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Economía

Ni el tipo de interés ni las pandemias le ayudan a la banca

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La banca está en su peor momento, ni el tipo de interés ni las pandemias le ayudan

En estas últimas semanas el gran golpe que ha sufrido las bolsas a niveles mundial han repercutido en el sector bancario por el coronavirus. El sector bancario español se ha dejado en más del 15 por ciento de su cotización.

Algunos valores de los bancos españoles están cotizando en mínimos históricos por la previsión de que se acerca una crisis económica y de que las medidas que tomen los bancos centrales van a complicar su trabajo diario.

Pánico de los inversores ante una crisis económica

El entorno que está viviendo el sector bancario no es el más propicio y esto lo está trasladando a sus cotizaciones bursátiles, y le está afectando las medidas que ha adoptado el Banco Central Europeo (BCE) y el miedo que haya otra crisis económica por culpa del coronavirus.

Todos los bancos españoles pierden valor en bolsa, mientras las noticias del coronavirus y las decisiones del Gobierno central salen a la luz.

En el caso de Bankia, Sabadell y Liberbank han tenido fuertes caídas en su cotización y les ha llevados a mínimos históricos en su cotización bursátil, igual que todos los bancos europeos que siguen el mismo camino.

Esta bajada de las cotizaciones de los bancos españoles, que está siendo más fuerte que otras empresas de otros sectores, esconde el pánico de los inversiones ante un escenario de crisis económico provocada por el coronavirus.

Todas las actuaciones que pueden aplicar los bancos centrales van a ser malas para las entidades bancarias. Si los bancos centrales deciden aplicar medidas de carácter expansivo, va a ser malo para las entidades bancarias, pero si no deciden aplicar estas medidas expansivas, va a ser aún peor para las entidades bancarias, ya que hay peligro en caer en una crisis económica o peor en una recesión económica.

La cotización de los bancos se está viendo penalizada por las expectativas de un menor crecimiento en sus beneficios, una menor demanda de préstamos y créditos, menores operaciones de inversión a través de sus negocios…

Además se pueden añadir las medidas de los bancos centrales que afectan a sus negocios como es la baja de tipos de interés, la Reserva Federal ha bajado tipos de hasta el 0% y el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantenerlos, con un impacto negativo en el Euríbor (índice de referencia para los bancos europeos).

La Reserva Federal baja los tipos de interés por las presiones de Trump

Tras varios días de presiones por parte de Trump, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) anunció ayer la bajada de tipos de interés hasta el 0 por ciento e inyectar 625 mil millones de euros a la economía estadounidense para parar los efectos económicos que está teniendo el coronavirus.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) insiste que esta medida ha sido provocado por el coronavirus que está afectando de forma negativa a los sectores y a la actividad económico de Estados Unidos. Además, se añaden las presiones del Presidente Trump y sus amenazas de despedir a Jerome Powell.

Las medidas adoptadas por la Reserva Federal (Fed) incluyen la reducción de los tipos de préstamos de emergencia para las entidades bancarias en 125 puntos básicos, hasta llegar al 0,25 por ciento y se alarga hasta 3 meses el plazo de devolución.

Además, la Reserva Federal reduce hasta el 0 por ciento el ratio de requisito de reserva para las entidades bancarios de Estados Unidos y amplía la liquidez en dólares estadounidenses a nivel internacional.

Ofrece 500 mil millones de dólares estadounidenses en deuda pública y 200 mil millones de dólares estadounidenses en deuda hipotecaria que comienza a emitirse a parte de hoy lunes.

El Banco Central Europeo no baja los tipos de interés

Cuando Christine Lagarde hizo pública la política monetaria, las bolsas reaccionaron de forma negativa por el Banco Central Europeo (BCE) no bajó los tipos de interés durante la semana pasada.

Aunque las medidas monetarias tomadas han sido bastante expansivas, en realidad, los costes de financiación de las entidades bancarias europeas no han bajado del 0,25 por ciento.

Lagarde empeoró la visión negativa de las bolsas, aunque las medidas extraordinarias quisieran aliviar la regulación para asegurar que las entidades bancarias pudieran flexibilizar las condiciones con las empresas y las familias, que tengan problemas por la crisis generada por el coronavirus.

A esto se añade que el Banco Central Europeo comprará 120 mil millones de euros en activos financieros hasta final del 2020, con total flexibilidad a nivel temporal y la composición de las compras, y se hace así porque el BCE quiere estabilizar aquellos mercado con problemas.

Pero las explicaciones de Christine Lagarde respecto de las compras de activos surtieron el efecto contrario al deseado, ya que dio la imagen de que el Banco Central Europeo (BCE) abandonaba la postura de preservar el euro es suficiente para que vuelva la crisis de deuda pública.

Las entidades bancarias pierden rentabilidad con los tipos de interés en negativo

La rápida expansión del coronavirus y su gran golpe en las economías a nivel mundial ha empujada a los bancos centrales a tomar medidas para contener el efecto económico del coronavirus.

Las entidades bancarias tienen una gran presión sobre sus espaldas, ya que los bancos centrales han tenido que salir del paso con medidas económicas de urgencia.

En el caso del Banco Central, Christine Lagarde no ha convencido a los mercados por sus declaraciones, ya que se interpretó que el BCE abandonaba la postura de preservar el euro por encima de todo y, por tanto, los mercados reaccionaron de manera diferente a los esperado.

Además, el negocio fundamental de las entidades bancarias es comprar dinero y venderlo a un precio superior, por lo que, si los bancos centrales sitúan el dinero a niveles negativos, esto supone un duro golpe para la rentabilidad de las entidades bancarias.

Autor: Raúl Jaime Maestre

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Economía

Brexit: acuerdo Comercial y de Cooperación entre la UE y el Reino Unido avanza

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Habemus acuerdo del Brexit: EU UK TRACA

Tras meses de negociaciones y decenas de reformas, hemos recibido la noticia del Acuerdo Comercial y de Cooperación entre la UE y el Reino Unido o “acuerdo del Brexit” como feligreses viendo la fumata blanca de la estufa de la Capilla Sixtina tras las deliberaciones del cónclave y el anuncio del cardenal que ocupará la silla de San Pedro. En este caso, ha tocado el anuncio del acuerdo de la nueva relación entre el Reino Unido y la unión Europea habiendo finalizado el periodo transitorio a partir del uno de enero.

El acuerdo va a aplicarse provisionalmente hasta que sea aprobado por el Parlamento Europeo y el resto de parlamentos nacionales de los estados europeos. ¿Cómo será la solución entre el Reino Unido y la Unión Europea?

Lo que acaba

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Empecemos por lo que se finaliza, porque pasa a haber dos mercados donde antes había uno. Los ciudadanos de la UE no podrán permanecer largos periodos de tiempo en el Reino Unido sin visado y viceversa. Tampoco podrán comenzar un negocio sin más permisos que un local.

También finaliza la libre circulación de bienes, habrá comprobaciones en las aduanas, al menos en las europeas. Especial énfasis en los productos agrícolas y sanitarios. Los servicios tampoco seguirán circulando libremente y tendrán que estar sometidos a las reglas del país de destino. Se finaliza el reconocimiento mutuo de las categorías profesionales, y también se finaliza el pasaporte a las empresas de servicios financieros.

Además El Reino Unido dejará de tener influencia en las reglas de la UE, así como presencia en el Parlamento europeo y dejará de contribuir al presupuesto de la UE. También finaliza la permanencia del Reino unido en el programa Erasmus+, acabando con el intercambio de estudiantes entre las distintas geografías.

¿Qué se ha acordado?

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Un acuerdo comercial centrado más en bienes que en servicios. No requerirá la existencia de aranceles algunos a los productos procedentes del Reino Unido hacia la UE y viceversa. Esto es más ambicioso que los acuerdos comerciales negociados con Japón y Canadá, que no alcanzaban todos los bienes. Además se establecen mecanismos de arbitraje en el caso de disputa, ambas partes podrán tomar medidas para salvaguardar su economía en caso de competencia desleal. El Reino Unido además deberá demostrar que los productos cumplen las reglas de origen, es decir, que son de Reino Unido y no de otro lugar para disfrutar de estas condiciones. El acuerdo también simplifica los trámites de aduana y evitará las barreras no arancelarias o técnicas al comercio.

Los servicios estarán sujetos a las reglas de la OMC respecto al GATS (comercio de servicios). Se facilitarán los viajes cortos de negocios entre geografías. Se limitan ciertos servicios como los de transporte o audiovisuales.

También se llegan a acuerdos específicos en temas de transporte, las aerolíneas británicas no seguirán siendo consideradas de la UE (ojo con lo que puede suponer esto para IAG y sus aerolíneas Iberia, Vueling o LEVEL, como hemos comentado alguna vez). Hay facilidades adicionales para el transporte por carretera y marítimo entre ambas geografías.

También hay disposiciones especiales en términos de comercio de energía (dada la conectividad que hay entre ambas geografías, especialmente el uso de la electricidad francesa para satisfacer sus picos de demanda) y de provisiones respecto al cambio climático. Durante un periodo provisional de 5 años y medio los pesqueros europeos tendrán un acceso decreciente a los caladeros británicos, cuya cuota disminuirá paulatinamente. Esta se irá revisando poco a poco en los próximos años.

El Reino Unido permanecerá en algunos proyectos conjuntamente financiados por la UE, como son el proyecto ITER, los servicios de investigación de EURATOM. También habrá acuerdos de cooperación en términos de la Seguridad Social.

En términos de seguridad ciudadana, se establecen mecanismos para compartir información, así como colaboración entre el Reino Unido, Europol y Eurojust. También para evitar el blanqueo de capitales y el terrorismo.

¿Y el futuro?

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En el futuro no será de extrañar que como vecinos la UE y el Reino Unido sigan firmando acuerdos y cooperando, sigue siendo interesante para ambas partes trabajar juntas en el futuro como buenos vecinos y miembros de otras muchas organizaciones internacionales (Consejo de Europa, la OTAN, el FMI, la OCDE…) También es posible que la relación entre ambas partes se vaya enfriando poco a poco y nos encontremos con que se vayan dando la espalda.

Ahora queda por ver el futuro de la relación entre ambos territorios. Queda por ver si las previsiones de los optimistas o las de los pesimistas tendrán éxito. ¿Será el Reino Unido una fuerte potencia global o quedará irrelevante en un mundo cada vez más centrado en grandes bloques ante la emergencia de las potencias de Asia? Por otro lado ¿qué sucederá en la UE? ¿Tendrá su momento de superar sus problemas con el Reino Unido fuera de sus fronteras o estos se agravarán al no tener a la visión británica del mundo? Todo esto dentro del contexto de la Covid19, la enfermedad que está acelerando las tendencias actuales en la economía.

Autor: Javier J Navarro

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Economía

Valor compartido: hacia un nuevo capitalismo

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En noviembre de 2018, en Nueva York, la Maratón se disputaba el trending topic con la inminente apertura del segundo Headquarters de Amazon, en el barrio de Queens: el hombre más rico del planeta, Jeff Bezos, llegaba a una de las zonas más modestas de la ciudad.

La alargada sombra de la gentrificación, pero, activó a la comunidad local, que se opuso al proyecto. El resultado fue la modificación de esta decisión -de alto impacto estratégico- de la multinacional norteamericana por, entre otros motivos, la reacción de los vecinos. La sociedad es una variable clave en los negocios.

Desde la crisis del 2008 el capitalismo transita hacia un nuevo paradigma. El objetivo esencial ya no es la generación de beneficios a corto plazo para los accionistas sino la creación de valor a largo plazo para el conjunto de la sociedad.

Cuando las portadas del establishment económico como The Economist o Financial Times se alinean con esta tesis, cuando el Foro de Davos 2020 o las empresas más poderosas de EEUU de la Business Roundtable declaran que:

el propósito vinculado con el bien común debe estar en el centro del modelo de negocio las empresas, el nuevo escenario parece posible. ¿Ética o estética?

El propósito llama al talento. Los Fridays for future no son una anécdota de jóvenes ecologistas. Son la muestra de los colaboradores que nunca tendremos en nuestra empresa si el lucro es el único objetivo.

En esta línea, después de la cumbre del clima de París, 20.000 estudiantes de las mejores escuelas de negocio francesas firmaban un manifiesto donde se comprometían a no trabajar para ninguna empresa que tuviera un impacto climático negativo.

Cuando las élites también hacen la revolución parece evidente que estamos frente un movimiento tan transversal como imparable.

De hecho, en el último informe sobre gestión del talento millennial de la consultora Deloitte se enfatizan conclusiones interesantes sobre los motivos que provocarían que este segmento de la población decidiera marcharse de su empresa antes de 2 años. Entre otros, se subrayaba el hecho de no priorizar aspectos como el impacto positivo en su comunidad local (59% dejarían la empresa), la diversidad o la inclusividad (63%). La consistencia y coherencia en el propósito empieza por casa.

La sostenibilidad da dinero. Atomico, uno de los mayores fondos de capital riesgo a nivel global, en su informe de capital riesgo en Europa del 2019, destaca que más de 500 startups han levantado 4,4 billones de dólares con modelos de negocio vinculados con los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU.

En paralelo, los actores del sistema financiero no solo están generando divisiones específicas para abordar el gran reto de la sostenibilidad, sino que algunos la están ubicando en el centro de sus políticas de inversión.

Los principales grupos inversores Internacionales firmaron la declaración Climate Action 100+ en la que se comprometen a pivotar sus decisiones de inversión en operaciones respetuosas con el medio ambiente. Empresas como Danone o AccorHotels han firmado importantes créditos sindicados con diversas entidades financieras con tipos de interés variables vinculados a la sostenibilidad del proyecto.

Si en el 2008 las subprime fueron los activos tóxicos, en este nuevo entorno lo son las empresas con impacto climático negativo. Con el EBITDA ya no es suficiente.

El mercado da recompensas a las empresas sostenibles. El subíndice de sostenibilidad del Dow Jones, en el que cotizan las empresas internacionales más capitalizadas, muestra que:

los productos que incorporan los valores de sostenibilidad de forma consciente han obtenido seis veces más en ventas que los que no lo hacen.

Adicionalmente, más de 80 millones de consumidores europeos (Eurobarómetro 2020) afirman tener en cuenta criterios éticos cuando toman decisiones de compra en alimentación o ropa.

El nuevo producto ampliado va más allá del diseño, tecnología, funcionalidad o el packaging. Incorpora el alma de la empresa.

Los agentes económicos nos movemos por incentivos o por presiones. Desde el 2018 una directiva europea regula la necesidad que las empresas de más de 500 trabajadores no solo deben presentar un reporting financiero, sino también social y medioambiental. Este es un paso más en un camino de sofisticación creciente a nivel legislativo que nos condicionará la agenda.

De nuevo el entorno nos envía señales que hay que descifrar para tomar las decisiones estratégicas adecuadas. En este sentido, un marco conceptual potente es el valor compartido -término creado por los profesores de Harvard Michael Porter y Mark Kramer– entendido como el alineamiento del impacto económico con el impacto social y medioambiental. Realidades que, lejos de ser antagónicas, representan dos caras de la misma moneda.

El valor compartido consiste en añadir una dimensión social a la estrategia, partiendo de la base que el rol del sector privado en la solución de los retos mayúsculos a los que se enfrenta la sociedad va más allá de la filantropía (compartir un valor ya creado) o la responsabilidad social corporativa (vinculado a comunicación y márketing).

La clave radica en poner la sostenibilidad corporativa (económica, social, medioambiental) en el centro del modelo de negocio. ¿Cómo hacerlo? En equipo y con método.

La crisis actual ha acentuado el sentimiento de pertenencia al colectivo. Cuando la incertidumbre es la norma es necesario contar con compañeros de viaje que compartan los mismos desafíos.

Este es el ADN del trabajo de desarrollo de clústers que se basa en articular grupos de empresas interconnectadas para entender cuáles son las estrategias ganadoras a implementar mediante proyectos transformadores.

Mediante un enfoque público-privado, el modelo de clústers pivota en actuar como agentes de cambio para activar sinergias entre los integrantes del ecosistema (grandes empresas, pimes, startups, universidades, centros tecnológicos) y contribuir a capacitar a los directivos del futuro con modelos de gestión específicos vinculados al valor compartido como B-Corp. Este es el modelo que hemos construido, con carácter pionero, en el ecosistema clúster de Catalunya.

Se trata de un movimiento internacional que cuenta con más de 100.000 empresas inspiradas en su modelo (más de 3.000 certificadas) y que cuenta con referentes como Patagonia (ropa y equipamiento outdoor) que se ha querellado contra el ex-Presidente Trump por actuar como una amenaza al medio ambiente.

La nueva ola de empresas sostenibles la protagonizarán las empresas activistas. En nuestro entorno próximo, la comunidad BCorp la forman de momento unas 80 empresas de dimensiones y sectores diversos (Ecoveritas, Hola Luz, Roots for sustanability, Ethikos, Ecoalf,..) que inician una curva que será exponencial.

Se trata de un nuevo management para hacer frente a nuevos retos estratégicos, con métricas específicas como el impacto social monetizado. La ética reforzada con indicadores, sin espacio para la estética interesada.

Autor: Joan Martí Estévez

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Economía

Venezuela: su renta per cápita vuelve a los años cuarenta

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Venezuela devastada: su renta per cápita vuelve a los años cuarenta

A día de hoy, el petróleo sigue manteniendo una elevada importancia dentro del mix energético. Por ello, llama poderosamente la atención, que Venezuela, el país con mayores reservas probadas de crudo, esté devastada con una crisis económica que parece no tener fin y una hiperinflación que no cesa en su dinámica.

La prueba más evidente del destrozo económico es la evolución de su renta per cápita que ha llegado a niveles no vistos desde la década de los años cuarenta, con una caída del 75%. Su economía se caracteriza por la hiperinflación, la escasez, la delincuencia desenfrenada y el autoritarismo político, lo que ha producido un éxodo masivo.

Venezuela

Para hacernos una idea de la problemática existente en el país latinoamericano, los precios al consumidor en Venezuela subieron 65,7% en noviembre, según los datos de la Asamblea Nacional, marcando una aceleración de la inflación. Eso elevó la tasa de inflación interanual hasta el 4.087%. El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha dejado de publicar regularmente los indicadores, ya que la economía ha entrado en una espiral de colapso hiperinflacionario.

Venezuela se encuentra en el sexto año de un colapso económico hiperinflacionario, que se atribuye a la impresión desenfrenada de dinero para cubrir los déficits fiscales y la fuerte intervención del Estado en la economía, hasta Cuba tiene mayor libertad económica que Venezuela.

Si nos remontamos al 2013, el valor del bolívar estaba vinculado a las exportaciones de petróleo. Por aquel entonces, el 90% de los ingresos por exportaciones del país provino del petróleo. Todos esos ingresos de exportación habían permitido al gobierno de Hugo Chávez de 1999 a 2013 hacer grandes planes de programas sociales destinados a combatir la pobreza y la desigualdad.

El problema vino cuando el fracking entró en juego y provocó el hundimiento del precio del crudo. Ese escenario llevó a la caída de la demanda externa del bolívar para comprar crudo y dejaron de entrar dólares. A medida que el valor de la moneda iba cuesta abajo y sin frenos el precio de los productos importados se incrementaba.

A falta de los grandes recursos que aportaba el petróleo, se trató de cubrir vía impresión monetaria el déficit existente. La moneda se fue hundiendo y la inflación se incrementó. Como el gobierno se había encargado en los “años buenos” de destruir la iniciativa privada, y era imposible la importación de bienes de primera necesidad, se originó la escasez.

La economía venezolana vive un verdadero destrozo y no tenemos una comparativa cercana para evaluar la situación real que vive el país. Si la gran recesión de Grecia entre los años 2008 y 2013 se dejó la cuarta parte del PIB, estas cifras quedan ridículas ante la caída de económica de Venezuela que entre los años 2014 y 2019 ha visto la pérdida de dos terceras partes de su PIB, el 65% de la economía.

Autor: Marc Fortuño

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