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Una propuesta para evitar el efecto negativo de los cierres de los centros educativos en el futuro de los jóvenes españoles

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De Almudena Sevilla (University College London), Jorge Sainz (URJC IPR, University of Bath) e Ismael Sanz (URJC)

1. Medidas educativas para evitar efectos negativos en el rendimiento escolar

En el pasado mes de junio, varios economistas de la educación de Reino Unido (Burgess, 2020 https://bit.ly/39nc73z) y Estados Unidos (Kraft, 2020 y Dynarski, 2020) han realizado diferentes propuestas que tienen en común la implementación de tutorías de pequeños grupos de refuerzo y apoyo a los alumnos rezagados para compensar la pérdida de aprendizaje por el cierre los centros. Los más de 100 experimentos aleatorios analizados por Education Endowment Foundation muestran que, de hecho, muchas de las políticas educativas con más difusión pública no tienen ningún efecto como, por ejemplo, la mentorización, intervenciones en las aspiraciones de los alumnos o el uso de uniformes. Las tutorías en pequeños grupos, en cambio, son unas de las medidas educativas para las que existe evidencia empírica de efectividad en estudios rigurosos de investigación. Estas tutorías pueden ser un buen complemento para un sistema educativo que está diseñado para hacer pasar a un gran número de alumnos de curso a curso, pero que no funciona para una parte de los alumnos.

Kraft (2020) analiza los factores que contribuyen al éxito de la configuración de tutorías en pequeños grupos. Por ejemplo, las tutorías realizadas por voluntarios no suelen proporcionar buenos resultados educativos porque i) no funcionan durante todo el curso académico, ii) en ocasiones los tutores no asisten al no existir una relación contractual y iii) no tienen una formación específica para la enseñanza y, menos, de alumnos rezagados. A estas personas, ajenas a la educación, les resulta difícil mantener a los estudiantes con necesidades de apoyo y refuerzo centrados en sus estudios después de las clases ordinarias. El resultado final de las tutorías realizadas por voluntarios es, generalmente, bajas tasas de participación de los alumnos y escasa mejora en su rendimiento académico.

Por el contrario, Kraft, (2020) señala que las tutorías en pequeños grupos ofrecen buenos resultados académicos de los alumnos si se: a) lleva a cabo un riguroso proceso de selección de tutores con educación superior; b) contrata a tutores que trabajen a tiempo completo a lo largo del año académico con el mismo grupo de alumnos; c) forma a los tutores sobre las mejores prácticas docentes y se les proporciona apoyo continuo y d) coordinan los esfuerzos entre los docentes y tutores

La efectividad de las tutorías en pequeños grupos disminuye cuanto más grande es el grupo, con una caída más pronunciada cuando el grupo es de más de 6 alumnos (Burgess, 2020). Los estudios analizados por Education Endowment Foundation muestran que una tutoría en grupos pequeños de media hora al día durante 12 semanas produce un progreso adicional de cuatro meses en la escuela. Es decir que compensaría la pérdida de los tres meses de escolaridad por el cierre de los centros a partir de mediados de marzo. Nickow et al., (2020), en un reciente meta-análisis de este mismo mes de julio publicado en el NBER muestran, a partir del estudio de 96 artículos de experimentos aleatorios, que el efecto de las tutorías en pequeños grupos es importante y significativo (37% de la desviación estándar). El meta-análisis confirma la hipótesis de Kraft en el sentido de los efectos son más fuertes para los programas de tutoría de docentes y profesionales que los impartidos por voluntarios y padres. Los efectos para las intervenciones de lectura y matemáticas son similares, aunque la tutoría de lectura tiende a producir tamaños de efectos más altos en los primeros cursos, mientras que la tutoría de matemáticas tiende a producir tamaños de efectos más elevados en los cursos posteriores.

Nuestro objetivo es cuantificar en términos presupuestarios el coste de la propuesta de tutorías en pequeños grupos para España. El esfuerzo económico que requiere es importante en un momento en el que la situación de las finanzas públicas no es la mejor, pero el análisis económico sugiere que el coste de no hacer nada sería todavía mayor. Como señalamos en el post anterior el estudiante promedio ha perdido una cuarta parte del año escolar con el consiguiente efecto negativo en la adquisición de competencias y habilidades, que se traducirá en una menor productividad de la población actica durante décadas. Este impacto negativo, que será mayor para los jóvenes de familias desfavorecidas, se podría traducir en una disminución en los salarios y caída en las tasas de crecimiento económico de 0,04 puntos porcentuales al año.

2. Propuesta de tutorías en pequeños grupos

Siguiendo la propuesta de Burgess (2020), hemos supuesto que las tutorías en pequeños grupos de 5 alumnos. La mayor parte del coste de esta propuesta es el tiempo del tutor. Las tutorías se llevarían a cabo en el centro educativo del alumno, en horario extraescolar, lo que generaría algunos costes adicionales pero que serían relativamente pequeños. El Education Endowment Foundation ha estimado un coste para la tutoría de media hora diaria por 12 semanas en grupos pequeños de 5 alumnos en 770 euros por cada grupo. Asumimos esa estimación de 770 euros por grupo y que los docentes imparten, al menos, dos grupos cada uno. En Reino Unido hay una densidad de población mucho más elevada que en España, lo que facilita que, en la inmensa mayoría de los casos, los alumnos que se beneficien de las tutorías se encuentren en los mismos centros educativos y sean del mismo curso. La elevada dispersión de la población en nuestro país puede incrementar el coste de las tutorías en pequeños grupos, por cuanto que es posible que en algunos casos los grupos sean de menos de 5 alumnos. Es decir, que se requerirá configurar más grupos, sobre todo en las Comunidades Autónomas con menos densidad de población y más dispersas como las del Noroeste español.

El coste de la propuesta se podría reducir llevando a cabo algunas de las tutorías online. Precisamente, Education Endowment Foundation un programa piloto de tutorías online para apoyar y reforzar a los alumnos desfavorecidos desde el Grado 5 al 10 (desde 5º de Primaria hasta 4º de ESO). La iniciativa brindará tutoría de alta calidad a 1.600 alumnos. La impartición de tutorías online a mediante tutores en los últimos cursos de estudios superiores o recién graduados ha mostrado ya efectos positivos y significativos (equivalentes a lo que se aprende de hasta 5 meses) en evaluaciones rigurosas. Los tutores podrían ayudar también a elaborar recursos educativos digitales para apoyar a los docentes que están dando clases físicamente en hora escolar y ayudarles con los materiales por si hay que emplear alguna fórmula de rotación de la asistencia de los estudiantes a clases.

En la Tabla 1 hemos supuesto que el Programa abarca a los alumnos de los centros sostenidos con fondos públicos, es decir públicos y concertados. En todos los niveles educativos se ha supuesto que se benefician el 40% de los alumnos, un porcentaje amplio para incluir a todos los posibles alumnos perjudicados académicamente por el cierre de los alumnos. En el caso de FP Básica se ha asumido que el 100% de los alumnos de este ciclo se beneficiarían de este programa de tutorías en pequeños grupos, en lugar de sólo el 40%. Siguiendo a Burgess (2020) la propuesta asume un porcentaje de alumnos beneficiarios del 40% de los alumnos, selección que debe basarse en criterios objetivos como el rendimiento académico (a través de un test al inicio del curso que viene que determine los estudiantes a los que el cierre de los centros haya podido afectar más). El 40% es un porcentaje elevado y amplio, por cuanto como explicamos a continuación varios indicadores educativos señalan que la proporción de estudiantes con dificultades está por debajo de este umbral. Por ejemplo, el porcentaje de alumnos españoles que en PISA 2018 no alcanzó el nivel básico (nivel 2) en la competencia principal de esa edición, Lectura, fue del 23%. Los alumnos con necesidad específica de apoyo educativo representan un 11,7% de los alumnos de Primaria, un 10,8% de los alumnos de la ESO y un 12,6% de los alumnos de FP Básica (Ministerio de Educación y Formación Profesional)). En 2º y 3º de la ESO existe el Programa de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento (PMAR) para alumnos que necesitan de apoyo y refuerzo, una vía que se asemeja a la que antes de la LOMCE se denominaba diversificación curricular. Un 6,1% de los alumnos españoles de 2º y 3º de la ESO (7,9% en el caso de los centros públicos y 3,2% de los concertados) seguía esta diversificación en el curso 2017-18. Es decir, que con un programa de tutorías en pequeños grupos que alcance al 40% de los estudiantes se estaría beneficiando a los alumnos rezagados y con necesidades de apoyo e incluso a un espectro algo mayor de alumnos que por otras razones no pudieran seguir la formación online.

Nuestra propuesta se diferencia de la de Burgess (2020) en que incluimos no sólo alumnos de Primaria y ESO, sino también a estudiantes de FP Básica y FP Media. Los niveles educativos de FP Básica y FP Media son claves en el objetivo de nuestro país de reducir la tasa de abandono temprano educativa que vimos en nuestro post anterior. España tiene aún un elevado porcentaje de jóvenes entre 25 y 34 años que no han realizado más estudios que los de la ESO (30,2%). Por eso, es importante apoyar y reforzar a los estudiantes que en el curso 2019-20 se encontraban en FP Básica para que puedan continuar sus estudios, lograr el título de la ESO y seguir con FP de Grado Medio. La FP Básica es, de hecho, el nivel educativo de transición más importante para que los jóvenes con dificultades educativas, sociales o de comportamiento no se desconecten del sistema educativo. Son los alumnos a los que en mayor medida podría afectar la crisis sanitaria pues el cierre de los centros desde marzo podría suponer en algunos casos el último lazo que les quedaba con la educación formal. La FP Media es el otro nivel educativo clave en el objetivo de disminuir la tasa de abandono educativo temprano en España. Para lograr que más alumnos lleguen a estudios medios (titular FP Media o Bachillerato) se requiere disminuir el porcentaje de alumnos que no finaliza la ESO (FP Básica y PMAR), incrementar el porcentaje de alumnos que se matricula en FP Media y reducir la proporción de alumnos que comenzando FP Media no termina estos estudios que hemos calculado que se encuentra en un 40,4%. Por ello, se incluye en la propuesta tanto FP Básica como FP Media. Los datos de los que se ha partido son los relativos a la matriculación del curso 2019-20 publicados por el Ministerio de Educación y Formación Profesional el mes pasado de junio.

3. Coste presupuestario de la propuesta

Además de la financiación del coste laboral de los tutores de los grupos que se establecerían, se ha incluido en la estimación del coste presupuestaria de la propuesto la formación que necesitarían estos tutores. Se trata de apoyar y reforzar a alumnos rezagados por lo que será necesario una formación específica a los tutores. Para ello se ha tenido en cuenta que, según recoge la Comisión Europea en 2020 la financiación que se destina en España a la formación y perfeccionamiento del profesorado (incluido el presupuesto de las Comunidades Autónomas) es de 154,3 millones de euros. Un 70% de ese presupuesto se destina a Enseñanzas no-universitarias (en las que nos centramos aquí) y de ese montante se ha considerado que la formación de los tutores supondría el 40%, dado que es la proporción de alumnos que se beneficiaría del programa de tutorías en pequeños grupos (154,3*0,7*0,4). El coste de la propuesta que figura en la Tabla 1 de 365 millones de euros. Algunas Comunidades Autónomas ya tienen programas similares de menor alcance, herederos del Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo (PROA). También el mencionado Programa de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento (PMAR) que tiene una ratio máxima de 15 alumnos. PROA y PMAR, son Programas que no están pensados para compensar del cierre de los centros y que no benefician a un número tan elevado de alumnos como el de nuestra propuesta de tutorías en pequeños grupos, pero con los que se podrían encontrar sinergias reduciendo el presupuesto requerido para financiar esta propuesta.

El coste total del Programa que se propone es una cifra modesta: menos del 1% del Gasto Público en Educación en 2018 situado en 50.807 millones de euros y un calendario rápido pero factible (comenzando en octubre). Es interesante comprobar que la estimación del coste de la propuesta de tutorías en pequeños grupos es similar también a los cálculos que realiza del Kraft (2020). Este investigador calcula que hay 50 millones de estudiantes no universitarios en EEUU y que el impulso de las tutorías en pequeños grupos supondría un coste de 2.700 millones. Dado que en España hay en el curso 2019-20, 8.276.528 alumnos no universitarios, un sexto del tamaño del sistema educativo de EEUU y con el tipo de cambio dólar/euro actual, el coste de la propuesta de Kraft sería de 387 millones de euros trasladado al caso de nuestro país. La propuesta de Burgess es de 410 Millones de libras esterlinas, 451 millones de euros, algo más elevada que la nuestra dado que Inglaterra tiene más población escolar que España.

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Las reformas…, pero ¿Qué Reformas?¹

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En esta entrada os voy a hablar de una de mis últimas contribuciones, escrita con dos amigos cercanos, Carmen Beviá y Antonio Romero-Medina. Esto me dará pie para hablar de otras historias que os darán idea de cómo es la vida de un académico y os ilustrarán cómo la teoría más abstracta puede arrojar luz sobre la realidad y cómo cambiarla.

Nuestro trabajo estudia la trayectoria de una organización que está compuesta por tres tipos de individuos: productivos, medianos y flojitos que contribuyen a la producción de esta organización con un output individual, grande, mediano y pequeño respectivamente. En cada período, la organización decide por votación entre sus miembros dos cosas: la manera de repartir el output, por ejemplo, a todos por igual o proporcionalmente al output individual o una mezcla de esas dos, etc. Y qué individuo se incorpora a la organización. En nuestra mente, el principal ejemplo era el de la universidad española.

Para simplificar suponemos que siempre hay candidatos de los tres tipos dispuestos a ser fichados. La pregunta es ¿qué tipo de políticas adoptará esa organización? ¿Contratará siempre a los mejores? ¿Se repartirá el output de manera meritocrática, igualitaria o de cualquier otra forma?

Este problema se nos había ocurrido a Antonio y a mí, pero la verdad, no éramos capaces de sacarlo adelante. Nos reuníamos y patateábamos el problema como se patatea una comida muy fuerte para tu estómago. Decidimos pues pedirle a Carmen que se uniera al equipo. Ella estaba trabajando por entonces en temas parecidos y se unió a nosotros encantada. Rápidamente el trabajo empezó a despegar.

A todo esto, nuestro buen amigo Juan de Dios Moreno-Ternero estaba pidiendo trabajos para un volumen de homenaje a John Roemer. Y aquí toca hablar de John. Conocí a John hace muchos años a través de Joaquim Silvestre. La fama de John de poco sociable se deshizo rápidamente y me conquistó por su inteligencia y sinceridad. Y esto fue el principio de una bella amistad y de una admiración compartida por mis coautores… O sea que había que contribuir a su homenaje sí o sí. Y decidimos que este paper podría ser adecuado porque sus temas tocaban fibras sensibles de John, del que debo decir, que se considera Marxista practicante.

John Roemer, Elizabeth S. and A. Varick Stout Professor of Political Science and Economics. Universidad de Yale.

El trabajo fluyó muy rápido y enseguida tuvimos resultados de una entidad suficiente como para presentarlos en público. Yo tenía un sabático que pasé primero en Cambridge UK y a partir de marzo en la Northwestern al ladito de Chicago (my kind of town…). Hice un tour presentándolo por varias universidades americanas incluyendo la Georgetown y la George Mason (ambas en Washington), en esta última invitado por César Martinelli. En la primera también estaba, haciendo su doctorado, María Hernández de Benito (hoy en la universidad de Alicante) que había sido mi ayudante en la C3 y a la que yo había convencido para que cruzara el charco.

Había dos cosas que me interesaban en Washington. Por una parte, Roger Lagunoff (Georgetown) había hecho un paper parecido (esto son las pesadillas que tienes de mayor, reemplazando a la que tienes de joven cuando sueñas que te falta una asignatura para acabar la carrera). Afortunadamente Lagunoff es un tipo inteligente, amable y tranquilo que se tomó la cosa a bien y, contento con que le citáramos y discutiéramos su trabajo, me llevó a la cena que suele seguir a los seminarios a un maravilloso restaurante a la vera del Potomac. Por cierto, que el Atlético de Madrid (mi equipo) jugaba las semifinales de la Champions a la hora del seminario. La cosa se arregló con María siguiendo el partido por internet y haciéndome las señales pertinentes mientras yo explicaba la trayectoria del equilibrio Markoviano perfecto. Todo, incluyendo el resultado, salió bien.

En la George Mason hay el único grupo de economistas austríacos que conozco en una universidad entre las 100 mejores del mundo. Y tenía curiosidad por saber su reacción ante nuestro trabajo. Desgraciadamente no aparecieron por mi seminario. De hecho, yo he participado en muchísimos congresos internacionales y no creo haberlos visto nunca. Eso sí, según algunos y algunas, son los economistas de más impacto en el mundo (?).

Pues creo que ya es hora de que os cuente los resultados del trabajo. Que, como los tres mosqueteros, son cuatro, mayormente.

1. Las organizaciones que comienzan con mayoría de agentes flojitos contratan un buen número de agentes medianos que, eventualmente, serán mayoría y decidirán a quien se contrata y cómo se reparte el output. Pero los intereses de estas dos «clases» están perfectamente alineados. Quieren un buen número de agentes productivos pero que no sean tantos como para tener el poder político. A esto, que en un modelo distinto ya estaba en el paper de Lagunoff, le llamamos el «Efecto Cesión».

2. Es muy posible que los agentes de mayor productividad reciban menos de lo que aportan. Esto se debe a que el sistema de reparto se establece por votación y mientras que los mejores sean minoría tendrán que aceptar, democráticamente, el resultado de las votaciones. A esto le llamamos «Explotación» en este caso del más productivo por los menos productivos. Y aquí ocurre en una sociedad perfectamente democrática. Es la «esclavitud de los talentosos» ya señalada en el contexto de imposición óptima por Mirless.

3. La organización no va a contratar siempre a los mejores. Lo hará mientras que no amenacen su supremacía política. De hecho, en muchos casos se contratará el máximo número de agentes productivos que no obtengan el poder político porque si lo obtuvieran, impondrían un reparto proporcional al output individual. Los desgraciados agentes productivos que se quedan en el bíblico llanto y crujir de dientes (desempleo) conforman lo que llamamos «Desempleo Político».

4. La composición de los padres fundadores de la organización determina totalmente la trayectoria de ésta. Si los flojitos o los medianos tienen mayoría al principio, se contratarán agentes muy productivos hasta que estos vayan a alcanzar el poder político y luego se irán contratando alternativamente agentes productivos y medianos. Y el reparto será igualitario. Si los productivos son mayoría sólo se contratará a agentes productivos y cada agente recibirá su productividad.

El lector decidirá si esta parábola le recuerda o no el funcionamiento de muchos departamentos de economía de nuestro país. A nosotros mucho. Y tiene consecuencias. Una vez que las organizaciones están en marcha es muy difícil cambiar su rumbo. Es preferible crear otras nuevas en las que se contrate a lo mejorcito de que el país disponga. Así Francisco I creó el College de France y lo colocó al otro lado de la calle donde está la Sorbona, por entonces sumida en un dulce sueño. O la universidad central de Berlín que se creó con los fichajes de Hegel y Humboldt. El lector puede construirse su ejemplo favorito comparando entre sí a las universidades que se crearon en España a principios de los 80 (como Alicante y otras) y haciendo lo mismo entre las creadas a finales de los 80 (como la Pompeu, la C3 y otras).

La lección es que aumentar la financiación es inútil a no ser que se vincule a la contratación de los mejores y aun así puede no usarse. Los ejemplos de esto último abundan. El programa Ramon y Cajal, cuyos investigadores pueden ser hasta cuatro veces más productivos que los de la media, no ha sido usado en la misma medida por todas las universidades, ¡de 48 sólo 23 usaron este programa!

Resumiendo, los dineros de Europa no nos van a hacer necesariamente más productivos ni van a arreglar nuestros -seculares- problemas con la enseñanza y la productividad porque las organizaciones tienen sus propios objetivos -que suelen ser los de sus grupos dominantes- y usarán esos recursos para mantener el statu quo.[2] Incluso en un modelo en el que no hay camarillas, ni individuos que ejercen influencias en otros y en el que los entrantes adquieren instantáneamente los mismos derechos que los establecidos, es difícil que las organizaciones mediocres dejen de serlo. O las obligamos a competir o creamos otras nuevas, pero cuidado, con unos fundadores de lo mejorcito que haya en el país. No podemos repetir la historia de los dineros de América que nos hicieron más mal que bien convirtiéndonos en uno de los primeros ejemplos de la enfermedad holandesa.

El dinero de más allá de nuestras fronteras que, al final, nos empobreció.

Por último, remarcar que en nuestro modelo no hay competencia entre organizaciones. Si la hubiera, veríamos como hay una fuga de cerebros de las organizaciones menos meritocráticas a las que más. También podríamos ver que el talento se acaba concentrando en muy pocos sitios, una situación que, llevada al extremo, no puede ser óptima (esto último parece ser el caso con los Ramon y Cajal desgraciadamente).

Después de presentar este trabajo en varios seminarios más, me atreví a hacerlo en mi departamento de acogida, el MEDS de la Northwestern. Cuando ya había salido de casa recordé que el color de esta universidad es el morado y que yo tenía una camisa de este color. Así que volví a casa y me cambié de camisa con la consecuencia de que, a pesar del carrerón, llegué al seminario 5 minutos más tarde de la hora de comienzo (y encima sudado). Y allí estaban, professors a los que yo había admirado desde que era pequeñito (Kalai, Wolinsky, Austen-Smith…) y otros fantásticos de la generación más joven (Baliga, Schummer, Persico, Egorov…) con cara de circunstancias que hasta hicieron por reírse cuando, para quitar hierro a mi falta, empecé el seminario con un «Sorry, I’m Spanish». Los grandes son ansí.

P. D. El lector valiente que quiera echarle una legañada al paper final, puede hacerlo aquí.


[1]Agradezco a Carmen Beviá, Cesar Martinelli, Juan de Dios Moreno-Ternero y Antonio Romero-Medina sus comentarios a una versión preliminar de este trabajo. Todos los errores son de mi exclusiva responsabilidad.

[2]Un razonamiento similar se ha usado para criticar parte de la ayuda donada al tercer mundo, ver por ejemplo «The White Man’s Burden: Why the West’s Efforts to Aid the Rest Have Done So Much ill and So Little Good» de W. Easterly

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Autor: Luis Corchón Díaz

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Evidencia internacional sobre el impacto de la COVID-19 en las perspectivas académicas y laborales de los estudiantes universitarios

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Por Jaime Arellano-Bover y Marta Martínez Matute

La pandemia de COVID-19 ha trastocado todos los niveles de la educación alrededor del mundo. La educación superior no ha sido menos y, durante la primavera del 2020, todo tipo de universidades tuvieron que tomar difíciles y complejas decisiones de cara a vaciar sus campus y organizar la docencia de forma online. Todo esto acompañado de la incertidumbre acerca de cómo y cuánto sufrirían sus estudiantes y si, quizás, una fracción de estos universitarios abandonarían sus estudios a raíz de esas dificultades. Comparados con estudiantes más jóvenes, los universitarios no solo vieron dañado su aprendizaje. Aquellos que se encontraban más cerca de graduarse temieron por sus perspectivas laborales próximas y a largo plazo (con razón). Además, con restricciones financieras en el hogar, problemas en el mercado de trabajo y hermanos pequeños sin colegio, muchos universitarios afrontaron nuevas responsabilidades en casa.

En este contexto y dada la dimensión global del fenómeno, en la primavera del 2020 un grupo de investigadores del que formamos parte creó la Global COVID-19 Student Survey (Encuesta Global de Estudiantes COVID-19, o GC19SS por sus siglas en inglés). El principal objetivo de la GC19SS es medir, a escala internacional, cómo los estudiantes universitarios han lidiado con esta crisis sin precedentes en sus vidas. En la primavera de 2020 y a contrarreloj, escribimos el cuestionario, lo tradujimos a varios idiomas y conseguimos los permisos administrativos necesarios para poner la encuesta en marcha. Entre abril y julio 2020 distribuimos la encuesta por e-mail a todos los estudiantes de 28 universidades (en su mayoría grandes universidades públicas) en Estados Unidos, España, Australia, Italia, Austria, Suecia y México. Esta labor fue posible gracias al esfuerzo y coordinación de un numeroso grupo de investigadores (¡somos 43 en total!). De las 28 universidades incluidas en la encuesta, 14 son de Estados Unidos, 5 de España, 3 de Australia, 2 de Suecia, 2 de Austria, 1 de Italia y 1 de México.[1] En un documento de trabajo reciente (aquí) presentamos los resultados principales de esta primera ola de la encuesta. Nuestra intención es volver a encuestar a los mismos jóvenes pasado un tiempo para analizar cómo han evolucionado sus vidas.

La encuesta pregunta sobre tres aspectos fundamentales en las vidas de los universitarios durante la pandemia: la situación académica presente y futura, su salud y bienestar (incluyendo a sus familias) y las percepciones que tienen sobre su futura vida laboral. Las preguntas relacionadas con el mercado laboral tratan sobre pérdidas de empleo y programas de prácticas, preferencias sobre condiciones positivas en un trabajo futuro, disposición a aceptar condiciones negativas en un trabajo futuro y expectativas de salario a los 30 y 45 años. Las preguntas relacionadas con el proceso educativo tratan sobre el aprendizaje actual, tiempo dedicado al estudio y futuros planes educativos. Finalmente, las preguntas de salud tratan sobre incidencia COVID-19 y salud mental.

La Figura 1 resume de manera concisa los resultados en las áreas de mercado laboral, educación y salud. El mensaje principal de la figura es que la pandemia ha afectado gravemente a toda una generación de estudiantes universitarios alrededor del mundo. Un 26% de los encuestados tuvo al menos un familiar que perdió su empleo, un 56% de los que tenían planeadas prácticas durante el verano 2020 las perdieron y un 37% de los que tenían una oferta de trabajo la perdieron. En cuanto a los estudios, un 12% abandonó al menos una de sus asignaturas, un 41% tenía dudas sobre si volvería a la universidad en otoño de 2020 y un 83% se resintió de la falta de contacto con otros estudiantes o con profesores. En cuanto a salud, un 7% de los encuestados dieron positivo en un test COVID-19 bien ellos mismos o bien un familiar (recuerden que en primavera 2020 la disponibilidad de tests era muy baja), un 31% dijo haber perdido un conocido o familiar a causa de COVID-19 y un 87% dijo estar preocupado por su salud o la de sus familiares.

Figura 1. Resumen de resultados en las tres áreas de la encuesta (de izquierda a derecha): mercado laboral, educación y salud

Nota: Cada barra muestra el porcentaje de estudiantes (combinando todos los países) que afirma lo siguiente (de izquierda a derecha): un miembro de mi familia ha perdido su trabajo, he perdido unas prácticas de verano (porcentaje sobre los que tenían prácticas planeadas), he perdido una oferta de empleo (porcentaje sobre los que tenían una oferta de empleo); he abandonado al menos una de mis asignaturas, tengo dudas sobre volver a la universidad en otoño 2020, encuentro difícil la falta de contacto con estudiantes o profesores; he dado positivo en un test COVID-19 bien yo mismo o bien un familiar, un conocido o familiar ha fallecido a causa de COVID-19, estoy preocupado por mi salud o la salud de mi familia.

En el documento de trabajo mostramos las respuestas para muchas más preguntas dentro de cada una de las tres áreas. Presentamos los resultados de manera desagregada acorde a cuatro dimensiones: país de la universidad, renta de los padres[2], género y, para los estudiantes de EE.UU., raza/etnia. La motivación para fijarnos en estas dimensiones es el carácter internacional de la encuesta e investigaciones que muestran cómo la pandemia ha afectado de manera desproporcionada a trabajadores y hogares de ingresos bajos (aquí), de manera diferente a mujeres y hombres (aquí) y a distintos grupos raciales en EE.UU. (aquí y aquí). A continuación, describimos dos resultados adicionales, uno en el área de educación y otro en el área del mercado laboral. El primero muestra diferencias entre países y el segundo muestra diferencias entre estudiantes de familias más y menos pudientes.

La Figura 2 muestra, por separado para cada país, cuán comunes han sido ciertos desafíos que los universitarios han tenido que afrontar para proseguir con sus estudios durante la pandemia. Por ejemplo, entre los encuestados en España, un 29% tuvo problemas con recursos informáticos o con internet, un 46% sufrió la falta de acceso a bibliotecas, un 61% echó a faltar un lugar silencioso donde estudiar, un 54% acrecentó sus responsabilidades familiares y un 76% acusó la falta de contacto con otros estudiantes o con profesores.

Figura 2. Porcentaje de encuestados, por separado para cada país, que dice haber sufrido diferentes dificultades para proseguir sus estudios durante la pandemia

Nota: Cada barra representa uno de los países de la encuesta y cada panel una dificultad diferente (de izquierda a derecha y de arriba abajo): insuficientes recursos informáticos o problemas de internet, recursos bibliotecarios insuficientes, falta de un lugar silencioso donde estudiar, mayores responsabilidades familiares, falta de contacto con otros estudiantes o profesores.

La Figura 3 muestra cuántos universitarios están más dispuestos, como consecuencia de la pandemia, a aceptar ciertas condiciones negativas en futuros puestos de trabajo tras su graduación. La figura muestra información por separado para estudiantes con padres de menor y mayor renta. Por ejemplo, entre los estudiantes cuyos padres están en el quintil inferior de la distribución de la renta en su país, un 32% mencionó que la pandemia ha hecho que estén más dispuestos a trabajar a tiempo parcial, otro 32% declaró estar más dispuestos a trabajar en un puesto para el que están sobrecualificados, un 18% a hacer prácticas sin remuneración y un 16% a trabajar cobrando el salario mínimo. Resulta llamativo observar que el porcentaje de estudiantes que está dispuesto a aceptar estas condiciones disminuye en función de los ingresos paternos (excepto para prácticas sin remuneración). Éste es un patrón que encontramos en muchas preguntas.

Figura 3. Porcentaje de los encuestados, combinando todos los países, que dice que como consecuencia de la pandemia están más dispuestos o mucho más dispuestos a aceptar ciertas condiciones negativas en futuros trabajos tras graduarse

Nota: Cada barra representa un grupo de estudiantes en base al quintil de la distribución de la renta en su país al que pertenecen sus padres. Cada panel representa una característica distinta (de izquierda a derecha y de arriba abajo): trabajo a tiempo parcial, trabajo para el que está sobrecualificado, prácticas sin remuneración, trabajo cobrando el salario mínimo.

Otras preguntas sobre el mercado de trabajo esconden, además, grandes diferencias en función de las demás dimensiones que analizamos. Por ejemplo, el porcentaje de cancelación de ofertas de trabajo entre los estudiantes encuestados fue particularmente alto en España (58%) y en el caso de estudiantes pertenecientes a hogares de rentas más bajas (56%), frente al promedio combinando países del 37%. En el caso de la cancelación de prácticas, también la proporción de estudiantes que sufrieron la cancelación de sus programas de prácticas fue mayor en España (60%), Estados Unidos (58%) y Suecia (51%), existiendo también una mayor proporción de mujeres (55%) afectadas con respecto a los hombres (51%).

Ahora que gracias a las vacunas parece que estamos dejando atrás lo peor de la pandemia (al menos en los países más ricos), hay que mantener en cuenta que muchos de los daños causados serán persistentes. El aprendizaje, las perspectivas laborales y el bienestar emocional de los (ahora) universitarios son ejemplos de aspectos vitales que tienen el potencial de presentar consecuencias negativas a largo plazo. El primer paso para poder ayudar y resolver estos problemas es entenderlos y cuantificarlos. Ésta es la motivación de la GC19SS y esperamos que este trabajo sea el primero de varios documentos utilizando estos datos que contribuyan a nuestro entendimiento. Os mantendremos informados.»

[1] Los acuerdos administrativos necesarios para implementar la encuesta no nos permiten revelar la identidad de las universidades.

[2] Una virtud de la encuesta es que preguntamos a los estudiantes sobre la renta de sus padres de una manera que es comparable entre países, usando puntos de referencia que son percentiles comunes de la distribución de la renta en cada país.

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La insoportable gravedad del empleo temporal

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Antonia Díaz (@AntoniaDiazRod)

El pasado 12 de Abril participé en un ciclo de conferencias organizadas por el Observatorio Social de La Caixa junto con Agenda Pública y coordinado por Jordi Sevilla, en torno a los efectos de la COVID-19. El vídeo de esa jornada se puede ver aquí. La pregunta que me planteó Marc López cuando me invitó a participar fue ¿cómo afecta la COVID-19 a la desigualdad en España? La pregunta tiene múltiples dimensiones. Pero, como macroeconomista, elegí la dimensión que, a mi entender, tiene múltiples consecuencias; tanto sobre la desigualdad como en crecimiento agregado. En este post voy a resumir mi intervención en aquella jornada.

Y es que creo que muchas disfuncionalidades de este país tienen su origen en la elevada temporalidad del empleo. También creo que debe ser la prioridad política número uno: ¿por qué hay tanta temporalidad? Otra forma de refrasear la pregunta es ¿por qué las empresas no quieren contratar trabajadores fijos? Hay una abundante literatura que muestra que temporalidad y baja productividad están correlacionados; por eso, si tenemos el objetivo de aumentar la productividad, debemos entender primero las causas de la temporalidad. La prioridad del Gobierno, antes que revertir la reforma laboral de 2013 debe ser poner aquellas condiciones para reducir la temporalidad en el medio plazo. Pero, antes de hablar de posibles causas y remedios, me gustaría hablar de las consecuencias de la temporalidad.

La montaña rusa del ciclo económico

Para poner en contexto las fluctuaciones que sufre el empleo temporal en España es conveniente mirar a la Figura 1. El primer panel muestra la tasa de crecimiento interanual del PIB (VA), el empleo total y las horas trabajadas. En el gráfico aparece la desviación típica de esas tasas de crecimiento desde 1996 hasta 2019. En España, como ya sabemos, el PIB y el empleo se mueven de forma muy similar. De las peculiaridades del ciclo económico ya hablamos en este este post de Nada es Gratis. Básicamente allí se decía que muchas de las características cíclicas de nuestra economía se explican por el comportamiento del sector inmobiliario. El primer panel de la Figura 1 muestra, también, que las fluctuaciones observadas en el PIB y en el empleo hasta 2019, inclusive, parecen nimias en comparación con el efecto brutal de la COVID-19. De esto, también hablamos aquí. En esta crisis, es la primera vez que el empleo (en azul) cae menos que las horas (en rojo) y el PIB (en negro). Esto se debe al uso masivo de los ERTEs. El segundo panel muestra la tasa de crecimiento interanual del PIB (en negro), empleo (azul), asalariados con contrato indefinido (en verde) y el empleo temporal (en rojo). La desviación típica de la tasa de crecimiento del empleo temporal (hasta 2019) es del 8.34%, solo ligeramente menor a la caída interanual del PIB en 2020. Si miramos la Tabla 1 vemos que en el segundo trimestre de 2020 la tasa de crecimiento interanual del empleo temporal fue del –21.12%. Esta cifra es casi idéntica a la del primer trimestre de 2009, durante lo más

Figura 1: Tasa de crecimiento interanual del PIB, empleo y horas. Elaboración propia. INE.

negro de la Gran Recesión. Así que la primera conclusión que sacamos es que los trabajadores temporales siempre viven en tiempos de pandemia. Para ellos, el año 2020 ha sido similar al 2009. Esta atroz incertidumbre que todos hemos vivido durante este año es la que viven los trabajadores que encadenan un contrato temporal tras otro. La Tabla 1 muestra que el sector importa; Servicios acumula alrededor del 70% de los empleos temporales, pero la tasa de temporalidad varía de un sector a otro. Por ejemplo, es muy alta en agricultura (54.89% en 2020T2) y en construcción. Las fluctuaciones son brutales.

Tabla 1: Algunas características cíclicas del empleo temporal. Elaboración propia. INE.

Y las preguntas son: ¿Cuál es el impacto sobre la productividad agregada de esta rotación tan tremenda de los trabajadores? Porque, como Cabrales, Dolado y Mora (2017) muestran, los trabajadores temporales reciben menos formación en el trabajo. ¿Cuántos puntos de la tasa de paro media se deben a la tremenda rotación de trabajadores? Porque lo que sí sabemos es que la enorme fluctuación del empleo en España se debe, fundamentalmente, a los vaivenes del empleo temporal. Deberíamos poder responder estas preguntas a la hora de pensar las políticas para luchar contra la temporalidad.

La desigualdad en España es, en primera instancia, un problema del mercado de trabajo

Esto debe ser obvio para todos. Voy a decirlo de nuevo: Una tasa de paro del 20% significa que el 20% de las personas en edad de trabajar tienen una renta laboral antes de impuestos y transferencias igual a cero. En las Cuentas Nacionales, las rentas laborales son alrededor del 55-60% del PIB y, según la Encuesta Financiera de las Familias, las rentas laborales son alrededor del 80% de la renta total. Es decir, ese 20% en paro no tiene prácticamente ningún colchón financiero. La Tabla 2 muestra, para todas las olas disponibles de la Encuesta Financiera de las Familias, su renta laboral media (por persona) y el coeficiente de Gini, para todas las familias y solo para aquellas familias con la/el cabeza del hogar empleada. Obviamente, el índice de Gini es mayor cuando se tiene en cuenta a las familias con la/el cabeza desempleada. Pero lo que también es muy interesante es que la desigualdad laboral fluctúa notablemente con el ciclo. Esto no debe sorprendernos teniendo en cuenta que el tiempo medio de desempleo en España ronda el año. Por cierto, la desigualdad de rentas laborales en España es de las más altas de Europa. ¿Cuánto contribuye la temporalidad a esa desigualdad? García-Pérez, Marinescu y Vall (2019), utilizando datos de la Seguridad Social española, analizaron el impacto de la reforma de 1984. Por ejemplo, a lo largo de 27 años de carrera en el mercado laboral, las pérdidas de ingresos anuales para los trabajadores que empiezan su carrera encadenando contratos temporales ascienden al 7.3%. Esto tiene que tener un impacto importante sobre la desigualdad cuando más del 20% de la fuerza laboral trabaja con contratos temporales.

Tabla 2: Renta laboral por persona, media y coeficiente de Gini. Encuesta Financiera de las Familias.

La duración tan larga del desempleo (y el periodo durante el que se encadenan contratos temporales) implica que los trabajadores soportan lo que los economistas llamamos un gran “riesgo permanente”, que es la forma técnica de decir que mis perspectivas a medio plazo se ponen muy negras cuando me despiden. Que el riesgo que las familias soportan sea permanente tiene consecuencias en sus patrones de consumo y ahorro. Si el riesgo es transitorio se tiende a ahorrar en épocas de vacas gordas, para prevenir. En cambio, si el riesgo es permanente en épocas de vacas gordas se hace una fiesta (es decir, se pide prestado) y se aprietan el cinturón (ahorran, lo que pueden) cuando hay vacas flacas. Es decir, las familias que soportan riesgos transitorios aumentan su ahorro cuando la economía va bien y lo contrario cuando va mal. Las familias que soportan riesgo permanente hacen lo contrario. De esto ya hablé aquí. Esto explica, por ejemplo, que el ahorro de las familias sea contracíclico en vez de procíclico y tiene consecuencias agregadas sobre la evolución del ahorro agregado. Además, sospecho que este riesgo permanente no se sufre de igual manera en todo el espectro laboral. Lo sufren más los trabajadores con menor nivel educativo. Esta diferencia de riesgo laboral implica un diferente comportamiento ahorrador que amplifica las desigualdades.

El impacto demográfico

Pero, además, la temporalidad es un enorme cuello de botella para los jóvenes. Bentolila, Felgueroso, Jansen y Jimeno (2021) estiman que en 2019, la mediana del salario mensual real de los jóvenes entre 18 y 35 años era menor que en 1980, con caídas que van desde el 26% para aquellos con edades entre 30 y 34 años hasta el 50% para los de 18 a 20 años. Para un análisis más detallado véase este informe de ISEAK. El efecto sobre la emancipación de los jóvenes y sobre la natalidad es enorme. Como botón de muestra veamos la tabla 2. En 2002, los menores de 35 años constituían el 46.51% de la población. Los hogares con cabezas menores de esa edad eran el 18.18% de los hogares. En 2017 la brecha ha aumentado: 37.55% versus 8.85. Y es que independizarse y formar una familia en este país es un lujo al alcance de pocos.

Tabla 3: Composición demográfica. Distribución de hogares y población. Encuesta Financiera de las Familias y EPA.

¿Y por qué tanta contratación temporal?

La primera respuesta es que hay tanta porque puede haberla, porque la legislación lo permite. Nuestra tasa de temporalidad es escandalosamente alta en todos los sectores de nuestra economía. Es particularmente doloroso ver que esa tasa supera el 20% en las Administraciones Públicas (Gov), Educación y que en Sanidad es casi el doble que la media de la Eurozona. Esto se hace porque se puede. Porque, si hay que recortar gastos, es más fácil hacerlo en personal. Es especialmente escandalosa la práctica en Educación y Sanidad: despidos veraniegos para no pagar la Seguridad Social. Así no hay manera de tener servicios públicos de calidad, ni de tener una perspectiva de carrera profesional. El otro sector donde la temporalidad es escandalosamente alta es en la Construcción, donde más que dobla la media de la Eurozona. De este sector también hablé en este post.

Figura 2: Tasa de temporalidad por sectores en España y en la Eurozona. Eurostat.

La construcción es el sumidero de los trabajadores con baja cualificación. En aquel post comparaba la estructura del empleo del sector en Alemania, Francia, España e Italia. Tenemos un sector escorado a poner, simplemente, un ladrillo sobre otro (de ahí que nos entusiasme derribar edificios). Y para ese trabajo, ni se necesita cualificación ni formación. Y si la legislación permite la temporalidad y se puede reducir costes, pues miel sobre hojuelas. Y es que hasta en Información y Comunicaciones superamos la media de la Eurozona. ¿Y esto por qué? Porque se puede. La Figura 3 esta basada en la Tabla 27 del Informe Anual Laboral de 2019.

Figura 3: Empresas que prevén aumento de plantilla, por tipo de ocupación y contrato. Encuesta Anual Laboral 2019. Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Incluso para cargos de directivos de empresa la ampliación de plantilla se hace, en un 30%, con contratos temporales. La brecha de temporalidad aumenta a medida que disminuye la cualificación del puesto de trabajo. Y la pregunta sigue siendo, ¿por qué hay tanta temporalidad? ¿Por qué las empresas encuentran beneficiosa una rotación tan alta? ¿Por qué es mejor esa rotación que invertir en formar trabajadores? ¿Por qué esa perspectiva de corto plazo? Entiendo que la temporalidad sea superior en sectores (o actividades dentro de los sectores) con bajo valor añadido. Tomemos como ejemplo la Construcción. Pero, ¿por qué el sector se especializa en esas actividades de poco valor añadido? Se puede aducir que falta formación. Entiendo que se refieren a Formación Profesional. ¿Cuántas empresas del sector tienen acuerdos con centros de FP? Y qué fue primero, ¿el huevo o la gallina? Por ejemplo, en la provincia de Alicante, el sector de la Construcción, durante el boom inmobiliario, tuvo un efecto depredador de medio ambiente y de actividades alternativas, e impulsó el abandono escolar en pos de los salarios inflados del boom.

Figura 4: Porcentaje de temporalidad por sector y tamaño de empresa. INE.

¿Difieren las empresas en temporalidad según de tamaño? Mirando la Figura 4 parece que sí. Si esto es así, es un dato que hay que tener en cuenta a la hora de limitar el recurso a trabajos temporales. Un documento de trabajo del Banco de España de 2015 muestra que las empresas pequeñas tienen peor acceso a financiación y a crédito comercial que las empresas grandes. No solo eso, sino que el periodo medio de cobro supera significativamente al de las grandes. El gráfico 5 del documento muestra que, en 2013, (la mediana) las empresas grandes cobran a 40 días a sus clientes y pagan a proveedores a 50 días. En cambio, las pymes cobran a 50 días y pagan a 50 días. La diferencia es más amplia en las empresas con más actividad. En ese caso, las grandes pagan a 80 días y cobran a 60 días. Las pymes pagan y cobran casi a 100 días. ¿Qué empresa pequeña puede resistir cobrar a 3 meses? Así no hay manera de pagar nóminas de contratos indefinidos. Es decir, para las empresas con acceso financiero limitado (las pymes), el empleo temporal es una forma de hacer frente a las fluctuaciones económicas. Pero eso, además, es la pescadilla que se muerde la cola porque la temporalidad dificulta planificar el negocio y una estrategia de crecimiento empresarial. Por ultimo, ¿por qué no crecen las pymes? La Comisión Europea, en un informe sobre la pequeña empresa en la UE, señala varios problemas para el crecimiento empresarial en España: Fallos del mercado único, una menor ayuda activa a las empresas pequeñas (en particular, peor acceso a concursos públicos), y el mal funcionamiento del crédito comercial. Por último, el documento de trabajo del BdE mencionado arriba sugiere que las grandes empresas usan los plazos del crédito comercial para barrer la competencia emergente.

En conclusión

Creo que, efectivamente, hay que controlar y luchar contra el abuso del empleo temporal. Ayer Nacho Conde, Juanjo Dolado, Sara de la Rica y Juan Francisco Jimeno apuntaron posibles medidas en un estupendo debate. Creo, además, que hay que luchar contra las malas prácticas de las grandes empresas que intentan eliminar competencia con cualquier instrumento. Un reforzamiento de las leyes para luchar contra impagos y retrasos en el crédito comercial debe ir de la mano con una reforma que dificulte el uso de contratos temporales. También, mejorar el mercado único – habrá que explicárselo a los consejeros de Economía de las Comunidades Autónomas. En cuanto al informe de la Comisión Europea, me llama la atención la diferencia en acceso a concursos públicos que es muy bajo en España. Quizá habrá que empezar a hacer pliegos de concursos mejor detallados. De forma más general diré que las reformas hay que pensarlas con una visión de equilibrio general; si se toca una pata suele ser necesario tocar otras para que el artefacto no se desmorone.

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Publicado originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Antonia Díaz

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