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Un esperado estudio sobre mascarillas y COVID-19 termina lastrado por sus limitaciones científicas

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Un esperado estudio sobre mascarillas y COVID-19 termina lastrado por sus limitaciones científicas

Fue uno de los primeros debates intensos de la pandemia: ¿debe la población general usar mascarillas? Mientras algunos expertos señalaban que no existían evidencias para defender esta medida, otros recurrían al principio de precaución. En medio, muchos ciudadanos se alinearon con fiereza a favor o en contra. Entre los más acérrimos opositores se repite un nombre desde hace meses entre halos de censura y esperanza: DANMASK-19. Se trata del mayor estudio sobre el tema, pero su diseño y retrasos desataron la polémica mucho antes de que esta semana se publicaran los resultados.

Las expectativas alrededor de DANMASK-19 son debidas a su formato. Se trata del mayor ensayo controlado sobre mascarillas jamás hecho y, además, el primero realizado en el contexto de la pandemia. El objetivo era reclutar a 6.000 personas para comprobar si el uso de mascarillas quirúrgicas fuera del hospital reduce la frecuencia de las infecciones de coronavirus.

Los ensayos controlados son los experimentos más anhelados en ciencia por la gran calidad que pueden llegar a mostrar sus conclusiones. Sin embargo, están pensados para probar fármacos y vacunas: los investigadores dan el producto a la mitad de los voluntarios y un placebo al resto. Así, pueden comprobar ambos grupos. Fácil. Pero, ¿pueden utilizarse para medir la eficacia de intervenciones como el cierre de colegios, el uso de mascarillas y los confinamientos?

En estos casos resulta mucho más complicado. Estos experimentos no son mágicos, y la calidad de las respuestas que den dependerá, en primer lugar, de los grupos que creemos para comparar. También de nuestra capacidad para controlar unas variables mucho más complejas: no es lo mismo administrar una vacuna a 3.000 personas que pedirles que usen mascarilla correctamente todos los días al salir de casa.

Un estudio repleto de limitaciones

El ensayo danés DANMASK-19, como todos los estudios, nació con un buen número de limitaciones bajo el brazo. Sin embargo, el mensaje que podía llegar a la población si daba resultados negativos —“las mascarillas no funcionan, según un estudio”— preocupó al investigador de la Universidad de Stanford (EE. UU.) Noah Haber.

Haber ha luchado para que los fallos en el diseño de DANMASK-19 fueran tenidos en cuenta desde antes de que se publicara. Hace dos meses escribió un comentario en la web PubPeer, junto a otros colegas, señalando las enormes limitaciones del diseño. Este se publicó como “carta de preocupación” en la revista Danish Medical Journal junto a la respuesta de los autores del ensayo.

“Este estudio combina un impacto público potencialmente alto y defectos y limitaciones serias que no son obvios [para la ciudadanía]”, explicaba Haber a elDiario.es antes de que el ensayo se publicara. Esto hacía que, en su opinión, existiera un “riesgo alto de malinterpretación”.

Veamos algunas de esos problemas. En primer lugar, DANMASK-19 no estudia el uso de mascarillas frente a su no uso, ya que los investigadores no pueden obligar a nadie a usarlas. Lo que hace es comparar a un grupo de personas que recibió mascarillas gratis y mensajes explicativos en defensa de su utilización frente a un grupo control. Este matiz es fundamental porque determina la pregunta que el ensayo es capaz de responder.

En segundo lugar, el estudio tuvo lugar durante solo un mes (entre abril y junio), algo insuficiente dado el período de incubación del coronavirus. Además, la incidencia del SARS-CoV-2 era bajísima por entonces en Dinamarca. El uso universal de mascarillas es una herramienta poblacional que busca reducir infecciones, pero esta disminución dependerá de la probabilidad que tengamos de cruzarnos con un contagiado y del resto de medidas implementadas. Por eso, un resultado negativo en el ensayo danés no se podría extrapolar alegremente a zonas más afectadas por la pandemia, desde Madrid a Nueva York, o con diferentes estrategias.

Otras limitaciones señaladas por Haber incluyen que la muestra de 6.000 personas asumía que las mascarillas reducirían el riesgo de infección un 50%, algo “poco razonable”. Además, anticipaba problemas de adherencia entre los participantes, ya que era imposible asegurar que cada grupo cumpliría con su rol esperado a la perfección.

Por todo esto Haber previó que el estudio iba a dar resultados negativos desde antes de ver los resultados. “Debería ser publicado de forma que ayude a asegurar que todo el mundo entiende sus defectos y limitaciones en su diseño antes de hacer conclusiones sobre sus resultados”, comentaba días antes de su publicación.

Mientras esta polémica se desarrollaba, los opositores al uso universal de las mascarillas hablaban de censura debido a que tres revistas no quisieron publicar los resultados de DANMASK-19. Uno de los autores del ensayo fue más lejos para sugerir que los resultados serían compartidos “cuando una revista fuera lo suficientemente valiente”, lo que alimentó aún más las acusaciones de corrección política y conspiración.

“Somos conscientes de que hay narrativas que alegan censura, pero esperamos que la sustancia de la crítica y nuestra experiencia [desmontando] otros estudios defectuosos ayude a evitarlo”, aclara Haber. En ese sentido, que el ensayo danés haya sido por fin publicado y quede a merced del análisis de otros investigadores es una buena noticia.

Resultados inconcluyentes”

Los resultados de DANMASK-19 fueron publicados esta semana en la revista Annals of Internal Medicine. El estudio ha sido matizado tal y como deseaba Haber. El objetivo del ensayo es ahora medir “si las recomendaciones de usar mascarilla funcionan en un entorno donde su uso es infrecuente y no están aconsejadas como medida de salud pública”. Esta es la pregunta que intenta contestar, y no otra.

Un apartado señala las limitaciones: “Resultados inconcluyentes, datos perdidos, participación variable, los pacientes reportaron [su infección] con test rápidos [de anticuerpos] y no se evaluó si las mascarillas pueden disminuir la transmisión de los portadores hacia otros”.

Además, dos editorales analizan qué implican y qué no los resultados y los motivos de su publicación. “Creemos que es importante publicar los descubrimientos y subrayar con cuidado las preguntas que el ensayo contesta y las que no”, explica uno. “El estudio examina el efecto de recomendar las mascarillas, no el de usarlas. Este, además, depende de otros muchos factores como la prevalencia del virus y el comportamiento social”, aclara otro.

Las conclusiones parecen decepcionantes tras tanta polémica: el 1,8% de los participantes en el grupo de las mascarillas se infectó, frente al 2,2% del grupo control. Una diferencia “estadísticamente no significativa”. También hay que tener en cuenta el efecto del distanciamiento social, que Dinamarca ya promovía por entonces. Por último, la colaboración de los participantes fue baja: de las 4.800 personas reclutadas solo un 46% usó las mascarillas tal y como se recomendó.

Por todo ello, los autores concluyen que la recomendación de utilizar las mascarillas no funcionó. “No creemos que nuestro estudio aporte evidencias para no usar mascarillas”, matiza a elDiario.es el investigador del Hospital Gentofte de Copenhague (Dinamarca) y coautor del artículo, Kasper Iversen. “El estudio sugiere un efecto protector menor y no hemos investigado su efecto para proteger a otros”, añade. “Aunque no pudimos mostrar una reducción significativa en las infecciones creemos que es probable que las mascarillas las disminuyan [si se usan] en la comunidad”.

Iversen asegura que no les preocupa que su estudio pueda ser malinterpretado. “Confiamos en que los medios de comunicación sean capaces de reportar hechos sobre un tema tan importante sin engañar a propósito a sus lectores”. Una búsqueda rápida en Google pone en duda las esperanzas del investigador.

“Es importante que el público entienda por qué este estudio no es informativo para tomar decisiones sobre mascarillas debido a su diseño”, aclara Haber. “Este es, por desgracia, un tema increíblemente difícil de estudiar”. Por ello se han publicado estudios chapuceros que defendían la eficacia de las mascarillas y malinterpretado otros hechos en condiciones de laboratorio o con pacientes infectados.

El propio Haber ha intentado retractar algunos de ellos, como un artículo de PNAS que también generó controversia por considerar las mascarillas como “la forma más efectiva” de prevenir la transmisión del coronavirus, que consideraba “aérea”.

¿Funcionan las mascarillas como barrera que frena los virus? La respuesta parece tan obvia como afirmativa, y estudios con hámsteres y maniquíes así lo demuestran. ¿Funciona su uso masivo por gente real en condiciones reales? Contestar a esta pregunta requiere experimentos mucho más complicados que tengan en cuenta numerosos factores, desde el tiempo de uso a su correcta colocación, pasando por su disponibilidad y hasta el comportamiento humano.

¿Ensayos controlados? No es tan fácil

Los resultados no concluyentes del estudio danés, junto con las limitaciones de su diseño, ponen de manifiesto la dificultad de hacer ensayos controlados cuando dejamos atrás las vacunas y los fármacos. “La evaluación de determinadas medidas de prevención no puede hacerse mediante un estudio experimental”, advertían varias investigadoras españolas en un reciente artículo publicado en The Conversation.

Hacerlo “conllevaría problemas éticos, al exponer al grupo de comparación a un posible riego como no guardar la distancia de seguridad o no usar mascarillas”. La solución, explican las investigadoras, está en los estudios observacionales. “En estos, el investigador no interviene: se limita a medir las variables observadas”. Aseguran que “no están exentos de dificultad, dado que no podemos asegurar que los individuos cumplan con las recomendaciones en todo momento y del mismo modo”, pero “ofrecen evidencia suficiente para avalar algunas intervenciones”.

La evidencia férrea a favor o en contra de las mascarillas que muchos esperan quizá no llegue nunca. Otros seguirán buscando el ensayo controlado definitivo, como el que se está llevando a cabo con 40.000 personas en Guinea-Bisáu. Mientras tanto conviene recordar las palabras de la investigadora de la Universidad de Ofxord Trish Greenhalg: “No podemos estar 100% seguros de que las mascarillas funcionan, pero eso no debería impedirnos usarlas”.

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Espectáculos

El Zinemaldia no hará distinción de género en los premios de interpretación

Publicada

el

22/06/2021

11:35

Zinemaldia

69ª edición

N. V. | EITB Media

Sigourney Weaver será la imagen de la 69ª edición del festival, presentada hoy. Habrá restricciones sanitarias: El Velódromo no se usará, y no habrá fiestas de inauguración y clausura.

1:09

Sigourney Weaver, protagonista del cartel de este año

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A partir de esta edición, la 69ª, el Festival de San Sebastián no hará una distinción de género en los premios de interpretación. La Concha de Plata al mejor actor y a la mejor actriz serán reemplazadas por la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista y a la mejor interpretación de reparto.

«El cambio obedece a la convicción de que el género, una construcción social y política, deja para nosotros de ser un criterio de distinción en la actuación. El criterio para el Jurado será el de distinguir entre malas o buenas actuaciones, sumándonos así al camino iniciado ya por nuestras amigas y amigos del Festival de Berlín«, ha explicado el director del certamen, José Luis Rebordinos. 

Esta modificación del reglamento permite acoger otras identidades que no se adscriben a los géneros masculino o femenino y reconoce, además, tal y como han explicado los responsables del Zinenaldia, el trabajo de las denominadas interpretaciones de reparto, que no suelen ser galardonadas en los festivales de cine. Estos premios podrán concederse ex aequo

Sigourney Weaver

Por su parte, la actriz Sigourney Weaver será la protagonista del cartel oficial de la 69ª edición del Festival de San Sebastián, que se celebrará del 17 al 25 de septiembre. La imagen muestra una fotografía en blanco y negro de la actriz estadounidense adornada con brochazos coloristas. Se trata de un diseño de la donostiarra Eva Villar creado a partir de una fotografía de Matthew Brookes.

La primera visita de Weaver a San Sebastián coincidió con su debut en el cine en Alien (1979), la película que la catapultó a la fama gracias al inolvidable personaje de la teniente Ripley. Después, la actriz ha visitado la ciudad dos veces más para presentar, también en la Sección Oficial y ya convertida en estrella internacional, A Map of The World (1999) y Un monstruo viene a verme (2016). En esta última ocasión, Sigourney Weaver recibió el Premio Donostia en reconocimiento a toda su carrera.

Zinemaldia 2021

Zinemaldia 2021

Atentos a la evolución de la pandemia

La evolución de la pandemia determinará la forma final de la presente edición, que seguirá marcada por las restricciones sanitarias: el Velódromo no podrá ser utilizado como sala gigante de cine ni habrá fiestas de inauguración y clausura.

«Confiamos en ampliar el número de proyecciones y la capacidad de aforo de las salas respecto al pasado año, y también queremos recuperar el glamour en la alfombra roja. En definitiva, nos gustaría que el de este año fuera un festival que devolviera la ilusión a la ciudad tras más de un año de gran incertidumbre y sufrimiento para muchas personas», ha explicado José Luis Rebordinos.

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Espectáculos

Cinco proyectos de jóvenes mujeres cineastas optan a convertirse en películas

Publicada

el

10/06/2021

16:45

Cine

Asociación (H)emen

N. V. | EITB Media

El programa Aukera, impulsado por la asociación (H)emen, ha seleccionado cinco proyectos de mujeres cineastas entre 18 y 35 años, a las que ofrecerán mentorías para afinar sus trabajos.

La asociación (H)emen, dirigida a las mujeres del sector audiovisual y las artes escénicas, ha impulsado el programa Aukera, que ofrece la oportunidad de producir un cortometraje a jóvenes (18-35 años) mujeres cineastas vascas.

En su primera edición, los responsables de la iniciativa han seleccionado cinco proyectos de jóvenes cineastas: «Azkena», de Ane Inés Landeta y Lorea Lyons; «Prioridades», de Tamara Lucarini y Ana Angulo; «Cuidado!», de Olaia Nogales y Llucía Pla; «Hemen bizi da maitasuna», de Enara García y Ainhoa Olaso; y «Pomo D’oro», de Nerea Sciarra y Allende Grandmontagne.

Los equipos participarán con sus proyectos en las mentorías de guion, dirección y producción, y recibirán también un taller de perspectiva de género.

Al final del programa, las mentoras (Lara Izagirre y Ana Hormaetxea; Maider Oleaga, Esti Urresola y Olatz Beobide; e Izaskun Arandia y Nahikari Ipiña) elegirán dos proyectos, que se anunciarán en noviembre en la gala de clausura de Zinebi.

Cada uno de los trabajos seleccionados recibirá el premio Aukera, dotado con 3000 euros y destinado a impulsar el desarrollo del cortometraje.

El programa ha contado con la inscripción de un total de 66 mujeres, repartidas en equipos de entre 2 y 5 integrantes, y 26 proyectos, tanto en euskera como en castellano, y de distintos géneros y formatos.

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Espectáculos

«‘Fantasia’ es una película sobre la realidad»

Publicada

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08/06/2021

11:18

Cine

Entrevista

Natxo Velez | EITB Media

Aitor Merino ha estrenado en el festival de cine de Málaga «Fantasia», un largometraje documental nacido en un crucero familiar a bordo de un barco de mismo nombre.

El actor y director Aitor Merino (San Sebastián, 1972) lo tuvo claro en cuanto vio el nombre del barco que los llevaría en un crucero para celebrar las bodas de oro de sus padres, «Fantasia», que así se llamaría también el nombre de la película que saldría de ese viaje.

Aquel idílico reencuentro de la familia, que vive separada hace ya bastantes años -los padres en Pamplona, Aitor en Madrid y Amaia, hermana de Aitor y también cineasta («Non dago Mikel?»…), en Ecuador-, sucedió en junio de 2015, pero Merino no ha querido que la luminosidad cegadora del crucero deformara el resultado y ha completado la película con varias miradas a la cotidianeidad familiar en Pamplona, tomadas al regresar del viaje: la vejez, el frío de Pamplona en diciembre, las ausencias y la realidad, frente al sol, la calidez, la alegría y la fantasía.

Hemos pillado a Merino en Málaga, presentando la película en el festival de cine de la ciudad andaluza.

Ha llegado la hora de mostrar «Fantasia». ¿Cómo habéis vivido el estreno de Málaga?

Muy ilusionados. Hace seis años que mis padres, Amaia y yo mismo empezamos a hacer el viaje a bordo del «Fantasia», y en Málaga nos hemos juntado todo el equipo para estrenarla. ¡Estamos muy contentos!

Al principio llevaste la cámara al viaje sin ninguna intención concreta. ¿Cuándo te diste cuenta de que de ahí podía salir una película?

Al principio no sabía que saldría una película de todo esto. Llevamos la cámara al viaje, y empezamos a grabar como si estuviéramos trasteando.

Lo primero que nos llamó la atención fue el barco, el ambiente hortera. Pero la cámara, mi mirada, comenzó a centrarse poco a poco en mis padres, y atrapamos cosas preciosas que sucedieron durante esos días. Fue entonces cuando vi que podíamos hacer una película, y decidí que fuera un pequeño documental.

Durante el invierno siguiente, con Amaia de regreso en Ecuador y yo en Madrid, pensé que «Fantasia» podía ser una película sobre la realidad.

Como ya hicieras en «Asier eta biok», te has expuesto de una manera muy sincera a la cámara, y estas vez también a tu hermana y tus padres. ¿En qué medida temes esa exposición y cuál es su recompensa?

Sí, es cierto que no es fácil mostrar la intimidad propia y la de los que más quieres ante la cámara, pero ¿para qué vas a hacer una película, si no es para mostrar lo que quieras desde la sinceridad?

Creo que compartir esos momentos dota de sentido este trabajo. Estamos más que acostumbrados a ver en televisión y demás cómo se muestra la intimidad a cambio de dinero, como mercancía; en esta película, la intimidad se utiliza para mostrar amor.

Y eso trae su pequeña recompensa. El público agradece encontrar historias contadas con sinceridad.

Para escribir el guion, Amaia y tú habéis contado con la mirada externa de Ainhoa Andraka y Zuriñe Goikoetxea. ¿Qué equilibrio han dado a la película?

En esta película, el trabajo de Ainhoa Andraka y Zuriñe Goikoetxea ha sido fundamental. Podían ver el material desde la distancia, y Ainhoa ha hecho un trabajo tremendo también en el montaje.

Estoy muy agradecido y satisfecho con el resultado. Si queríamos construir narrativamente la película, era necesario ver a todos los miembros de la familia, yo incluido, como personajes. No puedes elegir un trozo de la película porque veas a tu aita muy gracioso; tienes que pensar si aporta algo a la historia.

Y en ese sentido, ha sido muy importante la aportación de ambas.

Frente al ambiente soleado y feliz de «Fantasia», muestras la fría realidad y las ausencias con las que te encontraste en Pamplona en Navidad. ¿En qué medida se equilibran en la vida la realidad y el disfrute? ¿Cómo se retroalimentan ambos aspectos?

Como en la vida, en esta película todo encuentra su sitio por contraste; es decir, la vida tiene sentido en tanto en cuanto existe la fantasía. O podemos valorar lo que es el disfrute porque sabemos qué es el dolor.

En ese sentido, sí; todo encuentra su lugar por oposición. Y en la película jugamos con ello.

El eje de «Fantasia» es el paso del tiempo. ¿Crees que la vulnerabilidad ante la que nos ha puesto la pandemia ha cambiado la indiferencia y la vanidad con la que mirábamos a nuestra debilidad o no hay nada que hacer ante eso?

Sí, está claro que la pandemia nos ha mostrado que somos muy vulnerables, pero no sé si hemos aprendido algo como sociedad.

No me preocupa tanto las lecciones que cada uno o una ha sacado de sus vivencias, sino si hemos aprendido algo como sociedad sobre nuestra relación con el poder. Creo que eso es lo que merece una profunda reflexión.

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