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Sociopolítica

El Santo Sepulcro

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Jerusalén — Para conocer los secretos de la gente se necesita tiempo. No se puede simplemente aparecer, tomar fotografías durante algunos días y esperar que la gente se abra, especialmente si se trata de los guardianes de la tumba de Jesucristo. Los franciscanos han permanecido los últimos 800 años en Jerusalén, convirtiéndose en el grupo cristiano con mayor permanencia en la ciudad sagrada.

Franciscan friars pray and sing during the Lenten procession around the Tomb believed to the be site where Jesus Christ is buried in the Church of the Holy Sepulchre in the Old City of Jerusalem, on February 17, 2018. Curas franciscanos oran y cantan durante una lenta procesión alrededor de la Tumba, donde se cree fue enterrado el cuerpo de Cristo en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, el 17 de febrero de 2018
(AFP / Thomas Coex)

Por lo general, un fotógrafo de agencia no tiene el lujo de pasar mucho tiempo trabajando en una historia. Cubres lo que necesitas cubrir y continúas, tal como ocurre en una oficina tan ocupada como la de Jerusalén. He trabajado para la AFP durante 30 años y esta es la primera vez que me he dedicado durante varias semanas a una misma historia.

La idea surgió mientras caminaba por el casco histórico en octubre pasado. He sido el jefe de fotografía para Israel y los territorios palestinos durante cuatro años y, cuando puedo, voy regularmente a la Ciudad Antigua, cuyas calles zigzagueantes resultan siempre en buenas imágenes.

Frailes franciscanos oran en la tercera estación de la Vía Dolorosa en la Ciudad Vieja de Jerusalén durante una procesión semanal, el 23 de febrero de 2018
(AFP / Thomas Coex)

Aquel día fotografiaba a turistas en la Vía Dolorosa, cuando ví a varias decenas de personas utilizando la misma camiseta: “800 años” se leía en ellas. Intrigado les pregunté de qué se trataba y me explicaron que conmemoraban los 800 años desde que los franciscanos llegaron por primera vez a Tierra Santa.

Los franciscanos son una de las tres principales confesiones cristianas que se ocupan de cuidar la tumba de Cristo, donde los cristianos creen que Jesús fue enterrado durantre tres días antes de resucitar.  La mayoría cree que este lugar es una pequeña gruta dentro de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

Franciscan friars observe the tomb of Jesus from the gallery at the Church of the Holy Sepulchre in the Old City of Jerusalem, on February 17, 2018.  Dispatched to the city 800 years ago by the Catholic order's founder, Saint Francis of Assisi, the FranciCuras franciscanos observan la Tumba de Cristo desde una galería en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, el 17 de febrero de 2018
(AFP / Thomas Coex)

Me acerqué a los francisanos para que me permitieran hacer un reportaje fotográfico en profundidad sobre ellos. Al principio dudaron, son bastante reservados.  Cuando les dije que quería fotografiar más allá de lo que habitualmente la gente ve y documentar algunos momentos de su vida cotidiana, no respondieron. Pero en una fiesta me enteré que mi amigo Cyrille Louis de la revista Le Figaro tenía la misma idea. Así que decidimos unir esfuerzos y después de una gentil persuasión, los frailes finalmente aceptaron.

Franciscan friars pray and sing during the Lenten procession inside the Church of the Holy Sepulchre in the Old City of Jerusalem, on February 17, 2018.
(AFP / Thomas Coex)
A Franciscan friar walks past the portraits of former Custos placed in a dedicated room at the St Saviour Monastery, the Franciscan headquarters in the Old City of Jerusalem, on January 25, 2018. (AFP / Thomas Coex)

Los fotografié durante dos meses y medio, cada vez que mi apretada agenda me lo permitía. Cuando se trabaja en una historia como ésta -cuando tratas de sentir verdaderamente a los personajes- la confianza es clave.

 

Así que fui varias veces solo para conversar con ellos, aunque llevaba mi cámara, no tomaba fotos. Los franciscanos me vieron muchas, muchas veces y con el tiempo se acostumbraron a mí, así que tengo atisbos de lo que sólo ellos pueden ver.

El resultado fue un material fantástico, creo que logré transmitir una imagen agradable y texturizada de la congregación.

Franciscan friars discuss in a corridor in the Church of the Holy Sepulchre in the Old City of Jerusalem, on February 21, 2018. Dispatched to the city 800 years ago by the Catholic order's founder, Saint Francis of Assisi, the Franciscans have for centuriCuras franciscanos conversan en un corredor de la iglesia del Santo Sepulcro en la Ciudad Antigua de Jerusalén, el 21 de febrero de 2018
(AFP / Thomas Coex)

En Jerusalén, la comunidad está dividida en dos grupos. La más visible está conformada por 15 frailes que viven en el Santo Sepulcro. Se ocupan del cuidado de la tumba, realizan las misas y procesiones, y dan la bienvenida a los fieles.

Los peregrinos y turistas solo llegan a ver una sección del espacio ocupado por los franciscanos. También disponen de dormitorios, una cocina, una sala de reuniones y una sacristía.

En la iglesia, se turnan con las otras dos confesiones guardianas de la tumba: los  greco-ortodoxos y los armenios.

Los visitantes habituales del Santo Sepulcro hacen cola por más de una hora para ver la tumba –desde una línea- durante menos de un minuto. Gracias a la confianza construida con los franciscanos, logré estar más de una hora y media allí, mientras hacían la limpieza. Es algo inusual.

Croatian friar Sinisa Srebrerovic cleans the ornaments inside a tomb believed to the burial site of Jesus Christ on March 2, 2018.  El fraile croata, Sinisa Srebrerovic, limpia los ornamentos dentro de la tumba donde se cree fue enterrado Jesucristo, el 2 de marzo de 2018
(AFP / Thomas Coex)

El segundo grupo de franciscanos está compuesto por 80 monjes, quienes viven en un convento a 200 metros de la iglesia. Se dedican gran parte del tiempo a orar, pero también realizan muchas actividades sociales. El convento es la sede de los franciscanos en Tierra Santa, desde donde administran varios lugares santos en los que tienen presencia, como en Belén, Nazaret, Líbano, Siria, Irak, Chipre y la Isla de Rodes. En total, emplean a 1.200 personas en Tierra Santa.

El convento es inmenso y como todo en  la ciudad, es muy antiguo, tiene varios pisos y mucha actividad. Hay frailes trabajando en el jardín, donde han cultivado plantas medicinales desde hace siglos (como hice el reportaje durante el invierno, desafortunadamente no obtuve fotografías de esta parte). También hay frailes horneando pan, ahumando carne de cerdo que compran en un kibutz y un sastre que cose las túnicas marrones que visten. Hay una pequeña ciudad dentro del convento.

Franciscan friars show hams and sausages they produce for their consumption, at an underground basement at the Saint Saviour Convent, the Franciscan headquarters in the Old City of Jerusalem, on March 14, 2018. Los curas franciscanos elaboran embutidos para su propio consumo, en un sótano del Monasterio de San Salvador, sede de la orden franciscana en la Ciudad Vieja de Jerusalén, el 14 de marzo de 2018
(AFP / Thomas Coex)
Franciscan friars pray before having dinner at the refectory inside the Saint Saviour Convent, the Franciscan headquarters in the Old City of Jerusalem, on March 15, 2018.Los franciscanos rezan antes de cenar en el convento de San Salvador, en Jerusalén, el 15 de marzo de 2018
(AFP / Thomas Coex)

También hay curas que se hacen cargo de los archivos. Este es el lugar más importante y seguro del convento, porque contiene documentos invaluables. Algunos son del siglo XIII, como el acuerdo de los Mamluks, quienes en aquella época otorgaron el derecho a los franciscanos de quedarse en Jerusalén. Asimismo, hay una espada del siglo XIII que es utilizada para nombrar a los caballeros del Santo Sepulcro.

 

Franciscan friar Serge Loktionov shows the sword used since the XIII century by the Custos (the chiefs of the Franciscans in the Holy Land) to anoint knights of the Holy Sepulchre. El fraile franciscano Serge Loktionov muestra la espada utilizada desde el siglo XIII por el Custodio (el jefe de los franciscanos en Tierra Santa) para ungir a los caballeros del Santo Sepulcro.
(AFP / Thomas Coex)

La orden tiene muchas actividades. Posee unos 400 departamentos en el casco antiguo de la ciudad, que deben mantener y administrar. Utilizan estas propiedades para mantener la presencia de los cristianos en el corazón de la ciudad, por lo que dejan que las personas vivan en ellos básicamente pagando solo los impuestos.

Gracias a la confianza que establecimos, pude fotografiar a los frailes haciendo deportes junto a estudiantes en la escuela de Terra Sancta o a los frailes retirados que viven en la enfermería, en el último piso del convento.

También visitan a pobladores que están demasiado enfermos para ir al a iglesia a recibir la comunión.

Pude retratar además los momentos espontáneos de su vida cotidiana. La oración antes de la comida o cuando, después de un almuerzo o una cena, van a un salón para servirse café, jugar cartas y conversar. Hay una agradable atmósfera y es una faceta de ellos que es difícil de ver.

Conocer a los frailes y retratarlos fue uno de mis reportajes favoritos porque al final logré un acceso increíble a ellos. ¿Quién además de los frailes, ha pasado una hora y media en la tumba de Cristo? ¿O cómo se relajan después del almuerzo? Necesitas tiempo para fotografiar esos momentos. Mucho tiempo.

A Franciscan friar plays basketball with Palestinian children from the Terra Sancta school during a sport session in the Old City of Jerusalem, on March 1, 2018.Un fraile franciscano juega baloncesto con niños palestinos de la escuela Terra Sancta, el 1 de marzo de 2018
(AFP / Thomas Coex)

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Autor: thomas.coex

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El silencio de Johannesburgo

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Marco Longari, fotógrafo jefe de la AFP en África, ha vivido en Johannesburgo desde 2014. Empezó como fotógrafo en su natal Roma y en 1998 fue a Kosovo como freelance, un trabajo que resultó en el libro “Vecinos en guerra”. 

Dos años más tarde, empezó su historia con África como colaborador en Ruanda. Luego se convirtió en el principal fotógrafo de la agencia en Nairobi y Jerusalén. Su trabajo durante la Primavera Árabe lo llevó a que la revista Time lo nombrara en 2012  Best Photographer on the Wires.

En marzo pasado, cuando empezó en Sudáfrica el confinamiento por por la covid-19 decidió contar la historia de manera diferente. En vez de usar una cámara digital como la que utiliza siempre, compró una LinhofTechnika III,  una máquina de gran formato que llegó al mercado en 1946. Esto le implicó moverse más lentamente, lo que en cierta forma encajó con la tranquilidad de la ciudad.

Marco sólo pudo encontrar dos cajas de película en blanco y negro. Las imágenes que produjo capturaron el espíritu de la ciudad, desprovista de su habitual ajetreo … Fue como si  esta capital hubiera perdido su color. Un relato para leer y escuchar.

Para muchos Johannesburgo no es la ciudad ideal. Es grande, es pesada, es vibrante y en momentos peligrosa. Seis millones de personas en un área que se extiende de barrio a barrio y tiene todos los problemas comunes de contaminación, tráfico e inseguridad.  Hay límites para lo que puedes hacer y  a donde vas. Nunca puedes bajar la guardia, aunque no todo es inseguridad y miedo. Hay lugares en los que puedes dar un paseo tranquilo y otros donde no puedes, igual que pasa en París, Roma, Nueva York o Londres.  Esta ciudad tiene su propio espíritu. Encuentras personas reales, que trabajan y ocasionalmente luchan. En ningún lugar más que en mi barrio de Hillbrow, cada viaje a la tienda local está lleno de posibilidades, algunas buenas, otras malas, todas aventuras de algún tipo.

Cuando el confinamiento empezó, fue como si alguien hubiera apagado el sonido, como si nos hubiéramos pasado de una película de colores con banda sonora que dan vida a la pantalla a una muda, parpadeando en blanco y negro. El ruido fue remplazado por el silencio, el bullicio reducido a la calma. Quería capturar el sentido de la tranquilidad del confinamiento.

La ciudad se encontró silenciada a sí misma y se convirtió en “un nuevo lienzo en el que se estaban contando nuevas historias”.

Esto no era un proyecto para una cámara digital. Necesitaba la gran profundidad y definición de la película. Tenía en la mente el asombroso trabajo que hizo David Goldblatt durante los años del aparthied en Sudáfrica. Quería aprovechar la calma de la ciudad que permitía concentración y precisión. Necesitaba la Lienhof.  Una vieja cámara plegable a la vista,  que era un regreso a los primeros días de la fotografía. Trabajas a ciegas para cargar la película con las manos dentro de una manga y desapareces cuando te metes bajo un paño para tomar la foto. Como no hay espejo,  la imagen que ves a través del lente está al revés. El foco tiene que estar absolutamente correcto, la luz, todo tiene que estar calibrado antes de tomar la foto.  Es un proceso muy diferente al trabajo que se hace diario como fotoperiodista en Agence France-Presse.

Barrio Hillbrow, Johannesburgo, 15 de abril de 2020 (AFP/ Marco Longari)

Hillbrow es una de las partes más antiguas de Johannesburgo, data de 1880. Ha cambiado un poco desde entonces aunque aún hay una gran vista desde lo alto de la montaña que cruza la ciudad. Ves hacia el centro de la metrópoli y tomas una perspectiva del amplio boulevard vacío con los edificios a un costado. Me puse en medio de la calle y metí la cabeza debajo del paño para hacer el tiro. Estaba en mi mundo al revés, disfrutando del silencio. Ese momento fue una bendición, una rara oportunidad. Sólo que cuando salí de debajo del paño me di cuenta de que tenía público. Había cerca de 20 personas en las ventanas de los edificios de atrás de mí. Esto pasa pocas veces, la gente se movía con suavidad a mi alrededor, como si entendiera el espíritu de lo que estaba haciendo.   

Johannesburgo, el 15 de abril de 2020, calle Lilian Ngoyi (AFP / Marco Longari)
Johannesburgo, el 15 de abril de 2020, vista de la calle Rissik, cerca de la estación Central.
7 de mayo de 2020, vista de los rascacielos Braamfontein y Hillbrow desde la gran terminal de autobuses de la calle Bree en Johannesburgo.
(AFP/ Marco Longari)

Tomé esta imagen desde el segundo piso de una gran terminal de autobuses, normalmente abarrotada de gente. Es uno de los lugares de grandes encuentros para los locales. En el fondo podemos ver una zona bastante moderna del centro que estaba vacía y silenciosa cuando tomé la foto. Muy extraño.

Johannesburgo, 9 de mayo de 2020, en el distrito de Jeppestown (AFP/ Marco Longari)
Distrito de Kensington, en Johannesburgo el 9 de mayo de 2020. (AFP / Marco Longari)
Distrito de Kensington, Johannesburgo, el 9 de mayo de 2020. (AFP/ Marco Longari)

 

Tomar las fotografías es solo una parte del proceso. La otra es revelar. Actualmente sólo hay una persona que revela en blanco y negro en Johannesburgo, Dennis da Silva. Es especialista y una leyenda con derecho propio. Cualquiera que sea alguien en el mundo de la fotografía en Sudáfrica tuvo que haber pasado por Dennis en los últimos años. Los chicos del club Bang-Bang, Goldblatt, todos ellos fueron con Dennis. Trabajó en alguna gran impresión de Ernest Cole en la época en la que era asombroso.

Johannesburgo, el 9 de mayo de 2020. Don Buildings en la calle Commissioner. (AFP/ Marco Longari)

 

Desafortunadamente no quiso recibirme cuando lo llamé. Estaba confinado en su casa y le preocupaba contraer el coronavirus. Le llamé un día tras otro hasta que cedió. Abrió el laboratorio e hizo mi primera toma. No estaba muy impresionado. Me llamó y me dijo “Marco, ¿que hiciste?”.

Me disculpé,  era mi primera vez y estaba tratando de cargar la película en el saco negro. Debí haber tenido un pequeño problema con las alineaciones, tal vez cargué mal la película. No es fácil en la oscuridad cuando todo es tocar y sentir. Algunas de las tomas quedaron inservibles. Prometí hacerlo mejor con la segunda caja. Afortunadamente lo hice y Dennis estaba muy contento. Al final pude tomar 16 cuadros de 40.

Johannesburgo, el 10 de mayo de 2020. Escena en la estación de Davies Street en Doornfontein. (AFP / Marco Longari)

Pasará un largo tiempo para que la vida en Johannesburgo vuelva a ser lo que fue. Aún no hemos alcanzado el pico de la epidémia. En cierto modo, como personas que hacen la crónica de los acontecimientos a medida que se desarrollan y registran la historia, tenemos la suerte de ser testigos de un evento de este alcance e intensidad. Pero eso también trae consigo un gran sentido de responsabilidad.

Cada día ponemos fotos que añaden un ladrillo a esta historia que se está desarrollando y  nos toca a todos en el planeta. Tenemos que llevar imágenes que tengan un significado, una identidad, una historia que hable a la gente. Hubo una etapa en la que me sentí atrapado en el torbellino de la historia, algo que es inevitable cuando trabajas para una agencia del tamaño de AFP. 

Pero este proyecto me dio la oportunidad de encontrar un momento para detenerme, pensar, concentrarme y encontrar otro punto de vista. Todos necesitamos eso de vez en cuando. Nos ayuda a dar sentido a la  historia que se despliega a nuestro alrededor.

Johannesburgo, el 10 de mayo de 2020. Los caminos de entrada de Parkhurst están llenos de hojas que los jardineros ya no pueden recoger…
(AFP / Marco Longari)

Este blog fue escrito y redactado con  Michaela Cancela-Kieffer en París. 

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Autor: marco.longari

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Sociopolítica

Hoja de ruta a través del Sáhara

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Amaury Hauchard, reportero en Bamako,  Adrien Barbier, videasta y  John Wessels, fotógrafo, ambos basados en Dakar, se reunieron en enero pasado en Nuakchot para hacer un largo reportaje junto a Thierry Tillet, uno de los últimos exploradores que aún cruzan el Sáhara. Un viaje de tres semanas, incluyendo cinco días mágicos en camello. Aquí está su hoja de ruta escrita a seis manos.

¡Eso es un camello alto!, Adrien Barbier puede confirmarlo. En su primer intento por permanecer sentado en la silla, el gran animal se levantó y lo expulsó. Por suerte, John Wessels estaba en una buena posición para inmortalizar el momento. El resultado fueron cinco instantáneas de la caída en cámara lenta, suficientes para asegurar una buena carcajada y olvidar rápidamente la decepción. Amaury Hauchard, también cayó. John prefirió sacrificarse e ir a pie todo el camino.

La vida del desierto…en la imagen, Adrien Barbier. (AFP/ John Wessels)

Volvimos a finales de enero con cientos de imágenes, esta incluida. Pasamos casi tres semanas en Mauritania en compañía de Tillet, de 68 años y heredero de Theodore Monod. El arqueólogo francés, ya retirado, que asistió en 2019 a un festival de la asociación Les Sahariens en Francia, aceptó por primera vez  que un un grupo de  periodistas lo acompañara “para que el conocimiento llegara al público en general”.

Una gran oportunidad para contar una historia inusual. 

En algún lugar entre Tichitt y Aratane, el 22 de junio de 2020. (AFP / John Wessels)
Entre Tichitt y Aratane, en el sureste de Mauritania, el 26 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

Para este fino conocedor del Sáhara era una expedición entre decenas, pero para nosotros tres era la primera vez,  y estábamos felices al ver a nuestros nuevos compañeros camélidos de viaje.

Al nuestro regreso, al contemplar miles de fotos, decenas de horas grabadas y múltiples cuadernos llenos de tinta nos sentimos mareados: ¿Podremos contar las mil anécdotas de un largo viaje y fruto de varios meses de preparación?  Es algo poco común en una agencia de prensa acostumbrada a la información inmediata.

Después de cinco meses de haber vuelto, una pandemia global y noticias regionales fuertes,  finalmente podemos publicarlo todo.  Los recuerdos de este viaje en camello por el desierto de Mauritania seguían vívidos. 

En primer lugar, estaba el tema de nuestro informe: este exprofesor universitario con una vida singular, que tiene la mirada de un explorador del siglo XIX, cuando va con su bastón arriba del dromedario.

Tuvimos un encuentro increíble con “Ghabidine”, como llamó un amigo tuareg a Thierry Tillet. Siempre motivado, siempre sonriente, siempre mostrando una gran paciencia para explicarnos su trabajo y sus pasiones. Durante todo el día, de 5:30 am a 9:00 pm, tenía que repetir cada detalle y aceptar nuestra ingenuidad… Mientras guiaba la caravana a través del desierto por horas a pie o en camello. 

Thierry Tillet, el 22 de enero de 2020
(AFP / John Wessels)

Luego está el tema del dromedario, esa imponente bola de pelo que se eriza cuando quiere mostrar su desacuerdo, pero que una vez que estas sentado se puede convertir en una almohada. Sus olores, sus ruidos,  el moviento de su mandíbula cuando mastica. Los nueve animales de la expedición estaban cargados con nuestras pertenencias, bidones de agua y una imponente manta que sirve tanto para abrigarnos como para suavizar la relación entre nuestros traseros y la silla de montar. Aunque en realidad eso no es cierto.

En las afueras de Tichitt (Mauritania), 28 de enero de 2020 (AFP / John Wessels)

En un campamento en el camino compramos una cabra que se convirtió otro compañero de viaje. Nos acompañó durante unos días. Y fue una gran decepción cuando la degollaron en segundos antes de la hora del almuerzo, en unos minutos la destazaron, y ¡prepararon un guiso para los días siguientes! 

Todos salimos al desierto deshabitado con nuestros estereotipos muy europeos… Adrien esperaba poder enviar a sus hijos fotos de las dunas de arena prístinas hasta donde el ojo pudiera ver, bajo un sol abrasador.

En las afueras de la ciudad de Tichitt (Mauritania), en el desierto del Sáhara, 28 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

El resultado fue diferente. Una geología variada, a veces montañosa, a veces lacustre, una vegetación muy específica, y humanos por todas partes. El desierto está habitado. Los campamentos nómadas dispersos a unas pocas docenas de kilómetros de distancia, plantados efimeramente en medio de una extensión desértica con horizontes infinitos.

Cheih, miembro de la tribu de cazadores Nemadi en Mauritania oriental, 26 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

Después de horas en nuestros altos mamíferos, fue una sorpresa encontrar dos jeeps con turistas europeos mirándonos, con nuestros turbantes como en una película antigua. Pero decepcionante sacaron  cuando los vimos sacar sus teléfonos inteligentes para tomarnos una foto.

De vuelta en Dakar (en el caso de Adrien y John) y en Bamako (Amaury), las primeras preguntas fueron todas sobre la “vida” en el desierto. “¿Qué pasa con los animales? ¿Qué pasa con el calor? ¿Y la comida?” ¿Qué decir? ¿Deberíamos explicar que después de acampar en medio de las dunas, la gente solía lavarse desnuda detrás de una de ellas con una pequeña tetera en la mano? ¿Y qué hay de la cabeza de Amaury cuando vio delante de él un arbusto agitándose extrañamente, antes de descubrir un dromedario asomando la cabeza, que parecía satisfecho después de haberse devorado la mitad?

Alrededor de Tichitt (Mauritania), 21 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)
Cerca de las ruinas de Aratane, en Mauritania, el 27 de enero de 2020.
(AFP / John Wessels)

Caminando sin preocupación, el animal no prestaba atención de sí mismo y avanzaba lentamente hacia otros arbustos, muy feliz de poder pastar sin problema toda la noche. 

Después del baño ritual y la cena llegaron las noches frescas y ventosas, la calma bajo un cielo estrellado, un cine al aire libre a la hora de dormir, sólo perturbado en la madrugada por el explorador que despertaba a un Amaury gruñón a las cinco y media de la mañana.

Amaury y el dromedario (AFP / John Wessels)

 

En general, la comida no dejó un gran recuerdo: ¡pasta, pasta, pasta! El sabor del guiso de queso de cabra fue interesante al principio y luego detestable. Finalmente, el “zrig”, esa leche concentrada y diluida en agua podrida no es indiferente para nadie: deliciosa para unos, asquerosa para otros.

Thierry Tillet con su amigo Bauh-Ahmed (derecha) en un campamento nómada entre Tichitt y Aratane, el 23 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

 

El arribo a cada campamento iba acompañado de té y zrig, un regalo común para los que van de paso. Este sacrosanto té, que se bebe en todas las circunstancias, nunca ha cambiado de sabor. Pero cuidado con los que rechazan los tres vasos fuertemente endulzados – se bebe en tres etapas – que pasan de mano en mano.

Tichitt (Mauritania), el 27 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

El aspecto de la seguridad fue un tema central en la preparación de la expedición, especialmente en un desierto engañosamente tranquilo, donde los yihadistas pueden “hacer el viaje de ida y vuelta en camioneta en un día” desde su fortaleza en el noreste de Malí, dijo un diplomático en Nuakchot.

Las precauciones no impidieron el entusiasmo mesurado de nuestros jefes cuando les explicamos que nos íbamos unos diez días, la mayoría de ellos para estar en la “zona roja”, sin acceso a la red de comunicación excepto por teléfono satelital. 

Finalmente, una cuidadosa preparación y largos intercambios con fuentes especializadas dieron como resultado que el editor en jefe de París diera su visto bueno. En una agencia acostumbrada a la información inmediata, fue un lujo desconectarse y estar lejos de los chats de WhatsApp y la avalancha de correos.

Tichitt, el 27 de enero de 2020. (AFP / John Wessels)

El último recuerdo importante: un viaje de regreso en un vehículo 4×4  hasta Nuakchot. El trayecto sería de tres días en brechas y carretera. Los primeros días avanzamos a través de dunas, luego kilómetros de piedras, a veces enterradas y otras veces cayendo con la fuerza del viento. Se trata de un camino poco transitado: “Si tienen un problema en esta zona, no hay nada que hacer más que esperar al siguiente automóvil. Un día, dos días, una semana”, nos había advertido un conocedor de la zona.

Así que cuando el vehículo comenzó a fallar y a despedir humo negro, una dosis de tensión se apoderó del compartimiento de pasajeros. ¡Dejar que el conductor cargara la parte trasera del camión con todo tipo de objetos fue una mala idea! Finalmente, luego de un susto y diez horas más de camino llegamos a la carretera pavimentada, que no abandonamos hasta el final del viaje. El coche estaba sobrecargado. En una escala, tuvimos que separar parte de la carga, para que un camión se la llevara unos días después.

(AFP/ Amaury Hauchard)

Thierry Tillet continuó solo con los camelleros durante otros diez días de viaje. El arqueólogo nunca ha tenido dificultades para montar su dromedario ni para vivir al ritmo del desierto. Incluso, a medida que pasaban los días se veía más apuesto. Cuando lo dejamos, tenía una sonrisa radiante en el rostro. Nosotros por nuestro lado, estábamos mal de la espalda, teníamos los muslos deshechos y dolor por todas partes. 50 años de expediciones con dromedarios no se pueden inventar en un día.

(AFP / John Wessels)

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Autor: Adrien Barbier Amaury Hauchard John Wessels

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Nabil, el chico de Adén

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La mañana del martes 2 de junio Nabil al Quaety, videasta y colaborador de la AFP en la ciudad de Adén, al sur de Yemen, salió de su casa para iniciar un nuevo día dejando a sus tres hijos y a su esposa embarazada. Se sentó al volante de su coche pero no llegó lejos. Hombres no identificados dispararon contra él y lo mataron antes de huir. 

Mohamed Hasni, un periodista basado en la oficina de Dubai que reclutó hace cinco años a Nabil para trabajar como colaborador de la France-Presse, le rinde le homenaje en esta publicación. 

Funeral el 4 de junio de 2020 del videasta Nabil al Quaety, asesinado a tiros fuera de su casa dos días antes. (AFP)

Dubai – Es difícil que alguien muera a los 34 años pero Nabil no pudo escapar de ser asesinado fríamente a tiros por un comando armado de desconocidos afuera de su casa en Adén, la ciudad portuaria yemení que tanto amaba. 

Es un buen “chico” de Adén que se va para siempre. 

Su ciudad ilustra la complejidad de la difícil situación  yemení, que se ha prolongado durante más de cinco años sin perspectivas de solución. Es un lugar que vive un conflicto dentro del conflicto.  

Adén, una localidad con un rico pasado, fue la capital del antiguo Yemen del Sur, un estado independiente hasta que se fusionó con Yemen del Norte en 1990, cuando Nabil tenía sólo 4 años. 

En 2014 los rebeldes hutíes, que estaban establecidos en el norte y fueron apoyados por Irán, tomaron la capital Sanaa y el gobierno se trasladó a Adén. 

Desde entonces, la ciudad de unos 800.000 habitantes ha sufrido todo tipo de problemas: escasez, ataques atribuidos a los hutíes, pero también ataques de Al Qaeda y del Grupo del Estado Islámico, que han aprovechado el conflicto para reforzar su presencia en ese lugar.

Según Naciones Unidas, Yemen se enfrenta a la “peor crisis humanitaria del mundo”: 24 millones de personas, más de dos tercios de la población, necesitan asistencia humanitaria. 

Para complicar las cosas aún más, a partir de 2018 también se produjeron incidentes dentro de la coalición de fuerzas opuestas a los hutíes en el sur.  La crisis revela las divisiones entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, un pilar de la coalición.  

En agosto de 2019 hubo nuevos enfrentamientos entre elementos separatistas y tropas del gobierno en Adén. A principios de noviembre, se firmó un acuerdo en Riad para repartir el poder. 

Pero no se respetó y el 26 de abril, los integrantes del Movimiento separatista del sur (STC) proclamaron la autonomía en Adén, poniendo fin a este reparto. 

La medida debilitó a la coalición que lucha contra los rebeldes hutíes que controlan el norte del país y su capital Sanaa.

Combatientes del STC en enfrentamientos con las fuerzas progubernamentales por el control de Zinjibar, en el sur del Yemen, 15 de mayo de 2020. (AFP / Nabil Hasan)

Nabil creció en esta ciudad y en el corazón de un conflicto que le tocó cubrir para la AFP. 

Nuestros caminos se cruzaron un día de marzo de 2015 en un pequeño hotel del distrito de Khor Maksar, que el propietario eligió curiosamente aislar del mar con un alto muro circundante, en lugar de abrirlo a las olas del Golfo de Adén. 

El joven videasta había venido a ofrecer sus videos, hechos con pequeñas cámaras de aficionados, a las cadenas de televisión árabes y de otros países que habían enviado equipos a Adén para cubrir el imparable avance de los rebeldes hutíes, que después de tomar Sanaa continuaron hacia el sur. 

Como recién llegado a la ciudad, mi trabajo consistía en preparar la cobertura multimedia.

Las fuerzas progubernamentales a su llegada al distrito de al-Durayhimi, a pocos kilómetros del aeropuerto de Hodeidah en el Yemen (oeste), el 13 de junio de 2018. (AFP / Nabil Hasan)

Las estaciones de televisión habían desplegado equipos completos en el terreno, algunos habían evacuado sus oficinas en Sanaa cuando llegaron los hutíes, y desairaban un poco el estilo un poco estrafalario del “chico” Nabil.

En el hotel había un ambiente de agitación. 

En medio del ajetréo, las transmisiones especiales en vivo se multiplicaban desde los jardines como telón de fondo, mientras un ejército de “analistas” yemeníes hacían fila para descifrar las noticias del día. Se les pagaban cien dólares por cada intervención. 

En las tiendas instaladas en el jardín del hotel, la jornada laboral siempre terminaba con la inevitable sesión de qat, una sustancia eufórica que en Yemen se consume como un deporte nacional.  

Masticar las hojas de este arbusto relajaba el ambiente y calmaba los círculos de consumidores, que continuaban haciendo malabares con sus teléfonos móviles. 

Nabil era uno de ellos, pero no era un gran fan del qat como los que gastan mucho en esto al final de la jornada. Fue después de una discusión trivial que le propuse colaborar para la AFP, mientras buscábamos reforzar nuestra cobertura en Yemen.

Él aceptó y empezamos a explorar temas de reportaje en Adén, este antiguo puerto comercial situado frente al mar a diferencia de Sanaa, que es una austera ciudad escondida detrás de las montañas volcánicas.

Pescadores en el puerto de Adén, en Yemen, el 14 de noviembre de 2016 (AFP / Saleh Al-obeidi)
Mercado de pescado, Adén (Yemen), 13 de diciembre de 2018 (AFP / Saleh Al-obeidi)

Como la oficina de Dubai hacía la cobertura factual del conflicto, nos centramos en la exploración de Adén, una localidad que Nabil conocía en cada rincón.

La paciencia y la perseverancia resultaron esenciales para nuestra primera colaboración. Se trataba de un reportaje sobre un extraño cine de Adén llamado “Huracán”, la última sala aún en funcionamiento de la ciudad que alguna vez tuvo varias iguales. 

Nuestra paciencia fue ampliamente recompensada con imágenes increíbles: la sala sin techo con sus filas de sillas, su clientela fiel integrada por un  puñado de ancianos. Uno de ellos admitió que venía cada anochecer a ver la misma película de producción india.

Luego hicimos un trabajo sobre la menguante presencia cristiana, alrededor de iglesias abandonadas o transformadas en oficinas y un convento usado como casa de retiro.

También trabajamos en la historia de un joven cineasta que produjo y dirigió una película con materiales que tenía a la mano.

Una fotografía tomada el 22 de marzo de 2015 muestra una vista de la iglesia St Mary’s Garrison, en lo alto de una colina, en el distrito del cráter de la ciudad de Adén, en el sur del Yemen. (AFP / Saleh Al-obeidi)
Niños yemeníes juegan junto a las aguas residuales en la ciudad de Aden el 4 de septiembre de 2015. (AFP / Saleh Al-obeidi)

Hubo muchos líos y torpezas entre un novato en video como yo y un aprendiz como él. Pero los superamos, ¡y bastante bien! Porque Nabil era un trabajador entusiasta y decidido, con una sonrisa brillante. Y un corazón así de grande. Con el tiempo Nabil se convirtió en un profesional, respetando los requerimientos de seguridad de la agencia cuando quiso mostrar al mundo los enfrentamientos y estuvo cerca de la línea del frente. 

En cinco años de colaboración regular con la AFP, se convirtió finalmente en un actor clave en la cobertura de imágenes en el sur del Yemen. Todo esto no estuvo exento de riesgos. 

A principios de 2019, Nabil estuvo cerca de la muerte durante un ataque a un desfile militar en una base del sur del Yemen. Sus imágenes dieron la vuelta al mundo. 

Nabil también era un activista, algo que tenía en común con otros periodistas en los escenarios de guerra, en este caso junto al movimiento separatista STC. La neutralidad es casi imposible en regiones donde la existencia misma de una nación y el destino de tus seres queridos están en juego cada día.

Su compromiso militante, sin embargo, no influyó en su producción que reflejó fielmente la realidad en el terreno. Con la ayuda de la oficina de Dubai, realizó una entrevista grabada de manera profesional e imparcial con el jefe del STC, Aidarous al Zoubaïdi, cuyo bastión actual es Adén. 

Como prueba del apego a su tierra, siempre se negó a abandonar Adén e incluso a cambiar de barrio, por razones de seguridad, a pesar de las amenazas. 

Mientras te digo adios, Nabil tengo que agradecerte. Gracias por dejarme acompañar tus primeros pasos en la AFP. 

Imágenes de Nabil al Quaety en su funeral. Los hombres fotografiados en esta imagen también son propietarios del antiguo documento de identidad de la República Democrática Popular del Yemen (Yemen meridional), un Estado fundado en 1970 y fusionado con el Yemen septentrional en 1990 para formar el Yemen actual. (AFP / -)

Descansa en paz con los muchos otros periodistas asesinados en Yemen, que intentaron dar nombre y rostro al sufrimiento de una población en el corazón de la “peor tragedia humanitaria del mundo”, según la ONU. 

Entre estos soldados del periodismo se encontraba Abdullah Al Qadry, colaborador ocasional de la AFP, que murió en un atentado el 13 de abril de 2018 en el centro del país, con una bomba que estaba destinada a una emisora de televisión. 

Otros siguen vivos y languidecen en la cárcel. En Sanaa, cuatro de ellos fueron condenados a muerte el 11 de abril por “traición”.    

Festival de Eid Al-Adha en Aden, que marca el final del Hayy, la peregrinación anual a La Meca el 12 de agosto de 2019. (AFP / Nabil Hasan)

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Autor: Mohamed Hasni

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