos textos reunidos les piden respeto y humildad entre ellas». Luego confiesa: «he rendido los pasos temporales en lo telúrico y he cogido del frutero mayor de vocablos. Buscar y volver. Mano y boca. Saciar y no. El deseo de encabalgar la poesía. Aquí o allá. En infierno o cielo». Concluye: «La poesía de creación se mueve de un centro a otro que la hace inagotable buscándola, buscándonos. El verso dice llueve sobre el campo y no está lloviendo, o la naturaleza puede ser noche cerrada y decir mírame en colores sin límite: lo que es circular posibilita el canto y ofrece su mejor ocasión». Una pregunta final: «¿Qué será Palabra Naturaleza?». Y la respuesta definitiva: «Una torre de exigencia quiere alzar lírica y territorio. Fusión de ángeles. En ese afán he jugado cartas, dudas, desolación, estaciones. Os abro la puerta».

El orden de los poemas es también cronológico. Se abre con el mismo poema que Poemas y otros nidos: «Niñez ayer»: «Mi primer poema/  lo dediqué al junco,/ a la veleta en el horizonte,/ a mis perros que ya corrían para alcanzarme/ y morder de mi gaviota».

Pronto, «Palabras con Luis»: «Veo la tierra/ como una inmensa larva./ La tierra gestando/ y los mares y el cielo se entretejen/ a punto de nacer».

«[Él es un troco sobre el río]» finaliza: «La poética es un nombre (vuelta a empezar) y basta./ Nada creo, pero estos campos quieren revivir/ el sábado de frutas/ para atender la escritura en su carne».

En «Poema de los ojos distantes» leemos: «La palabra en mi terreno/ va encendida de otra manera/ a la contemplación que divide sus signos».

Siguen poemas tan significativos como «Maíz», «Estrellas», «Árboles, árboles», «Hojas, hojas»… En «Querido libro»: «Pero al Sol, contigo, quiero vivir. Y haré lo que las lavanderas en el río. Frotar la tela con la piedra para tenderla en los juncos que van del puente a la muralla, de la muralla a la huerta, de la huerta a la casa reciente y de la casa al astro que hoy me ordena escribirte, amor». Y en «Su casa» (con el epígrafe «en la dehesa del lago Borbollón»), donde casa se escribe con mayúscula inicial, empieza: «Una Casa/ en luz de agua dulce./ La pasión con sus Ojos/ limpios de la voz/ en el rostro de los años construidos». Y continúa: «Allí Leonor Gutiérrez superior a los sueños/ maniobrando con todas las estaciones/ de los hijos habidos y por venir./ La distancia es llegar a esa Casa/ extremada y mía aunque esté cumplida/ de esperarla». Y: «Tórtolas y encinares bebieron/ de las aguas donde mi juventud/ pulió su instinto para hurgar/ en la dehesa o palabra/ de un despertar al mundo». Y al final: «en la Casa donde hay un lugar para el mendigo/ mi creación, una roca, lumbre,/ todo lo que yo he sido hasta llegar aquí». 

Como en el otro libro, selecciona poemas como «Crepúsculo y tú», «Madera» («Son mis debilidades los fresnos, el olivo, la encina, el alcornoque descorchado») o «Bicicleta». 

«Hable el aire», dedicado a Claudio Rodríguez («Escribimos poco, Claudio»), es otra composición fundamental. «Escribir estas cosas apenas significa/ convencimiento para que yo recupere/ la estima de conjugar poesía». «La poesía que sale de esta mano/ es babel menor, menor».

Con «Al fin todo desaparece» termina «La tiniebla». En «De la belleza, su vuelta», de nuevo el río: «No me oye./ Un río viene/ de una boca en la altura/ pasa cerca de la casa/ donde escribo y vivo./ No le hago falta».

En «Intemperie 2», leemos: «El encinar, serenamente/ no traiciona nunca». Y: «El encinar, ensanche/ plaza del ser,/ vereda de mí». 

Pureza Canelo, por Luis Méndez

En «Rama al amanecer»: «El aire no se serena/ nunca./ Quien dijo lo contrario/ trazaba afirmación/ tal vez perplejo/ de todo confín./ En la certeza/ soberana/ del engaño». 

En «Rama al sol» vibra el verano, su flama: «Al fondo/ la planicie/ y más tú».

En «La señal», la trilla. Lo rural como mundo perdido que, sin embargo, salva la palabra: «Trilla ya no existe, sí el rescoldo de aquel sol aplastado en el suelo, sobre una madera con guijarros blancos incrustados, gira y gira mi cuerpo adelantándose al pan». Como en «Mundos»: «Con parecido afán empecé a escribir en papeles pequeños mal arrancados. Más tarde supe robarlos del despacho del padre. Después no sé qué pasó. Sigo abrasada en ellos». 

Sí, como leemos en «Abandonados», «La poesía se cuela por lugares extraños». «Ahí». 

El primer verso de «Hiedra» (de nuevo la casa familiar): «Lo más nombrado en mi escritura». Más allá de la muerte: «Este breve texto sigue en hiedra. Levanto la cabeza y ahí está salvaje, pausa no existe. Cuando un día esta mano deje su pulso ella seguirá». 

En «[Madre]» (la nombrada Leonor Gutiérrez), «No conozco otoño sin memoria». 

Y más Oeste: «Nombres de pueblos»: «Nombres de paraísos no inventados han venido a/ visitarme, hermosos han llegado a la boca».

«[Tantas veces]», otro poema clave. Esencial para comprender su libro Retirada: «En la retirada me muevo ya como pez que conoce los secretos de las algas para el ocultamiento y segura desaparición». «De este buscar has llegado a contemplación, contemplación finalísima». 

Y amaneceres y atardeceres. Elementos. En «[Inmensidad]»: «La materia, Dios mío, la materia». Y la cal: «Sobre la cal el sol se estampa». «Y la cal en noche, la ceguera como luz. Una y otra son vivir. Noche y día pertenecen a un golpe de cálculo lírico». 

«Naturaleza desolada», una sección en sí misma, reúne poemas inéditos en libro. Cuatro de «Ventana a la muerte», que se publicaron en el número 451 (diciembre de 2018) de Revista de Occidente, y seis de Aire donde estuvo una casa, incluidos en Habitable [Antología poética, 1971-2018], Renacimiento, 2019. Allí leemos: «No es bueno escribir y llorar. Nublas cielo y tierra».

En un momento dado, Pureza Canelo declara: «Lo que dice la poesía, la que manda, y no podemos hacer más». Me parece un verso adecuado para ejemplificar lo que significa esta poesía personalísima y radical, en el mejor sentido. Para ella y para sus lectores. «Mundos de ayer revierten unidos. Es mi única verdad. No se busque otra luz. Ni se mezclen lectores intrusos en una escritura rendida a lumbre: los que dicen la poesía es difícil, no se entiende, según el cerebro de la soberbia y la oquedad de la ignorancia. A esos los quiero fuera de mi vista». Lo dijo en «Mundos». Estamos avisados. 


Niñez ayer

Empecé en el campo
a construir dos barcas.
Una para el viento
otra para mí
nací desnuda
para pasar de barca a barca:
surcos allí donde dormía
surcos aquí donde ya no duermo,
surcos que prolongan la existencia
de mis brazos.
Bajo el sol
mi cuerpo al atardecer
con futuros poemas cubriendo
un canto especial de mariposa.
Reñía y saltaba
como los peces
y tenía un rincón para escribirme a solas
de niña a niña.
Y me perdía ya
por donde voy ahora
sin saber que era el viento contra mi ave
o la barca a punto
de convertirse en viento.
Entonces
no tenía entraña mi palabra,
era un espléndido cautiverio
de sol y hechizo y palabras
sin despertar del todo el misterio de un pozo
que llevaba entre enredaderas.
Mi primer poema
lo dediqué al junco,
a la veleta en el horizonte,
a mis perros que ya corrían para alcanzarme
y morder de mi gaviota.
Mis sueños confundían los rincones de la casa
o eran las esquinas puntos bellos
para nacer
o labrar un verso a la sombra.
Recorría eras,
y un pantano de color gris
cuando empezó mi amistad
con la gaviota
o palabra mía
que picoteaba mi frente.
Mi amor había caído en paz
como la prolongación del sueño
y veía a la hormiga
y ya podía pensar «lleva luto»
o me entristecía la higuera
abiertos sus frutos a cualquier insecto.
Sus frutos que aún no eran mis senos
olían a prisa
de crecer y entristecerme.
Ya entonces tenía poemas,
poemas ocultos
como los de tantos niños
que se esconden de sí
y escriben su llanto
en la primera mirada a su sexo.
Pero tenía estos y otros poemas,
llevaba un pozo de enredaderas
y el cautiverio de la palabra.
Hasta que un día dormí
con mis brazos
definitivamente abiertos
para decir mis cosas
en el poema que llevaba
a flor de esta boca caliente.

(de Celda verde, 1971)

Querido libro:

Tendida al sol, contigo, quiero vivir. La grandeza bajo el astro obliga a desterrar el misterio que padecen las sombras de nuestro amor. Pero ¿qué hacemos en esta circunferencia de yerba, los dos, en el corazón de la mañana que lo sé desnudo si está dándome la vida? ¿Acaso ya te amo mientras escribo en la misma sala que conviene al calor de la leyenda, de la palabra? La transparencia es sabor infinito. La transparencia del aire es el grado en la tinta de la tierra y astro que abrasa. Palabras, palabras ¿o estoy enamorada y toco el azul en el instante en que tu pecho se me ha escapa­do al agua y la escritura se moja a placer de que estoy viva, fuerte, amante, en la mañana de julio?

Sol. Estrellas. No son inventos del corazón tendido. Son flechas que avanzan y una boca andante recoge, afirmándonos. Ya regresa. Viene el brillante pecho hacia mis ojos, su rostro avanza, mi nuca tiembla y se defiende en el perfil que he buscado, me refugio niña en la espalda que le doy para hacer mayor claridad de la conjura, Sol, verso de la yerba entera. Y este libro va a morir del corazón, va a morir de no conocer las sombras. Sí, va a morir nunca. Viva el Sol.

Floja va esta carta. La conciencia de autor íntima pero sin totales… porque quiero recuperar una libertad de mano poética derramada, que olvida los acertijos que aprehendí de un oficio temprano, de sangrado verti­cal, próximo a la soberbia que alimenta a la metáfora, a los arranques de una estrofa bien plantada, a los finales redondeados de un poema, a la cita lumino­técnica que tomamos de otros para apuntalar torpe­mente la cuartilla vulgar, mía, nuestra y vuestra, sin humildad al lado.

Pero al Sol, contigo, quiero vivir. Y haré lo que las lavanderas en el río. Frotar la tela con la piedra para tenderla en los juncos que van del puente a la mu­ralla, de la muralla a la huerta, de la huerta a la casa reciente y de la casa al astro que hoy me ordena es­cribirte, amor.

(de Tendido verso [Segunda poética], 1986; Cuatro poéticas, 2011)

Su casa

en la dehesa del lago Borbollón

Una Casa
en luz de agua dulce.
La pasión con sus Ojos
limpios de la voz
en el rostro de los años construidos.
Arriba, donde comienza o termina
la soledad de una roca que llegó
a medirse defendiendo el abismo.
Allí Leonor Gutiérrez superior a los sueños
maniobrando con todas las estaciones
de los hijos habidos y por venir.
La distancia es llegar a esa Casa
extremada y mía aunque esté cumplida
de esperarla.
Si alguien comprendiera su cimiento
merecería la pena escribirlo.
No habría superior arena
que la abrazada al musgo.
Ni horizonte más claro
que el camino por la orilla.
Tórtolas y encinares bebieron
de las aguas donde mi juventud
pulió su instinto para hurgar
en la dehesa o palabra
de un despertar al mundo.
Destino es una Casa con amarla.
El resplandor del lomo de los barbos
hizo posible incendio para libro.
Y levantarme a plenitud tan cierta,
cabrero, pescador, entrad
al amanecer, al fondo de mi origen,
en la Casa donde hay un lugar para el mendigo
mi creación, una roca, lumbre,
todo lo que yo he sido hasta llegar aquí.

(de Tiempo y espacio de emoción, 1991; Cuatro poéticas, 2011)

Bicicleta

Dejémosla en paz. Ha trotado fiel a mi cuerpo y pensamiento. Esta rojita y plateada tantos años por campos y veredas de luces cambiantes y soledad a la espalda, casi al desnudo o lana en la boca, según las estaciones del hacer, deshacer esferas. Ahora está en una habitación a oscuras con sillín y manillar en el suelo. Bici patas arriba; descansa compañera de mi oeste.

Dejémosla con el poema que empezábamos juntas, que continuamos y ahora se atreve a hablar de nues­tras almas que descienden por curvas indescifrables. Pero ya no me obedece, está a punto de llamarme ridícula sentimental joven muchacha.

Parece que se encuentra bien a solas de tanto correr verdadero mundo.

(de Oeste, 2013)

[JRJ]

JRJ practica el fracking en el inmenso cuerpo de la poesía. Su extracción es implacable, no tiene límite, deja el esqueleto de la palabra hecho esquirlas que él atesora en su Hacer y Deshacer materia.

El de Moguer es toda aproximación al magma de la poesía. Su taladro hace canales en la profundidad te­rráquea en el laberinto de la roca.

La escritura de exigencia universal asiste a quien se atreve a buscarla y agujerear mundos. Brocales de luz hacia el centro de la tierra. Como para atrevernos el resto.

(de Retirada, 2018)


Poemas y otros nidos
Pureza Canelo
Editora Regional de Extremadura, 2020
70 páginas
15€
Palabra Naturaleza
Pureza Canelo
Fundación Ortega Muñoz, 2020
97 páginas
12€

Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) es autor de libros de poesía como Las aguas detenidas, Una oculta razón (Premio Loewe), A debida distancia, Ensayando círculos, Mecánica terrestre, Desde fuera, Más allá, Tánger y El cuarto del siroco (los cinco últimos en la colección Nuevos Textos Sagrados, de Tusquets) o Plasencias (De la Luna Libros). Sus poemas están incluidos en numerosas antologías y han sido traducidos a distintos idiomas. También es autor de dos novelas: Las murallas del mundo y Alguien que no existe; un libro de artículos, El lector invisible, y otro de viajes, Lejos de aquí. La editorial La Isla de Siltolá publicó, en edición de Jordi Doce, la antología Un centro fugitivo; y la Editora Regional de Extremadura, Álvaro Valverde. Poemas (1985-2015), con dibujos de Esteban Navarro.

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/ por Jónatham F. Moriche /

En algún momento de este pasado mes de diciembre de 2020, la divisa del perfil oficial de Twitter de Unidas por Extremadura era modificada y «el grupo parlamentario conformado por @Podemos_EXT, @IuExtremadura, @Xtremenos y @equoextremadura en la Asamblea de Extremadura» pasaba a serlo solo de los tres primeros (no así su entrada en la Wikipedia, que a fecha de publicación de estas líneas aún se refiere a los cuatro partidos). Salvo por una nota de redacción de la edición extremeña de El Salto (31/10/2020), la expulsión de la filial extremeña de Equo de la coalición de izquierdas creada para las pasadas elecciones autonómicas del 26 de mayo de 2019 pasó muy discretamente por el escaso y precario debate político público de las izquierdas extremeñas y absolutamente desapercibida para la esfera pública convencional de la región. «Noticia irrelevante de un partido irrelevante. Siguiente noticia, señoría», sentenciaba draconiano uno de los comentarios de los lectores a la mencionada nota de El Salto. ¿Noticia irrelevante de un partido irrelevante? Puede que no exactamente.

Tras un período de fuerte conflictividad interna y profundo retroceso en su capacidad de movilización, presencia cultural y arraigo territorial (por no reiterar en detalle toda la argumentación de análisis anteriores, remito al lector o lectora a El Salto, 6/12/2018, 24/06/2019 y 24/09/2020), la izquierda extremeña concurrió a los últimos comicios autonómicos con la incorporación del espacio regionalista progresista de Extremeños a Unidas por Extremadura, y en consecuencia la unidad de las cuatro mayores fuerzas políticas regionales a la izquierda del PSOE, como único incentivo diferencial con el que contrarrestar en Extremadura la tendencia marcadamente bajista de Unidas Podemos y las grandes confluencias autonómicas y municipales del bloque del cambio a escala estatal. Si aun así su resultado en la cita autonómica fue ya calamitoso, con un retroceso desde los 89.200 votos obtenidos por separado por las cuatro fuerzas en las autonómicas de 2015 a los 44.300 votos de Unidas por Extremadura en 2019 y desde los seis diputados de Podemos a los cuatro de la coalición en la Asamblea emeritense, cabe suponer que el descalabro hubiese sido aún más dramático si la coalición no hubiese llegado a materializarse, como de hecho sucedió en el ámbito local, donde las fuerzas reunidas en Unidas por Extremadura, otros partidos más pequeños y entidades municipalistas compusieron en muchas localidades un endemoniado sudoku de candidaturas progresistas en pugna por un electorado muy similar, con resultado calamitoso en casi todos los casos.

Este incentivo de la unidad electoral fraguada en una negociación sumamente opaca entre direcciones partidarias, sin el sustento de un debate ideológico y programático profundo ni de una extensa movilización social ha resultado ser, además de único, sumamente frágil. En un lúcido análisis preelectoral (El Salto, 17/03/2019), Víctor Casco hablaba de «la tregua» en que la izquierda extremeña llegaba a las urnas, doblemente auspiciada en positivo por la expectativa relativa generada por la consecución de la coalición y en negativo por el estremecimiento absoluto provocado por la vertiginosa irrupción del neofascismo voxista. Sorprendentemente (o quizás no tanto), esta tregua pareció apaciguar más las críticas desde las periferias sociales y culturales de la coalición ―de lo que serían buen ejemplo el contenido y tono de la citada nota de Víctor Casco y de otras publicadas en esas fechas preelectorales por firmas habitualmente críticas o muy críticas con los partidos de la izquierda extremeña― que la conflictividad entre sus propios socios, antes y después de las elecciones del 26 de mayo. Así, por ejemplo, en plena campaña para una maratón electoral sin precedentes, ya ante la ominosa expectativa de un abultado crecimiento de la extrema derecha y como colofón a cuatro años de agria confrontación entre las dos grandes familias de Podemos en la ciudad de Badajoz, asistimos al asombroso espectáculo de irresponsabilidad de la entonces diputada y candidata de Unidas Podemos al Congreso por la provincia de Badajoz utilizando sus entrevistas de campaña para descalificar durísimamente a la candidata de su mismo partido a la alcaldía de la ciudad («hay gente que viene a arreglar problemas en política, porque tienen la vida resuelta, y gente que viene a arreglar su vida con la política», Eldiario Extremadura, 21/04/2019; «la disfunción local que hemos tenido en Badajoz ha sido un caso de cloacas, no cloacas del Estado, pero sí cloacas», El Periódico Extremadura, 24/04/2019). En las elecciones municipales, candidaturas de Podemos e Izquierda Unida se enfrentaron entre sí en hasta cinco municipios extremeños, Don Benito, Almendralejo, Fuente del Maestre, Llerena y Cabezuela del Valle, con una población agregada de unas 85.000 personas. Solo fue posible incorporar a Extremeños a una confluencia municipal demográficamente importante, la de Cáceres, mientras los regionalistas competían contra sus socios autonómicos en Badajoz, Navalmoral de la Mata o Torremayor y también en las elecciones europeas que se celebraban simultáneamente. En resumen, mientras que muchos de quienes durante toda la legislatura 2015-2019 habíamos sido críticos o muy críticos con las prácticas orgánicas y lineamientos programáticos de los partidos extremeños de izquierdas nos mordíamos la lengua hasta hacérnosla sangrar, buscábamos fórmulas para animar a la participación electoral (por ejemplo, El Salto, 24/04/2019) y por supuesto acudíamos a las urnas —como escribía Fernando Llorente, «por responsabilidad histórica pero con una pinza en la nariz» (El Salto, 12/05/2019)—, los convidados a la mesa de la confluencia intercambiaban pataditas en las espinillas bajo el mantel. Cuántos votos pudieron costar estas desavenencias pésimamente gestionadas nunca lo sabremos con exactitud, pero con un balance electoral tan magro como el de la izquierda extremeña en 2019, apenas un puñado de votos pueden ser muchos y sus consecuencias dramáticas, como quedaría en evidencia con la composición, por un solo concejal de ventaja, de la actual coalición de gobierno entre el PP, Ciudadanos y Vox en la ciudad de Badajoz, la única capital de provincia de España en la que la representación de la ultraderecha (luego repudiada por su propio partido por disputas intestinas entre sus dirigencias local y regional) entró a formar parte del equipo de gobierno municipal (El País, 05/07/2009), en el que sigue (Diario Hoy, 25/05/2020) a pesar de sus constantes exabruptos racistas (Diario Hoy, 11/01/2020) y machistas (El Salto, 26/04/2020) o su abierta apología del genocidio franquista cometido en la ciudad en el verano de 1936 (Eldiario Extremadura, 14/08/2020).

Después de las elecciones autonómicas y municipales, esta conflictividad interna no solo no se ha apaciguado, sino que ha terminado por romper Unidas por Extremadura. La primera grieta pública, que no llegó a desembocar en fractura pero sí puso de manifiesto la debilísima argamasa que une a la coalición, llegaría en septiembre de 2019, solo cuatro meses después de la composición de la nueva Asamblea (en la práctica, con el verano de por medio, apenas comenzada la actividad de legislatura), y ya en plena carrera hacia las nuevas elecciones generales del 10 de noviembre, cuando fue aprobada una reforma del estatuto de la cámara que, a diferencia de lo anteriormente regulado en el mismo, convierte en diputados no adscritos (o sea, sin apenas ingresos, acceso a recursos y posibilidades de intervenir en la cámara) no solo a aquellos electos que abandonan o son expulsados del grupo parlamentario de un partido político, sino también de una coalición electoral de partidos con entidad jurídica separada, de las que Unidas por Extremadura es hoy la única presente en la cámara extremeña. Esta reforma fue aprobada en lectura única (esto es, sin posibilidad de introducción de enmiendas) con los votos favorables del PSOE, Ciudadanos y los tres diputados de Unidas por Extremadura provenientes de Podemos e Izquierda Unida, y con el voto en contra del PP y de la diputada de Unidas por Extremadura proveniente de Extremeños, que es también su actual secretaria general (Diario Hoy, 25/10/2019). Como por desgracia ocurre a menudo (por no decir casi siempre) en la izquierda extremeña, el episodio transcurrió en la casi absoluta ausencia de explicaciones razonadas y públicas por parte de sus implicados, y en su lugar tomaron de nuevo la palabra los cuchicheos parciales y entrecortados de barra de bar o mensajería digital, que en general, aunque con diferentes matices e interpretaciones, señalaban el origen de la crisis en los contactos entre Extremeños y la nueva formación política estatal Más País liderada por el antiguo número dos de Podemos, Íñigo Errejón, que se presentaba a aquellas elecciones generales del 10 de noviembre en coalición con Compromís, formación regionalista valenciana con la que Extremeños mantiene una larga relación de amistad y colaboración, y que habrían tenido como representante por la parte errejonista a una conocida dirigente y diputada autonómica madrileña con estrechos vínculos personales en nuestra región (COPE, 29/09/2019).

A pesar de que Extremeños manifestase reiteradamente su voluntad de mantener su alianza con Unidas por Extremadura y de que al final el partido de Errejón declinase presentar candidaturas en las circunscripciones extremeñas, la modificación reglamentaria, presumiblemente pactada por Podemos, Izquierda Unida y PSOE a espaldas de Extremeños, terminaría llevándose a efecto, trocando de hecho el estatus de la diputada regionalista de socia a rehén de la coalición para el resto de la legislatura. Cabe razonablemente preguntarse si esta demostración de fuerza, que muy difícilmente iba a servir para animar a los cuadros y bases regionalistas a votar y pedir el voto con entusiasmo para Unidas Podemos en Extremadura, era la resolución más inteligente del problema para la coalición, en vísperas de unas elecciones generales en las que enfrentaba el reto, finalmente fallido, de recuperar el escaño en el Congreso por Badajoz ganado en 2015, revalidado en 2016 y perdido en abril de 2019, o al menos de obstaculizar la obtención de representación institucional por parte de la ultraderecha neofascista, que al final no solo revalidaría su escaño por Badajoz sino que, para horror y vergüenza de todos los demócratas y personas de bien de nuestra región, aún sumaría otro más por Cáceres.

El más reciente conflicto que ha derivado en la expulsión de Unidas por Extremadura de la rama extremeña de Equo entronca también con aquella escisión estatal de Podemos liderada por Íñigo Errejón, y puede a futuro influir en la implantación de esta en Extremadura. Equo, una formación con apenas unas decenas de militantes y simpatizantes en toda la región, se sumó en las elecciones locales de mayo de 2015 a las iniciativas municipalistas impulsadas bajo la marca En Común en Badajoz, Cáceres, Plasencia y otras localidades por las bases y cuadros de Izquierda Unida de Extremadura descontentos con la política de cohabitación con el PP sostenida por su organización durante la legislatura 2011-2015, y a su vez recibió en la convocatoria autonómica el apoyo de aquellas iniciativas municipalistas y de activistas de diversos movimientos sociales de la región en la candidatura Adelante Extremadura, cuya candidata a la presidencia de la Junta fue la entonces coportavoz regional de Equo. Unas y otra iniciativas obtuvieron resultados modestísimos en una contienda electoral marcada por la disputa a fuego por la hegemonía de la izquierda entre Podemos e Izquierda Unida, pero sirvieron para establecer una amplia red de personas e iniciativas que volvería a activarse durante todo el verano y otoño de 2015 con vistas a las elecciones generales del 20 de diciembre en la plataforma Ahora Extremadura, conectada a la iniciativa estatal Ahora en Común, pero distinta de ella en virtud de las peculiares condiciones políticas extremeñas, todavía bajo la pesadísima sombra de aquella cohabitación parlamentaria de Izquierda Unida y el PP durante toda la legislatura autonómica anterior (Eldiario Extremadura, 08/10/2016 y 21/10/2015).

El objetivo de aquel Ahora Extremadura era doble y seguramente desproporcionado a sus fuerzas reales, aunque a la luz de cuanto ha ocurrido desde entonces, más que certero en su diagnóstico: era necesario sostener la presión sobre Izquierda Unida de Extremadura para empujarla a una revisión a fondo de su lineamiento político regional en 2011-2015, incluida la reversión de la masiva purga de sus militantes y cuadros críticos con la cohabitación con el PP, que había diezmado su implantación en las grandes ciudades de la región, y a la vez era necesario conducir a Podemos a una confluencia amplia, federativa, democratizante, apegada al territorio y con procesos propios de deliberación y toma de decisiones, como las experimentadas en el ámbito municipal por Ahora Madrid y Barcelona en Común, que hiciese de Podemos Extremadura una realidad política muy diferente a la de galopante burocratización y cesarismo que venía enseñoreándose del Podemos estatal desde, al menos, su primer congreso de Vistalegre. Pero en noviembre de 2015 Ahora Extremadura decae con la firma de un acuerdo electoral bilateral entre Podemos Extremadura y Equo Extremadura, bajo el que esta última y algunas individualidades procedentes de Ahora Extremadura asumieron primero sin reservas los vetos y listas negras que Podemos Extremadura les puso sobre la mesa ante la campaña y las listas de las elecciones generales de diciembre, y unos meses después, con vistas a las nuevas elecciones generales de junio de 2016 e igualmente sin reservas, asumieron también la transposición a Extremadura del acuerdo electoral estatal entre Podemos e Izquierda Unida, sin que esta última hubiese realizado aquí el imprescindible proceso de autocrítica, como el que sí se había desarrollado con todo rigor en la Comunidad de Madrid, de su linea política anterior y sus devastadoras consecuencias para la región en general y para su izquierda en particular (solo unos meses antes, procede recordar, también el entonces secretario regional de Podemos había declarado que «hay partes de Izquierda Unida de Extremadura con las que nos podemos entender, pero con la que apoyó a Monago no»). Equo, que durante todo el doble proceso de Adelante Extremadura y Ahora Extremadura había operado como agente sincronizador entre activistas sociales, movimientos municipalistas y militantes críticos de Podemos e Izquierda Unida de toda la región y portavoz de sus empeños comunes, dejó atrás casi toda esta constelación de apoyos para, reducido a su verdadera dimensión orgánica, ser rápidamente engullido e invisibilizado por sus nuevos socios mayoritarios.

Paralelamente, a escala estatal, las tensiones entre las distintas sensibilidades de Equo representadas por los diputados Juan López de Uralde y Rosa Martínez (a menudo comparadas con las protagonizadas hace décadas por las facciones realo y fundi de Los Verdes alemanes) habían parecido resolverse sistemáticamente en favor del primero, firme partidario de la alianza con Podemos, hasta que la escisión de Íñigo Errejón (apoyado por la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en cuyo equipo de gobierno Equo tenía un papel destacado) certificó una fractura ya insalvable. Primero, en mayo de 2019, la sección madrileña de la formación ecologista optó mayoritariamente por apoyar las candidaturas autonómica y municipal del Más Madrid de Errejón y Carmena, y después, en septiembre y con vistas a las elecciones generales del 10 de noviembre, sus bases decidieron por casi un 60% romper su entente estatal con Unidas Podemos y aliarse al proyecto estatal de Errejón, mandato al que Uralde y otros cuadros del partido respondieron desligándose de este para crear un nuevo «espacio verde» dentro de Unidas Podemos. La filial extremeña de Equo, sin romper con su matriz estatal, se mantuvo leal a su pacto autonómico con Unidas por Extremadura —en cuyas listas no consiguió representación parlamentaria, pero en cuyo equipo en la Asamblea obtuvo, en virtud de la letra pequeña de aquel pacto, una de las plazas de asesoría—, y mantuvo un prudente perfil bajo en la campaña para aquellas elecciones generales del 10 de noviembre que por primera vez enfrentaron a Unidas Podemos y Más País, un choque atravesado de feroces encarnizamientos personales y sectarios que la incomparecencia de los de Errejón mantuvo entonces saludablemente lejos de nuestra región. Pero parece que todo esto no fue prueba suficiente de lealtad para los aparatos de Podemos e Izquierda Unida, que iniciaron a finales del pasado verano —esto es, en pleno impacto de la pandemia del coronavirus y de toda su estela de repercusiones económicas y sociales—, las maniobras para la expulsión de Equo de la coalición, que se consuma en noviembre con el despido de la persona que ocupa el puesto de asesoría asignado a la formación, que es también su actual coportavoz regional. El argumento enarbolado por los dirigentes de la coalición para justificar la expulsión, un breve video de apoyo de la coportavoz extremeña de Equo a la campaña de su partido para las elecciones autonómicas de Euskadi de julio, resulta tan peregrina e inverosímil para romper la unidad electoral de la izquierda en Extremadura que no hace sino reforzar la sospecha de que se trata de una decisión, tomada en Mérida y aprobada en Madrid o viceversa, simplemente orientada a reducir el número de comensales en la mesa de la confluencia y aumentar así la ración de recursos de los restantes. Puro canibalismo político.

¿Qué consecuencias puede tener esta decisión? Echando la vista atrás a toda esta última década de historia de nuestras izquierdas, tanto la militancia extremeña de Izquierda Unida crítica con la cohabitación con el PP en 2011-2015, como después la militancia de Podemos crítica con su vaciamiento programático y burocratización orgánica y las militancias de los municipalismos progresistas extintos, han optado en general por la retirada a microactivismos locales o sectoriales en el mejor de los casos o por la pura y simple desmovilización política en el peor, renunciando por agotamiento, hastío o desesperanza a dar la batalla al aparato bifronte de Unidas Podemos por un modelo de representación política de la izquierda más inclusivo, deliberativo, transparente y democrático en nuestra región. Las iniciativas que han aspirado a federar esas disidencias dispersas, de la pionera Ahora Extremadura a la postrera ExtreComunes, han fracasado sistemáticamente. El lodazal irrespirable de listas negras, campañas de descrédito personal e incluso puntuales episodios de acoso e intimidación (como el denunciado al término de su mandato por uno de los exdiputados autonómicos de Podemos, Eldiario Extremadura, 06/06/2019) en que se ha convertido la política partidaria de la izquierda en Extremadura constituye una insalvable barrera disuasoria frente a cualquier tipo de exigencia individual u organizada de debate programático, rendición de cuentas o garantías democráticas. Con estos antecedentes, la expulsión de Equo podría parecer una apuesta segura para los aparatos de Podemos e Izquierda Unida: un puñado de militantes a casa y unos cuantos cientos de votos que, a falta de mejor alternativa, seguirían yendo en futuros comicios la coalición. Sin embargo, a diferencia de aquellos otros casos mencionados, Equo Extremadura sí tiene un referente estatal de cierta dimensión en su propia federación y ahora también en su alianza con el partido de Errejón, que recién tomó cuerpo en nuestra región con la constitución de Más País Extremadura (El Periódico Extremadura, 23/12/2020). Una proyección extremeña de la alianza Más País-Equo podría además atraer a activistas y pequeños colectivos dispersos por toda la región (una tracción que, como empieza a insinuarse en Andalucía, podría incluso alcanzar, tras su traumática ruptura con Podemos, a los Anticapitalistas) y convertirse en 2023 en una fuerza seguramente no suficiente para obtener representación en la Asamblea, pero sí para fragmentar significativamente el voto de la izquierda y hacer aún más difícil a Unidas por Extremadura mantener intacta, no digamos ya incrementar, su actual bancada autonómica, y alejar aún más la posibilidad de recuperar su representación en el Congreso. Si a esta circunstancia se sumase una ruptura de la alianza de Podemos e Izquierda Unida con Extremeños y que estos últimos concurriesen a las urnas en solitario o junto a Más País-Equo, algo que hoy por hoy no parece el escenario más probable pero que el descontento severo aunque por ahora más o menos discreto de parte de las bases y cuadros regionalistas por su papel en la coalición aconseja no descartar del todo, en 2023 quedaría comprometida incluso una mínima presencia testimonial de la izquierda en la Asamblea, solo al albur de un hipotético impulso al alza estatal de Unidas Podemos, producto de un reconocimiento social a su papel impulsor de las mejores políticas del gobierno de coalición que, al menos de momento, ninguna encuesta de intención de voto refleja.

Se llegue o no a tal extremo, lo cierto es que, ya cerca del ecuador de legislatura y a manos de sus propios artífices, el legado de unidad de la tregua electoral de 2019 no se asienta y expande, sino que se fragiliza y encoge, sin que tampoco los activismos sociales y la cultura crítica que componen el nervio más activo y creativo de su base electoral tomen cartas en el asunto, eleven exigencias y propongan soluciones, mientras el PSOE aplica, como es su inveterada costumbre en estas castigadas latitudes políticas, el inmisericorde rodillo neoliberal y extractivista de su mayoría absoluta, y mientras el infame engendro neofascista, rearmado con la visibilidad y recursos de que le dotan sus dos diputados por Extremadura en el Congreso, extiende sus ponzoñosas inervaciones en nuestra sociedad civil y nuestra esfera pública, enmierda la conversación cotidiana de los extremeños con sus tropos autoritarios, chovinistas, racistas y sexistas, y parasita causas justas como el precio de los productos agrarios, la calidad de la sanidad o el transporte públicos o las dificultades que tantas familias extremeñas atraviesan, ya antes y aún más después del mazazo de la pandemia. Mientras los desgarros interminables de la izquierda extremeña durante esta década han sembrado el territorio de «zonas blancas» de escasa o nula presencia social e institucional a la izquierda del PSOE —algunas de ellas, bastiones históricos de nuestro movimiento obrero y campesino, escenario hace solo un par de generaciones de luchas masivas y ejemplares por la democracia y la justicia social y medioambiental—, la horda neofascista se afianza en la región, donde en las últimas elecciones generales obtuvieron casi dos puntos porcentuales por encima de su promedio nacional (16’8% frente al 15’1% promedio) y resultados pavorosamente altos en enclaves del medio rural (como Talayuela, con el 33’5%), mesourbano (como Villafranca de los Barros, con el 19’2%) y urbano (como Badajoz, con el 22’2%). De ningún modo cabe confiar ciegamente en que en 2023 los voxistas sufrirán un nuevo pinchazo autonómico y municipal como el de 2019, producto de la ausencia de unos recursos de los que ya disponen en abundancia y de una estructura territorial que ya están consolidando. Y cifrar la suerte política de nuestra tierra a nuevas reválidas de la mayoría absoluta socialista ni resulta precisamente un escenario halagüeño ni, como bien saben nuestros vecinos andaluces, es tampoco una apuesta segura. La mera posibilidad de enfrentar, en semejante coyuntura histórica, los comicios autonómicos de 2023 con dos o más candidaturas disputándose a bayoneta calada el menguante caladero de voto a la izquierda del PSOE en lugar de cooperando para ensancharlo debería resultar instintivamente reprobable para cualquier militante social o político con un mínimo conocimiento de nuestra tierra y respeto por quienes la pueblan. Tras Murcia y Andalucía, existe el riesgo cierto de que Extremadura sea la siguiente comunidad autónoma meridional en ver sus políticas públicas comprometidas por el tóxico apoyo de la ultraderecha, y ni en la izquierda institucional extremeña se percibe una comprensión de esa clara, presente y aterradora posibilidad ni del imperativo moral y político absoluto de frustrarla, ni en la izquierda social y cultural se percibe tampoco, aún más alarmantemente si cabe, la urgencia de exigírsela.

Es cierto que la historia española reciente es una lección permanente del repentino ensanchamiento o estrechamiento de los tiempos y las oportunidades políticas, pero también de las consecuencias del cortoplacismo y la carencia de perspectiva y proyecto histórico y los adecuados tiempos para que ese proyecto se enraíce en la sociedad, su cultura política y su geografía humana. En poco más de dos años Extremadura estará en campaña electoral y aún hay margen para que la izquierda extremeña emprenda un cambio de rumbo que no puede ser solo electoral, sino también social y cultural, organizativo y comunicativo, pero si se espera doce o dieciocho meses más para hacerlo puede que sea ya demasiado tarde. Como recuerda acertadamente el refranero, el primer paso para salir de un agujero es dejar de cavar, y podríamos añadir que el primer paso para dejar de cavar es ser conscientes de que se cayó en un agujero. Es absolutamente irracional que una batería de resultados electorales funestos como los padecidos en 2019 no haya generado un urgente, extenso y profundo debate sobre sus causas y soluciones a todo lo largo y ancho de la militancia política, social y cultural extremeña, y es más irracional aún que hasta el más tímido intento de abrirlo, como el planteado hace unos meses por Víctor Prieto (El Salto, 16/06/2020) al hilo de las últimas internas de Podemos Extremadura, genere una respuesta tan histriónica y destructiva por parte de las guardias pretorianas digitales de los partidos (El Salto, 18/06/2020), y que en general cada publicación en medios digitales o redes sociales que aborda esta cuestión sea objeto de una batería de descalificaciones políticas y personales de estilo vergonzantemente patibulario por parte de anónimos cuyo objetivo evidente es desanimar toda exigencia de rendición de cuentas o propuesta de cambio. Baste con echar un somero vistazo a las redes sociales de la militancia extremeña y compararlas con cómo eran hace solo cinco o seis años para certificar hasta que punto se ha extendido e interiorizado ese retraimiento en la expresión pública de la duda, el disenso o la propuesta. Desatrancar el cerrojo del debate, incomode a quien incomode, es el primer e imprescindible paso para empezar a tomar lección de esta pasada década de historia política extremeña y elaborar un proyecto solvente y movilizador para la siguiente. Nunca fue tan urgente hacerlo, ahora que nuestra tierra enfrenta un fantasma aún peor que aquel del continuismo que ya la ha martirizado tanto durante tantas décadas, el de la más fanática y descarnada reacción. Los disparates, negligencias y cainismos orgánicos de hoy pueden ser, y ahora lo vemos más cercana y nítidamente que nunca antes, los derechos y libertades perdidos de mañana, y si quienes tienen mando en plaza en los partidos de la izquierda extremeña no tienen la perspicacia de entenderlo ni la responsabilidad de practicarlo, tiene que haber una esfera pública alternativa y crítica que se lo aclare y demande, con todo rigor, hasta sus últimas consecuencias.


Jónatham F. Moriche (Plasencia, 1976), activista y escritor extremeño. Ha publicado textos de análisis político y crítica cultural en medios como El Salto, La Marea, Eldiario, Rebelión o Diario Hoy.

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Cultura

El recuerdo de la infancia: entre la memoria y la invención

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/ una reseña de Manuel Fernández Labrada /

En una de sus famosas Cartas a un joven poeta, Rilke recomendaba a su corresponsal, Franz Xaver Kappus, que volviera la mirada a su infancia, donde encontraría la más fiel y genuina fuente de inspiración: un «precioso tesoro» del que ni siquiera la reclusión «en una cárcel» podría privarle. También Hermann Hesse, en una primera carta a Romain Rolland, le expresaba su admiración por Jean-Christophe: un emocionante retrato de la infancia que se correspondía mucho con la estética del escritor germano-suizo, que hiciera de la evocación de la niñez y de la madre uno de sus motivos más característicos. Como otros muchos escritores, Isaak Bábel (1894-1940) también se valió de recuerdos tempranos para alumbrar una obra literaria, aunque en el caso particular de Historia de mi palomar los elaborase guiado por criterios esencialmente artísticos. Autor de la célebre Caballería roja (1926), Bábel trabajó durante décadas en un conjunto de textos autobiográficos relativos a su infancia y primera juventud, que planeaba publicar bajo el título de Historia de mi palomar. Su inesperada muerte, víctima de la Gran Purga de Stalin, dejó inacabado el proyecto, reducido a una decena escasa de textos, aunque todos de gran atractivo e interés. Traducidos ahora, con admirable perfección, por Ricardo San Vicente, la barcelonesa Minúscula los publica acompañados de otros dos relatos también autobiográficos. Es preciso insistir en que Bábel ―como leemos en la nota final del traductor― no pretendió brindarnos una crónica personal fidelísima, sino más bien alcanzar la excelencia literaria a través de unos recuerdos que le pareció legítimo modificar y embellecer. Unos relatos, pues, que se sitúan en ese feliz territorio donde memoria e invención producen sus frutos más granados.

Dentro de su relativa brevedad, los once textos que integran Historia de mi palomar y otros relatos ofrecen al lector una notable variedad de asuntos y registros: recuerdos de escuela, primeros amores, figuras familiares, amigos de la niñez, rebeliones adolescentes… El candor infantil y la ternura que respiran algunos de los cuentos, sobre todo los primeros, así como la comicidad de muchas situaciones y personajes, no impiden a Bábel pintarnos también escenas de enorme violencia, ejercida en su mayor parte contra el pueblo judío. Tampoco nos dejarán indiferentes las acciones sangrientas que salpican sus aventuras juveniles, consecuencia de las encarnizadas luchas y convulsiones sociales que acompañaron a la Revolución rusa de 1917, en la que Bábel participó activamente (así se manifiesta en los dos últimos textos recopilados). Ya en el primer relato del libro, Historia de mi palomar, vemos confrontada la ingenuidad infantil con la brutalidad propia de los adultos, materializada en el pogromo (1905) que tiene lugar en la ciudad donde habita el niño. Este bellísimo relato, que da título al libro, describe con crudeza el odio que despertaban los judíos entre el pueblo llano ruso, así como su marginación institucionalizada, que se iniciaba ya en la escuela, donde estaban sujetos a un cupo del cinco por ciento. El carácter mixto de la narración, que conjuga la vivencia íntima con la crónica social, se prolonga en el siguiente relato, El primer amor, donde se narra un nuevo capítulo del pogromo de Nikoláyev, así como el enamoramiento que inspira en el niño protagonista, de tan solo diez años, una mujer adulta. Un tono más intimista encontramos en el relato titulado Infancia. Con la abuela: estampa inacabada de una tarde de estudio en la habitación de la abuela. Un relato melancólico del que se vale el autor para contrastar las figuras del niño y de la anciana: una mujer que no sabe hablar el ruso y que, con sus ásperos modales y su desconfianza ante quienen no son de su sangre, nos dibuja un acabado retrato del desarraigo de una raza. En el sótano es otro cuento excelente, muy divertido, que narra la dolorosa vergüenza que sufre el protagonista por el bochornoso espectáculo que ofrece su familia ante la mirada del hijo de un acaudalado banquero que ha acudido a su modesta vivienda para devolverle una visita. El tío borracho y el desastrado abuelo violinista, que regresan a la casa en el momento más inoportuno, son dos tipos literarios estupendos, aunque pongan en fuga al sofisticado compañero de escuela. El despertar es otro delicioso relato, elaborado en torno a los estudios violinísticos del protagonista, al que su padre desea ver convertido en niño prodigio, uno más de los muchos que por aquel entonces pululaban en Odesa. Zimbalist, Elman o Heifetz son algunos de los famosos violinistas a los que Bábel se refiere repetidas veces en su texto (por aquellas fechas no habían despuntado todavía figuras como David Óistraj, Nathan Milstein o el pianista Emil Gilels, también judíos y nacidos en Odesa). Lo más gracioso del relato es la cómica estampa de los jóvenes aspirantes a virtuoso que producía la ciudad: «una fábrica de enanos judíos con cuellos de encaje y zapatitos de charol». Pero era la literatura, y no la música, la afición que por aquel entonces comenzaba a cautivar a Bábel, que con apenas catorce años protagoniza su primera rebelión a la autoridad paterna. Una desobediencia que le descubrirá nuevos amigos y la vida libre de los muelles de Odesa.

La transición del protagonista hacia la adolescencia aparece ya consolidada en el siguiente relato, Di Grasso, donde lo veremos convertido en revendedor de entradas de teatro, a la vez que cronista del pintoresco mundo de la farándula de provincias. Los dos siguientes textos, Informe y Mi primera paga, continúan dando cuenta de la progesiva evolución del joven, que ahora nos refiere su primera relación con una mujer: una prostituta llamada Vera. Son dos relatos gemelos que desarrollan un mismo asunto bajo dos formulaciones diferentes, la primera mucho más escueta que la segunda. Una muestra elocuente del estado inconcluso del proyecto literario de Bábel, que probablemente hubiera desechado una de las dos versiones. La dramática e inventada crónica personal con la que el protagonista consigue embaucar a su amante mercenaria (que le restituye el importe del servicio) es tanto noticia de su naciente amor a la literatura («en mi estirpe estaba escrito que una prostituta de Tiflis se convertiría en mi primera lectora») como aviso, quizás, de los amplios márgenes que el autor estaba dispuesto a conceder al género de la autobiografía. La crónica amatoria de Bábel se continúa en Guy de Maupassant, un relato inspirado en su experiencia como traductor del célebre escritor francés, al que tanto admiraba. Lo más particular del texto es la original manera que tiene Bábel de introducir el argumento de un cuento de Maupassant en su propia peripecia narrada, una elaboración artística que supera ampliamente lo puramente biográfico.

Los dos últimos relatos del libro, El camino y El «Iván y María», marcan importantes diferencias respecto a los anteriores textos, aunque solo sea por estar ambientados en los primeros compases de la Revolución rusa (1917 y 1918), en la que Bábel se implicó desde sus inicios (el segundo de los relatos finaliza con el protagonista escribiéndole un telegrama a Lenin). El carácter autobiográfico de los textos anteriores se mantiene en estas duras y vibrantes crónicas revolucionarias, muy en la línea de los relatos que configuran Caballería roja. Dos textos, pues, impregnados de un tono heroico y aventurero muy acentuado, en los que tampoco faltan escenas de una violencia durísima y gratuita. Este realismo extremo, que quizás sorprenda a más de un lector, ya mereció críticas en su momento, incluso desde las propias filas revolucionarias. Reprochaban a Bábel que sus escritos carecieran de «romanticismo revolucionario». Mirarse en un espejo resulta, a veces, una experiencia muy dolorosa.


«Pero los días felices llegaron más tarde. Para mi madre llegaron cuando, por las mañanas antes de irme al instituto, me preparaba los bocadillos, cuando recorríamos los tenderetes y comprábamos mi material festivo: el plumier, la hucha, la cartera, los nuevos libros encuadernados en cartón y las libretas con tapas de charol. Nadie en el mundo valora más las cosas nuevas que los niños. Los niños se estremecen ante su olor, como un perro al olfatear la huella de una liebre, y experimentan esa locura que, cuando nos hacemos mayores, llamamos inspiración. Y este nuevo y puro sentimiento infantil de ser el dueño de una cosa nueva se transmitía a mi madre. Tardamos un mes en acostumbrarnos al plumier y a la oscuridad de la mañana, cuando tomaba el té en el extremo de una gran mesa iluminada y guardaba los libros en la cartera; nos pasamos un mes acostumbrándonos a nuestra nueva vida feliz. Y solo tras el primer trimestre me acordé de las palomas».

(Traducción de Ricardo San Vicente)

[EN PORTADA: Isaak Bábel]


Historia de mi palomar y otros relatos
Isaak Bábel
Trad. Ricardo San Vicente
Minúscula, 2020
152 páginas
16€

Manuel Fernández Labrada es doctor en filología hispánica y catedrático de enseñanza secundaria. Desde 1996 reside en Granada, donde ha colaborado con la Universidad en el estudio y edición del Teatro completo de Mira de Amescua. Ha publicado diversos trabajos de investigación sobre literatura española del Siglo de Oro, y es autor de las novelas El refugio (2014) y La mano de nieve (2015), así como de un volumen de minificciones, Ciervos en África (Trea, 2018). También escribe en su blog de literatura Saltus Altus.

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