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Shocks económicos y la “calidad” de la inmigración

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De David Escamilla-Guerrero y Moramay López-Alonso

La inmigración laboral es un proceso selectivo, ya que algunas personas deciden dejar su país de origen y buscar nuevos horizontes, mientras otras prefieren quedarse y aprovechar las oportunidades existentes. ¿Quiénes son los que se van? Si en el país de origen, el inmigrante promedio percibe un ingreso laboral mayor al de los que se quedan, entonces la inmigración presenta una selectividad positiva. De lo contrario, ésta se caracteriza por una selectividad negativa (aquí, aquí o aquí). Generalmente, usamos el ingreso laboral como medida de selección porque es una buena aproximación de las capacidades productivas que posee un individuo. Así, la selectividad de la inmigración es un concepto que refiere a la “calidad” del inmigrante, la cual está en el centro del debate público, particularmente, en los países de destino. Esto se debe a que la percepción que se tiene de la “calidad” del inmigrante influye en la política migratoria de un país.

Por ello, tradicionalmente, los economistas nos hemos enfocado a estimar la “calidad” de la inmigración, dejando de lado su capacidad y velocidad de ajuste ante variaciones en el entorno económico. Si la “calidad” de la inmigración es flexible y se ajusta rápidamente a las necesidades del mercado laboral de destino, entonces la inmigración podría aminorar las fricciones producidas por shocks económicos difíciles de anticipar (por ejemplo, desastres naturales o crisis financieras). Así, conocer la sensibilidad que tiene la “calidad” de la inmigración es relevante para entender mejor el rol de la inmigración en tiempos de crisis.

Estudios previos sugieren que la selectividad de la inmigración es relativamente rígida a lo largo del tiempo (aquí o aquí). Sin embargo, estos resultados podrían estar influenciados por la presencia de políticas migratorias, cuyo objetivo es, justamente, controlar el volumen y la “calidad” de la inmigración. Más aún, la inmigración indocumentada —muchas veces incentivada indirectamente por la imposición de restricciones migratorias— dificulta aún más la estimación de la selectividad “real” de la inmigración (aquí). En otras palabras, sabemos poco sobre la capacidad y velocidad de ajuste que la “calidad” de la inmigración puede tener en la ausencia de restricciones migratorias. Hoy en día es complicado encontrar un contexto que nos permita estudiar este tema. Para ello, es necesario echar un vistazo a la historia.

En mi artículo (aquí) con Moramay López-Alonso nos dimos a la tarea de buscar un contexto histórico con dos características. Primero, que nos permitiera estimar con precisión la selectividad de la inmigración. Es decir, un periodo durante el cual el flujo migratorio entre dos países se caracterizará por la libre movilidad de fuerza laboral. Esta condición minimiza sesgos derivados de la inmigración indocumentada y de las restricciones a la inmigración. Segundo, que nos permitiera identificar cambios en la selectividad de la inmigración. Esta condición se satisface con la presencia de un shock económico severo capaz de modificar los beneficios netos de la inmigración y, en consecuencia, la selectividad. ¡Afortunadamente, lo encontramos!

Frontera México-Estados Unidos ca. 1910. Fuente: Biblioteca Pública de El Paso, Texas (link).

Durante el periodo de 1880 a 1910, el flujo migratorio entre México y Estados Unidos era diferente a como lo conocemos hoy en día. No existía política o restricción migratoria que limitara la entrada de mexicanos a Estados Unidos (aquí). Se podía cruzar la frontera sin necesidad de arriesgar el pellejo al cruzar el desierto o el Río Grande. Para 1900, la inmigración mexicana adquirió su carácter masivo, convirtiéndose, eventualmente, en el flujo migratorio internacional más importante del siglo XX (aquí). Durante este periodo, la economía estadounidense crecía vigorosamente gracias a su sistema financiero en expansión y poco regulado. Si bien estas características facilitaban el acceso a capital, también promovían la especulación y comprometían la liquidez de la economía. Así, ante cualquier contingencia de liquidez, el colapso del mercado financiero estadounidense era prácticamente inevitable. Esto acabó sucediendo finalmente en 1907, convirtiéndose en la crisis financiera más importante de Estados Unidos antes de la Gran Depresión en 1929 (aquí o aquí).

Wall Street, Pánico Bancario de 1907. Octubre, 1907. Fuente: Center for History and Economics, Universidad de Harvard (aquí).

Durante la crisis de 1907, el acceso a depósitos y el pago a acreedores se suspendieron. Esto a su vez, limitó la producción, incrementó el desempleo y deprimió el salario. La crisis duró aproximadamente 9 meses, y como resultado alrededor de dos mil empresas y cien bancos estatales quebraron. Indudablemente, los beneficios asociados a la inmigración cambiaron drásticamente durante este periodo. La pregunta es, ¿la “calidad” de la inmigración mexicana se ajustó al deprimido entorno económico?

Antes de presentar nuestros hallazgos, es importante mencionar el principal reto metodológico que enfrentamos: la ausencia de micro datos confiables y representativos sobre salarios en México. Para superar esta limitante, utilizamos la estatura de los inmigrantes como medida de “calidad”. La estatura de un adulto es un buen indicador del salario potencial de un trabajador, especialmente en contextos donde la productividad depende de la fortaleza física y no tanto de la calificación técnica. Lo cual era el caso de México. Una economía mayoritariamente rural y poco mecanizada. En otras palabras, los trabajadores con buena complexión física (altos y fornidos) tendían a recibir un salario mayor en industrias que demandaban fuerza y resistencia. Por ejemplo, la construcción de ferrocarriles, la minería y las actividades agropecuarias. Se estima que un centímetro adicional de estatura está asociado a una prima salarial de entre 1.5 a 8% dependiendo el país y métodos de estimación (aquí o aquí).

Nuestros resultados revelan que la inmigración mexicana se caracterizaba por una selección positiva (aquí para leer más sobre los datos que usamos). En promedio, los inmigrantes eran 2.2 cm más altos que la clase trabajadora del país. La gráfica a continuación muestra la velocidad de ajuste de la inmigración mexicana a principios del Siglo XX. ¡Es sorprendente cómo la estatura del inmigrante acompaña la narrativa de la crisis!

“Calidad” de la inmigración mexicana durante la crisis de 1907

Para mayo de 1907, la economía estadounidense había caído en una recesión severa, justo en este momento se observa una primera caída en la estatura promedio del inmigrante. En los siguientes meses, la Secretaría del Tesoro inyectó 28 millones de dólares al sistema bancario para satisfacer la demanda de liquidez y devolver la confianza a los acreedores. Sin embargo, el daño estaba hecho y el sistema financiero colapsa en octubre. Es en este momento cuando se registra la mayor caída en la estatura de los inmigrantes. A fines de enero de 1908, la liquidez de la economía se restaura, así como el pago a acreedores por parte de bancos comerciales (aquí). A partir de esta fecha, se observa un repunte en la estatura promedio de los inmigrantes. Estos resultados confirman dos cosas. Primero, la estatura refleja con precisión el salario potencial del inmigrante, ya que durante la crisis —cuando los salarios se encontraban más deprimidos— inmigraron individuos que en promedio eran 4 cm más bajos que aquellos que cruzaron la frontera antes de la crisis. Segundo, la “calidad” de la inmigración mexicana se ajustó muy rápido —en menos de un mes— a los cambios drásticos en el contexto económico estadounidense (aquí para leer más sobre el mecanismo de ajuste).

Fuente: The Saturday Globe. Agosto 27, 1904.

¿Qué lección nos brinda la historia? Los resultados de nuestra investigación sugieren que los flujos migratorios pueden ajustarse rápidamente a variaciones en el ambiente económico en la ausencia de restricciones a la inmigración. Limitar esta flexibilidad, a través de barreras físicas o legales, podría profundizar las fricciones que las sociedades experimentan durante tiempos de crisis que, aparentemente, suelen ser cada vez más recurrentes.

_________________________

David Escamilla-Guerrero es Rokos Junior Research Fellow en la Universidad de Oxford, Pembroke College (Reino Unido). Su investigación analiza temas que recaen en la intersección entre historia económica, mercados laborales y desarrollo económico. Página personal (aquí).

Moramay López-Alonso es Profesora en la Universidad de Rice (Estados Unidos). Su investigación se enfoca en temas sobre historia económica de América Latina. Es autora del libro: Measuring Up: A History of Living Standards in Mexico 1850-1950, Stanford University Press 2012 (aquí). Página personal (aquí).

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Afiliados Julio 2020: luces y sombras

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de J. Ignacio Conde-Ruiz (@conderuiz), Manu García (@manugar), Luis Puch (@lpuchg) y Jesús Ruiz

Acabamos de conocer los datos de afiliados del mes de julio. Como se puede ver en la figura 1, El número de afilados en alta el 31 de julio era de 18.673.847 de trabajadores, es decir, nos situamos en niveles del año 2018. El mes de julio es un mes típico de fuertes efectos de calendario, como se puede apreciar echando un vistazo al primer y ultimo día del mes. El primer día del mes se crearon 175 mil afiliados netos fruto de que ser renovaron los empleos mensuales que terminaron en junio (el último día de junio se destruyeron 161 mil afiliados netos). El último día del mes de julio se destruyeron 184 mil afiliados netos. Como ya advertimos en este post, el 31 de julio se da el hecho de que además es viernes, el ultimo día laborable, y por lo tanto se concentra la destrucción de los contratos mensuales con los semanales. Es decir, el primer día del mes se crean 174 mil afilados netos y el último día del mes se destruyen 184 afiliados netos. ¿Qué sentido tiene esto? Como ya hemos denunciado en múltiples ocasiones en este blog, el uso y abuso de la contratación temporal permite ajustar la demanda de empleo al calendario y hacerlo sin rubor, se ajusta al fin de semana, a la semana o al mes; y así todos los meses del año. Esperemos que algún día esto que es tan injusto para los trabajadores se acabe. Pero pasemos a analizar el dato, que como expondremos a continuación es un mes con luces y con sombras.

Figura 1. Afiliados diarios por año desde 2016.

Creemos que en términos generales el dato ha sido bueno. Los afiliados medios han subido en 161.217 ocupados, mientras que en junio fueron 68.208 mil, con respecto a la media del mes previo. No obstante, aun estamos lejos de recuperar el nivel de afiliados que teníamos antes de la pandemia. En concreto, solo hemos recuperado el 29.3% de todo el empleo perdido y aun nos quedan las dudas de que pasará con los trabajadores que aun permanecen en ERTEs.

Empezamos analizando las altas y las bajas de este mes y las comparamos con meses de julio precedentes tal como hemos hecho en los últimos post donde hemos analizado lo ocurrido en  marzo, abril, mayo y junio. Para mejor interpretación hemos hecho coincidir, año a año, cada primer lunes del mes de julio. Como se puede apreciar, tanto las altas (en la figura 2) como las bajas (en la figura 1) son históricamente bajas para un mes de julio. Esto no es sorprendente pues en verano el motor del empleo son los sectores asociados al turismo y como sabemos están lejos de poder operar con normalidad.

Figura 2. Altas históricas mes de Julio.

Figura 3. Bajas históricas mes de Julio.

Es interesante observar como han ido evolucionando las altas a la seguridad social a lo largo de la pandemia. En el siguiente grafico, podemos ver como estas han ido subiendo poco a poco mes a mes con la desescalada. Este aumento continuado de las altas creemos que es debido a la desescalda de los ERTEs. Por desgracia seguimos sin contar con una serie de trabajadores en ERTE diaria, pero según los datos agregados el número de trabajadores incluidas en ERTE al cierre del mes de julio era de 1,18 millones, lo que supone una reducción de 712.000 respecto a los datos del pasado 30 de junio (representa una salida media diaria de casi 23.000 trabajadores). Como venimos defendiendo desde hace tiempo, la incorporación al empleo de los trabajadores en ERTEs tiene un efecto positivo sobre la contratación temporal asociada (que es complementaria).

Figura 4. Altas diarias durante la pandemia

Por último, el dato de julio también ha generado algunas dudas, pues la creación de empleo neto en la primera quincena parece ser mucho más intensa que en la segunda quincena. Si quitamos el primer día y el último día de mes, que como hemos visto son puro efecto calendario de inicio y final de mes, observamos que entre el 2 y el 15 de julio se crearon 156.868 afiliados netos y entre el 16 y el 30 de julio se crearon 45.234 afiliados netos (es decir, menos de un 1/3). La ralentización en el crecimiento neto de afiliados puede ser debido a varias causas. Por un lado, puede ser que se haya frenado la desescalada de los ERTEs en la segunda quincena, pues es posible que las empresas que aun quedan con sus trabajadores en ERTEs o bien sean menos solventes o bien operen en sectores con mayores restricciones en la demanda. Por otro lado, puede ser que los rebrotes (como los ocurridos en Cataluña o Aragón) o las últimas decisiones de países como el Reino Unido con el establecimiento de cuarentenas a los ciudadanos que viajen a España (que como ya explicaron aquí Libertad y Tanya podrían tener un impacto significativo) hayan enfriado las expectativas en cuanto a la demanda turística. Esto puede ser una mala señal de cara al mes de Agosto que acabamos de empezar. Veremos como evoluciona y por supuesto os lo contaremos en el blog.

J. Ignacio Conde-Ruiz

J. Ignacio Conde-Ruiz

Es Doctor en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid, Profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid, y subdirector de Fedea.

Campos de Investigación:
Economía Política, Economía Publica (mercado de trabajo y sistema de pensiones) y la Macroeconomía.

Recientemente ha escrito el libro “¿Qué será de mi pensión?” (Península (Planeta))

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Parada biológica 2020

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Ha llegado un mes de agosto inimaginable de un año que, esperemos, no se repita. Pero, a pesar de las circunstancias, en NeG seguimos con la tradición de descansar durante el mes de agosto. Mañana publicaremos el habitual comentario de Nacho Conde, Manu García, Luis Puch y  Jesús Ruiz sobre los datos mensuales de afiliados a la Seguridad Social del mes de julio (el anterior, aquí) y, salvo imprevistos mayúsculos, no volveremos a las trincheras hasta el primero de septiembre. Después de publicar 212 entradas en lo que va de año (en todo 2019 publicamos 238), creemos que colaboradores y editores se han ganado con creces tiempo para otras labores.

Ciertamente, la actividad durante 2020 en NeG ha sido frenética y la respuesta de nuestra audiencia espectacular. Desde el principio de este año, hemos registrado un número medio mensual de usuarios superior a los 100 mil, con casi 230 mil visitas a páginas al mes. Además, algunos de nuestros colaboradores han participado en numerosos comités, grupos de trabajo y en la elaboración de informes y libros sobre la crisis de la Covid-19. Hemos recibido numerosos manuscritos y nuevas ofertas de colaboración a las que hemos respondido, en muchos casos, positivamente. En suma, inferimos que la atención y el interés en NeG ha aumentado significativamente. Una señal que agradecimos, y seguimos agradeciendo enormemente, es la muy favorable respuesta a la campaña de donaciones que nos permitirán sostener financieramente el blog durante el resto de este año.

Durante esta primera mitad del año hemos introducido algunas innovaciones. Por ejemplo, en aras de mejorar la calidad de la discusión de nuestras entradas, modificamos la política de comentarios. Para hacer esta sección más interesante y útil, limitamos ahora los comentarios exclusivamente a temas intrínsecamente relacionados con el objetivo de las entradas que planteen cuestiones o dudas que puedan mejorarlas. Esperamos que esto contribuya a que nuestros lectores participen más y mejor en los debates que planteamos. Y para que los editores no se extralimiten en sus labores o para cualquier otra cuestión sobre el funcionamiento del blog, hemos creado la figura de Defensor del Lector, que asumida por Florentino Felgueroso responde en la dirección de correo defensorlector@nadaesgratis.es a todo aquello que nuestros lectores consideren oportuno. También hemos creado la sección de “NeG-Preguntas y Respuestas” (aquí y aquí) en formato video, que esperamos tenga continuidad, y hemos difundido los webinars que consideramos más relevantes entre los muchos que han tenido lugar (por ejemplo, este y este).

En definitiva, después de estos meses tan distópicos, esperamos que todo vuelva a la normalidad y que sepamos aprovechar lo aprendido y lo invertido durante ellos. NeG volverá en septiembre y tratará de contribuir en lo que pueda a la superación de una crisis económica que se vislumbra horripilante.

Juan Francisco Jimeno

Juan Francisco Jimeno

Doctor en Economía por MIT, 1990. Ha sido profesor en varias universidades españolas y extranjeras, investigador en FEDEA hasta 2004 y en la actualidad trabaja en la Dirección General de Economía y Estadística del Banco de España. Es autor de numerosos artículos de investigación y de libros sobre macroeconomía y economía laboral, investigador asociado al CEPR y a IZA y editor del IZA Journal of Labor Policy. Los puntos de vista expresados en mis entradas son estrictamente personales y no reflejan, necesariamente, los del Banco de España

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Una propuesta para evitar el efecto negativo de los cierres de los centros educativos en el futuro de los jóvenes españoles

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De Almudena Sevilla (University College London), Jorge Sainz (URJC IPR, University of Bath) e Ismael Sanz (URJC)

1. Medidas educativas para evitar efectos negativos en el rendimiento escolar

En el pasado mes de junio, varios economistas de la educación de Reino Unido (Burgess, 2020 https://bit.ly/39nc73z) y Estados Unidos (Kraft, 2020 y Dynarski, 2020) han realizado diferentes propuestas que tienen en común la implementación de tutorías de pequeños grupos de refuerzo y apoyo a los alumnos rezagados para compensar la pérdida de aprendizaje por el cierre los centros. Los más de 100 experimentos aleatorios analizados por Education Endowment Foundation muestran que, de hecho, muchas de las políticas educativas con más difusión pública no tienen ningún efecto como, por ejemplo, la mentorización, intervenciones en las aspiraciones de los alumnos o el uso de uniformes. Las tutorías en pequeños grupos, en cambio, son unas de las medidas educativas para las que existe evidencia empírica de efectividad en estudios rigurosos de investigación. Estas tutorías pueden ser un buen complemento para un sistema educativo que está diseñado para hacer pasar a un gran número de alumnos de curso a curso, pero que no funciona para una parte de los alumnos.

Kraft (2020) analiza los factores que contribuyen al éxito de la configuración de tutorías en pequeños grupos. Por ejemplo, las tutorías realizadas por voluntarios no suelen proporcionar buenos resultados educativos porque i) no funcionan durante todo el curso académico, ii) en ocasiones los tutores no asisten al no existir una relación contractual y iii) no tienen una formación específica para la enseñanza y, menos, de alumnos rezagados. A estas personas, ajenas a la educación, les resulta difícil mantener a los estudiantes con necesidades de apoyo y refuerzo centrados en sus estudios después de las clases ordinarias. El resultado final de las tutorías realizadas por voluntarios es, generalmente, bajas tasas de participación de los alumnos y escasa mejora en su rendimiento académico.

Por el contrario, Kraft, (2020) señala que las tutorías en pequeños grupos ofrecen buenos resultados académicos de los alumnos si se: a) lleva a cabo un riguroso proceso de selección de tutores con educación superior; b) contrata a tutores que trabajen a tiempo completo a lo largo del año académico con el mismo grupo de alumnos; c) forma a los tutores sobre las mejores prácticas docentes y se les proporciona apoyo continuo y d) coordinan los esfuerzos entre los docentes y tutores

La efectividad de las tutorías en pequeños grupos disminuye cuanto más grande es el grupo, con una caída más pronunciada cuando el grupo es de más de 6 alumnos (Burgess, 2020). Los estudios analizados por Education Endowment Foundation muestran que una tutoría en grupos pequeños de media hora al día durante 12 semanas produce un progreso adicional de cuatro meses en la escuela. Es decir que compensaría la pérdida de los tres meses de escolaridad por el cierre de los centros a partir de mediados de marzo. Nickow et al., (2020), en un reciente meta-análisis de este mismo mes de julio publicado en el NBER muestran, a partir del estudio de 96 artículos de experimentos aleatorios, que el efecto de las tutorías en pequeños grupos es importante y significativo (37% de la desviación estándar). El meta-análisis confirma la hipótesis de Kraft en el sentido de los efectos son más fuertes para los programas de tutoría de docentes y profesionales que los impartidos por voluntarios y padres. Los efectos para las intervenciones de lectura y matemáticas son similares, aunque la tutoría de lectura tiende a producir tamaños de efectos más altos en los primeros cursos, mientras que la tutoría de matemáticas tiende a producir tamaños de efectos más elevados en los cursos posteriores.

Nuestro objetivo es cuantificar en términos presupuestarios el coste de la propuesta de tutorías en pequeños grupos para España. El esfuerzo económico que requiere es importante en un momento en el que la situación de las finanzas públicas no es la mejor, pero el análisis económico sugiere que el coste de no hacer nada sería todavía mayor. Como señalamos en el post anterior el estudiante promedio ha perdido una cuarta parte del año escolar con el consiguiente efecto negativo en la adquisición de competencias y habilidades, que se traducirá en una menor productividad de la población actica durante décadas. Este impacto negativo, que será mayor para los jóvenes de familias desfavorecidas, se podría traducir en una disminución en los salarios y caída en las tasas de crecimiento económico de 0,04 puntos porcentuales al año.

2. Propuesta de tutorías en pequeños grupos

Siguiendo la propuesta de Burgess (2020), hemos supuesto que las tutorías en pequeños grupos de 5 alumnos. La mayor parte del coste de esta propuesta es el tiempo del tutor. Las tutorías se llevarían a cabo en el centro educativo del alumno, en horario extraescolar, lo que generaría algunos costes adicionales pero que serían relativamente pequeños. El Education Endowment Foundation ha estimado un coste para la tutoría de media hora diaria por 12 semanas en grupos pequeños de 5 alumnos en 770 euros por cada grupo. Asumimos esa estimación de 770 euros por grupo y que los docentes imparten, al menos, dos grupos cada uno. En Reino Unido hay una densidad de población mucho más elevada que en España, lo que facilita que, en la inmensa mayoría de los casos, los alumnos que se beneficien de las tutorías se encuentren en los mismos centros educativos y sean del mismo curso. La elevada dispersión de la población en nuestro país puede incrementar el coste de las tutorías en pequeños grupos, por cuanto que es posible que en algunos casos los grupos sean de menos de 5 alumnos. Es decir, que se requerirá configurar más grupos, sobre todo en las Comunidades Autónomas con menos densidad de población y más dispersas como las del Noroeste español.

El coste de la propuesta se podría reducir llevando a cabo algunas de las tutorías online. Precisamente, Education Endowment Foundation un programa piloto de tutorías online para apoyar y reforzar a los alumnos desfavorecidos desde el Grado 5 al 10 (desde 5º de Primaria hasta 4º de ESO). La iniciativa brindará tutoría de alta calidad a 1.600 alumnos. La impartición de tutorías online a mediante tutores en los últimos cursos de estudios superiores o recién graduados ha mostrado ya efectos positivos y significativos (equivalentes a lo que se aprende de hasta 5 meses) en evaluaciones rigurosas. Los tutores podrían ayudar también a elaborar recursos educativos digitales para apoyar a los docentes que están dando clases físicamente en hora escolar y ayudarles con los materiales por si hay que emplear alguna fórmula de rotación de la asistencia de los estudiantes a clases.

En la Tabla 1 hemos supuesto que el Programa abarca a los alumnos de los centros sostenidos con fondos públicos, es decir públicos y concertados. En todos los niveles educativos se ha supuesto que se benefician el 40% de los alumnos, un porcentaje amplio para incluir a todos los posibles alumnos perjudicados académicamente por el cierre de los alumnos. En el caso de FP Básica se ha asumido que el 100% de los alumnos de este ciclo se beneficiarían de este programa de tutorías en pequeños grupos, en lugar de sólo el 40%. Siguiendo a Burgess (2020) la propuesta asume un porcentaje de alumnos beneficiarios del 40% de los alumnos, selección que debe basarse en criterios objetivos como el rendimiento académico (a través de un test al inicio del curso que viene que determine los estudiantes a los que el cierre de los centros haya podido afectar más). El 40% es un porcentaje elevado y amplio, por cuanto como explicamos a continuación varios indicadores educativos señalan que la proporción de estudiantes con dificultades está por debajo de este umbral. Por ejemplo, el porcentaje de alumnos españoles que en PISA 2018 no alcanzó el nivel básico (nivel 2) en la competencia principal de esa edición, Lectura, fue del 23%. Los alumnos con necesidad específica de apoyo educativo representan un 11,7% de los alumnos de Primaria, un 10,8% de los alumnos de la ESO y un 12,6% de los alumnos de FP Básica (Ministerio de Educación y Formación Profesional)). En 2º y 3º de la ESO existe el Programa de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento (PMAR) para alumnos que necesitan de apoyo y refuerzo, una vía que se asemeja a la que antes de la LOMCE se denominaba diversificación curricular. Un 6,1% de los alumnos españoles de 2º y 3º de la ESO (7,9% en el caso de los centros públicos y 3,2% de los concertados) seguía esta diversificación en el curso 2017-18. Es decir, que con un programa de tutorías en pequeños grupos que alcance al 40% de los estudiantes se estaría beneficiando a los alumnos rezagados y con necesidades de apoyo e incluso a un espectro algo mayor de alumnos que por otras razones no pudieran seguir la formación online.

Nuestra propuesta se diferencia de la de Burgess (2020) en que incluimos no sólo alumnos de Primaria y ESO, sino también a estudiantes de FP Básica y FP Media. Los niveles educativos de FP Básica y FP Media son claves en el objetivo de nuestro país de reducir la tasa de abandono temprano educativa que vimos en nuestro post anterior. España tiene aún un elevado porcentaje de jóvenes entre 25 y 34 años que no han realizado más estudios que los de la ESO (30,2%). Por eso, es importante apoyar y reforzar a los estudiantes que en el curso 2019-20 se encontraban en FP Básica para que puedan continuar sus estudios, lograr el título de la ESO y seguir con FP de Grado Medio. La FP Básica es, de hecho, el nivel educativo de transición más importante para que los jóvenes con dificultades educativas, sociales o de comportamiento no se desconecten del sistema educativo. Son los alumnos a los que en mayor medida podría afectar la crisis sanitaria pues el cierre de los centros desde marzo podría suponer en algunos casos el último lazo que les quedaba con la educación formal. La FP Media es el otro nivel educativo clave en el objetivo de disminuir la tasa de abandono educativo temprano en España. Para lograr que más alumnos lleguen a estudios medios (titular FP Media o Bachillerato) se requiere disminuir el porcentaje de alumnos que no finaliza la ESO (FP Básica y PMAR), incrementar el porcentaje de alumnos que se matricula en FP Media y reducir la proporción de alumnos que comenzando FP Media no termina estos estudios que hemos calculado que se encuentra en un 40,4%. Por ello, se incluye en la propuesta tanto FP Básica como FP Media. Los datos de los que se ha partido son los relativos a la matriculación del curso 2019-20 publicados por el Ministerio de Educación y Formación Profesional el mes pasado de junio.

3. Coste presupuestario de la propuesta

Además de la financiación del coste laboral de los tutores de los grupos que se establecerían, se ha incluido en la estimación del coste presupuestaria de la propuesto la formación que necesitarían estos tutores. Se trata de apoyar y reforzar a alumnos rezagados por lo que será necesario una formación específica a los tutores. Para ello se ha tenido en cuenta que, según recoge la Comisión Europea en 2020 la financiación que se destina en España a la formación y perfeccionamiento del profesorado (incluido el presupuesto de las Comunidades Autónomas) es de 154,3 millones de euros. Un 70% de ese presupuesto se destina a Enseñanzas no-universitarias (en las que nos centramos aquí) y de ese montante se ha considerado que la formación de los tutores supondría el 40%, dado que es la proporción de alumnos que se beneficiaría del programa de tutorías en pequeños grupos (154,3*0,7*0,4). El coste de la propuesta que figura en la Tabla 1 de 365 millones de euros. Algunas Comunidades Autónomas ya tienen programas similares de menor alcance, herederos del Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo (PROA). También el mencionado Programa de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento (PMAR) que tiene una ratio máxima de 15 alumnos. PROA y PMAR, son Programas que no están pensados para compensar del cierre de los centros y que no benefician a un número tan elevado de alumnos como el de nuestra propuesta de tutorías en pequeños grupos, pero con los que se podrían encontrar sinergias reduciendo el presupuesto requerido para financiar esta propuesta.

El coste total del Programa que se propone es una cifra modesta: menos del 1% del Gasto Público en Educación en 2018 situado en 50.807 millones de euros y un calendario rápido pero factible (comenzando en octubre). Es interesante comprobar que la estimación del coste de la propuesta de tutorías en pequeños grupos es similar también a los cálculos que realiza del Kraft (2020). Este investigador calcula que hay 50 millones de estudiantes no universitarios en EEUU y que el impulso de las tutorías en pequeños grupos supondría un coste de 2.700 millones. Dado que en España hay en el curso 2019-20, 8.276.528 alumnos no universitarios, un sexto del tamaño del sistema educativo de EEUU y con el tipo de cambio dólar/euro actual, el coste de la propuesta de Kraft sería de 387 millones de euros trasladado al caso de nuestro país. La propuesta de Burgess es de 410 Millones de libras esterlinas, 451 millones de euros, algo más elevada que la nuestra dado que Inglaterra tiene más población escolar que España.

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