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Cultura

Instagram es la red del presente y del futuro

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No corren buenos tiempos para Facebook, a pesar por los esfuerzos de Zuck por restaurar su credibilidad, mediante conferencias para distintos agentes de gobierno o incluso mediante anuncios en televisión, con su reciente e inusual  Here Together.

Además, hace pocos días concluían  en  Pew Research Center sobre aquello que mis alumnos hace tiempo que destacan: Instagram es la red del presente y del futuro. No hay nada, para jóvenes y adolescentes, que se pueda querer hacer en redes sociales y que no haga Instagram.  Quizás faltaba mejorar en cuestión de video, así que hace poco, leía cómo la red de relaciones por excelencia pretende acercarse también a Youtube, permitiendo postear y almacenar videos de hasta 1 hora o más en un futuro no muy lejano.

Pero veámos con un poco más de calma las conclusiones de Pew:

-Snapshat sobrevive entre los jóvenes de 13 a 17  pero por debajo de Instagram, con Youtube como red preferente también a esas edades.

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Recordemos  la tendencia dominante de las stories.  La mayoría de los jóvenes prefiere postear en ellas (o en snapchat) sobre temas más informales, reservando Instagram para cuestiones más relevantes, dignas de durar.

-Facebook continúa a la baja, con solamente un 10% de jóvenes usándolo de forma frecuente y una bajada de más del 20% sobre su uso en el mismo estudio en 2015.  Profundizando algo más, los jóvenes declaran que usan FB solamente para eventos y para comunicarse con gente mayor, convirtiéndose en algo que se tiene pero se usa de forma esporádica y cada vez más irrelevante.

De los datos de Pew podemos deducir alguno de los motivos de estas preferencias: como decíamos en el posteo sobre las stories, la plataforma mobile tiene mucho que ver en ello. Así, el 95% de los jóvenes accede a smartphones y el 45% dice hacerlo casi de forma permanente.

Un estudio reciente de IAB España va en la misma línea: para esta generación las Redes preferidas son Instagram,  WhatsApp  y Youtube. Aparecen, además, redes verticales, de intereses, también muy “mobile” y cada vez más populares, como Tumblr, 21Buttons, Twitch y Musicall y.

Quizás por ello, para conquistar al joven que sigue intereses particulares, Instagram lanzaba recientemente la posibilidad de seguir hashtags. Decimos frecuentemente que los jóvenes de hoy son “curadores” de contenido naturales, que agradecen las posibilidades de descubrimiento y organización  de cosas afines a sus intereses que ofrecen las redes. El estudio de IAB iba en el mismo sentido: el 73% suele buscar información en alguna Red Social antes de realizar sus compras por internet. Casi la totalidad de la Generación Z (92%) sigue a algún influencer, especialmente en Instagram (63%) y Youtube (43%).

Incluso, como leía en otro artículo recomendado por @manuelcurado citando un artículo que reafirma esto último, parece que Instagram se está imponiendo como la WikiHow para los jóvenes de la Gen Z.

En fin… veremos si es o no una moda. La aparición de Vero y otras alternativas apunta ya a cierta saturación sobre lo comercial en Instagram, la hoy por hoy, red de redes de nuestros jóvenes.

Publicado originalmente en: Ir a la fuente

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Cultura

El triunfo de las stories (las redes instantáneas)

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el-triunfo-de-las-stories-las-redes-instantneasLas marcábamos como tendencia para este 2018: las que hace tiempo denominábamos “redes instantáneas” aumentarían su importancia en el panorama de los Social media.

Y ya no hablamos de Snapchat, en declive desde que otras redes han adoptado sus funciones: según datos actuales, las stories de WhatsApp son utilizadas por 450 millones de usuarios diarios, las de Instagram, por 300 millones.  Facebook Messenger acumulaba 70 millones en septiembre de 2017 y Snapchat, aunque como decíamos va a la baja en nuestro ámbito, 150 millones.

Lo comentan en Techcrunch: con 970 millones de cuentas posteando stories, puede que estemos ante el formato del futuro.  Un estudio de Block Party calculaba su crecimiento, 15 veces mayor que los feeds (los posteos tradicionales) en los últimos años.  Todos/as los grandes agentes, además, se preocupan de ello, con Mark Zuckerberg diciendo durante las últimas semanas que Facebook está trabajando en la monetización, de nuevo, de sus stories, también FB añadiendo posibilidades como la de compartir audiciones de Spotify, Google lanzando sus stories para news o  Netflix, Youtube, también trabajando en ello.

Es por todo ello que me planteaba durante los últimos días el porqué de su predominio creciente.

 

Y es que los Social media eran ya una ventana a las vanidades o méritos de quienes posteábamos en ellos.  Lo posteaba, en forma de stories y con afán de recolección de datos y opiniones esta mañana en varias de las redes que hemos mencionado:

 

¿Cuál es ese atractivo que las hace the next big thing? Hay mucho de “mirad lo interesante que es mi vida”, on steroids… nada nuevo en social media 🙂 Parece algo así como un preferir mostrar lo interesantes que son nuestras vidas a vivirlas …

 

Y recogía interesantes opiniones y datos: En twitter @mireiagrange destacaba la fugacidad, el espíritu de “carpe diem”, de “vive el momento” en las stories.  Ester Villar (@gallisteas) añadía que constituyen, de algún modo, el triunfo de la cantidad sobre la calidad. Postea…. lo que sea, sin demasiado filtro ni edición, pero postea….

Pete the cat (@apedom), @donhammurabi añadían cómo se prioriza el contenido que se adapta mejor al formato breve, de impacto y lectura ágil. Lectura muy directa, como una señal de tráfico al passar a 100 km/h. Contenido pictográfico 🙂

@farodigitalok nos recordaba, por último, a Manu Chao, que destacaba con tristeza cómo grabar, convertir la experiencia en trofeo,  parecía más importante que disfrutar del concierto.

En Instagram, @agorabierta comentaba que las historias nos conectan emocionalmente. Y sí, eso siempre ha sido así, aunque no estoy segura de que lo que estamos llamando hoy “stories”,no  sean tanto historias entendidas en un sentido tradicional sinó  sucesiones de instantes encadenados y fragmentados como comentan otros lectores.

También podemos pensar que las stories son una consecuencia de la web móvil, el formato más afín a los usos actuales de internet desde nuestros smartphones.

 

Desde un punto de vista más socio-psicológico, sin embargo, vuelvo al tema de la vanidad. Creo que no es casual que sea, para el usuario de a pie (no cuentas de empresas), controlar con mayor facilidad, no solamente quién las comparte o marca con corazones sino también, directamente, quién ve sus stories en Instagram o Whatsapp. Se trata de exponer retales de nuestras interesantes vidas, cuantos más mejor, sí, probablemente para generar empatía y recibir feedback sobre a quien se la generamos, pero al precio cada vez más alto de compartir en mayor medida nuestra intimidad. En los feeds, en los posteos tradicionales, compartíamos solamente los titulares, con las stories tenemos la oportunidad de abrir ventanas, supuestamente más auténticas, a nuestros mundos cotidianos, aunque eso interrumpa, como destacaba Manu Chao, nuestras experiencias y las convierta, a la vez, en espectáculo.

Se trata, siendo benevolentes, de potenciar la autoestima, de democratizar la vanidad, la espectacularidad, de hacer interesante lo nuestro, lo cotidiano. Siempre que eso se traduzca en autoafirmación y bienestar y no en esclavitud y alienación de acuerdo a la norma de lo más fashion del momento en redes sociales, bienvenido sea.

 

En fin… observaremos el fenómeno…. Gracias a todos/as por vuestra inspiración.

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Cultura

Entrevista ciclo Educar en el siglo XXI (Cantabria)

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Dejo, con la intención de volver a potenciar este espacio en breve, una entrevista que me pareció bastante interesante,, durante mi visita a la Universidad Europea del Atlántico, en motivo de mi participación en el ciclo “Educar en el siglo XXI”, para profesores Cántabros.

Espero que os guste.

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Cultura

Fortnite, Bandersnatch, destellos de la internet que imaginamos

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Lo he observado y apuntado durante los últimos meses en charlas y artículos: aquella primera internet que nos consolidó a muchos como optimistas tecnológicos, aquellas primeras redes que sirvieron a nuestros jóvenes para auto-organizarse y reinvindicar, como hacía muchos años que no sucedía, un mundo mejor (recuérdense el 15M, los movimientos “occupy Wall Street” y similares que motivaron, entre otras cosas, el esfuerzo de este blog), no ha parado, conforme los lobbies económicos la han ido conquistando, de ir a peor.

Cambiaron los dispositivos y los ordenadores, con sus teclados invitando a la participación, dieron paso a las tabletas, los smartphone, que nos devolvieron al consumo pasivo de información. La blogosfera, aquel espacio de infinitos librepensadores, cedió pronto al poder económico de los grandes medios, con grandes recursos y grandes presupuestos con los que ganar una batalla por la visibilidad que los pequeños/as teníamos de antemano perdida.

Los anteriores prosumidores, blogueros, en redes… los nuevos informadores ciudadanos de aquel periodismo 3.0, diversos, independientes, críticos, aportando las opiniones minoritarias que necesitábamos han degenerado, podríamos decir, en los actuales “influencers”. Los hemos denominado recientemente aquí “trashtubers”, soldados en la batalla por los subscriptores, por el morbo, por dar la nota en la mayor medida posible, frecuentemente auto-inmolados tras la calderilla que les ofrecen plataformas con un inmenso afán de lucro y pocos principios, como Youtube.

Exploramos Youtube en El caparazón, plataforma supuestamente meritocrática y supuesto espejo de la cultura popular que resultó ser finalmente un mundo de divinización de unos nuevos influencers, pocos, menos maduros, más superficiales, absurdos… con los que aborregar de nuevo a unos jóvenes que llevaban unos años dudando demasiado de lo establecido, que ponían en riesgo modelos de negocio y sistemas políticos, que resultaban en definitiva, peligrosos para quienes aún ostentaban y han reforzado durante los últimos años un poder intocable (recomiendo buscar el concepto “El fin de la historia” referido al capitalismo como único sistema posible).

A toda la devastación sufrida por la red en los últimos años (manipulación de la influencia, difusión interesada de noticias falsas) se sumaba, durante los últimos años y añadiendo fuerza al proceso de pasivización que estamos describiendo, Netflix y similares.

El
modelo a seguir: el de la televisión, perfecto instrumento de
alienación contemporáneo. Si bien
a diferencia de la tradicional,
en el caso de las nuevas plataformas online es en mayor medida la
comunidad la que determina el tipo de contenido que se consume, la
experiencia del usuario, lo que aprendemos tras el visionado de
maratónicas series,
nos devuelve a
en un lugar de pasividad no demasiado alejado del que recordamos los
mayores sobre la vieja caja tonta.

Quedó
atrás así, la esperanza dibujada por autores como Clay Shirky hace
unos veinte años, a quien muchos de
los optimistas racionales de nuestro ámbito seguíamos, con su
observación sobre el potencial del excedente cognitivo que liberaba
la aparición de los nuevos medios: si
con una pequeñísima parte (unos 100 millones de horas al año) del
más de trillón de horas al año que pasa la gente en el mundo
viendo la televisión, hemos creado cosas como la Wikipedia,
imaginemos lo que puede significar la utilización altruista,
generosa y colaborativa del tiempo de la humanidad conectada a las
redes sociales en la construcción
de un futuro mejor para todos/as.

No hubiese escrito esta entrada, sin embargo, si no observase algo de luz entre las tinieblas. Y es que algunos indicadores me devuelven, últimamente, la esperanza.

fortnite-bandersnatch-destellos-de-la-internet-que-imaginamos
Experimento Netflix de Storytelling interactivo

Aunque últimamente algunos autores hablan ya de Generación Alpha, no creo, como justificaba en las últimas entradas sobre Generación Z (el fin de las generaciones), que el tema esté justificado. Es cierto, sin embargo, que desde los recientes tiempos de Pokemon go y similares, parece estar consolidándose cierta tendencia, cierto vuelco en los hábitos de ocio de nuestros jóvenes hacia los videojuegos.

Leía recientemente sobre la preocupación, precisamente del gigante Netflix, al respecto: con 139 millones de suscriptores en el mundo, en una reciente aparición decían: competimos (y llevamos todas las de perder), ya no con otras plataformas de vídeo online (HBO, Amazon y similares), sino con sitios de videojuegos. Ejemplo de ello es hoy la ya victoria absoluta en la batalla por la atención, de nuevas propuestas como Fortnite, actual ejemplo de videojuego de acceso fácil, económico y capaz de proporcionar experiencias muy satisfactorias a los jóvenes GenZ.

El tema podría parecer, a primera vista, sinérgico con el proceso de aborregamiento del que hablábamos, pero si intentamos dar un paso más allá, lo cierto es que quizás no sea tan malo que algo, aunque sea la ficción de este o cualquier otro videojuego, saque a nuestros jóvenes de la pasividad.

Si no nos dejáis cambiar la realidad, nos refugiaremos en realidades alternativas, postulaban libros de análisis sociológico ya clásicos sobre el fenómeno “gamer”. (recomiendo especialmente Reality is broken, un clásico ya de Jane Mc Gonigal que ya destacaba el potencial de las habilidades que estaban aprendiendo y practicando los videojugadores). A diferencia de delante del televisor o “enganchados” a maratónicas series, en los videojuegos que parece que ahora atrapan, más que nunca antes, a nuestros jóvenes, se aprende, se entrenan (lo hemos visto también antes aquí), capacidades cognitivo-sociales importantes, como la planificación, habilidades de colaboración, creatividad, aprendizaje de idiomas, etc.

Bienvenidos sean, así, los experimentos que nos propone la misma Netflix. El reciente lanzamiento de Bandersnatch, episodio de la popular serie “blackmirror”, resulta un primer intento acerca de algo realmente prometedor desde el punto de vista educativo: el futuro del video online parece tratar, ya no solamente de la aceptación pasiva de tramas y secuencias argumentales, sino de asumir cierta responsabilidad en el desarrollo de las historias. Quienes habéis visto el capítulo, ¿no os sentistéis mal en algún momento por haber sido los responsables de desenlaces infelices de la historia?

Hemos presentado un destello hoy, pero si vuelvo a este espacio es porque existen algunas luces con las que contrastar las sombras que han inundado últimamente la red de redes. Blockchain, plataformas alternativas, incluso propias, más respetuosas con el creador y las diversas comunidades, menos esclavas de la popularidad y el afán desmedido de lucro, hablaremos largo y tendido de todo ello en próximos posteos y videos en el canal hacker de El caparazón Inside.

En fin… que os he echado de menos, que he echado de menos este espacio, que ya empezaba a necesitar volver a analizar la red desde el punto de vista de la psicología, de la educación, del bienestar de ser humano y sociedad. Que vuelvo a asumir, con todos vosotros, jóvenes, adultos educadores, la responsabilidad de aliarnos con nuestros jóvenes, de ser nosotros/as mismos/as los superhéroes y superheroínas conectados que, como rezan desde siempre las historias interactivas, elijamos nuestras propias aventuras y destinos.

Hasta
muy pronto.

Publicado originalmente en: Ir a la fuente

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