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Economía

La Gran Recesión impactó doblemente a El Corte Inglés

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La lenta caída de El Corte Inglés

La Gran Recesión impactó doblemente a El Corte Inglés y todavía estamos viendo sus consecuencias. El anuncio que hizo la semana pasada (cerrará, venderá o transformará 25 centros) es una gota más en el camino hacia la irrelevancia de la gran empresa española.

Los problemas son múltiples y las salidas complicadas. Pero lo básico es que no ha sabido adaptarse a los tiempos. Quizá no había forma de adaptarse bien con un modelo anticuado sin grandes traumas que no tienen fácil solución.

El doble impacto de la crisis

El primer impacto gordo que sufrió El Corte Inglés fue la crisis que comenzó en 2007. El primer afectado fue el consumo y fue una crisis muy larga en España, con unos niveles de paro muy altos y una recuperación lentísima. Esto afectó a todos los sectores pero sobre todo a los que estaban centrados en el consumo como El Corte Inglés.

Pero a esto se le sumó que el modelo estaba ya agotado. En otros países este agotamiento llegó antes y muchos de las grandes empresas del estilo (como Sears en EEUU) estaban ya en declive.

Los motivos de este agotamiento del modelo son variados y eso hace aún más complicado adaptarse: por un lado los consumidores prefieren tiendas monomarca, ya no van a una gran tienda que ofrezca todo; por otro hay competencia que ofrece esas mismas tiendas monomarca aglomerdas: los centros comerciales; y por último el fenómeno online.

Sin apenas transformación

Con todo esto, El Corte Inglés pasó de tener unas ventajas increíbles para el consumidor (tener de todo y ser muy flexibles con las devoluciones) a ofrecer algo que todo el mundo ofrece, tanto online como físico. La transformación era inevitable.

Sin embargo, en lugar de transformarse, atacó segmentos saturados (Bricor para bricolaje, Supercor y Opencor para supermercados) con unos resultados desastrosos. Y para colmo llegó tarde y mal al mundo online, incapaz de competir con Amazon y similares.

Al final y después de más de una década de crisis el modelo sigue siendo el mismo, sin apenas cambios, cuando tendría que haber sufrido una transformación profunda para poder seguir compitiendo.

Errores estretégicos

Para rematar, durante estos años (y años atrás) ha habido varios errores estratégicos que han lastrado la compañía. La clave de este tipo de negocios no es tanto la venta en sí como el financiero e inmobiliario. El segundo no ha ido mal, ya que tienen tiendas en lugares bastante buenos (aunque también han tenido errores como el de Arroyosur). Pero el primero nada bien.

El principal problema es que El Corte Inglés llegó a la crisis muy endeudada debido a un plan de aperturas muy desordenado y en ciudades que no podían dar rentabilidad ni aunque hubieran sido un éxito.

La solución a esto se intentó dar con una ampliación de capital y metiendo un socio externo, cosa que añadió presión y problemas entre los socios tradicionales.

La gestión familiar de una empresa grande y no sacarla a bolsa no tiene por qué ser mala (no hay más que mirar a Alemania) pero tiene que haber una buena alineación y es cierto que en las crisis las discrepancias se suelen multiplicar.

Por último, recientemente se ha decidido la venta de las joyas de la corona (Óptica 2000, Informática El Corte Inglés, seguramente Viajes El Corte Inglés) para pagar deuda (presionados por el socio externo), cuando estas rentables empresas deberían haber sido las bases de un nuevo negocio. Cuando comenzó la crisis deberían haberse centrado en lo rentable (comenzando por estas empresas) e ir cerrando lo no rentable.

Posibles salidas

Con un modelo agotado solo se me ocurre una salida: menos centros (ya han empezado pero continuará), más elitistas, intentando atraer a un consumidor premium que pague por los grandes espacios (también lo han comenzado, hay centros muy especializados en turistas con alto poder adquisitivo), menos empleados y menos relevante.

No creo que haya una caída brusca si no la hemos visto ya, pero si una reducción paulatina del tamaño como estamos viendo ahora y seguiremos viendo en el futuro.

Autor: Alejandro Nieto González

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Bolivia

Liquidez y solvencia, los grandes problemas de la economía boliviana

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Autor: Dr. César D. Vargas Díaz (Ph.D) / Analista e Investigador Económico

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Economía

Crisis del covid y la matriz probabilidad-impacto

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Matriz probabilidad-impacto y crisis del covid

A nivel empresarial es importante abordar la gestión riesgos. En cualquier proyecto o en la vida misma de la empresa pueden surgir problemas, y evaluar los riesgos y tomar medidas preventivas para mitigarlos es una buena estrategia.

Una de las formas de abordar la gestión de riesgos es la matriz de probabilidad-impacto, que permite evaluar los riesgos y mitigarlos, pero sin centrarse en riesgos con muy baja probabilidad, cuya mitigación podría ser una pérdida de eficiencia.

Qué es la matriz de probabilidad-impacto

La matriz de probabilidad e impacto es una herramienta que permite establecer prioridades a la hora de mitigar posibles riesgos, e implementar soluciones ante acontecimientos que pueden ocurrir en una empresa o en un proyecto.

Para implementarla primero hay que hacer una lista de los posibles riesgos, y a continuación asignarle una probabilidad (improbable, posible, probable) y el impacto que causaría (despreciable, moderado, crítico).

Prob Impacto

Una vez hecho esto, para las combinaciones más problemáticas (por ejemplo, riesgos probables e impacto críticos) hay que tomar acciones previas que mitiguen el problema.

El método es bastante flexible, y en lugar de tres categorías se pueden tomar cinco, por ejemplo. En principio hay que tomar acciones para todo aquello que esté en la parte superior derecha de la matriz, en la zona roja, pero también se pueden tomar acciones para mitigar la zona amarilla. La idea es que dichos riesgos sean menos probables o que los impactos sean menores, para mover dichos eventos a la zona verde.

La matriz en la crisis del covid

Sin entrar a valorar si la crisis del covid se podría haber mitigado por este sistema (seguramente no, porque, aunque había pistas, los humanos tenemos tendencia a infravalorar riesgos), la idea es usar esta herramienta para evitar problemas ahora en las empresas.

Este método es muy útil. Se pueden evaluar los riesgos que existen en la actualidad en las empresas (por ejemplo, brotes en las oficinas, trabajadores enfermos, proveedores y clientes que quiebran), posicionarlos en la matriz y tomar medidas para mitigar estos eventos (teletrabajo, aislamiento de trabajadores fundamentales, buscar alternativas tanto de clientes como proveedores).

Todas las empresas que hagan esto estarán mejor preparadas para superar esta crisis. Pero también para futuras crisis, ya que es un método universal y que además obliga a pensar en el medio-largo plazo, en estrategia y no solo en táctica (corto plazo) como se suele hacer demasiado a menudo.

¿Es útil a nivel personal?

La matriz de probabilidad e impacto puede ser útil también a nivel personal, ya que permite pensar a largo plazo y evaluar estrategias de mitigación ante posibles problemas. Por ejemplo, perder el empleo podía ser poco probable antes de la crisis del covid y aunque el impacto es fuerte podría no haber estado en la zona roja. Sin embargo ahora es más probable y quizá alguna estrategia de mitigación previa merezca la pena (ahorrar, hacer cursos, mantener el curriculum actualizado, hacer contactos por linkedin…).

Si pensamos de nuevo a nivel personal, el riesgo que supone contagiarse de covid está claramente en la zona roja. El riesgo es bastante probable (no olvidemos que el 5% de los españoles se han contagiado y en algunas provincias se supera el 10%) y el impacto puede ser catastrófico (muerte, secuelas o contagiar a algún conocido o familiar que acabe mal). Por tanto usar una estrategia de mitigación es fundamental (usar medidas de protección y reducir los contactos sin esta protección, tomar medidas extremas está más que justificado).

Autor: Alejandro Nieto González

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Economía

La deuda global se dispara para luchar contra el coronavirus

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La deuda global se dispara para luchar contra el coronavirus

A escala global, a día de hoy no se ha conseguido doblar la curva de nuevos casos diarios en la expansión del COVID-19. La epidemia sigue su ritmo de propagación sin detenerse.

Tenemos el caso de Estados Unidos que parecía haber conseguido doblar la curva, pero el número de nuevos casos diarios ha ido repuntando en las últimas semanas reflejando nuevos récords.

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En los países emergentes existe también un grave problema el número de nuevos casos, especialmente en Brasil e India que junto a Estados Unidos lideran los países con mayor número de casos confirmados.

Los gobiernos están tratando de dar respuesta a esta situación a través de mayores recursos que vienen de la mano del déficit público. Y es en ese punto en el que el FMI está advirtiendo que estos paquetes fiscales masivos y nuevos préstamos están amenazando ya las calificaciones crediticias y la sostenibilidad de muchos presupuestos.

Pensemos que, por un lado, veremos una fuerte contracción de la actividad económica y consecuentemente, de los ingresos fiscales, junto con un considerable apoyo fiscal por parte de los gobiernos que se prevé que con todo ello la deuda pública mundial alcance más del 100% del PIB en este año.

La previsión actual es que el PIB global se hundirá un 4,9% en 2020, unas consecuencias que empequeñecen incluso a la crisis financiera global entre 2008 y 2009. El estancamiento del crecimiento llevaría a China a un modesto crecimiento del 1%, a un desplome de Estados Unidos del 8% y al derrumbe más absoluto de la eurozona con una contracción del 10%, con España e Italia sufriendo el mayor golpe con un derrumbe del 12,8%.

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Y a esta contracción del PIB le sumamos el incremento de los déficits públicos. Se espera que el promedio del déficit fiscal global se dispare hasta el 14% del PIB en 2020. La razón es que espera que los estabilizadores automáticos de los impuestos y la protección social ayuden a amortiguar la caída de los ingresos de los hogares durante la recesión, pero también que contribuyan a un tercio del aumento de los déficits en promedio. En particular, se prevé que los ingresos del gobierno caigan más que los que se hunden las economías.

Por todo ello, nos encontramos con que, a escala global, al finalizar el año alcanzaríamos el máximo histórico del 101,5% del PIB (subida de 19 puntos de la ratio frente al PIB en un año) y, para el año siguiente, llegaríamos al 103,2% del PIB.

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Para las economías avanzadas, el organismo internacional espera que la deuda pública llegue al 130% del PIB, unos niveles récord, ya que si tenemos en cuenta el periodo de la Segunda Guerra Mundial, el pico llegó al 120%.

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Muchos países desarrollados son los impulsores principales del incremento de deuda global, han llegado a la conclusión de que este aumento el gasto público y, por lo tanto, de los niveles de deuda pública es la opción preferible frente a una destrucción generalizada de la capacidad productiva durante la epidemia.

Para poner un ejemplo concreto, la emisión de deuda pública bruta se disparo a nivel récord de más de 2,1 billones de dólares en el mes de marzo, lo que supone más del doble del promedio entre los años 2017 y 2019 que fue de 0,9 billones de dólares.

La situación puede ser verdaderamente problemática para muchos países porque carecerían de apoyo de capital disponible para hacer frente a ese evento extraordinario, por lo tanto la expansión del virus tendría serías dificultades para ser controlado.

Este desafío por parte de los gobiernos nos lleva a que la trayectoria de la deuda y los déficits está sujeta a una gran incertidumbre y podría subir en un escenario adverso si la actividad económica decepciona debido a un resurgimiento de las infecciones o si los pasivos contingentes de un gran apoyo de liquidez se materializan cuando las condiciones de financiación se hacen más estrictas.

No podemos descartar en el futuro más inmediato una nueva expansión del virus que ponga en tensión a los presupuestos públicos de diferentes países y que presenten problemas para financiarse. Hablamos de una crisis de deuda en la que los países se ven atados por la incapacidad de pedir dinero para refinanciar los vencimientos y afrontar los gastos para el año en curso.

Publicado en: Ir a la fuente
Autor: Marc Fortuño

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