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La emigración y el dolor de las ausencias: ‘Los Lobos’ de Samuel Kishi

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La imaginación de los niños, suele ser un lugar fértil para brindar contexto a historias de los más diversas índoles, incluso las más incómodas y duras. Como lo demostró El Proyecto Florida (2017) de Sean Baker en su oportunidad, la percepción sobre la inocencia y en especial, la simplificación de situaciones de enorme crudeza en códigos más o menos universales, permite abordar tópicos — la mayoría de las veces incómodos — desde perspectivas por completo nuevas. Los Lobos de Samuel Kishi sigue la estela de la película de Baker, sólo que en esta ocasión analiza el durísimo tópico de la emigración, desde la perspectiva de la infancia y también, a través del mundo de los niños, lo que otorga al argumento y también a la visión de Kishi sobre el tema, una profundidad dolorosa que desconcierta por su efectividad. 

Por supuesto, una situación semejante contada a través de voces infantiles puede resultar amargo e incluso, levemente manipulador. Kishi lo sabe y lo evita a través del uso consciente de las experiencias de sus pequeños narradores como un puente que une las diferentes dimensiones de una circunstancia de consecuencias impredecibles. El prisma de la mirada de los niños, su capacidad para reconstruir la situación que les rodea en símbolos conmovedores, convierte a Los Lobos, no solo en un trayecto a través de las vivencias de migrantes en condiciones cada vez más complicadas, sino en una meditada versión sobre la realidad, que no se sostiene sobre sus peores y más oscuras aristas. Kishi logra relatar la perspectiva de los que deben abandonar el propio país y avanzar hacia la incertidumbre con la capacidad de los niños para adaptarse a situaciones complejas pero también, para matizarlos a través del brillo y los colores de la imaginación.

El argumento es engañosamente sencillo: Max (Maximiliano Nájar Márquez) de ocho años, y Leo (Leonardo Nájar Márquez), de cinco, viajan junto a su madre soltera Lucía (Martha Reyes Arias) desde México hacia Albuquerque. La promesa es que el trayecto terminará en un viaje de ensueño a Disneyland, lo que permite a los niños encontrar consuelo y aliento en los momentos más duros del viaje y también, en la percepción que todo se hace más duro y agotador a medida que el trayecto avanza, sin que ninguna de las promesas parezcan cumplirse. Para cuando finalmente llegan a su destino, ambos niños terminan confinados en un apartamento miserable, que aun así, se convierte en algo más gracias a la capacidad de ambos para imaginar el destino mágico, incierto y cada vez más lejano que anhelan. De una u otra forma, tanto Max como Leo saben que Disneyland es sólo una posibilidad lejana, una palabra que describe un universo extraordinario que casi de manera instintiva, presumen lejano e inalcanzable. Pero aun así, la insistencia en imaginar el gran viaje, la llegada a un Paraíso infantil que crean a partir de retazos de información, es una construcción visual y de guion que analiza el dolor infantil desde un punto de vista original.

Como hermanos en la vida real, los niños centros de la historia aportan al argumento una profundidad y una química impensable en otras circunstancias. Ambos juegan, conversan y muestran un lenguaje invisible que convierten a las escenas que comparten, en el centro no sólo de la narración sino de la manera en que Kishi desea mostrar el camino de la fantasía a la realidad. A la vez, el mundo adulto que les rodea se muestra distante, a través de sus ojos pero también, reinterpretado en la capacidad infantil para crear conclusiones disparatadas, novedosas y asombrosas sobre sucesos en apariencia comunes. De una manera u otra, Los Lobos ocurre en dos dimensiones: desde la versión de Max y Leo acerca de lo que está ocurriendo — el apartamento convertido en antesala al gran viaje imaginario — y las penurias de Lucia, sostenida y aplastada en medio de algo más grande y monstruoso de lo que la película muestra en primer lugar.

Y es esta dicotomía, lo que permite a la película sostener dos extremos de una misma historia con suficiente firmeza como para lograr un trayecto de considerable interés sobre la emigración, la pérdida, el desarraigo y al final, la ausencia. Los Lobos se mueve con facilidad entre diferentes temas y además, logra resaltar cada uno de ellos con una importancia especial. 

Mientras Lucia lucha por sobrevivir y proteger a sus hijos, los niños batallan con la realidad como si se tratara de un muro contención hacia algo más oscuro y extraño. Max en especial, mira el futuro en medio de una progresiva desesperanza y los desafíos que le rodean. Para el niño, la idea del dolor se relaciona no sólo con el mundo hostil a su alrededor sino también, con los recuerdos que lleva a cuestas y de los que protege a su hermano. 

Una y otra vez, Kishi logra ensamblar los rigores de la emigración  — que muestra en toda su dureza —  en algo más elaborado y bien construido. El argumento logra construir una visión profunda sobre el dolor de la violencia que padece el inmigrante, la exclusión involuntaria, la marginación inevitable, hasta sostener una historia en la que la mirada del niño conduce, pero sin duda, es el peso de la realidad lo que termina por definir el tono y la forma. La presión por madurar para Max es casi inevitable, pero también, la necesidad de creer y confiar, un atributo infantil que el director sublima hasta dulcíficar los sufrimientos familiares en un discurso más orgánico y sofisticado del que podría suponerse. 

Para cuando finalmente los niños abandonan el viejo apartamento para comenzar el viaje hacia el destino prometido, Kishi encuentra la belleza en una historia mínima, llena de momentos amargos, pero en especial, que evade explicaciones sencillas. La cámara del director sigue a sus pequeños protagonistas con una cálida franqueza y les brinda una estatura casi heroica, a medida que ambos deben enfrentar la realidad y el hecho de su condición como excluidos, en una ciudad enorme, brillante y cruel. Con su banda sonora llena de clásicos pop y su buen humor subyacente — a veces cruel, en otras ocasiones duro, siempre conmovedor — Kishi sostiene una historia que parece vincularse al corazón de la Norteamérica actual en cientos de formas distintas, sin exagerar en la mirada dramática pero sin perder la perspectiva de lo duro de lo que narra. La combinación de ambas cosas, convierte a Los Lobos, en un film inclasificable, que mezcla la belleza y la tristeza a partes iguales, pero que al final, sostiene una concepción optimista sobre el mundo casi nostálgico. Quizás, su punto más alto.

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Publicada originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Aglaia Berlutti

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Así evolucionó el escudo del tricerátops

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Con más de 70 especies conocidas hasta ahora, los ceratopsianos son un clado muy diverso de dinosaurios ornitisquios, uno de los grupos dominantes de los ecosistemas terrestres en América del Norte y Asia, y que también han sido descritos en Europa durante el Cretácico superior.

El grupo incluye algunos dinosaurios con cuernos, con géneros tan conocidos como el Triceratops, con tres cuernos y unas siete toneladas de peso y que en el imaginario colectivo protagonizó grandes combates con el también famoso Tyrannosaurus rex.

Los primeros ceratopsiano aparecieron hace unos 130 millones de años en Asia y las últimas especies, como el Triceratops, persistieron hasta el final del Mesozoico, hace 66 millones de años.

Sin embargo, los ceratopsianos más primitivos eran pequeños y no tenían cuernos, aunque ya presentaban algunas características comunes al resto de especies del grupo, como una cabeza grande, un pico parecido al de las tortugas y una dentición cincelada, que se cree que contribuyó a su éxito evolutivo.

Pero quizá lo más destacable de su anatomía es el prominente escudo en la parte posterior del cráneo. En los ceratopsianos más primitivos, y que eran de tamaño relativamente pequeño, el escudo era bastante corto y estrecho, pero en los grandes (de más de una tonelada de peso), podía medir más de un metro de largo y de ancho y constituía más de la mitad de la longitud del cráneo.

Aunque en las especies tempranas el margen del escudo era liso o relativamente poco ornamentado, los ceratopsianos con cuernos presentaban osificaciones epiparietales y epiescamosales que dieron lugar a una espectacular diversidad de estructuras que se proyectaban a partir del escudo y que permiten distinguir unas especies de otras.

En un estudio, Albert Prieto-Márquez, investigador del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, conjuntamente con otros colegas del Field Museum of Natural History (Universidad de Minnessota), de la Universidad de Washington, del Museo Americano de Historia Natural y de la Universidad de California en Los Ángeles, analizan cómo evolucionó el escudo de los ceratopsianos durante los 65 millones de años de existencia de estos animales, así como su crecimiento a lo largo de la vida de algunos individuos de una determinada especie.

El equipo de investigación aplicó una batería de técnicas estadísticas a una muestra de 25 especies para examinar de forma cuantitativa los cambios en la forma del escudo. Estas especies representan casi la mitad de la diversidad taxonómica conocida de los ceratopsianos, desde las especies más antiguas y sin cuernos como Protoceratops (de Mongolia), hasta los Triceratops más recientes y enormes, pasando por los cornudos Styracosaurus de las grandes llanuras del norte de América del Norte.

Configuración de los landmarks que permiten analizar la forma del escudo de Centrosaurus apertus (izquierda y central) y Protoceratops andrewsi (derecha). / ICP

Un “escudo” cada vez más ancho

El trabajo publicado en la revista Ecology and Evolution revela que la forma del escudo varía según el clado. Además, esta morfología se volvió cada vez más variable a lo largo de su evolución, alcanzando su máximo entre los ceratópsidos que divergieron de forma más tardía (como el Triceratops) donde las formas del escudo son extraordinariamente diversas.

A medida que pasó el tiempo, estos escudos se hicieron cada vez más anchos y largos aunque gran parte de las diferencias observadas se centran en los bordes laterales del escudo y en la forma de la parte posterior. Pero, como se produjeron estos patrones de variación y estas modificaciones? ¿Y qué repercusiones tuvieron en la función del escudo?

Los resultados indican que, en algún momento, la evolución del escudo se desacopló respecto a la del resto del cráneo. Las primeras formas (sin cornamenta y más pequeñas que las posteriores) tenían un escudo poco desarrollado cuya función era proporcionar sitios de fijación a los músculos implicados en la alimentación.

Pero a lo largo de la evolución, este desacoplamiento permitió liberar el escudo de su función alimentaria y comenzó a evolucionar a un ritmo más rápido que el resto del cráneo. Esto le permitió aumentar de tamaño hasta transformarse en estructuras extraordinariamente ornamentadas que caracterizan las especies más tardías de los ceratópsidos con cuernos como los Triceratops y Styracosaurus.

La aparición de pinchos y placas que caracterizan el escudo de decenas de especies de dinosaurios con cuernos podría haber estado relacionada con indicios visuales en las interacciones sociales de estos animales, que probablemente vivían en grandes rebaños de cientos de individuos.

Este estudio proporciona las primeras pruebas cuantitativas que apoyan las afirmaciones anteriores de que la peramorfosis (cambios filogenéticos donde los ejemplares de una determinada especie maduran más allá de los rasgos de sus especies ancestrales) tuvo un papel clave en la evolución de los ceratopsioanos.

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Publicada originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Ebenizer Pinedo

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Rocksteady, creadores de ‘Batman Arkham’, están trabajando en un juego de ‘Suicide Squad’

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En años recientes se ha hablado muchísimo sobre el nuevo rumbo que tomarán los videojuegos de DC tras el éxito de la saga Batman Arkham. Hemos visto innumerables reportes y filtraciones, sin embargo, hoy finalmente Warner Bros. Interactive Entertainment comenzó a dejar atrás su secretismo. La compañía confirmó uno de los rumores más sonados: Rockteady Studios, responsables de los últimos títulos del hombre murciélago, se encuentra trabajando en un juego de Suicide Squad.

A través de su cuenta de Twitter, Rockteady compartió una imagen que ya no deja lugar a la especulación. La ilustración muestra a Superman de espaldas con el logo de Suicide Squad apuntando a su cabeza. ¿Será el hombre de acero uno de los “villanos” del título? Lo sabremos muy pronto. El nuevo proyecto se presentará por todo lo alto durante el DC FanDome, el esperado evento digital que tendrá lugar el sábado 22 de agosto.

Es una de las celebraciones más esperadas por los fans de los superhéroes. Más allá del anuncio del juego de Rocksteady, se esperan novedades relacionadas con las nuevas películas de la casa de cómics, incluyendo el largometraje de Suicide Squad a cargo de James Gunn (Guardianes de la Galaxia). Parece que Warner pretende que el grupo de antihéroes sea uno de los mayores protagonistas de su evento. Es un hecho que veremos avances de ambas propuestas.

No obstante, Suicide Squad no sería el único videojuego de DC en camino. Hace algunos meses te dimos a conocer que, según la información de Kotaku, Warner planeaba revelar el nuevo título de Batman durante el E3 2020. Debido a que la pandemia del coronavirus ocasionó la cancelación del evento californiano, ahora es probable que también se presente en el DC FanDome. Su historia estaría centrada en la Corte de los Búhos, una famosa organización criminal de Ciudad Gótica.

Si Rocksteady está desarrollando Suicide Squad, ¿quién lidera el proyecto de Batman? Por las pistas que se han revelado en meses recientes, todo indica que Warner Bros. Montreal es el estudio responsable. Algunos miembros del equipo creativo publicaron imágenes de un evento interno en las que claramente se podía apreciar a asistentes con máscaras de búhos. Además, otros miembros del estudio se han tomado fotos junto al logo de Batman. El 22 de agosto saldremos de dudas.

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Autor: Ebenizer Pinedo

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El último clavo en el ataúd del cine tradicional

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Hace unos días, se hizo viral el video en el que puede verse al dueño de un cine independiente francés, destrozando un póster de Mulan (2020, Niki Caro) de Disney Plus, una vez que se hizo pública la noticia que la película llegaría directamente al servicio por suscripción streaming. Gerard Lemoine, el preocupado propietario del local insistió en que el clip y en las entrevistas que ofreció después que la estrategia de la factoría del Ratón Mickey era sin duda “devastadora y muy grave” para los cines no sólo en Francia, sino a nivel mundial.

¿Lo es? En realidad, si tomamos en cuenta que la mayoría de los dueños de cine esperaban que el estreno conjunto de Tenet de Christopher Nolan y Mulan pudieran permitir una reapertura limpia de numerosos cines a pequeños y sin relación con las grandes cadenas, podría decirse que no sólo la decisión de Disney pone en jaque el futuro del cine como lo conocemos a mediano plazo sino además, cuestiona seriamente la capacidad de los locales que subsisten gracias a las programaciones anuales de estrenos para sobrevivir a la pandemia.

Deadline recoge buena parte de las reacciones a nivel del mercado estadounidense, para quienes la decisión ha sido un considerable mazazo, tomando en cuenta que se esperaba que la llegada a la gran pantalla de Tenet pudiera de una forma u otra, contribuir a la idea que el cine puede enfrentarse a la situación de emergencia sanitaria que atraviesa el país. El dueño de un Dine — in (la combinación entre cine y servicio de comida rápida), apunta a que la mayoría del ramo, está convencido que Disney sólo intenta salvaguardar sus ganancias, sin compartir los beneficios del estreno de Mulan con el resto de la cadena de distribución y proyección que sostiene de una forma u otra, la industria. “Piénsalo bien: si el 10% de sus suscriptores compra ‘Mulan’, Disney hace 181 millones de dólares. Si el 50% alquilan ‘Mulan’, ¡son 906 millones! ¡Es dinero que Disney se queda íntegramente!” expresó la fuente, que no quiso revelar su nombre.

Por supuesto, no le falta la razón: si se lleva a cabo un análisis, Disney no necesita correr el riesgo de estrenar Mulan en condiciones que podría poner en riesgo sus ganancias y que además, estarían en medio de una complicada red de probabilidades en la que la compañía tendría todas las de perder. ¿Qué ocurriría si Mulan llega a los cines y debiera ser retirada en mitad de un repunte de la pandemia? En EEUU la curva de contagios no hace más que aumentar y es evidente que la situación se hace cada vez más confusa y en general, dura, para buena parte de las salas de cine que no dependen de una red central.

Además, está el hecho que la reapertura implicará medidas extraordinarias que disminuirán las posibilidades de Mulan de recuperar la inversión: las funciones serán espaciadas — para permitir la desinfección de salas -, además que no en días consecutivos. Tampoco tendrán el mismo número de asistentes debido al retiro de butacas y si a esto contamos, el hecho que las encuestas sugieren que el público no volverá de inmediato a las salas por temor al contagio, queda claro que la posible exhibición de la película podría correr el riesgo de convertirse en un golpe financiero que Disney no estaría dispuesto a afrontar de inmediato.

Mulan: un precio alto

También, está el hecho, que Disney parece estar asegurándose que su película sea un éxito, cual sea su calidad, además de beneficiar con su llegada a la plataforma de Disney Plus, que en la actualidad atraviesa un periodo complicado de estrenos. Combinadas ambas cosas, convierten la decisión en algo evidente y necesario a pesar de su aparente crueldad. Con casi 85 millones de suscriptores alrededor del mundo, que al menos 20% del público adquiera la película (que se venderá a un precio de $29,99) convertiría a la película en un éxito.

Los precedentes no faltan: Universal logró un fenómeno semejante a finales de abril, cuando recaudó 100 millones de dólares en tres semanas gracias al estreno VOD de ‘Trolls 2: Gira Mundial’, una cifra que según The Wall Street Journal es muchísimo mayor a lo que podría esperarse de sus ganancias brutas en la sala de cine.

Para Eric Handler, de la consultora de mercado estadounidense MKM Partners, se trata además de una decisión a futuro que Disney contempla, en medio de la incertidumbre y la incapacidad de buena parte del mercado de predecir el comportamiento pospandémico en la industria cinematográfica. “Definitivamente, es una señal de los tiempos en que vivimos. Disney ha sido el mayor defensor de la ventana cinematográfica durante los últimos años, y saben cómo aprovechar al máximo todas las ventanas. Tendremos que ver qué ocurre. Cuanto más exitosos sea, más tendrán que pensar en el servicio de streaming como su propia plataforma VOD.

Todo esto ocurre, mientras las acciones de Disney han caído un 19% debido al cierre de parques y todo lo relacionado a su incapacidad para llevar a cabo su apretada agenda de estrenos el año. Para la compañía, la posibilidad de un fracaso de taquilla, sería impensable y mucho menos en condiciones económicas complicadas que sostienen de una manera u otra, la concepción del cine entretenimiento a bajo costo. De modo que Mulan podría ser una medida especial para recuperar liquidez de forma inmediata y además, dejar claro que la plataforma estreaming de Disney, es una opción viable para el llamado cine virtual.

¿Será Mulan un caso único o se unirán a la medida el resto de los estrenos del estudio? Sólo queda esperar.

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Autor: Aglaia Berlutti

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