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Globalización en cuarentena

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Texto: Jordi Paniagua

Ilustración: Carlos Sánchez Aranda

¿Debería restringirse masivamente el tránsito de mercancías, personas y capital? ¿Estamos dando el primer paso hacia el ocaso de una forma de globalización exagerada e insostenible? Estas son las preguntas que muchos economistas internacionales nos estamos haciendo ahora mismo, verbalizadas por el economista Joachim Voth aquí.

La respuesta no es fácil, hay un intenso debate en la profesión sobre el efecto del Coronavirus en el comercio y viceversa, así como el rol y el futuro de la globalización ante pandemias globales. Veamos lo que sabemos y, sobre todo, lo que nos falta por saber.

Leyendo a Tintín, muchos de nosotros aprendimos que la propagación de enfermedades contagiosas ha seguido las rutas comerciales. Entre viñetas, descubrimos que la cuarentena no es un cumpleaños y mucho menos una fiesta. Nos lo explicó el capitán Haddock: “Cuarentena significa mantenerse aislado durante cierto tiempo, para evitar el contagio”. Tintín encierra un mundo en sí mismo y Hergé nos llevó a vivir aventuras imposibles en lugares remotos y con multitud de personajes variopintos. Entre ellos yo destacaría hoy al doctor Simón, un médico del laboratorio de la policía, cuya incapacidad para descubrir el antídoto contra el letargo inducido por las bolas de cristal, la interpretan los tintinólogos como un signo de torpeza profesional (aquí y aquí).

Volviendo al tema que nos ocupa, los patrones espaciales y sectoriales de propagación de las enfermedades infecciosas son similares a los del comercio. Durante la primera gran epidemia que asoló Europa (1346-51), fueron precisamente los mercaderes los principales portadores y transmisores de la peste negra. La peste siguió las rutas comerciales de la época, como nos muestran los historiadores económicos (aquí y aquí) y nos confirma este reciente estudio que rastrea el ADN antiguo del comercio en pieles durante el siglo XIV.

El último brote de peste bubónica se introdujo España a bordo de un navío procedente de Argel atracado en el puerto de Valencia en el verano de 1647. Las autoridades tardaron en reaccionar e intentaron ocultar la naturaleza de las muertes que asolaban la ciudad. Las crónicas locales relatan que la peste había sumido la ciudad en el caos a finales del 1648 y se esparció por la península siguiendo las rutas comerciales del corredor mediterráneo (ver figura y link y link).

Casi un siglo más tarde, el Gran San Antonio, navío cargado con telas para una feria textil en Marsella, fue el origen del último episodio de peste en Europa en la primavera del 1720, cuando se le permitió desembarcar en contra del protocolo establecido entonces. Afortunadamente, las autoridades francesas habían aprendido la lección, el Consejo de Estado unificó todas las regulaciones locales y se levantó el Mur de la Peste, confinando a toda la población de la Provenza hasta que se erradicó la enfermedad, y con ella, un tercio de la población de Marsella. (link).

Sabemos que las relaciones e infraestructuras de transporte y comerciales son muy persistentes en el tiempo. Tanto que, utilizando los brotes de peste negra como instrumento de identificación, Flückiger y colaboradores aquí encuentran evidencias que sugieren que las rutas y relaciones comerciales del imperio romano persisten hasta nuestros días. Por tanto, es de esperar que el patrón de contagio entre países siga las vías comerciales. Por ejemplo, los primeros casos de Coronavirus en la provincia de Alicante y Barcelona fueron trabajadores y empresarios del calzado que acudieron a una feria en Milán (link y link).

Como hace siglos, algunos acusan al mensajero, se habla de “virus chino” y se refuerzan las posturas de aquellos que miran con recelo la migración, el comercio y la inversión extranjera. Existen pocas voces disonantes dentro de la profesión económica sobre las bondades de la integración económica. Por dos motivos: primero, disponemos de las teorías y modelos más sólidos en economía (ventaja comparativa y modelos de gravedad) avalados por una amplia evidencia empírica, y segundo, para no dar pábulo a aquellos que propugnan una vuelta a las cavernas. Incluso ahora, el debate acerca del rol de la globalización se encuentra en cuarentena, en parte, para evitar que los más heterodoxos aprovechen el estado de alarma para imponer una agenda sin el rigor científico necesarios (p.e. proteccionistas, libertarios y econópatas varios). No obstante, la mayoría de economistas (al menos los de modelos y regresiones) siempre hemos sido conscientes que la globalización viene acompañada de ciertos costes y fallos. Los más críticos de entre nosotros argumentaban que rara vez se llega a compensar a los “perdedores”, o al menos no lo suficiente.

Nota para economistas académicos: es plausible que estas razones expliquen por qué la economía internacional aplicada es menos diversa en modelos y métodos que otros campos de la economía. Primero, porque funcionan bien. Segundo, porque no nos aventuramos hacia territorios desconocidos. Fin de la nota.

Algunos economistas, como Dani Rodrik, ya han respondido sugiriendo una globalización más “delgada” (aquí). No debería sorprender a nadie que haya seguido sus argumentos críticos con el devenir de la globalización (resumidos en su último libro “Staright talk on trade”). Su argumento central es que la globalización ha ido demasiado lejos y de manera incontrolada, poniendo en riesgo el bienestar económico y social. Parece relevante, por ejemplo, recuperar el debate acerca del papel de los organismos supranacionales (como la OMS), multilaterales (como la OMC) y los estados. Aunque el pasaje que me resulta más interesante es su reflexión sobre que la democracia sin respeto a la ley es la tiranía de la mayoría, però això avui no toca.

El presidente de la cámara de comercio de la EU en China ha sido más tajante: «Se ha acabado la globalización consistente en localizar todo donde la producción sea más eficiente» (link). Se refería el Sr. Wuttke a la concentración geográfica de la producción de ciertos medicamentos, que podría poner en riesgo el suministro mundial. El último laboratorio que producía penicilina en EEUU cerró en 2004, quejándose de que no podía competir con las subvenciones del gobierno chino a sus laboratorios. Hoy, el suministro de antibióticos puede estar en jaque dado que la mayor parte de la producción proviene de un clúster en la China interior, azotada por Coronavirus.

La seguridad en el suministro de alimentos también encuentra críticas y preocupaciones similares. Países como Singapur, que importan la mayor parte de los productos alimentarios, han virado su estrategia comercial, incentivando la producción agrícola y el consumo local (aquí).

Otros, sin embargo, subrayan que precisamente son las barreras al comercio las que pueden agravar la crisis médica (aquí y aquí). La extravagante política arancelaria de la administración Trump gravando productos sanitarios chinos, no ha hecho más que agravar la crisis de suministro de material sanitario. El 10 de marzo la administración americana dejó sin efecto estos aranceles para hacer frente a la pandemia. En España hemos visto recientemente como las barreras no arancelarias (burocracia) han impedido la importación exprés de mascarillas de China.

Sanidad y globalización han ido siempre de la mano, como pone de manifiesto el ejemplo del jabón, que se inventó hace 5.000 años en Egipto. Pero fue gracias a la revolución industrial y al comercio internacional que se pudo producir y distribuir en masa, permitiendo la erradicación de muchas enfermedades y partos más seguros. Hoy, muchos de los servicios sanitarios los disfrutamos, en parte, gracias al comercio de medicamentos y tecnología sanitaria. Pero también gracias a la inmigración de profesionales sanitarios.

En términos más generales, la participación en redes comerciales o cadenas de valor ha permitido un desarrollo económico y la creación (y en menor medida también destrucción) de miles de puestos de trabajo en muchos países, incluyendo España. Es difícil aventurar cuál será el impacto, pero muchos de estos puestos de trabajo están en peligro (sin que por eso reviertan a sus países de origen). Baldwin y Tomiura interpretan aquí que el Coronavirus podría tener un efecto aún mayor que la crisis financiera en el comercio, por tres motivos: 1) afecta a la factoría del mundo, 2) se contagia a las cadenas de valor, 3) e impacta en la demanda. Además, la paralización de eslabones clave en la cadena de valor globales, puede llevar a ralentizar o frenar la producción.

Por tanto, ¿debería restringirse masivamente el flujo de bienes, personas y capital? Aumentar las barreras a la movilidad personal puede resultar necesario para paliar las pandemias a corto plazo. Sin embargo, tendría un coste demasiado elevado a largo plazo, incluso para combatir pandemias futuras. Una alternativa más eficiente sería, por ejemplo, intensificar el uso de tecnología que minimice aquellas actividades comerciales que impliquen un contacto directo personal. Hay evidencias que muestran como las impresoras 3-D o la robotización están ya modificando la composición del comercio internacional (aquí y aquí).

¿Estamos ante el ocaso de la globalización? Como probablemente suceda con muchos de nuestros hábitos y relaciones, no es descabellado pensar que la peor versión del coronavirus cambie la manera de entender, gestionar y estudiar la globalización y sus efectos. En definitiva, la globalización refleja cómo se organiza la actividad económica internacional, sujeta a las normas existentes. Si las interacciones sociales y económicas cambian, es inevitable que veamos mutar la globalización y que se tengan que adaptar normas a esta nueva realidad. Puede representar una oportunidad para reforzar la versión de la globalización que nos proporciona bienestar y salud, pero también para abordar cuestiones que habíamos soslayado hasta ahora. Yo aún diría más, soslayos que habíamos cuestionado hasta ahora.

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El MEDE debe ayudar frente a la pandemia: el caso de España

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De Aitor Erce, Antonio García Pascual y Toni Roldán

La cantidad de recursos financieros que se necesitan para hacer frente a la pandemia del COVID-19 es tan grande que la mayoría de los Estados miembros van a necesitar respaldo de Europa. Para responder a esa necesidad se han formulado multitud de propuestas, incluyendo variedades de eurobonos y “helicópteros monetarios”. Nuestra propuesta tiene la ventaja de ser una solución rápida y plenamente operativa, puesto que los instrumentos de crédito del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) están disponibles y son escalables.

En notas ya publicadas en Voxeu y EsadeEcPol, detallamos cómo ejecutar la propuesta formulada por Bénassy-Quéré et al. para que el MEDE provea de financiación triple A a los países de la zona euro, mostrando el caso de España como objeto de estudio.

De acuerdo con nuestros resultados, un crédito del MEDE que combine un plazo de pago amplio con un tipo de interés próximo a cero proporciona una vía prudente para cubrir las necesidades de financiación, con un esfuerzo fiscal razonable y una dinámica sostenible para la deuda pública en España.

El Gobierno español ha avanzado un plan de 200 mm de euros (el 16,5 % de PIB) que incluye transferencias y garantías públicas, la mayoría de las cuales es muy posible que se acaben solicitando. En nuestra nota estimamos que, sin intervención europea, ese desembolso puede llevar a un incremento de las necesidades de financiación bruta para el Tesoro de un 30 % del PIB por año en cada uno de los próximos años y la deuda pública podría llegar hasta el 140 % del PIB en 2030.

Por el contrario, con la intervención del MEDE que proponemos esa trayectoria mejoraría drásticamente. A continuación mostramos los supuestos y los resultados más relevantes del estudio.

La tabla 1 resume escenarios alternativos de financiación del MEDE y su impacto sobre la sostenibilidad de la deuda pública.

Fuente: Elaboración propia. Tesoro Público. MEDE. Bloomberg.

Los escenarios se organizan en torno a tres supuestos importantes:

1. El volumen del crédito del MEDE a España, que suponemos que se situaría entre 100 y 200 mm de euros (eso es, entre el 50 % y el 100 % del paquete de apoyo fiscal del 2020, respectivamente). Nuestra base de referencia es que España recibiría unos 100 mm de euros.Un paquete mayor sería más beneficioso para España pero dejaría menos recursos para otros Estados miembros necesitados. El MEDE tiene, en la actualidad, una capacidad crediticia de unos 410 mm de euros.

2. El diferencial sobre la tasa de financiación que imputa el MEDE para cubrir sus costes. En este caso, suponemos que puede oscilar entre 0 y 35 puntos básicos para representar el coste de endeudamiento en función de los diversos mecanismos de crédito existentes en el MEDE. 10 puntos básicos es el margen imputado en los programas estándar del MEDE y 35 puntos básicos es el margen imputado en las líneas de crédito con condicionalidad (ECCL). A su vez, en los préstamos a Irlanda y Portugal del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, los países actualmente pagan un diferencial de cero. Suponemos que el MEDE se financia a sí mismo a 10 puntos básicos por encima de la curva del Bono Alemán.

3. El vencimiento medio ponderado (weighted-average maturity, WAM) fijado por el MEDE en su propia estrategia de financiación en los mercados. Experimentamos con un WAM de entre 1 y 6 años. En la actualidad, el MEDE fija un WAM de 2-3 años.

No experimentamos con el vencimiento del préstamo del MEDE, que asumimos sería similar al que recibió España en 2012 (vencimiento a 12 años con un período de gracia de 5 años). Tampoco experimentamos con la estrategia de emisión del Tesoro español y replicamos lo que ha venido haciendo en la práctica. Establecemos una WAM en la emisión de seis años y medio cuando el estrés es menor, y de cuatro años cuando el estrés es mayor.

La Tabla 1 también muestra cuatro summary statistics” extraídos del análisis DSA realizado para cada escenario:

1. Coeficiente de deuda pública sobre el PIB en 2030. Oscila entre el 100 % del PIB en un escenario de referencia sin el shock del Covid-19 y el 136 % en el escenario posterior al Covid-19 sin ningún apoyo del MEDE.

2. Necesidades medias de financiación bruta con respecto al PIB(GFN/PIB) para el período 2022-2030.

3. Saldo primario medio para estabilizar la deuda con respecto al PIB(PB*/PIB) para el período 2022-2030. Un valor más alto denota que se necesita un mayor esfuerzo fiscal para estabilizar la deuda pública con respecto al PIB.

4. Pagos de intereses acumulados en cada uno de los escenarios. El rango va de los 509 mm de euros (tras el shock) a los 279 mmm de euros (sin el shock del Covid).

La principal lección que se desprende de estos escenarios es que el apoyo del MEDE cambiaría fundamentalmente las condiciones de financiación, garantizando que la dinámica de la deuda sea sostenible.

En concreto:

• El apoyo del MEDE marca una gran diferencia en la reducción de los costes financieros. Los pagos de los tipos de interés acumulados en el mejor de todos los escenarios de financiación contemplados —cero spread, 200 mm de ayuda y donde el MEDE se aprovecha de la financiación más barata a corto— supondría para España un ahorro de más de 150.000 millones de euros, ¡más del 12 % del PIB de 2019, en pagos de intereses!

• El apoyo del MEDE reduce significativamente el esfuerzo fiscal necesario para estabilizar o reducir el coeficiente de deuda pública sobre el PIB. De hecho, el esfuerzo fiscal (medido como el saldo primario medio para estabilizar la deuda) sería similar al escenario de referencia sin el shock del Covid-19.

• El apoyo del MEDE mantendría las necesidades de financiación bruta anuales a un nivel (en términos del PIB) del 19 % del PIB, similar a la situación de partida antes del shock.

• En resumen, la combinación del apoyo del MEDE y el Banco Central Europeo permitiría reforzar la sostenibilidad de la deuda española después del shock del Covid-19, e igualmente podría ayudar a otros estados de la zona euro.

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Ensayos clínicos en tiempos de pandemia

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Todos seguimos con atención e impaciencia las noticias que nos van llegando acerca de los estudios que se están realizando sobre posibles tratamientos del COVID-19. A continuación discuto brevemente dos de los problemas a los que se enfrentan. El primer problema es el reducido tamaño muestral de los estudios que se han realizado hasta la fecha, lo que complica la interpretación de los resultados. El segundo problema está relacionado con el diseño de los estudios y su adaptación en función de los resultados que se vayan observando, de forma que se concilie el objetivo de estimar con precisión el efecto del tratamiento con el de salvar el mayor número posible de vidas entre los participantes.

Para ilustrar el problema del tamaño muestral, voy a utilizar como ejemplo el estudio publicado recientemente por el virólogo francés Didier Raoult en el que se analiza el efecto de la hidroxicloroquina, un antiguo fármaco para la malaria que tiene la ventaja de ser conocido y de fácil producción. Los investigadores franceses asignaron a 16 pacientes de COVID-19 al grupo de control y a 26 al grupo de tratamiento, quienes recibieron unos 200mg de sulfato de hidroxicloroquina tres veces al día. Mientras que a los seis días de iniciarse el tratamiento el 70% de los pacientes del grupo de tratamiento daba negativo en los tests, en el grupo de control únicamente ocurrió con el 12.5%, una diferencia que es significativa al 0.1%. Los resultados de este estudio han tenido una enorme repercusión y el presidente Donald Trump ha declarado que confía en que la hidroxicloroquina sea el “game changer” que todos estamos esperando, desatando entre los consumidores una fiebre por hacerse con este producto.

Como ya han discutido varios autores, el estudio francés es imperfecto en muchos aspectos (ver Dahly, Gates y Morris). Desafortunadamente, la asignación de los pacientes no fue aleatoria. Los pacientes del grupo de tratamiento fueron reclutados en Marsella, mientras que el grupo de control lo forman pacientes de otras localidades del sur de Francia. Además, los autores excluyeron del análisis final a varios pacientes del grupo de tratamiento que, de haber sido testados, probablemente habrían dado positivo (tres habían sido trasladados a la UCI y uno falleció). También parece mejorable la forma de medir el outcome, utilizando una variable dicotómica, que no explota información más detallada acerca de la rapidez de la curación.

Pero incluso si obviamos todos estos problemas, no deberíamos apresurarnos a concluir que la hidroxicloroquina “cura” el COVID-19. Incluso con una diferencia tan grande como la observada entre el grupo de tratamiento y el grupo de control en este estudio, cabe una probabilidad no despreciable de que esta diferencia se deba a la casualidad y no a la existencia de un efecto real del tratamiento. Es decir, podría tratarse de un falso positivo, utilizando la jerga estadística. Como muestro en detalle en el siguiente párrafo, si por ejemplo pensábamos inicialmente que la hidroxicloroquina tenía un 10% de probabilidad de duplicar la tasa de curación, después de observar los resultados de este estudio deberíamos aumentar nuestros “priors” hasta el 41.6%, pero estaríamos todavía lejos de tener la certeza de que será la cura definitiva.

Para calcular de una manera aproximada la posibilidad de que los autores hayan detectado un efecto real y no un falso positivo utilizo el sencillo método que proponen Maniadis, Tufano y List (2014). El método require calcular la probabilidad de obtener un efecto significativo debido a la existencia de un efecto real y la probabilidad de obtener un falso positivo. Para calcular la posibilidad que tenían los investigadores franceses de detectar un resultado significativo real, necesitamos calcular el poder estadístico del estudio (la probabilidad de detectar el efecto, asumiendo que este existe) y hacer algún supuesto sobre la probabilidad que asignamos a priori de que exista el efecto. Podemos considerar, por ejemplo, un escenario moderado, en el que pensamos que, a priori, de existir un efecto, el tratamiento aumentaría la tasa de curación del 12.5% al 25%. Dado el tamaño muestral del estudio, y considerando el nivel de significatividad (alpha) del 0.1% obtenido por los autores, el poder estadístico del estudio sería del 0.6% (utilizando el comando de stata: power twoproportions 0.125 0.25, n1(16) n2(26) alpha(0.001)). Si somos relativamente escépticos acerca del potencial de la hidroxicloroquina y asignamos una probabilidad previa del 10% a que el tratamiento tiene efecto, la probabilidad de que los autores obtengan un “auténtico” positivo sería del 10%*0.6%=0.06%. Por otro lado la probabilidad de obtener un “falso” positivo sería igual al nivel de significatividad que hemos fijado, en este caso un 0.1%, multiplicado por la probabilidad que hemos asignado inicialmente a que no exista ningún efecto, un 90%, lo que supone un 0.09% (=0.1%*90%). Dados estos supuestos, la probabilidad de que el resultado significativo observado por los autores refleje un efecto real sería igual P(auténtico positivo)/( P(auténtico positivo)+P(falso positivo))=0.06%/(0.06%+0.09%)=41.6%.

Naturamente, distintos lectores pueden tener distintas expectativas acerca de la probabilidad de que exista un efecto, y esto afectará al cálculo realizado, pero en general la probabilidad posterior de que que exista un efecto a partir de un único estudio con una muestra pequeña seguirá siendo limitada. Además, la probabilidad de que se trate de una falso positivo podría ser aún mayor si tenemos en cuenta que este es únicamente uno de los múltiples tratamientos que se están ensayando. Cada ensayo adicional multiplica la probabilidad de obtener por casualidad resultados significativos.

Todo esto no quiere decir que no debamos tener esperanzas acerca del potencial de la hidroxicloroquina, pero sí que debemos ser cautos. Afortunadamente, existen al menos otros 13 estudios en camino y la Organización Mundial de la Salud anunció el 20 de marzo un ensayo a gran escala randomizado que tendrá lugar en decenas de países y en el que participarán miles de enfermos. En este ensayo se estudiará la eficacia de cuatro tratamientos distintos, incluyendo además de la hidroxicloroquina, un compuesto antiviral llamado remdesivir, y dos combinaciones de drogas utilizadas para el HIV.

A medida que estos estudios a gran escala vayan generando datos, se planteará un nuevo problema en el diseño de los estudios. En principio, si el único objetivo fuera estimar con precisión el efecto de un tratamiento, lo óptimo sería dividir a los participantes en grupos de igual tamaño hasta la conclusión del estudio. Sin embargo, a medida que los datos vayan revelando que alguno de los tratamientos parece ser más eficaz, para salvar las vidas de los participantes sería conveniente aumentar el número de individuos que son asignados al tratamiento más exitoso, aunque esto retarde la velocidad a la que se obtiene información sobre la eficacia de cada tratamiento. Este problema ha sido estudiado recientemente por el economista Max Kasy y coautores (aquí y aquí), quienes proponen un algoritmo de asignación y muestran diversos ejemplos de su aplicación. La aplicación de este tipo de algoritmos en los nuevos ensayos clínicos podría contribuir a salvar numerosas vidas.

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Publicado originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Manuel Bagues

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El Impacto de la Medidas Económicas en la Crisis del Coronavirus

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Por José E. Boscá; Rafael Doménech y Javier Ferri

(Esta entrada complementa la publicada ayer sobre el impacto macroeconómico del coronavirus)

El Gobierno ha aprobado un importante paquete de medidas económicas que va a movilizar recursos públicos por cerca de 117.000 millones de euros, para contrarrestar la fuerte caída de actividad provocada por la pandemia del coronavirus. Estas medidas incluyen  incrementos de gasto sanitario, partidas presupuestarias para proteger a trabajadores y empresas, establecimiento de avales para créditos a los que pueden optar las empresas para paliar los efectos de la interrupción de su actividad, o prórrogas en el pago de impuestos. Con las debidas cautelas sobre la eficacia y rapidez en su implementación, a continuación se presentan simulaciones sobre el impacto de éstas. Nuestro objetivo es aproximar su capacidad de contrarrestar los efectos negativos de la crisis. Incluimos las magnitudes económicas de estas medidas sobre las que existe información, si bien es obvio que faltan por conocer las cifras concretas de algunas propuestas de las que sólo puede estimarse su potencial impacto presupuestario. Nuestras simulaciones no incluyen los programas económicos que las comunidades autónomas puedan haber aprobado, ni las medidas de gasto extraordinario que están llevando a cabo las corporaciones locales.

En el Gráfico 7 mostramos las consecuencias de relajar la aplicación de la regla fiscal durante 6 trimestres, es decir, hasta 2022, en línea con la decisión adoptada el 23 de marzo por el ECOFIN de activar la cláusula general de salvaguardia del marco presupuestario ante la crisis del COVID-19. Esta medida tiene un impacto importante, mitigando la caída del consumo privado, dado que la regla fiscal en el modelo actúa alterando la renta disponible de los hogares del modo menos distorsionador posible. Básicamente, la regla fija el volumen de impuestos a tanto alzado que evita que la deuda se dispare, aumentándolos cuando el ratio deuda/PIB aumenta y se sitúa por encima de su valor de estado estacionario. La relajación de la regla fiscal se traduce en un aumento de 2 puntos adicionales del déficit público sobre el PIB durante el año 2020 (con respecto al escenario con ajuste del déficit). Según nuestras simulaciones, la concesión de una prórroga en el proceso de consolidación por parte de la Comisión Europea, supondría recuperar 0,6 puntos de PIB anual durante 2020, siendo esta estimación un mínimo, dadas las pocas distorsiones que, como hemos dicho, genera la regla fiscal del modelo. En el resto de los ejercicios que se presentan a continuación evaluaremos los efectos de las distintas medidas de política adoptadas bajo el supuesto de que la consolidación fiscal se mantiene en suspenso hasta principios de 2022.

Por su parte, el anuncio del BCE de medidas extraordinarias, como el Programa de Compras de Emergencia frente a la Pandemia (PEPP) por 750 mil millones de euros, tiene el objetivo de proporcionar toda la liquidez necesaria y evitar cualquier tipo de tensiones financieras que pudieran producirse como, por ejemplo, sobre las primas de riesgo de los países de menor margen fiscal. Como es bien conocido, este tipo de medidas de política monetaria se han estado realizando desde mayo de 2009, pero es a partir de 2011 cuando pasan a tener mayor protagonismo y efectos. Una forma de recogerlas en nuestro modelo es utilizando el tipo de interés nocional o en la sombra (shadow rate) para la eurozona, que mide el tono de la política monetaria cuando el límite cero (ZLB) no es necesariamente vinculante e incorpora los anuncios y medidas no convencionales de política monetaria, como la expansión cuantitativa y los programas de compra de deuda. En tiempos de política monetaria convencional, el tipo de intervención y el tipo sombra coinciden, pero cuando hay medidas no convencionales la diferencia entre ambos refleja el signo de la política monetaria. De acuerdo con las estimaciones de De Rezende y Ristiniemi (2019), el tipo de interés en la sombra ha estado en promedio unos 65 puntos básicos por debajo del de intervención desde 2011. Nuestras estimaciones indican que los anuncios actuales podrían reducir el tipo de interés en la sombra en unos 20 pb adicionales. El efecto de esta reducción del tipo de interés en la sombra sobre el PIB en nuestro modelo no es muy significativo. Pero sí lo es, y mucho, en la medida que junto a la actuación de instituciones europeas impida cualquier aumento de la prima de riesgo de España por el aumento del déficit público en 2020 y 2021 como consecuencia del COVID-19. En ejercicios de simulación con versiones previas al modelo aquí utilizado ya se mostraba que cada aumento duradero de 100 puntos básicos en la prima de riesgo provocaba al menos una disminución de un punto porcentual del PIB. Tanto en nuestro escenario base como en las siguientes simulaciones suponemos que no se producen aumentos de la prima de riesgo de España como resultado de la actuación del BCE y de otras instituciones de la UE.

Gráfico 7. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Relajación de la regla fiscal
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

En el Gráfico 8 se muestra el impacto de las medidas destinadas a realizar transferencias a hogares en dificultades y a proporcionar complementos salariales. Para ello se ha utilizado la estimación de su coste correspondientes al escenario central que nos mostraron hace poco en este mismo blog Conde-Ruiz, Galindo y Victoria (2020). Suponemos que estas políticas entran en vigor al principio del segundo trimestre y están activas durante seis meses. Las medidas en relación a los trabajadores se han clasificado en dos grupos: (a) las transferencias y compensaciones salariales que afectan a trabajadores temporales no renovados, con un coste estimado de 1.623 millones de euros trimestrales. En nuestro modelo asignaremos estas transferencias a los hogares sin acceso al mercado financiero y con menores salarios; (b) las compensaciones salariales de trabajadores indefinidos, con un coste de 3.183 millones de euros trimestrales. Estas se reparten entre los otros tipos de hogares trabajadores con acceso a los mercados financieros, de modo que en términos per cápita todos reciben la misma cantidad.

Los resultados muestran que esta medida tiene su reflejo en un aumento del déficit público y mitiga la caída en el consumo privado en unos 0,2 puntos durante el 2020, pero su efecto sobre el PIB es reducido. Se trata de un estimulo fiscal temporal, de una cuantía reducida en términos relativos (aunque sin duda relevante para los hogares más vulnerables) y una parte importante de la transferencia se dedica a ahorro.

Gráfico 8. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Transferencias a los hogares y complementos salariales.
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

Otra de las medidas anunciadas se corresponde con la exención de cotizaciones para empresas con ERTE y exención extraordinaria por cese de actividad para autónomos durante dos meses por el 70% de la base reguladora. El coste total de esta medida se ha estimado en unos 5.000 millones, aproximadamente la mitad para cada medida. En concreto, hemos supuesto una exención media de las cotizaciones por ERTE de 600 euros por trabajador que afecta a un millón de trabajadores durante unos cuatro meses. A la espera de conocer datos oficiales, algunos medios de comunicación hablan ya de un número mayor de trabajadores afectados por ERTEs, en el entorno de un millón y medio. Para los autónomos suponemos una cantidad total equivalente. Aunque a nivel individual estas medidas pueden ser muy relevantes, como se observa en el Gráfico 9, los efectos son similares a los del Gráfico 8, beneficiando básicamente al consumo (mitigando su caída en otros 0,2 puntos anuales) y afectando al déficit público.

Gráfico 9. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Prórroga del pago de la cuota a la seguridad social.
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

El aval por parte del estado de una línea de crédito de hasta 100.000 millones es una medida pensada para paliar los problemas de liquidez al que se pueden enfrentar muchas empresas y evitar que se convierta en un problema de solvencia. Para simplificar, suponemos que de utilizarse íntegramente evitaría parcialmente el aumento considerado en la mora, de manera que las pérdidas derivadas por impagos potenciales (el 4% de los créditos) se reparten al 50% entre el sistema bancario y el sector público. Esta medida se aplica sólo al nuevo crédito y suponemos que el impacto presupuestario empieza a tener efectos graduales dos trimestres después de aprobarse. En el Gráfico 10 se observa que esta medida ayudaría a una recuperación en forma de V en el escenario base y a mitigar los posibles efectos persistentes de la crisis (histéresis).

Gráfico 10. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Línea de crédito con aval del estado.
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

De acuerdo con el RDL 8/2020 se destinarán 3.800 millones de euros a reforzar el sistema sanitario y 300 millones para financiar las prestaciones básicas de los servicios. Suponemos que la suma de estas dos partidas implica un incremento del consumo público durante los trimestres segundo y tercero. También incluimos como gasto público en inversión 200 millones correspondientes al Plan Acelera de la entidad pública Red.es. Las simulaciones en el Gráfico 11 muestran un impacto de unas décimas en términos de PIB.

Gráfico 11. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Aumento del gasto en sanidad.
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

Entre las medidas aprobadas se encuentra también el aplazamiento de pagos tributarios hasta 2021 para empresas y autónomos en dificultades. De acuerdo con las estimaciones que el propio gobierno ha hecho públicas, el importe potencial de esta medida es de unos 14.000 millones de euros. La medida se ha incorporado en el modelo como una rebaja del impuesto sobre las rentas del capital (equivalente al 22% de tipo impositivo) durante el segundo y tercer trimestre de 2020, que se devuelve a partir de 2021. Como muestra el Gráfico 12, dada la expectativa de los agentes de que los shocks desaparecen al final del segundo trimestre, esta medida tiene capacidad de frenar en 9 puntos la caída anual de 12 puntos experimentada por la inversión, recuperando en consecuencia 0,75 puntos de caída anual de PIB.

Gráfico 12. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Aplazamiento impuestos de empresas y autónomos
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

Otra de las medidas aprobadas en el RDL 8/2020 tiene que ver con la ampliación en 10 mil millones del límite de endeudamiento neto del ICO con el fin de aumentar sus líneas de financiación a empresas y autónomos. El sector bancario en nuestro modelo no incluye específicamente banca pública, por lo que esta medida se modeliza como una inyección de capital bancario que permite apalancar esa financiación adicional. Esta medida tiene cierta capacidad para sostener la caída de la inversión y del PIB, como muestra el Gráfico 13.

Gráfico 13. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Aplazamiento impuestos
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

El escenario base incluye el retardo en la consolidación fiscal

El efecto conjunto de las medidas consideradas en estos ejercicios de simulación aparece recogido en el Gráfico 14. A cambio de un aumento elevado del déficit público durante 2020 (de unos 3,5 pp del PIB con respecto al escenario anterior a la epidemia) se reduce en algo menos de la mitad la caída del consumo privado en 2020 respecto al escenario sin medidas, se detiene la caída anual de la inversión (por la fuerte recuperación a partir del tercer trimestre), y se reduce a menos de la mitad la disminución del PIB en el segundo trimestre, facilitando el rebote de la economía en la segunda mitad del año y la recuperación en V de la economía. De acuerdo con las simulaciones realizadas, la caída del PIB en 2020 que en el escenario base es del 4,1% pasaría a ser del 0,6%, con un multiplicador fiscal para el conjunto de las medidas de 1,1. En el escenario alternativo menos optimista, pero igualmente verosímil, en el que el PIB disminuía un 7,9% antes de las políticas, las medidas fiscales mitigarían la caída hasta el 4,5%.

Como bien afirma Mario Draghi “nos enfrentamos a una guerra contra el coronavirus y debemos movilizarnos en consecuencia.” Nuestros resultados son consistentes con el consenso de que una crisis extraordinaria como la del COVID-19 requiere hacer uso de todas las herramientas disponibles de política económica. En esta situación, las políticas fiscales deben hacer todo lo posible para mitigar las potenciales consecuencias permanentes que puede suponer esta crisis. No obstante, sus efectos serán mayores cuanto mejor se diseñen estas medidas y más rápida y eficazmente se lleven a cabo, evitando un uso poco eficiente de los recursos públicos. Y, por supuesto, cuanto menores sean los costes futuros de financiación de los abultados aumentos de deuda pública a los que van a dar lugar. Por eso es tan importante la acción coordinada y la puesta en común de políticas europeas que faciliten la financiación de todas las medidas necesarias de gasto público en el presente, y eviten cualquier tensionamiento de los mercados de deuda pública en el futuro.

Gráfico 14. Efecto sobre los componentes del PIB de la epidemia COVID-19.
Aplazamiento impuestos
Desviación porcentual trimestral respecto al escenario en ausencia de shocks

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Publicado originalmente en: Ir a la fuente
Autor: Javier Ferri

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